¡Bienvenidos!

Feliz Año 2012 - Miguel A. Moreno

31 de diciembre de 2011







Que nos de salud,
que nos regale versos,
gracias por todo.








Por tus ojos y tu carne - Manuel C. Carrasco



Por tus ojos y tu carne,
como por dos heridas
abiertas...
se me hundía el corazón
hasta la médula
final
del universo.

Subía hasta tus ojos
la expansión infinita de los sueños
condensados por milenios
y de pronto
desatados
en aquella luz verde...
pétrea
de misterio asfixiante
- ángeles en desbandada
deseantes
de dormirse por fin
definitivamente...
sobre el hombro de Dios -

Y subían
desde el vertiginoso fondo
de la Tierra,
al calor
y al sudor de tu carne...
la penetrante dulzura
del mar
del Paraíso,
el escalofrío de los bosques
donde el Amor impera,
espumas,
brisa,
flores,
primitivo fuego puro...
hasta mis labios
que bebían sedientos
con sus besos
del manantial de tu costado,
hasta las puntas de mis dedos
que rescataban,
afanosamente presas
de lasciva ternura...
- por entre la maleza de tu pecho y de tu vientre... -
el esplendor
y la gloria
de este mundo

recobrados
- en instantes eternos -

de tus ojos

y tu carne.

Clack click clock - Ernesto Pérez Vallejo

28 de diciembre de 2011

 
 
No sé si es poesía lo que nos madruga a veces,


a ti que estás hecha de ese plástico de pompitas

y a mí que me moldeo a tu antojo

por llevarle la contraria a los espejos.



No sé si regalarte mi espalda

o un verso que nos encierre en el futuro,

si rogarle claustrofobia a tus muslos

para huir de las luces de las calles.



Soy un niño con la raya en medio

que se enamora de la guapa equivocada,

mientras tú pasas por mi lado

con la boca llena de minúsculos besos

y no te veo.



Pero ahora,

quería decirte que te pareces tanto a ti misma

que ya no me acuerdo de ella.



Ni de nadie

que no seas tú.



No hay un solo maniquí en toda la ciudad

que parezca una señora,

que no te extrañe si un día

te hago un escaparate para ti sola

y les muestro a las niñas pijas de papá

lo que realmente significa ser mujer.



A mí no me apetece otra cosa

que ser el azul de tu acuarela,

nacer de un garabato de tus manos

y me pongas un apodo que al oírlo

me haga hombre que te quepa en un bolsillo.



Yo te llamaré ocaso

y serás la esposa de todos los cornudos.



Y yo  tu amante.



Que no te extrañe si un día,

enfermo de narcolepsia al olor de tu almohada

o invado con cloroformo tu toalla para el pelo

y te hago el amor como si estuviéramos muertos

bostezándonos en las pesadillas que tienen otros.



Te vistes,

me aprendo los colores de tu armario

por orden cronológico del hambre,

lamerte en verde,

amarte en blanco,

hacerme rojo,

follarte.

En todos los colores.



Te vistes,

tus bragas suben apresuradas a ese lugar

donde el invierno se confunde

y el mar es lengua.



Y si quieres también te lo regalo.



De plástico de pompitas de eso estás hecha

y aprietan mis dedos por tu piel

adictos al sonido de tu cuerpo

sabiendo ambos otra vez ocaso mío

que te has vestido para nada.

Ana logía - Kabalcanty

27 de diciembre de 2011

 
Te devoro la duna de tus nalgas
y libero serpenteante lengua
en pos de tu recóndita humedad.
Tu perfil muestra cimbreado el labio,
el inferior, el que siempre ansío;
tu pelo se arremolina en vendaval
y mi aliento en tu nuca galopa.
Con los ojos cerrados me abarcas;
los pezones, puntales sobre mi pecho,
taladran mi arrebato jadeante.
Se inquietan tus piernas seda;
tu vello, mecido por los quejidos,
bebe el sudor que me disuelve.
Eres infinita entonces,
inaccesible para mis brazos.
Te aferras a mi sucinto cuerpo
preparándote para la mutación
que nos derrame y confunda
en una sola sábana blanca.
Amor ¿por qué mudar tu desnudez?
¿Por qué pulir tu geografía carnosa
y volverla inhóspito páramo?
¿Por qué existir sin perpetuo éxtasis?
Tú, amor, todavía con la espalda libre,
zumbando lo cotidiano en nuestra distancia,
te mueves previsiblemente por el cuarto
en el que ya cabemos los dos.

Campanas del mundo - Delfina Acosta

26 de diciembre de 2011


Está al acecho el lobo. Las palomas
intentan darme fe de su presencia.
Así como las urbes se levantan
con sus cansadas gentes que en los ojos
revelan un dolor de Dios Altísimo,
así también las olas se levantan
del fondo de la mar con la señal
de un triste adiós por siempre y para siempre.
Horrible vida es ésta y sin embargo
es todo cuanto el pobre hombre tiene.
Pero tu voz se yergue Jesucristo,
por sobre todo trueno y todo llanto,
y es el planeta un campanario grande
entonces que sacude el alma herida.
 ¿Escuchas  cómo suenan, cómo llaman,
sin pausa las campanas, a lo lejos?

La tormenta - José Arsenio Gutiérrez Casco

Un viento suave mueve las hojas y los pájaros sin aletear con cara al sol parecen detenidos por algún hilo divino, ¡qué paz!

Será la calma que presagia una tormenta

Levanto la mirada, buscando en lejanía, tal vez la luna que también tu veas, veo y te observo, las aves se desplazan en un rítmico vaivén como jugando con mis pensamientos, cortándolos y uniéndolos después, y arriba, más arriba las nubes se congregan delineando tu rostro, los colores brillan e iluminan mi visión, te veo y descubro tu mirada formada por las mismas aves que quietas, detenidas en ese azul, poco a poco tornándose gris, esas dos aves parecieran tus ojos parpadear mostrándose con calma, y ahora se van, dejando en su lugar las manchas grises de lo que se avecina…
Intento descubrirte nuevamente, buscando las aves que se han ido, pero tu rostro en mi visión se ha quedado detenida, te encuentro ahora al cerrar los ojos y al abrirlos, las nubes poco a poco y con el viento van formando el rostro que en algún momento te arranco como zarpazo esa tibia sonrisa de tus labios color de vida, asomando levemente el ardor de una pasión disimulada, sonrisa fina, delgada, con la humedad que refleja la luz que va opacando y congregando esa inmensidad blanca que borra paso a paso lentamente y a destiempo el azul que con la luz brillara en tus labios rojos.
El aire, el viento sopla, baja lentamente hacia mí, y al sentir el leve parpadeo, vuelves a aparecer en mi memoria, frugal como te vi y ahora lo recuerdo, el color de tus mejillas difuminan las nubes que se forman, estas aquí, y yo te veo, no puedo parpadear ni puedo hablar, alcanzo a detener ese gemido que intentaba ser un grito, para decirte no te vayas, permanece ahí, pero el viento poco hace por detenerse y te va llevando cambiando la visión por un suspiro…
¿Te podré ver?, intentando como un necio juntar los colores infinitos en el aire, describiendo por momentos que me alejan y me dicen que no estás, que no estarás, mas sin embargo recordando y recordando es como van saliendo libremente pero con terquedad todo lo que me lleva a ti… que puede seguir aquí, si estoy ya detenido y no te veo, no te encuentro, las aves se resguardan y el silencio de sus cantos no es más fuerte que el grito ahogado y sordo que se queda en mi garganta nuevamente sin salir .
Pareciera una tregua del viento con la nubes, y se forman nuevamente los colores que al salir como rayos luminosos, parecieran tu cabellos dorados al sol entre las nubes, el viento repite su presencia y pareciera ondular tu cabellera, te veo mover con ligereza esos rizos encendidos al contacto de mis dedos, quisiera detener el tiempo aquí, no te vayas, otro grito, pero el viento juega y juega y por ahora a vencido, la nubes se asemejan al momento que de luz pasa a la sombra sin pensarlo, todo cambia y está bien sentirte como llegas y te vas en un segundo, y el tiempo se detuvo al tu partir, y me pregunto por qué no un segundo antes de tu huida, pero no hay más que en respuesta el silbar del viento y por un momento se lleva en su canto esta presencia. Quiero tenerte junto a mí y no lo logro, este ir y venir del viento me enloquece, vienes y te vas sin un permiso, para decirme si me quedo o si me marcho. Y el color de los reflejos ha pasado, tu cabello con e l viento se ha esparcido, por lugares que no encuentro, que no uno, y de nuevo en mi garganta formo un nudo.
El tiempo transcurre lentamente y parecieran horas lo que son segundos, torbellinos de ilusiones se van formando al mismo tiempo que veo formarse remolinos que suben como imanes colocados en lo alto, esas hojas que sin vida ya no intentan ni moverse, y cobran vida sin saber porqué pero se elevan girando y girando sin mas camino al fin que el mismo piso, y se preguntan que por qué si ya está muerto todo, porque vienes viento a removerme, porqué me eliges y me elevas nuevamente, si mi vida se ha acabado sin remedio, hojas que esperan por el viento un halo de vida de un segundo.
Y la tormenta llega abriéndose paso lentamente pero implacable, primero con el correr presuroso del viento que al levantar las hojas ya muertas parecen cobrar vida nuevamente realizando una danza que al fin termina con las primeras gotas que simulan lagrimas mojando la belleza de su rostro, la tormenta llega...
Resplandores iluminan el horizonte, venas cargadas de energía, fuertes, tortuosas, un segundo dos segundo y obscuridad vuelve a cubrirlo todo, y al instante el ruido que ensordece en su potencia, tiembla la tierra, se estremece y empiezan las descargas de las nubes, las gotas se amotinan explosivas y la lluvia que ahora cae parece no acabarse, otro rayo, y en la luz tu apareces, el trueno te quita de vista y la obscuridad total se reilumina, apareces y te vas pero la lluvia con el viento se han unido, y el silencio se transforma en miles de palabras que ahora vienen y se van buscando acaso tus oídos en la noche, mi recuerdo en tu recuerdo se esfuma, al contrario del tuyo en mi memoria, que el viento que arrecia en su fuerza me taladra las sienes con tu nombre, luz, ruido, sombras, obscuridad y luz, la tormenta brota en toda su grandeza, el viento resopla y nada vuela, la humedad ha hecho que todo caiga, nada sube todo baja, y aparece a lo lejos un resquicio con un rayo tenue de tus ojos.

Inteligibilidad - Alexander Vórtice

23 de diciembre de 2011


VIAJA el sonido por mis arterias menos poéticas
y las convierte en luz incansable y en bisagras
de deflagración inquebrantable.
A medio camino entre la viveza de la luna
y la corriente cibernética de la Tierra
me encuentro con los gases de la risa perenne,
esos gases que recogieron del suelo mi malestar
y lo convirtieron en inteligibilidad de quimeras.

Soy el que soy porque supe deslizarme
por el tobogán de lo irreal para disipar artificios;
seré –llegado el momento final-
un busto de plástico comestible, un acoso prohibido,
un sobre con serpentinas o la kilométrica sensación
de sentirme libre viviendo entre espíritus satíricos
y momias compuestas de mirra y sal.

Naturaleza mágica del mundo - Jon Velázquez

22 de diciembre de 2011

Voy a demostrar más allá de toda duda la naturaleza mágica del mundo, y lo voy demostrar mediante artificios lingüísticos, retruécanos filosóficos y sofismas.
Dentro del mundo (entendiendo como mundo todo lo que existe), observamos que impera una ley de la que derivan todas las demás; la ley de causa y efecto. Todo lo contenido en el Universo está sujeto a la tiránica ley, todo efecto deviene de su causa, todo tiene un principio y un final. En el mundo no hay sitio para la magia, puesto que la soberana ley de causa y efecto la anula. Ningún objeto existente en el mundo aparece en él de forma mágica, es decir de la nada, en este Universo no aparecen conejos dentro de chisteras sino es mediante la artimaña del tramposo mago.
Pero si aplicamos la ley que opera para todo lo contenido en el Universo al propio Universo, resulta que observamos que dicha ley no opera en el Universo tomado como objeto. Valiéndonos del instrumento que estudia la ley de causa efecto, la ciencia, procederemos ahora a aplicar la comentada ley al Universo. Buscando su causa, la ciencia nos lleva irremisiblemente hasta el Big Bang, pero ¿como surge la singularidad donde ya está contenida toda la materia del universo? Si el universo tiene principio, la única respuesta posible es que la singularidad surgió de la nada, siendo efecto sin causa. Dicho de otro modo, donde en un instante dado no había nada, un instante después aparece todo. Y ahí lo tienen, en un Universo donde por ley está prohibido que un conejo aparezca dentro de una chistera, él mismo, el universo, aparece de la nada. Alguna rama de la ciencia soluciona esta paradoja argumentando que la nada n o es la nada, que la nada está compuesta por partículas y sus antipartículas correspondientes, todas anulándose unas a otras, en perfecto orden. Una fluctuación en esta extraña nada es lo que da origen a la singularidad. Por mi parte, si la ciencia no tiene reparos a retrotraer la respuesta, tampoco yo los tendré a la hora de retrotraer la pregunta ¿y cual es la causa de esas partículas y sus correspondientes antipartículas? Evitando el recurso a la magia, la única respuesta posible es que la nada siempre estuvo ahí (y no olvidemos que esta nada específica, este tipo de nada, paradójicamente es el todo, el universo entero está contenido en esta nada científica). Esto nos lleva directamente a la conclusión de que el universo no tiene origen, no deviene de nada, no tiene principio, no tiene causa, siendo causa en sí mismo.
Asimilando el Universo a un hombre, cabría decir de este hombre qué, o bien nació en un momento dado pero no tiene ombligo porque ni tiene padre ni madre, o bien que jamás nació.

El nómade del sendero - Alfredo Farias

21 de diciembre de 2011


(En busca de la muerte)



A pesar que aún me siento fuerte
es inútil hacerme el desentendido,
ya es mucho mi tiempo vivido
necesario es pensar en la muerte.


A pesar que odio el llanto y el lamento
para cuando llegue el infausto momento,
algo que siempre yo he deseado
de los seres que amo… morir rodeado.


Y si por designio de la muerte aviesa
parta mi leal compañera y quede solitario,
jamás tendré paz ni querré vivir sedentario,
iré al reencuentro con mi soñada Naturaleza.


Pondré algunas pocas cosas en un morral
en mi potro Fantasía ya nunca mas cabalgaré,
ahora tengo uno negro, Orfandad lo llamaré;
ni ciudad, camino ni vereda… sólo andurrial.


Muerta ella, ya no desearé nuevo desposo,
y con mi heredad ya criada y educada
no quiero ser una carga indeseada,
detesto los asilos y casas de reposo.


Como dije alguna vez en mis menciones,
iré por la hermosa selva y cordillera
al encuentro de la muerte artera,
(ver mi poema Mis definiciones).


En los riachuelos que bajan como un río
con su caudal transparente y helado
bañaré mi cuerpo y espíritu desolado
en los días del caluroso estío.


El alimento nunca será causa de desvelo
hay frutas silvestres y hortalizas en toda huerta,
no necesito ya la carne, sea viva o sea muerta,
además… mi Dios me envía su maná del cielo.


En la noche, al amparo de un helecho
y la luna como lámpara iluminada,
soñaré que duermo con mi amada
con el cielo y los árboles como techo.


En mi largo peregrinar errante
al despertar y pensar primero en mi esposa,
pienso menos en Dios…mi conciencia está culposa,
pero el sabe que para mí siempre… Él adelante.

 
Seré pastor ciego de mis ciegas razones,
prescindiré de mis congéneres y de la sociedad
donde ande protegeré a la humanidad,
pensando ser el Quijote con sus blasones.


Con los años seré el nómade del sendero,
me nacerá una luenga barba y cabellera
que competirá con la blanca y larga cordillera,
descubriré que mi ropaje no es imperecedero.


En mis ropas raídas la mugre se quedará en ellas,
las enfermedades por cierto me derribarán
y mis hábitos de limpieza desaparecerán;
me siento sucio mirando a las estrellas.


Niños y mujeres me rehuirán por mi aspecto
cuando de hambre mi estomago esté apretado,
y decida cual puma hambriento bajar al poblado.
(Pensar que una vez fui escritor muy circunspecto).


Cuando mi caminar me transforme en errabundo,
con penas, enfermedades y años acumulando,
desheredado de propósito me estaré preguntando
¿dónde la muerte tendrá su antigal en este mundo?


Se está cubriendo el cielo en mi pupila,
la muerte me espera y yo a ella, la arpía,
mi fe en encontrarte, amor es mi alegría
gozoso en los que hoy mueren hago fila.


Tendré en un hoyo la fría fosa preparada
de fragantes hierbas haré una almohada,
y contra mi pecho firmemente apretada
mis libros de poemas y la foto de mi amada.


A la vera de un sendero yo y mis despojos,
sendero que nadie recorre…por lo insalubre,
se encontrará mi cuerpo un postrer día de octubre
esperando venga la muerte … a cerrarme los ojos.

En memoria del canto del.... - Kabalcanty

20 de diciembre de 2011


En memoria del canto del ave carroñera

La tos me lleva la vida
en espasmódicas volandas,
acá, allá, en otoño maligno,
con dolores de espada y capote
y cierzo que campea mi pecho,
lo encoge y minimaliza.
La siesta se interrumpe,
te hace pensar en los límites,
la proximidad de la orilla,
el acantilado que espejea al fondo,
engañosas puntillas de colores.
Ni un ápice para descostrar
una intuición purulenta,
expectorante que blasfema pedazos
que son egos mayúsculos
finiquitándose en el envés
de un folio inmaculado.
No hay nada cierto,
tampoco el esputo que miente
vida tras vida en entredicho.
No busquéis en derredor mío,
voló hace tiempo,
tiempo en el que llovían estrellas.

Soñando - Guemes

19 de diciembre de 2011

Confundió esas rosas, que eran miradas y caricias. Y algunas promesas quedando dormida en su jardín inventado. Engañándose por días, confundiendo la realidad con los sueños.

Decía que no le importaba morir por él/ellos.

Pero no era sentimiento compartido. Su amado se limitaba a bajarse los pantalones y comprar el nuevo sabor de condones para la cena. Y ella soñando con las palabras que no decía, lo abrazaba y se la comía solo por ver una sonrisa y ser la dueña de cada una de ellas.

Aunque sus amigas insinuaran que se estaba equivocando…

Esperaba abrazada a sus rosas a que llegara mintiéndola como siempre y que nunca dejara de hacerlo. Ella no entendía de mentiras ni engaños. Eran tan reales esos ojos que la condenaban, que se sentía estúpida cuando encontraba su cama vacía al despertar y descubrir que su almohada ya no era su pecho, que nadie respiraba sobre su pelo.

No quiso comprender que la engañaba.

Que él perdía la cabeza por alguien mucho peor, más rubia y estúpida. No quería leer ese mensaje que le decía que esa noche no podría ir a su casa, no quería ver sus fotos en internet, solo esperaba volver a abrazarlo, sin querer saber que siempre sería el segundo plato.

Durmiendo en su lecho de rosas y amor muerto, vendió sus lunas y soles por otra noche soñando.

Por tus ojos - M. Carlos Carrasco Domínguez

18 de diciembre de 2011



Por tus ojos y tu carne,
como por dos heridas
abiertas...
se me hundía el corazón
hasta la médula
final
del universo.

Subía hasta tus ojos
la expansión infinita de los sueños
condensados por milenios
y de pronto
desatados
en aquella luz verde...
pétrea
de misterio asfixiante
- ángeles en desbandada
deseantes
de dormirse por fin
definitivamente...
sobre el hombro de Dios -

Y subían
desde el vertiginoso fondo
de la Tierra,
al calor
y al sudor de tu carne...
la penetrante dulzura
del mar
del Paraíso,
el escalofrío de los bosques
donde el Amor impera,
espumas,
brisa,
flores,
primitivo fuego puro...
hasta mis labios
que bebían sedientos
con sus besos
del manantial de tu costado,
hasta las puntas de mis dedos
que rescataban,
afanosamente presas
de lasciva ternura...
- por entre la maleza de tu pecho y de tu vientre... -
el esplendor
y la gloria
de este mundo

recobrados
- en instantes eternos -

de tus ojos

y tu carne

Inmóvil - Tiquicia Vargas

17 de diciembre de 2011



Sobre los marcos de madera descansan
las ramas de viejas historias,
como libros abiertos.

Hojas de imágenes que cubren las cortinas,
mientras los retoños de suaves flores acarician
los vidrios a medio limpiar.

Nada se mueve, nada más que el viento
sobre el paisaje inmóvil de árboles y arbustos,
que las ventanas miran silenciosas.

La vida parece inmóvil, impávida ante el tiempo
que sigue moviéndose sereno
sobre el paraje sedentario del campo abierto.

Viaje de ida - Manu


En una gorgorita de lluvia,
traficada por vientos propicios,
bogando por el descuido
que me deja sin parpadeo
y, mudo, me ladea el lienzo
que colgué con pulpa de amores.
Aferrado a unas caderas,
sin ansiedad de cópula,
me musita Benedetti, lento,
me advierte Pavese, abatido,
me encumbra Pachelbel, seductor.
Una más, y todas las cosas
cabrán en el cuenco táctil
como si toda importancia sabida
no fuera ni acaso un soplo.
El sufrimiento de la nada,
a diez palmos de altura,
no se ve, sino barro ideal
para amasar infértiles páramos.
Importa vivir, de verdad,
rociado por el amasijo asfixiante
que tornee para clausurarme
en aquello más distanciado
de mi pobre osamenta carnosa.

Manuel Carrasco - Otoño Octubre

15 de diciembre de 2011


Otoño, octubre sin sol,
hotel impaciente en mi habitación,
no esperes me digo, 
espera por Dios,
aligera el paso que nunca llegó.

Me olvido, te busco y un adiós me encuentro,
escucho tus pasos porque los invento,
creí que creyendo podría pasar,
pasó si que es cierto, pero sin pasar...
Ah.. ah...

Y tengo tus pasos perdidos,
la cama revuelta por escalofríos.
La luna no brilla, ingresa en urgencias,
la calle, el ruido no alivia esta pena.
Me quedo lo tuyo y lo mío,
me guardo las noches donde nos quisimos.
Se queda en el aire lo que imaginé,
te dejo este intento esta última vez.

Teléfono mudo, puedes alumbrar
la triste esperanza de esta oscuridad,
alerta constante ya te puedes ir,
que quiero engañarme, besarla y dormir.

Mañana de nuevo tendré que empezar,
te echaré de menos sin mirar atrás,
cobarde o valiente ahora que más da,
no tuvimos suerte, otra vez será.

Y tengo tus pasos perdidos,
la cama revuelta por escalofríos.
La luna no brilla, ingresa en urgencias,
la calle, el ruido no alivia esta pena.
Me quedo lo tuyo y lo mío,
me guardo las noches donde nos quisimos.
Se queda en el aire lo que imaginé,
te dejo este intento esta última vez.

Y tengo tus pasos perdidos...


El cometa Halley y el tiempo - Delfina Acosta

Ayer nomás viste crecer la rosa en tu jardín. Y era ella la hermosura en persona. Pero los días pasaron y el tiempo, que todo lo devora, masticó sus pétalos y la llevó a la sepultura. Desde luego, nuevos capullos fueron emergiendo del rosal. Es la ley de la vida.   

Por suerte, creo yo, no estamos condenados a ser eternos. Supongo que debe de ser horroroso vivir siempre, presenciar el surgimiento y la caída estrepitosa de un imperio; pasar de la época de la máquina de escribir Remington a una era de Internet que acaso será un mundo paralelo a la comunicación oral, y luego a otra era, y así sucesivamente; aún contra la propia voluntad convertirse en el testigo perpetuo de la aparición del cometa Halley, o sea doblar, triplicar, los 75 años; ver cómo va cambiando la fachada, la apariencia nomás del mundo, mientras en él los hombres se siguen devorando los unos a los otros (los ricos son más ricos, los pobres más pobres); saber incesantemente que las religiones (las más grandes y aún las más pequeñas) no logran ponerse de acuerdo pues la división sectaria es parte de la condición humana; observar cómo la tecnología avanza mientras en ciertas partes del planeta la hambruna deja a la vista las costillas de los niños; suspirar hondamente porque los reclamos de la clase obrera son postergados (bien se sabe que la historia de la explotación del hombre por el hombre es más vieja que la misma historia, valga la redundancia de términos).   

 Sí, creo que por fortuna no somos eternos.   

Pero también consideremos que estamos así, como de paso nomás por este planeta.   

De pronto te enteras a través de un llamado telefónico que un ser amado ya no está más, que pasó a mejor vida, como se dice corrientemente. Pero también, dos o tres semanas después, alguien te trae la noticia de que tu familia se ha agrandado con la llegada de un nuevo ser. La vida es una moneda, a veces: oscuridad y luz. Cara y cruz. Y, botánicamente hablando, desprendimiento de hojas y prendimiento de una semilla.   

Mas no solo los mal llamados viejos se nos van muriendo, sino también, obviamente, los jóvenes, víctimas del sida, de un accidente, de lo que estaba escrito y sellado que pasara, tal vez, para que dejaran de existir.   

Entonces, conscientes de nuestra finitud, sería bueno disfrutar del tiempo este, el que nos toca vivir, con sus luces y sus sombras, sus engaños y sus desengaños.   

Apuntes tentativos para un mejor pasar: No vivir presa del odio, que solo trae mala digestión y hasta genera complicaciones cardíacas. Disfrutar de la compañía de los buenos amigos, de los fieles por excelencia. No dejarse llevar diariamente por la prisa, que va sacando el color de los días. Evitar las discusiones sobre todo si se nota que las mismas dejarán en nuestro ánimo una sensación de impotencia. Apreciar lo que se come. ¡Qué buen sabor puede tener esa presa de pollo con la ensalada de lechugas y espárragos, y uno ni se da cuenta, apurado como va por la existencia! No preocuparse, sino ocuparse del tema que debe ser objeto de una solución.   

Buscar la compañía de la gente alegre y de buen humor.   

A veces el día a uno lo sorprende desganado o tristón. Cuánto bien hace entonces al alma escuchar a las personas que tienen la habilidad de reír y de hacer reír.   

Ayudar al necesitado. La solidaridad es el espejo en el cual nos miramos. Pasar por alto los comentarios de las personas necias e ignorantes. Amar.

Enemigo público - Alexander Vórtice

14 de diciembre de 2011

De jóvenes, cuando todo se considera posible y la sangre hierve al compás de la perplejidad, ansiamos ser rebeldes con o sin causa, demandamos ser personas anárquicas que transiten las calles acongojadas en busca de gresca, un par de chupitos de absenta y una apuesta joven con un tatuaje próximo al pezón derecho que diga “pasión ilimitada”. La juventud posee una cierta condición de enemigo público impreciso: no hay temor y tampoco se le espera. Cruzas el paso de peatones sin mirar ya que te ves como una especie de ser superior que ha venido al mundo a repartir justicia y/o mamporros como panes de Cea. Es la estación del despertar insurgente, del puño levantado hacia la utopía, del billetero sin fondos y la soga en el pescuezo. Habita a nuestro alrededor un simbolismo abstracto barriobajero pero colmado de sabores a sangre perenne, a porro reversible y escarnios causa-efecto. Pasado ese tiempo ya nada es igual: se les reza a todos los santos, incluso cambiamos de religión, procurando una más fiable que nos llene de seguridad y confort post mortem. Nos filtramos por las calles mirando a “los otros” con demasiado desprecio (ellos son el enemigo, los años y los grandes disgustos así nos lo hicieron saber). Almorzamos pan integral y leche desnaturalizada para que nuestro metabolismo no desvaríe. Usamos gafas de sol y rechazamos los productos porcinos. Escupimos al cielo y nos cae encima el lapo, trabajamos 12 horas diarias (incluso más) para conseguir un sueldo decididamente burlesco que nos da para pagar –malamente- una hipoteca y los desenfrenos de dos hijos medio gilipollas. Salimos al cine una vez al año para ver el último drama infumable de Isabel Coixet, cuando antes nos sobreexcitaban los ametrallamientos del soldado John Rambo. Nos cambia el carácter así como cambian d e cánones los modistos parisinos. Tomamos potingues para que el colesterol, el malo, no nos achique las arterias, desinfectamos el hogar dos veces por semana, besamos a nuestra mujer en la mejilla, votamos al partido conservador de turno por motivos meramente financieros. Nos empieza a caer bien nuestra suegra y nos duelen las muelas. Hacemos números para adquirir un par de nichos (“uno para mí y otro para la parienta, y así pasaremos la eternidad juntitos, yo fumando el polvillo de los huesos vetustos y ella haciendo ganchillo con los tendones recién soterrados de los vecinos”). No admitimos la nicotina pero sí los malos humos y el artificio. Engullimos antidepresivos y ansiolíticos para amedrentar al colapso existencial. Untamos nuestros burlescos semblantes con cremas añiles para que a las arrugas no se les ocurra asomar la cabeza ni los pies. Sorteamos la mayoría de los vicios y criticamos con gran irritación las tendencias punkis del hijo del vecino. Entramos en las iglesias creyendo que la muerte nos espera en todas partes con sus manos paliduchas y su acento norteamericano. Vivimos, en definitiva, un mar de tormentos que no dejan de crecer y crecer… Por todo esto, acaso debiéramos haber sido enemigos públicos, aún cuando la policía nos persiguiese por toda la metrópolis con la sana intención de meternos entre rejas, ya que el tiempo hace que disminuyan los entusiasmos y aumenten las tribulaciones.

Indeslazable - Kabalcanty

12 de diciembre de 2011



El tiempo no tenía lugar,
embalsamado se suponía
en su cutis de polvo,
escuetamente esperar
deshojando males en las flores
al asiento de la fría lava de la vela
que tiembla ensombrecido a Baudelaire.
Un estremecimiento
intuido de costado,
un verso.
Y sueño, sueño,
sin pesadillas que despertar.

Romance - Anabil Cuadra

10 de diciembre de 2011



No me confundáis con coplas
Que soy un largo romance,
Mucho menos serventesio
Porque no soy consonante,
Mis versos están unidos
Del tamaño quien me mande
¡Seis! ¡Siete! ¡Ocho silabas!
O un ¡heroico! Comandante.
No me apodéis de solea
Por su octosílabo abarque,
Mucho menos seguidilla
Verso menor como infante,
Pero no menos poema
En palabras o asonantes.
Fui pequeño romancillo
De seis silabas afables
Crecí con siete a la endecha,
Asonante…asonante.
Octosílabo me encuentro
Arte menor que me nace
Entre versos y rimando,
Asonante.…asonante.
No me confundáis con Silva
Por ser larga no es romance,
Es mi origen castellano
De menor a mayor arte.

El frasco - Juan Disante

9 de diciembre de 2011



El frasco que era de arropes
ahora está pleno de sosería,
por su perfil chorrean refunfuños,
presunciones,
rehusos,
hollines.

No podemos ser menos molestos
desde donde estamos
y alguna vez
deberíamos convertirnos en la memoria
del dulzor
de todos los frascos
que ya no.

En la comisura de un trasluz - Kabalcanty

8 de diciembre de 2011



La Luna mojada
es un trasluz vertido
que se atenaza en los cristales.
La contiene una gota efímera
que se aparea en el junquillo
y me chispea en los ojos
cuando ávidamente los entorno.
Su humedad es un más acá
que se elabora en mi dedo índice,
me cosquillea su pubis níveo,
y puedo rodarla al esquinazo
para secretearle todos mis amores
sin demases consecuentes.
Puede que la simpleza de la farolas
la pongan en solfa, me duden,
nos acusen de tatuarnos cómplices,
y es cuando dejo de explicarme
entre el racimo que me interroga
y mi sumisión a los cristales
para que me lluevan.
Es cierto que anochece siempre
y que el jolgorio disiente lejano,
y que no es pura casualidad
que pretenda humedecer mis labios
con su savia distante
e inaprensible
e inapreciable.
Mas
La Luna mojada
es un trasluz vertido
que se atenaza en los cristales.

Cáliz existencial - Alexander Vórtice

5 de diciembre de 2011


Dormita el argumento del hombre contento
bajo las ropas equilibradas del cierzo.

Alguien relegó parte de sus estremecimientos
dentro del cáliz existencial;
la penumbra ennobleció las muecas sonámbulas
que dejan olvidadas los espectros en la capa vegetal
al tiempo que las guerras venideras concluyen
no debilitar con su influencia al planeta Tierra.

Dormita la fuerza del hombre pertinente
entre los peñascos donde mora el fin de los tiempos
y las alboradas que no poseen remordimiento.

Coágulo - Kabalcanty

4 de diciembre de 2011




Ensangrentadas mantuvimos las escaleras,
odiándonos los ojos y sellando los labios
porque ya nada nos quedaba por decir
que no lamiera los peldaños mansamente
refocilándose en toda su fluidez soez
de espanto infinito que nos hería.
Tras tantas carnes y huesos peldañeados,
puliendo lo fútil en material de agarre,
sólo la visión congraciada del escéptico
embelesaba color sin dejarnos amorfos,
salpicados donde el barro nos calmará
de todas las dolencias mostradas públicas.
No deseábamos mostrar la sangre, ni aún lejos,
porque caímos sin querer ser vistos
mintiendo muchas resurrecciones
que penamos, llenos del azogue de la culpa,
asombrando el mármol de la escalinata.
Las espaldas, finalmente, no tuvieron rostro,
ni siquiera acordonando todos los pretéritos,
nos quedó el sufrimiento tallado en las uñas
cuando el hombro esmeril del viento
nos sacudió como chispas tan efímeras. 

El padre - Tiquicia Vargas

3 de diciembre de 2011


"Con los años las heridas se cierran o permanecen abiertas según el espíritu humano lo permita."

Jocob era un hombre viejo, casi senil para estas fechas, pero con una existencia vivida más allá de la resistencia de cualquiera con la mitad de su edad.

Carlo, su hijo mayor aún le guardaba un enorme resentimiento por su forma de ser, por una existencia negligente, lasciva, descarada, tan atropellada con todos los que le rodearon en algún momento. Ana, la menor permanecía indiferente a él, a su estado actual de salud y a cualquier cosa que de él viniese. Solo un reflejo de lo que recibió toda su vida.

Se acerca la navidad, es una de las noches más frías del año y el anciano llora su desamparo, no se explica por que después de dejarles a su hijos una inmensa fortuna, no buscan ocuparse de él. Ninguno lo visita jamás, ni una llamada, ni una noticia.

En la mañana la empleada de servicio encontró su cadáver frío sobre la vieja silla de ruedas, la manta ya raída por el uso cubría las piernas ya inmóviles. Y sobre la mesa las pastillas desparramadas.

Decapitación por culpa... - Nelson J. Salinas

1 de diciembre de 2011


Decapitación por culpa de los pensamientos

Tenía cabeza de globo terráqueo
y no por tener el cuerpo pequeño
sino por pensar
y caer en el ejercicio continuo
del verbo en todas sus formas,
pobre mi cuello que no dio más y se derrumbó
dejando caer mi cabeza por los suelos,
la cual tuvo un forzoso aterrizaje
y quedó desparramada,
me sentí desnudo,
mis mejillas se colorearon
y sonreí,
como quien lo hace al sentirse
descubierto,
es que eran mis pensamientos
los que estaban bañando
al vecindario,
mis más íntimos pensamientos.

La multitud me rodeaba
y se escucharon cosas como:
¡Allá va la desdicha!
¡Allá va el amor!
¡Allá va la locura!
¡Allá voy yo! Grité ¡Allá voy yo!.

Cerré mis ojos creo yo por
un par de horas de lamento,
hasta que oí que dijeron:
“Está muerto…. no hay nada que hacer, está muerto”.
Los abrí cuando fui abrumado por el silencio
de la tierra que recupera lo suyo,
busqué mi cuerpo por todos lados
para encontrarlo
en un remolino de muerte,
y por más que intenté pedirle
que se levantara
y juntara al ser
que los pensamientos separó,
este no lo hizo.

Fue,
cuando comencé a llorar
y el oleaje triste me llevó
a las alcantarillas de la luz,
que entre sus auténticos barrotes
mostraron mi cuerpo levantarse,
caminar en dirección desconocida
y ni siquiera mirar hacia atrás.
 

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