¡Bienvenidos!

Así te quiero - Armando Arzalluz Carratalá

30 de noviembre de 2011


Te quiero libre para qué acudas a mis llamados,
hacerte comprender que la vida nos acompaña,
que nos permite tener un sueño placentero.

Te llevo conmigo y en mis adentros,
de esa forma logro perpetuarte,
hacer posible con realidades soñar con tu amor
para festejo mío.

Sé qué pronto tendré que marcharme
ya no siento la emoción al estar a tu lado,
fracasó el intento para amarte,
ya no quiero repetirlo de nuevo.

El amor no es una cosa moldeable,
si no brota de forma espontánea no crece,
por lo que debemos realizar la despedida.

La dignidad desde mi terraza - Kabalcanty

27 de noviembre de 2011


Nunca entendí aquello de que el trabajo dignifica y realiza. En mi caso, la tarea cotidiana siempre me ha esclavizado y menoscabado. Supongo que esa frase la acuñó alguien que no trabajaba un mínimo de ocho horas diarias soportando las estupideces de algún superior que pinta la empresa que le mantiene como algo quasi sublime. Tal vez sea cuestión de estar de un lado o de otro. Yo soy de los que piensan que se trabaja porque se necesita el dinero que te pagan por tu trabajo para ser lo que no te deja ser el trabajo, o intentarlo a lo sumo. Es una opción, amigos, tan válida como realizarse machacándose sin tasa en la empresa. El caso es que un mal día nos llegó el cese de la actividad laboral involuntaria y los filósofos del empresariado se rascaron la frente con fruición. Era una gran pauta para amarrar el desánimo y la tentación de la protesta en un lazo que apretara el cuello del subordinado trabajador. Y ocurrió, como normalmente nos pasa a los desangelados que necesitamos que nos paguen a fin de mes para creernos en la libertad de hipotecar nuestros días venideros. En los años 80, el paro surgió como una bestia, recreada en 2D, que protegía a los muy ricos, y poco menos ricos, y que intimidaba a sus subordinados con el miedo de perder el empleo, el norte y el coste físico de la libertad. Los políticos, los esbirros de los muy ricos y poco menos ricos, conjugaron una serie de medidas para aparentar que el paro era un mal controlable, que era una cuestión de encarar el futuro con ánimo próspero. Pero como estaban pagados en su trabajo, sin viso de paro, pero amenazados tácitamente, por los muy ricos y poco menos ricos, mintieron a los trabajadores y embarazaron a la bestia del paro con el monstruo de la crisis financiera, recreado en 3D, para perpetuar la especie. Mientras tanto, el progreso, al amparo de los muy ricos y poco menos ricos, distrajo a la plebe trabajadora con canales de televisión por ejemplo, o mítines de líderes que prometían tres noches en veinticuatro horas. Amigos, todo estaba previsto: la distracción provocó el parto a escondidas y un buen día nos largan que el monstruo de la crisis financiera, recreado en 3D, es algo grave y que, entre todos, debemos cortarle el cuello para que no engendre hijos peores. Los que apenas nos habíamos dado cuenta de la amenaza, los que vivíamos pendientes de si la Belén Esteban iba o venía o nos limpiábamos la baba escuchando la filosofía emprendedora de nuestro líder particular, resultaba ahora que debíamos apechugar con el parto de la bestia (¿en 2D o en 3D?). Comenzamos a pensar, y eso mosquea. Los que habíamos leído tres o cuatro libros antes, en varios mes es nos pusimos cardiacos, como muy cabreados, y los demás tardaron un poco más. Salieron a las calles y dijeron simplemente que no, que no, que no, de una puñetera vez que no. Sonaba hasta musical, amigos. Que no. Yo, como no soy mucho de calle, dije que no escribiendo, por Internet, a los amigos y a la familia. Claro, es normal, se hartaron a la semana y me encerraron en la terraza (suerte que estábamos en verano). Me dejaron varios cuadernos, varios bolígrafos y un Pc portátil con conexión wifi. Y aunque pasan los días, yo sigo protestando, muy cabreado, desde la terraza. ¿Andaré loco?.

Dame - Mario Collado

25 de noviembre de 2011



Dame un trocito nada más
del tiempo perdido
para que pueda escribir
mi historia de mi vivir
y que no quede en el olvido.

Dame la nostalgia de un amor
rincón de algún corazón
que llora de pena.
para que lo pueda consoloar
y soñando al despertar
no se convierta en quimera.

Dime si existe algún lector
para esta poesía
de simple rima infantil;
sueñe con un corazón
de alma perdida.

Dame un cielo azul de mar
sus barcos al navegar
aunque no lo crea.

Dime mentira piadosa fue
para tenerte a merced
del mundo de las creencias.

Sólo pensamientos son
de un hombre que se cree mortal
que rezó inmoralidad
sólo en un momento.

Tengo una vida nada más
que la puedo regalar a quién me la pida.
pero, no me cobre interés
que me vuelvo del revés
y te muestro mi mentira.

Son sólo cuatro letras nada más
de una musa almidonada
que busca clemencia
de una triste humanidad
que aunque cree que es inmortal
sólo llora su existencia.

Mañana de domingo - Lorena Martín

24 de noviembre de 2011

El arte de lo cotidiano.

Por fin domingo. El día más esperado de toda la semana. Y este, además, es un domingo reluciente, con un perfecto sol de primavera ¡quién iba a suponerlo en estas fechas! filtrándose a hurtadillas por este invierno aún a medio terminar.
El día, hoy, lo pasaremos a solas, sí, nosotros cuatro, como tiene que ser, escapándose las horas en un parque junto a la playa, en el paseo marítimo del costero Sitges.
A Jorge le veo reposado y satisfecho, eso no tiene nada de raro, él simplemente es así. Laura y Sofía, gemelas, corretean de un lado a otro sin preocuparse de nada, ajenas por completo a la maldad del mundo y sus tropelías, tienen la bendita edad de los cuatro años, la edad de la inocencia y los cuentos de hadas con almibarado final ¡Quién pudiera volver atrás por un momento y dejar de lado toda responsabilidad, para sentirse, como ellas, tan libres como esas gaviotas que revolotean a lo lejos en busca de su alimento!
A Laura le gusta montar en bicicleta. Sofía, en cambio prefiere patinar. Siempre ha sido así, unidas, sí, pero dispares. De aficiones completamente opuestas. Y sin embargo, exactas como dos gotas de agua. ¡Cosas que tiene la vida! Laura no deja de darle a los pedales parque arriba parque abajo y Sofía tiene la tozuda intención, de subirse al tobogán con los patines puestos. Pero ostentan la misma, precisa y sempiterna sonrisa de camarada.
Yo, me siento extrañamente en calma, mi alma se mece al arrullo del sol y de las olas cercanas. Se me ha ocurrido quitarme los zapatos, y andar un poco sobre la, tengo que reconocerlo, gélida arena de un seis de febrero. ¡Qué fría está!

Pero estoy de tan buen humor que no me importa. Ni siquiera me acuerdo de que puedo pillar un buen resfriado. Pronto, pienso, mis pies se habrán acostumbrado y mi circulación sanguínea saldrá ganando con el cambio. Me siento, tengo que decirlo, algo más que mentalmente perezosa. No tengo ganas de abordar las cuitas diarias, ni siquiera ahí, en el intelecto.
Pero intuyo que eso es precisamente, lo que me viene haciendo falta. Un poco de desconexión de la vida diaria, del trabajo y de la casa. Sonrío solo a medias, entrecerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás por un momento, dejando que sol inunde mis mejillas, sintiendo la suave caricia calurosa del astro rey. Tengo la mente completamente en blanco.
He dejado a mis hijas a cargo de su padre, pretendo ausentarme un rato, veinte minutos apenas, para dejar a parte toda una vida, para tomar nuevas fuerzas y recargar las pilas, oxigenando mis pensamientos y apaciguando el alma siempre en continuo vaivén.
No mucho más allá, a la izquierda, un hombre entrado en años, con su larga caña de pescar, su cubo y sus botas, enseña a sus nietos, la sutil ciencia que se esconde tras la pesca deportiva, las horas pasadas frente al mar, junto a la playa, mirando inmutablemente el horizonte, esperando a algún pececillo incauto ávido de comerse su señuelo.
A mi derecha, un matrimonio con hijos, hace volar una cometa. Un crío de unos ocho años, insiste a voz en grito, diciendo que quiere manejarla, pero es el mayor, que tendrá ya sus trece, quien ha acaparado por completo ese momento. Les miro y sonrío.

Me pasa por la cabeza un símil de pensamiento, que habla sobre la familia, la naturaleza, el sosiego y el amor. Me siento terriblemente acaramelada, dulcemente arrobada, en el sentimiento y en el alma.
Miro la maravillosa magnitud del agua, y como siempre, me siento empequeñecida. En ese punto preciso en que mis ojos se estampan con el horizonte es cuando me adentro en la poquedad de la existencia, en saberme nada, en darme cuenta, con precisa nitidez, de la grandeza de la creación y mi insignificante presencia.
Tomo asiento sobre la arena y cierro los ojos. Eso me relaja en extremo, permanecer así sentada, con las piernas cruzadas, sin darme cuenta del paso del tiempo, oyendo como las olas juguetean con la arena, en un rumor sin fin de susurros y arrumacos. Me doy cuenta de cuánto he echado de menos, pasar un día como este, apartada de todo y de todos, a solas conmigo misma, con el fluir de una conciencia, que ahora mismo quiere dormitar y que yo no pienso, ni por asomo, desperezar.
Pienso que la vida no puede ser más maravillosa. Me siento a gusto y en paz. ¡Qué calma, qué tranquilidad, qué armoniosa serenidad!
Inesperadamente, unos brazos infantiles rodean mi cuello. Sobresaltada me encuentro de pronto debajo de dos cuerpos infantiles, mis hijas, ¡qué pesan ya lo suyo! tirada por la playa, mientras ellas se ríen y yo trato de sacudirme la arena del pelo. Mi marido las llama al orden, pero no hay nada que hacer. Se sienten contentas, contentas y risueñas. Completamente ebrias de felicidad. No tienen prisa, aún quedan muchas horas hasta volver a casa, empezando por esa comida en el restaurante italiano, uno de sus favoritos y de los míos….
Cojo entre las manos un puñado de arena. La dejo escapar lentamente por entre los dedos. Siempre me ha gustado sentirla, así, tan resbaladiza ella, con ese suave cosquilleo dispersándose manos abajo.

Recompongo mi pelo alborotado y sacudo las partículas adheridas en mi abrigado jersey negro. Cojo un par de pechinas y se las doy a mis hijas. Luego les digo que miren a su izquierda, al pescador y a la derecha, esa cometa. Pero es un catamarán de ondeante vela a rayas el que de verdad llama su atención. Lanzan largas exclamaciones de admiración y regocijo.
Mientras tanto me levanto y me pongo en pie. Mi marido me señala la hora en el reloj, discretamente. Ha llegado el momento de decirle adiós al mar. ¡Oh qué nostalgia que me invade de pronto! El encanto de los minutos precedentes para haberse esfumado para siempre. ¡Qué lástima!
Pero me consuelo pensando que a ese rissotto con puntas de espárragos que tanto me gusta, no hay que hacerle esperar. Y me relamo del gusto por anticipado.

Tramo VIII - Graciela M. Alfonso

23 de noviembre de 2011



Vas de los cabellos de la sabiduría,
boca entrelazada en espacios vacíos,
mano detenida en el fuego informe
del tenebroso olvido.

Montas sobre tu luna, para hurgar
los cuerpos sin alma,
los rostros sin pasado,
hijos del hastío y la memoria.

No puedes ni quieres detenerte,
infinito, como el cavador recóndito
del barro, y mago del polvo
devuelves a mi corazón esperanza.

Estamos enlazados, firmes en el pensamiento,
desamordazando las ideas,
y la desnudez, acorralada en el patíbulo de la inexistencia.

Cómo nos amamos,
ocultos en las estrellas
remotos en los pájaros
y salvajes por la tierra.

Cómo nos enajenamos,
cuando cubrimos el rostro
y espantamos el gesto breve,
de la tibieza ardiendo en las palabras,

Yo compongo en la escarcha,
la música de tu deseo
y el último corazón
del hombre que sueña.

Yo rememoro y construyo
un altillo transparente,
en el hueco de tus huesos
y en el mar de tu sangre.

Yo estoy despierta y vibrante
nadando en tu éxtasis,
con la piel enredada
y los ojos solitarios.

Si los hombres comprendiesen
y aprendieran a dejar el rostro libre;
limpiaría sus máscaras sedientas
y quebraría con lluvia mi dolor.

Pero tal vez es tarde,
y el crepúsculo nos llame,
para encontrarnos pasajeros
al borde del hambre.

Acorralados e intrépidos
sin genitales ni alma,
matando tantas causas
y dándole la espalda a la ternura.

Infarto social - Alexander Vórtice

22 de noviembre de 2011



Descuido los crepúsculos
que me regaló el infarto social.
Quizás sobre el ímpetu de un día
absorbido por las manos de los impíos
se encuentre el cromosoma del aturdimiento.

Nunca fueron geniales mis versos…
No creo en el más allá después de muerto;
no vacilo si el desencanto perturba a los malos;
no exijo balas ni descargas eléctricas a los dementes
que me dan la vida y el buen ánimo.

Descuido el rumor de los labios atolondrados
por lo sempiterno bajo la mueca del hombre
que entregó su alma mundana por un par
de monedas de bronce y un futuro
colmado de sentimientos nobles.

Al instante de la rebeldía - Kabalcanty

21 de noviembre de 2011



Cargadas las espaldas de deudas,
miramos la vorágine que nos inventaron,
aquella que despunta en el cráneo hormigonado
en la estilosa silueta del rascacielos,
desde el gueto hirviente de esa derrota
coronada desde recauchutados despachos.
Apiñados en apenas una baldosa,
nos rechinan los dientes en su euforia
que festeja las crisis habidas y por venir.
Nuestros músculos tensos, sin mirar al cielo,
un bramido de cadenas serpenteando
por el lodo que nos pertenece y redime.
El dialogo es puro vapor contaminado
que se enrosca en las altivas fachadas
con su tendencia financiera a la baja,
cual canal húmedo de la lombriz.
Ya dejamos de movernos para su bien,
el picor insufrible de la paciencia royéndonos,
tentándonos los bolsillos con los añicos
que nos suponen todos nuestros sueños.

Crece esta ausencia - Beatriz Favre

20 de noviembre de 2011



Crece esta ausencia, como presagio de tormenta
a mi alrededor todo se oscurece, afuera el viento gime
Me aferro a tu voz, tus palabras, tu serena calma
Cada día dejo de existir y renazco en ti
Mi dulce amor, sin condiciones te doy
este trozo de vida que me queda, este amor, esta entrega
me aferro con fe, a tu presencia, crece mi fortaleza
No deseo lágrimas de tristezas, no, de ilusiones
estoy plena, el amor está, y crece, y florece, en la distancia
cobrando vigor y energía, te espero cada día
Aunque extrañarte así es desgarrarme por dentro
no pierdo la sonrisa, esa sonrisa que amas
Esperando hacer con nuestros brazos una almohada
y despues de amarnos, esa estrella azul caiga
sobre nuestros cuerpos, agotados, esperaremos la alborada
solo para amarnos, y amarnos, y nunca más separarnos.

Como duele ver - Armando Arzalluz C.

19 de noviembre de 2011






Te estoy enteramente agradecido,
he visto en mí todo por ti concebido,
he invocado tu nombre,
en el alivio de la materia y el espíritu,
he hecho el credo a mi forma y manera.
Eres guardián de tantas obras,
eres el guía, el faro, la esperanza,
¿cómo duele ver que te envuelven,
en un grado de mercantilismo?
¿cómo duelen ver que te nombran
para satisfacer cosas banales?
Yo te nombro en silencio como tantos otros
Te profeso mis plegarias,
trato de mostrar con hechos mis palabras,
llevarte conmigo predicando lo que siento,
así creer en lo que yo deseo y quiero.

Si las palabras fueran... - Daisy Rodríguez

Si las palabras fueran flores escogería las más bellas para darte, pero no lo son y sencillamente no sé que decir, cómo decir que te quiero sin que me suene a poco, cómo decir que te adoro sin ofender a Dios, como decir que te deseo sin sentirme vulnerable… no lo sé, no sé que decir.

Puedes pensar que tal vez estoy loca, puede que tal vez yo lo piense también; creo que la vida aunque uno la sienta linda llega ese momento en que notas que no lo es, y uno de esos momentos para mi fue cuando te conocí, ya que supe que podía ser mucho mejor, porque tu mirada me mostró todo un nuevo paraíso que yo no podía esperar para explorar.

Si las palabras fueran siempre mentira no sabría decirte nada, porque es el amor la verdad suprema, esa que no se esconde aunque se reniegue de ella, esa que se guarda en el corazón cuando el amor es prohibido pero que dentro de ti tú conoces, esa que supe sentir cuando te conocí… y esa que me hace vivir las consecuencias.

Puedes pensar que solo hablo disparates y tal vez sea cierto; creo que lo que digo puede sonar exagerado pero, ¿Cuál es el limite para amar?, ¿Cuál es el limite para amarte? No lo sé y es que si hoy te amo ¿por qué pensar en el mañana si este nunca llega? y si yo quiero amarte hoy y lo hago ¿qué mas lógico que eso? y ¿qué más ilógico que los planes?

Si las palabras fueran canciones y algunas lo son; cantaría sobre ti cada día y bailaría al ritmo de tus recuerdos, cuando ellos se arremolinan en mi mente y no puedo pensar más que en tus besos, y deseo que estuvieras aquí y mirarte fijamente para no perderme ni un solo gesto, ni una sola mirada, ni una sola de tus sonrisas…

Puedes pensar que ahí sí estoy exagerando y de verdad parece que sí; pero creo que sigo siendo honesta, y tal vez hoy más que nunca, por que si recuerdas como soy contigo verás que todo es cierto, y te inundará mi amor y sabrás que cada parte de mi es tuya y que te doy esto como una flor, aunque este loca, totalmente sin mentiras, y si parecen disparates piénsalo como una canción, porque si estoy exagerando es porque te amo y porque las palabras salieron de mi…cuando no sabia que decir.

Viento del norte - Kabalcanty

18 de noviembre de 2011

 
 
Viento del norte nos curtió las heridas
en este bosque humeante de niebla gelatinosa.
Temblábamos cuando ululaban Las Parcas en la noche,
las vislumbrábamos, arracimados junto a la hoguera,
fundidas las escamas sanguinolentas de las armaduras,
izar los descoyuntados miembros de los caídos,
beber la sangre de sus cabezas cercenadas,
escupirnos, desde el filo de la vida, sus vísceras,
aireando sus túnicas negras entre llamaradas fatuas.
De una centuria, maltrechos, solamente dieciocho
en retirada de nuestro ejército del territorio invadido.
Los pasos al frente era toda senda enemiga
y el retroceso lo poblaba Tártaro y la sonrisa cruzada de Plutón.
Gnaeus, el legionario con la mano derecha rebanada,
confesó, entre escalofríos febriles, ser versificador
en honor a Tiberia, hija de un mercader de Betavodurum.
Nos recitó noches enteras sabiendo su acabose,
hediendo su muñón para regocijo de la carcoma.
Quintus le asfixió cuando su dolor culminó rabioso.



La angustia es una incisión pausada, inmisericorde,
que presta su espada al tiempo para profundizar
y acuchillarnos cuando la clemencia son ayes desbordados
que penetran, hora a hora, horadando toda calma.
Nos hería el tiempo libando completo su desacorde,
escuchando el exhausto relincho que nos buscaba,
escondidos al ras de la maleza por inercia
y ateridos en un suspiro por costumbre.
Viento del norte curtió las heridas
en este bosque humeante de niebla gelatinosa,
tumba que mesábamos queriéndola vivir
mientras Ellas no cesaban su noctámbulo festejo.

Pirata de tierra - El Brujo de Letziaga

15 de noviembre de 2011



Pirata de tierra
Sin bandera negra ni calavera,
Sentado en la taberna de las botellas vacías
Bebiendo recuerdos de antaño.

Amigo solamente de un cuervo
Con el que compartes monólogos de mil naufragios
En las noches de insomnios y desvelos
En la luz de las mareas.

Con la mirada perdida en alguna parte
Los ojos del corazón te lloran
Lobo solitario de mil mares, que ya no bañan
Las escamas resecas de tu boca.

Labios que son un velero anclado
Por tantos ósculos en blanco, vacíos,
De aquella corsaria
Que te trago con un beso de agua,
Llamado adiós.

Canto de las sirenas - Anabil Cuadra

14 de noviembre de 2011

Sortilegio de viento caminante
que enloquece a marinos en su manto
melodía encantada, muerte y canto
hipnotiza con onda vacilante.

Anatema de magia alucinante
escurrida en las mentes como abanto
melopea enfermiza, frio y espanto
en colmada armonía acariciante.

Amalgamas de mítica hermosura
interpretan fatídico concierto,
maldición sin valientes, sin bravura

Perdición desgarrante, son incierto
que escucharon dulzor como tortura
congelando respiros, tiempo yerto.

La molestia de los espejos - Kabalcanty

13 de noviembre de 2011

Hace ya muchos años, cierta mañana, como otras muchas, comprobé mi imagen en el espejo y algo aquella vez me llamó la atención. Como era muy de mañana, dudé de la visión, culpando a las legañas o a la vagancia que me inspiraba una nueva jornada laboral, sin embargo, tras gesticular frente al espejo y refrescarme el rostro con agua fría, constaté que no estaba en un error. Las facciones eran mías y las muecas eran reflejo de las cucamonas que hacía para desenmascarar la trampa, mas una mirada burlona se solapaba a la mía de carne y hueso. En un principio no le di más importancia, viví mi rutina habitual y hasta, como era viernes, recuerdo, hice el amor con mi mujer con la acostumbrada fogosidad. El asunto fue a mayores cuando aquella mirada usurpadora se empezó a permitir el lujo de hacerme guiños, levantar las cejas o cerrar los párpados cuando le venía en gana. Aquello comenzaba a impacientarme. En voz baja, por si me escuchaba alguien de mi familia, hablé a mi reflejo, le increpé para que se desenmascarara de una jodida vez y diese la cara (bueno, la otra cara) como un hombre. Ni caso, mis otros ojos seguían por libre cada vez más centrados en su actividad independiente. Pensé comentárselo a mi mujer o a algún amigo, e ipsofactamente deseché el pensamiento ya que lo normal es que no me tomaran en serio, o tal vez demasiado en serio y me internaran en un psiquiátrico de por vida. Lo dejé estar simplemente y llegué a acostumbrarme, mientras me afeitaba, a su ojiplática expresión o su lasitud simulando sueño. El verdadero problema, el meollo de la cuestión que es lo que me ha incitado a escribir estas líneas, fue cuando el careto del espejo, que se parecía mucho a mí pero no era yo, co menzó a hablar.¡Ahora también mi boca se movía descontroladamente a placer!. Al principio silabeando, lerda como un infante, luego con desparpajo como si ensayara cuando yo abandonaba el espejo y el reflejo se quedaba a sus anchas. Ni que decir tiene que aquella novedad pasaba la frontera de lo soportable. Percibí que decía frases que yo había callado a sabiendas en el pasado o emitía un silbidito genuino, al final de lo dicho, cuando lo que dije en antaño era incierto premeditadamente. Me iba al trabajo endemoniado, cabreado por aquel reflejo, cada vez más real y participativo, que ponía en duda todo lo que tenía por vida. Por aquellos días fue cuando decidí meterme al baño con una pequeña radio. Aunque sus palabras no sonaban demasiado altas, ya mi mujer me había advertido en un par de ocasiones sobre mis conversaciones solitarias en la ducha. Vi perfectamente en su mirada una pizca fehaciente de extraña desconfianza, de titubeo encubierto. Compré una pequeña radio y la instalé en el cuarto de baño con la excusa de oír las primeras noticias del día. Nada más entrar la encendía, mientras mi reflejo seguía con su monólogo. Hablaba sin coordinación, saltando de un tema a otro, enlazando delicadas situaciones y vaciándome indefectiblemente de alegatos que me defendieran. Era como si todas mis vísceras y mi cerebro hablaran distendidamente de mí sin que yo pudiera remediarlo, todo un desatino. Unos días más adelante, el reflejo de mi boca dejó de hablar, no así mis ojos que parecían vigilar mi incertidumbre. Me acerqué al espejo y pegué el oído. Nada, ni pío. "Ajajá, al final has cerrado el pico, pedazo de cabrón", le espeté con suficie ncia. "No, simplemente he cambiado de táctica", me respondió inopinadamente. No podía creerlo: tenía vida propia, podía seguir una conversación. Me mesé los pocos pelos que me quedaban en la cabeza y le encaré con furia. "No te favorece nada ese rictus iracundo", me dijo la mar de tranquilo. Salí del baño y, alegando una repentina diarrea que me indisponía laboralmente, esperé a que mi mujer y mis hijos salieran de casa a sus respectivos quehaceres. Aquel puñetero Pepito Grillo me estaba volviendo majareta. Ya en soledad, fui al baño como una flecha. Tuvimos una larga conversación en la que me desmontó una y otra vez de encima del caballo de mi razón. Siempre sabía lo que iba a rebatirle, cómo, cuando, por qué, mis inventos, mis silencios, mis desamores, mis pasiones............ Él sabía más de mí que yo mismo. Era un gran yo traslúcido, cristalino, sin fisuras, que dejaba en solfa a una vida que no era más que un mero montaje. Mi status laboral, social, estaba amenazado por la hiriente sinceridad de aquel infame reflejo. El amor por mi mujer no era más que un cuento barato, sensiblero, repleto de faltas a la verdad que él me enmendaba una y otra vez. Mis hijos también formaban parte de una función que hasta unos días atrás creía dirigir e interpretar a la perfección. Todo lo que hasta entonces tildé como forma de vivir no era más que una puta mentira encadenada. Airado, abandoné el cuarto de baño, salí a la terraza para coger un martillo que tenía para realizar las escasas chapuzas de casa. Lo apreté fuertemente entre mis dedos y me lancé camino del espejo del baño. Apenas le di tiempo de acomodarse en su gesto, enloquecido destruí el espejo hasta hacerlo migajas. Lo mismo hice con los espejos del armario de la habitación de matrimonio y con el enmarcado que había en el recibidor. Los machaqué hasta reducirlos a polvo. Lo barrí concienzudamente todo, puse el casi polvo en una bolsa de basura y bajé raudamente para depositarla en el contenedor de las basuras. Ya en casa, me dejé caer en el sillón y resoplé hasta que creí vaciarme. "Caso cerrado", me dije mientras me preparaba un café bien cargado. Pero los días posteriores fueron un horror. Mi mujer se puso histérica con la ausencia de los espejos y mis hijos, por supuesto, que también; tenían sus razones y las podía comprender, sin embargo yo tenía las mías y eran irrevocables. Como no podía ser de otra manera, me instalé en el cuarto de contadores a espaldas de los vecinos. Dejé de asearme, de afeitarme, de cortarme el pelo, lo cual notaron en mi trabajo en una semana a lo sumo. Uno de mis jefes me instó para que el lunes arreglara mis asuntos, que él llamó matrimoniales, y apareciera como siempre había sido "una persona ejemplar en rectitud, eficacia e impoluta". Mi miedo iba tan lejos que el lunes llegué aún peor que el viernes. Me concedieron quince días de vacaciones y cuando volví a la empresa, en vista de que mi estado era del todo lamentable, me despidieron. Cuando se lo conté a mi mujer, me comunicó, enseñándome unos papelotes que agitaba ante mis narices, que "era la gota que había colmado el vaso" y que quería el divorcio. Firmé los papelotes y me despedí de ella y de mis hijos con un lacónico "adiós". Anduve por las calles cabizbajo, abatido, sin solución a mi vida. Sin dudarlo, me sub&iacute ; a la barandilla del Viaducto y me estampé contra el asfalto de la calle Segovia. La muerte es como cuando te acuestas y al otro día no tienes que ir a trabajar. Ni duele, ni apenas tienes tiempo para pensar en nada; ocurre y ¡zas! luego te despiertas. Precisamente yo me desperté dentro de un espejo de un cuarto de baño. El tipo que, al rato, se asomó y me vio reflejado se parecía bastante a mí, aunque yo diría que con las orejas más grandes que las mías

La vida que te queda por vivir - Mar de Palabras

11 de noviembre de 2011

He llegado a casa después de un complicado día de trabajo. En este día de otoño con retraso, la lluvia resbala sus gotas tras los cristales de mi comedor donde el atardecer hace que este espacio se convierta en acogedor y tranquilo.
Enciendo una lámpara de luz tenue, luz cálida que me reconforta y que se despliega con intimidad por esas fotografías, flores, detalles, recuerdos, libros.... que son esa compañía deseada que sólo intuyo, que no se ve pero forma parte, gran parte de mi misma.
Después de un baño caliente, ropa cómoda y un café, me acomodo en ese sillón que parece descansar hasta mi alma. Me apetece leer y elijo uno de los dos libros que ahora ocupan alguna de mis horas. Me encuentro relajada...
Son casi las seis de la tarde y una especial somnolencia me está empezando a acariciar la mirada. Por unos segundos cierro mis ojos intentando asegurarme de que estoy despierta. Deseo abrirlos de nuevo, seguir con mi lectura...
Mis ojos se han vuelto distraídos y no me obedecen. Se han quedado sorprendidos, diría que fascinados y extrañados ante lo que empiezan a percibir...
¿Estoy soñando?, creo que no.., pero no lo sé.
Mis ojos se van deteniendo ante unas páginas en blanco donde las palabras se van escribiendo al mismo ritmo que mi mirada se refleja en ese papel sin color. Vocales y consonantes que se enlazan en palabras, en frases escritas con una letra especial, que me resulta tan conocida y, al tiempo, ajena y extraña.
Páginas con reconocibles y, a la vez, difusas imágenes o vivencias, no sé lo que me está sucediendo, pero me siento sorprendida porque creo estar reconstruyendo mil momentos vividos por mi. Siento un escalofrío.
Pero... necesito leer estas páginas. Primero lo hago con curiosidad y luego con avidez, pasando por las risas, la pasión, las lágrimas, la dulzura, la tristeza por los sueños rotos y la ilusión por los sueños convertidos en pura realidad vivida.
¿Qué me estaba pasando?... Todo era tan real dentro de lo irreal!
Mi extrañeza adquirió una pincelada repentina de lucidez y me dí cuenta de que me encontraba reviviendo, desde fuera y desde dentro, mi propia historia, la de mis años, la de mi vida....
Aparecían narrados momentos maravillosos que realmente recordaba y podía sentir paso a paso, beso a beso, con su color, con las sensaciones pasadas que ahora parecían presente.
Pero lo que en verdad me conmovió, fueron algunos párrafos irreconocibles al leerlos, ajenos, distantes con los que no lograba identificarme; era como si al no haberlos elegido yo, no me pertenecieran y, aunque parecían formar parte de mí vida, yo sentía no haberlos vivido.
De ellos, tristemente encontré muchos.
Mi corazón no quería admitirlos, pero mi cabeza les daba el mismo matiz de recuerdos que a los leídos hasta ahora.
Yo seguía pensando en mi propia contradicción. Y, no sé porqué, llegué a una conclusión... Eran esos momentos, quizás demasiados, que dejé en blanco en mi vida por no atreverme a decir “no”, por se excesivamente flexible, por dar tal vez demasiado, por no pensar más en mí misma, por quedarme tan vacía luchando ante la incomprensión, por no querer cicatrizar mis heridas...
Y, así, no dejaba de preguntarme ¿como podía haber dejado, en tantas ocasiones, de sentirme “yo”, de vivir mi propia vida y no sólo pasar por ella?

Salté del sillón y busqué tippex para borrar lo que no me gustaba, lo que mis ojos no querían leer en aquel libro que seguía siendo tan especial.
Arrastré ese blanco sobre la tinta negra de las palabras que aparecián en párrafos que deseaba ignorar, de los que quería huir..., pero no podía, no me estaba permitido. Sentí un nudo en la garganta, una punzada de angustia y empecé a llorar.
Una lágrima fue a parar al libro y cayó en una de sus páginas.
Cerré mis ojos, pasaron los minutos y, entonces, algo inesperado sucedió: de la nada, comenzaron a aparecer nuevas páginas en blanco y, como si fuese un nuevo libro, en el inicio de una de esas páginas apareció una frase:
“La vida que te queda por vivir”
Y... me sentí feliz al ser consciente de que no olvidaría, que no borraría nunca mi pasado, ya que lo maravilloso era que tenía presente y que debía continuar escribiendo palabras en el libro de mi vida, porque ésta vida es la mía.

Hoy te he olvidado - Mario Collado

10 de noviembre de 2011

 
 
Hoy te he olvidado
y despreciado
aunque no lo creas.,

Y aunque me veas silente
sólo soy un impaciente
que busca su vida entera.

Hoy te he olvidado
pero el recuerdo maldito
me lleva al bendito
rincón que tuvimos.

Será necedad y destino
locura o blanca fiera
son versos sin desatino
que abrió mi mente suprema.

Hoy te he olvidado
si sólo existe pasado
deja que mi cuerpo
resista este viento.

Huracán que en un momento
de locura pasajera
quiso que sin miramiento
de tu vida no supiera.

Un giro teatral - Manolo García


Corro y me acelero, atravieso la noche
sin luna y el coche, es mi carcelero.
Le dije que engañé, hoy regresaré tarde
Y vuelvo y me parte, pensar que no estés.
O que no estés sola princesa del birle
maestra en reírle al que te da bola,
nadie quiere tornas, orgullo a raudales
y mis voluntades no quieren las sobras.

Qué culpa tengo de que seas tan fiera
un giro teatral ha dado mi vida desde que te conociera,
qué culpa tengo de que seas tan loca
un hombre cabal he sido
que procura no descomponer lo que toca
un hombre cabal he sido
hasta que besé tu boca, tu boca.

Confiesa y admite que una temporada
autosugestionada también me quisiste
o eso parecía, hoy quién lo diría
siempre tan esquiva o de correrías
quizá a otros les guste esa inconsistencia
la nula injerencia que ahora es tu disfrute
arrasar con todo como la escapista
la falsa turista que alardea en el foro.

Qué culpa tengo de que seas tan fiera
un giro teatral ha dado mi vida desde que te conociera
qué culpa tengo de que seas tan loca
un hombre cabal he sido
que procura no descomponer lo que toca
un hombre cabal he sido
hasta que besé tu boca, tu boca.

Te deseo buen año, que el cielo te guíe
ahora sin mi ríe como hacías antaño
te deseo y te extraño.

Oda a los caracoles y babosas - Alfredo Farias

9 de noviembre de 2011

 
 
(Oda inconclusa)


Caracoles, oh caracoles caracoleros
viajeros eternos de todos los jardines,
presentes en todo el mundo como los gitanos
¿de dónde venís, cuáles son vuestros derroteros?



Os he visto por las noches y amaneceres
desfilando siempre en caravanas perezosas,
en carruajes de concha leve… que no entiendo,
¿vosotros abajo? raro…distintos mis pareceres.



¿Dónde vais, dejando atrás diseminados
vuestro rastro brillante como estrella de Belén?,
¿a quien vais guiando con huella rutilante
arriesgando por zapatos ser aplastados?



Un recuerdo me viene… sois comestibles
cuando pequeño me hicieron comeros,
me remece vuestra muerte, vivas asadas
sacúdeme dolor por muertes tan horribles.



Rocas, césped, árboles, incluso la arena
conocen de vuestro lento deambular
y tras vuestro las babosas esclavas
arrastrándose atrás en cruel condena.



Caracoles y babosas, moluscos
nocturnos comensales a la luz de la luna,
de la cual luego nos regalan su luz y brillo
vuestro vivir es lento y suave, nunca bruscos.




¿A dónde vais en vuestro apuro cada amanecer,
los he vistos, acaso creéis que no lo sé ?
el jardín está plagado de bestias enemigas,
enemigos a los cuales debéis hacer perecer.



En Carruajes cual El Magno de Alejandría
y tras vosotros, de infantería las babosas,
lleváis las ilusiones de mis amadas…las flores
y junto a ellas…también toda el ansia mía.



Mis orquídeas, clavelones y cactus amorosos
respetuosos se inclinan a vuestro paso,
¿inclinan? Nooo, ¡languidecen…se mueren!
¡ Malditos gasterópodos babosos !



Lo que habéis hecho aceitosas mal nacidas,
os lo juro que todo me lo habéis de pagar,
no descansaré hasta hacer pagar vuestra felonía,
cubriré con sal todas vuestras guaridas.



Se los digo claramente, su acción me sacó roncha,
de esta oda me retracto, por lo cual quedará inconclusa;
y ojala vuestros enemigos de batalla os derroten
y destruyan vuestros carruajes de calcificada concha.



Ya desnudos podéis iros a donde os cuadre
¿Que donde habéis sido concebidos
queréis ir? Pues iros entonces y cada cual,
¡¡ iros a la misma concha de vuestra madre!!

La vida es algo más que sinsabores - C. Israel Nápoles

8 de noviembre de 2011



Negado el corazón a sufrir tanto,
exhausto por la carga que lo oprime,
sucumbe en estertores mientras gime
vertiendo en su dolor su triste llanto.

Solo puede quitar su desencanto
el brazo poderoso que redime,
la fuerza de su amor es tan sublime
que a lo profano y vil convierte en santo.

Evita sucumbir en la apatía,
no son vuestros conflictos los peores.
Rechaza lo que causa tu agonía

y arranca de ese pecho los rencores.
Disfruta a plenitud de cada día.
La vida es algo más que sinsabores.

Esculpidos en sombras - Kabalcanty

7 de noviembre de 2011

 
 
Nos gusta columpiarnos en la noche,
cuando el cansancio de lo vivido
no es solamente ruido y éxito,
y más nos distrae envolver al futuro
en sábanas y dormirlo del tirón.
Casi siempre jugamos a emborracharnos,
tenemos voluntades hedonistas que rebosan,
y vemos a la Luna desmoronando cráteres
que cuando estallan en el jardín
nos llenan de una polvareda picante
que nos hace reír hasta atragantarnos.
A veces hacemos versos con vanidades
y nos los lanzamos, saltando gozosos,
como si fueran bocaditos de merengue,
pues seducen como cometas apresurados
entre todas las sombras conocidas.
Nos tornamos como más sensibleros
cuando aunamos las voces enredadas
y entonamos un ritmo de los Creedence,
que acabamos tosiendo,
y en el climax, esculpidos en sombra,
nos abalanza un Nessun dorma
que lloramos abrazados a Puccini
y malditos en la ventana de enfrente
temblando su fluorescente como una realidad.
Antes que el desgarro sanguinolento
incite a la oscuridad a vaciarse,
suficientemente sobrios y muy recelosos,
nos adosamos a la fisura de un libro empolvado
conteniendo la respiración y fundidos los ojos.

Luces en la eternidad - Jorge Rojas Contreras

6 de noviembre de 2011



Luces que se apagan en un segundo
luces nocturnas de misterio y sufrimiento
de los que quedamos en este mundo
mientras tú nos miras desde el cielo.

Tu luz en la eternidad del tiempo fue corta
esa llama especial de tu alma
se la llevo el viento una soleada mañana
y nos deja tu recuerdo empapado en lagrimas.

Hoy ya no te escucho, no te veo, ni te siento,
hoy te vemos bajo el suelo
mas tu espíritu sigue vivo
y donde estés nos guías y cuidas a los que te quisimos.

Hoy te recuerdo como eras
cuando reímos, cuando lloramos, cuando crecimos
hoy miro hacia lo eterno de la noche
y entre tantas estrellas la tuya brilla sobre todas
esa luz nos sirve de guía,
para no olvidarte nunca
y guardarte siempre en nuestras almas.

Sublime esencia - Bernal Vargas



I
Atravesando el mar infinito de tu piel,
Ese piélago de austero mármol blanco.
Mis manos aprenden la razón del tacto,
En un sentir divino, en un vibrar cósmico.

II
Mis sentidos se expanden con cada palpo,
Y mis dedos conjugan tu carne en mil verbos.
En el océano de tu cabello navego eternidades,
Perdido en una orgásmica travesía.

III
De tus sinuosidades son testigos mis labios,
Que recorren pacientemente cada recodo.
Y se llenan de luminiscentes destellos,
Que acaban encendiendo el sendero de tu seno.


IV
Y esa lluvia de mansas amapolas y alhelíes,
Que brota de tu boca cuando me besas,
Inunda mi aliento sediento de tu presencia,
Sellando mi alma con tu sublime esencia.

V
¡Mujer!, en tu naturaleza traes la libídine y la dulzura,
La pasión, el fuego que sublima, enloquece y arrebata,
Ten piedad de mi y acúname en tu delicado lecho,
Esta pasión me ata y soy un esclavo en tu pecho.

Tramo VII - Graciela M. Alfonso

5 de noviembre de 2011




Invisibles premoniciones,
arrastrando las cadenas
de la desolación.
Oh vaguedad absorta,
petrificada en el luto
de tu sorda lejanía.
Oh devenir antiguo,
esculpiendo el mármol invisible
de tu piel clara.

Saltando los espacios
y surcando los eclipses,
entierro la impotencia
y maldigo el silencio,
profanando abyecto
la luz inmortal
de tus ojos, cavernas de misterio
hurgando eternas, mi soledad inmóvil.

Conozcamos la vida - Armando Arzalluz Carratalá



A veces no logro comprender qué hace con nuestras libertades,
pensando que el amor se alimenta de cosas pequeñas si se tiene en el alma,
encontrar en el ejercicio que le hacemos para comprender lo que sentimos,
entonces poder declararnos que aún tenemos la esperanza.
No nos podemos limitar para encontrar el sentido que tiene la vida,
vale todo lo que hacemos porque es amor lo que nos une,
puede ser que nos aferremos a cosas que no tienen valor,
es necesario que conozcamos la vida viviéndola.

Quiero de ti y para encontrar lo que en verdad se quiere,
el estar presto a luchar por lo que se siente,
la fuerza la motiva el corazón porque él no miente,
el valor lo da el alma que no limita al cuerpo,
ante la vida que hemos vivido y que queremos para lo nuestro,
tengo la ancha virtud de tu amor que en cada expresión no me cuestiona,
que por el contrario me abre las puertas al sol y a la noche,
que nos aguardan para darnos lo suficiente en cuestiones que no tienen,
el motivo de limitarnos.

Necios - Alexander Vórtice

4 de noviembre de 2011



Ruegas que mi cabeza se retuerza
y sangre dolores sobrehumanos.
Lamentablemente no poseo
la benevolencia suficiente para convertir tus
anhelos en hechos, más bien podría incluir tu nombre
en mi libro de apreciables abominaciones
para convertir tu ego en una serpentina
de perversas ocurrencias.

Moriré llegado el momento
y posiblemente mi cabeza rodará por el asfalto
como una peonza sin patrono ni ensueños…

Mientras tanto
mi puño se aproxima sigilosamente
hacia mentecata ineptitud
para magullarla fuertemente,
así como se magulla
la perfidia de los necios.
 

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