
Sobre su féretro, triste me incliné,
su rostro parecía estar dormido;
llorando sin consuelo y compungido
fue la última vez que la besé.
Sentí una sensación de escalofríos
qué me ocasionaba más agravios.
Era extraño el sabor de aquellos labios
ahora inerte, pálidos y fríos.
Con equívocos conceptos destruidos
y dejándome el alma destrozada,
llevo el trauma de su última mirada
y su adiós que aun resuena en mis oídos.
Hoy no juega el viento entre las frondas,
ni corre entusiasmado el riachuelo,
no esparce su fragancia el limonero;
ni vuelan en el cielo las alondras.
En la espesura típica del monte
no quiere columpiarse la palmera,
la niebla se levanta en la pradera
y envuelve con su velo el horizonte.
Los astros enlutados se cubrieron,
los lamentos del aire se escucharon,
los cielos consternados se nublaron
y gotas como lágrimas cayeron.
su rostro parecía estar dormido;
llorando sin consuelo y compungido
fue la última vez que la besé.
Sentí una sensación de escalofríos
qué me ocasionaba más agravios.
Era extraño el sabor de aquellos labios
ahora inerte, pálidos y fríos.
Con equívocos conceptos destruidos
y dejándome el alma destrozada,
llevo el trauma de su última mirada
y su adiós que aun resuena en mis oídos.
Hoy no juega el viento entre las frondas,
ni corre entusiasmado el riachuelo,
no esparce su fragancia el limonero;
ni vuelan en el cielo las alondras.
En la espesura típica del monte
no quiere columpiarse la palmera,
la niebla se levanta en la pradera
y envuelve con su velo el horizonte.
Los astros enlutados se cubrieron,
los lamentos del aire se escucharon,
los cielos consternados se nublaron
y gotas como lágrimas cayeron.

















