¡Bienvenidos!

Tramo V - Graciela M. Alfonso

30 de agosto de 2011


Soy el monstruo que besa los ojos,
cuando Vulcano vuelve
a desatar su fuego eterno.

Soy la penúltima hoja
del árbol del paraíso,
soy la serpiente engañosa
del fuego fatuo amoroso.

Soy el vertiginoso espacio,
surcando los océanos.
Soy el cenit resplandeciente
de la hoguera de enamorados.

En mi nada de esqueletos descarnados,
compongo hombres
y maldigo demonios.

Todos dan vuelta
en mi bocanada de lava,
todos gimen al unísono
en mi clave de acordes.

Destruyo los espejos del agua
porque temo que el hombre,
se espante de su propia máscara.

Voy corriendo por las vacías arterias
para dar vida
al ser más puro,
en el último minuto
de mi extenso holocausto.

Uva - Juan Disante


Lo que traen estos pequeños brotes de glicina
son vientos del fin de agosto,
el desborde del sosiego,
la desmesura de lo escaso,
el pecado expiado,
los peces del éter,
la fecundidad de lo yermo,
la primogénita última uva
de aquella próxima vez
en tus labios.

Andalucía libre - Miguel Ángel Moreno

29 de agosto de 2011


Anduve entre mares, y recordaba,

No más allá de tu aroma flamenco,

De gente alegre, que a veces lloraba,

Ante un terrateniente con su penco.


Los fenicios, árabes y romanos;

Un traje de gala de tierra noble.

Con una oliva y una red en las manos.

[imagino]; eres un pasodoble.


Abrí la damajuana de tus vinos,

La vacié de tu fama, perezosa.

Ignorantes de tus mares divinos.

Benditos tus hijos, vergonzosa.

Refinados tus hombres, campesinos,

Estrellas tus mujeres, asombrosa.

El trenecito de plata - El Brujo de Letziaga

28 de agosto de 2011


Trenecito de plata
Con agujas de cristal
Que viajas en el día
Acercándote a la luna.

Cruzando entre arbolitos verdes
Tejiéndome mil sueños.
Llenándome de estrellas
Y vaciándome de penas

Acunando con tu vaivén a un niño
que duerme como si nada.
Acurrucado en palabritas de versos
que una madre con nanas le arrulla...

Sumiso estoy a la magia del tren
con ese paisaje, que viene que viene,
que se va que se va,
por delante y por detrás.

Miro más lejos miro más cerca.
Dos fuentes claras son mis ojos
de la acuarela que se dibuja
en éste atardecer de Dios

Tras la ventanilla veo asomarse un cielo
de cometas y sueños
Dónde se ven cascabelitos
como en los cuentos.

¡Llévame tren!...
¡Llévame sin parar!...
Con tu rítmico traqueteo
de guapo caballero...

Cha ca cha...chacacha...
Cha ca cha

El espejo - Mario Collado

25 de agosto de 2011


Con su tez morena y espíritu inquieto, Marisa contemplaba su imagen en aquel gélido pueblo norteño en el que solía pasar sus tópicas fiestas. El reflejo de su rostro era adusto y melancólico; pues su cuerpo sentía una sensación agridulce desde hacía dos semanas. El duelo que acompaña toda pérdida se hacía cada vez más patente.

Había construido un bunker psicológico para escapar de la ansiedad y demás angustias; pero éstas penetraban, como la humedad, hasta ese rincón tan íntimo y oculto que sólo ella debía conocer.

¿Cómo era posible? Era insoportable resistir ese dolor. Se dispuso a encontrar al culpable, a la persona que le provocaba tanta desdicha.

El encuentro fue tan surrealista que decidió tirar la toalla. Fueron tiempos duros. No estaba sola, se sintió sola que era aún peor, hasta que decidió mirarle a la cara y no decir nada. Por un azar del destino intuyó que la que tenía el poder de decisión en esa relación era ella.

Se asomo a su espejo preferido decidida a tomar las riendas de su vida.

- Si quieres continuar siendo mi imagen tendrás que seguir mis pasos. -Le comentó a la Marisa del espejo.

Por eso, aunque su cuerpo expresaba el duelo de haber roto la relación con la compañera más intima que había tenido, y su faz reflejaba esa agonía; se percibía en el fondo de sus ojos un pequeño atisbo de felicidad. Porque aunque su “ego” comenzaba a desaparecer, Marisa comenzaba a vivir.

Tramo IV - Graciela M. Alfonso

24 de agosto de 2011


Habitantes del frágil muro
enraizado en la marea,
oscuros sucumbimos ante la muerte,
y plenos marcamos territorios de amor.

Dolidos y extasiados
en la ambigüedad nos recreamos.

Habitantes del frágil muro
amamos, engendramos y destruimos,
omnipotentes y decadentes
la soledad extensa.

Apasionada - Carlos I. Nápoles

22 de agosto de 2011


Seduje aquella piel que aún dormía
tornándola romántica y sensual,
y atándola con lazo pasional
fui cual jinete que al corcel ceñía.

Muy sedienta salió al peregrinaje…
Dominante, impetuosa; como fiera
que emprende tras la presa su carrera.
Como una adicta tras el vil brebaje.

Mi ser se sometió, fue su abordaje
la usurpación de mi febril encuentro.
Y por más que lidié, fallé en mi intento
de doblegar su espíritu salvaje.

Raquel - Álex José Recoder

21 de agosto de 2011


Raquel me había citado en un bar céntrico. Llegó tarde, mientras yo miraba para otro lado, y se sentó sin saludarme.

¿Qué vas a tomar? –le pregunté.

-Nada. Sólo vengo a decirte que he tomado una decisión.

-Bueno, bueno.

-Te lo digo en serio, no puedo casi ni andar. Es un lastre muy pesado.

Me señaló los pies. Algo parecido a un cordón umbilical nacía de sus talones y desembocaba en una bolsita translúcida. Sonrió débilmente. Me agaché para comprobar qué había dentro de aquella bolsa, y descubrí que estaba yo, o mejor dicho, una imagen de mí. Había más hombres, alguna mujer, y masas de color que no supe interpretar.

-Creo que tendrías que ir al médico –observé.

-Vete tú al médico.

Ahora era ella quien miraba a mis pies. Noté una tirantez.

-Últimamente –reflexioné sobre la marcha – me cuesta demasiado ir a los sitios. No por pereza, es como un cansancio que...

-No me expliques lo que ya sé –me interrumpió -. Podrías contarme algo nuevo. Nunca me cuentas nada nuevo.

Puso su bolso sobre la mesa y sacó unas tijeras.

-¿Qué vas a hacer?

-¿Tú qué crees?

Colocó las tijeras junto al nacimiento del cordón y lo cortó. Apenas salió una gotita de sangre. El tejido del apéndice empezó a palidecer.

-¿Qué tal? –dije.

No contestó, sino que me ofreció las tijeras.

-No seas cobarde –dijo.

Tras dudar un momento, corté el cordón. No me hizo daño.
Nos pusimos en pie con nuestras bolsitas en los brazos y salimos del bar.

-¿Qué vas a hacer con esto? –le pregunté.

-Pues tirarlo a la basura.

No encontré ningún motivo para no hacer lo mismo. Escogimos una papelera cualquiera y pusimos los dos lastres dentro. Estaban grises, y la piel que las recubría se había secado.

-Ya nos veremos –dijo al despedirse.

-Llámame –contesté -. Cuando quieras.

Nos alejamos de allí, cada cual por su lado, y no la he vuelto a ver más.

Yo he visto al diablo - Alfredo Farias

19 de agosto de 2011


Yo he visto al diablo poderoso,
lo he visto detrás de la montaña
como dueño absoluto de este mundo,
parado con sus piernas en dos cerros.


Lo he visto gigante y pavoroso
sacudiendo las cortezas de la Tierra
provocando los temblores subterráneos
y también vaciando el magma ardiente
sobre ríos, paisajes y poblados.


Lo he visto sacudiendo a las nubes
provocando temporales y tormenta eléctrica,
también alejando a las nubes cargadas
quedando los sembrados secos y sedientos.


Lo he visto cual herrero y joyista
haciéndose coronas, pues se sabe rey,
y he visto legiones de adoradores,
hombres ricos y otros de muy baja ley,
asesinos y ladrones haciéndoles reverencia.


Lo he visto azotando a los pobres
y a los que tienen en el corazón a Cristo;
a muchos les abre el cerebro y enseña
que Cristo y Dios Padre son sólo mitología.


Lo he visto elegante y bien vestido
perfumado y con pañuelo de seda al cuello,
en los casinos y casas de apuesta,
brindando con una copa de champagne
y gritando “hagan juego señores”.


Lo he visto extraviando a los poetas
y robando los sentimientos a la poesía,
echándole más sal a los mares
y basura y plásticos a los ríos.




También haciendo nevar en los desiertos
y con su magnífico tridente ensartando
a las ballenas focas y lobos marinos,
y con el mismo tridente va ensanchando
el ya enorme forado de la capa de ozono.


Lo he visto con su risa maquiavélica
saltando detrás de los incendios,
y de los humos de las chimeneas
y averiando los barcos petroleros.


Lo he visto poner fin a la inocencia de los niños
expandiendo pornografía, drogas y el tabaco
y bailando al ritmo de un rock frenético
mientras bebe y tienta con las bebidas Cola.


Lo he visto visitando La casa Blanca
convocando al Grupo de los Ocho
para acelerar los planes de la Eutanasia
“para indignos de vivir…vacunas y transgénicos”
que la explosión demográfica ya está cerca.


Lo he visto también visitando el Vaticano
para reemplazar al último Papa muerto
y lo he visto en iglesias evangélicas
¡que paradoja!…expulsando a los demonios.

Tramo III - Graciela M. Alfonso

17 de agosto de 2011


Qué huída, qué regreso,
marcando con banderas de fuego,
la constelación antigua de la soledad.

Qué búsqueda inconclusa, demorada
en el mudo fantasma del retorno.

Qué extraña presencia,
sin las garras invisibles
de la humedad, desdibujando,
las ventanas infinitas
del pensamiento agónico;
en el abismo rojo de la inexistencia.

Catarsis - Alexander Vórtice

16 de agosto de 2011


Un leve movimiento de ideas inoportunas
camina el manso aroma del firmamento.

Examino mi temblor ante los dioses
del ayer
para comprender que los hombres
son trivialidad y miedo inmutable.
No existe un ideal perfecto:
por cabeza podemos buscar
la perfección bajo los escombros
de la costumbre,
del arrepentimiento
y la forzosa purificación.

Solo frente al chaparrón
de hechos inconvenientes
mi penitencia grita
perpetuidades.

Lo que puedo predecir - Armando Arzalluz Carratalá

15 de agosto de 2011


Mirándote a los ojos,
Adivino que algo quieres decirme.
Pues dale acción a tus labios
Para que expresen lo que llevas por dentro
Mirándote a los ojos
Adivino…no sé que quieres decirme
Dilo, respetaré cada palabra,
No mediarán justificaciones
Exclamaciones ni reproches,
Sólo y al final de tus palabras
Podré decir:
Te deseo lo mejor

De días de soledad - Jorge Rojas Contreras

14 de agosto de 2011


Aburrido, la verdad necesito algo nuevo, que de más aire,
estoy cansado de la monotonía y la vida misma
estoy perdido en un valle sin salida
entre las ansias de una nueva esperanza y un nuevo día.
Cansado, de que la nueva mañana sea igual
que el alba no me de un nuevo calor,
una nueva esperanza
para abrir cada día el corazón

Perdido, somnoliento en la distancia
en el horizonte eterno extraviado,
caballero de mil batallas
que solo pide un nuevo motivo.

Afligido, en la cuidad oscura, fría
sociedad sin destino, sin lugar ni camino,
donde el caminante pierde su rumbo
escondido en mentiras disfrazadas de verdad.

Vacío, falta algo, ¿qué será?
¿dónde olvide ese camino?
¿dónde perdí ese destino?
cuánto faltara para de este sueño encontrar.

Absurdo - Miguel Ángel Moreno

13 de agosto de 2011


Tan absurda esta vida, como él,

ella o nosotros, quizás todos.

Hablamos entre bastidores, palabras opacas,

es miedo, quizás inopia.

Es tan personal la vida de cada uno

que nadie puede mirar,

mirar atrás ciertamente,

sin más.

Ahora toca dar otro paso, como el de ayer,

y lógicamente, como el de mañana.

En este momento lo concibo, mientras,

mis pasos, ciegos en su caminar,

continúan la senda que jamás debieron empezar.

Tan absurda esta vida, como nuestro amor.

De todas las que yo vengo a verte - Los Parias

12 de agosto de 2011



De toas las que yo vengo a verte
prefiero las noches de mayo,
entra el deseo como un rayo
por las ventanas del poniente.
Tu sábana está más caliente
y luego no hay ningún ensayo.

Y además te tengo desde
que se va el sol hasta la madrugá,
tu sábana está más caliente,
y luego no hay ningún ensayo.

¡Ay! nunca sabré
como pasas las horas
cuando yo no estoy
si te acuerdas de mi
y cuánto te consumes
por volverme a ver.

Yo se que te dirán:
Pídele por tu amor
que deje la comparsa.
Que lo mismo que te canta a ti
se lo canta a la primera tonta que pasa.

Más tu,
no consientas que nadie,
se te pare en la calle,
y te hable de mi.
Que... yo no lo temo al castigo.

Pero tu dile que es mentira,
y con las bombas que me tiran
los payos y los fanfarrones.
Cógete bien esa colita
que es más moderna y más bonita
que toitos sus tirabuzones.

Yo se que a ti,
las malas lenguas del lugar
te andan contando la leyenda
de una noche en carnaval
que por una copla como esta
un comparsista abondanó
y traicionó a su amor primero...

Y no seré yo quien te pida
perdón por él,
porque mi cariño es más sincero.
Esto que te canto es
pa' que el mundo sepa que
¡Te quiero!

Dímelo - Jesús Cano

11 de agosto de 2011


En ocasiones, utilizamos las flores para expresar un sentimiento.

Adrián entró enfurecido en su nueva habitación. ¡Odiaba las mudanzas! Otra vez tendría que conocer las calles y hacer amigos empezando desde cero.

Se asomó por la ventana observando la ciudad. A apenas unos metros, otro edificio robaba la luz del día proyectando su opulenta sombra sobre el suyo. Una de las ventanas del avaro edificio se abrió, y lo que tras ella vio lo arrebató de sus pensamientos; Una hermosa muchacha, tumbada en la cama, hablaba a su madre. Esta le colocaba bien la almohada. A pesar de la palidez irradiaba alegría. A su pelo lo envidiaba el oro y de sus labios alumbraban el amanecer. De súbito, dirigió su mirada hacia Adrián y tras unos segundos sonrió. El muchacho retrocedió escondiéndose, rehén de aquellos castaños ojos, que durante la noche soñó.

Pasaron los días, y fue costumbre en Adrián, arrancar una rosa blanca al volver del colegio. Los cogía de las verjas de un abandonado caserón. Al llegar a su casa, se asomaba por la ventana tirando la blanca flor. Casi siempre caía en los pies de la cama de su secreto amor. Ella, la recogía con ansia y su faz se iluminaba, entonces llamaba a su madre, que la ayudaba a sentarse frente al balcón.

Consumían las tardes entre risas y bromas, disimulando sentimientos que destacaban a la menor ocasión.

Cada vez que arrancaba la rosa blanca, miraba de reojo el rojo rosal de al lado: “Mañana le daré una roja... ¡Para que sepa de mi amor!” Pero jamás se atrevió.

Una trágica tarde, cuando fue a entregar la flor, encontró la cama bacía y sentada en ella a la madre llorando. Lo que la leucemia profetizaba por fin sucedió; La muerte trepó por la esperanza hasta alcanzar la habitación.

El entierro fue silencioso y amargo. Nadie se percató de la ausencia del muchacho entre tanto dolor. Pero cuando todos marcharon él apareció. Presa del sufrimiento, dejo una rosa blanca al pie del nicho: “¿Por qué nunca te la di roja para que supieras de mi amor? Ya es tarde para decírtelo”... La rabia lo dominó. Golpeó la mortuoria piedra con todas sus fuerzas para huir corriendo y no volver nunca más.

De haber mirado a tras, hubiera visto la blanca flor teñida por la sangre derramada de su puño.

En ocasiones, las flores, nos cuentan los suyos.

Homicidio respetable - Alexander Vórtice

9 de agosto de 2011


Caen estrellas como párpados somnolientos. La metrópoli de la que provengo cabecea después de que “la revuelta” se haya calmado, si bien algunos jóvenes aún sienten como la sangre sediciosa fluye por sus venas y por sus cerebros perfilados por los ideales. Algo está cambiando y mi cuerpo no sabe qué es, aunque mi alma presiente que pronto seremos algo más diferentes, más experimentados. Debo reconocer que soy amigo del insomnio temporal y delator de Morfeo. De vez en cuando apago el televisor a manotazos o rasgo los periódicos con sumo padecimiento al ser consciente de cómo van las cosas, de que la esperanza es una idea y no un acto común o una forma de vida necesaria. Me venden –nos venden- que la negrura se ha apoderado del planeta Tierra, de las sociedades de bienestar o bien vivir (no sabría cómo denominarlas exactamente ya que, en el fondo, sólo viven en plenitud aquellas personas que han mirado fijamente los ojos de la muerte, y aún pueden contarlo). Me aseguran –por otro lado- que en Somalia millones de personas mueren de hambre y tribulaciones, y que en el Primer Mundo nos matamos los unos a los otros por migajas de viento precario. Se derrumban las providencias y el cosmos nos deja ver su libro de reclamaciones, libro casi siempre colmado de inmensidad y deidades inescrutables. Cae la noche a golpes de oscuros y tristes talonarios, de hipotecas de vencimiento post mortem. Noto el centelleo de mi antepenúltima reencarnación y un guiño metafísico me farfulla que esto ya sucedió no hace tanto: revoluciones a consecuencia de la infamia, juventud cansada de estorbar, pobres que sienten vergüenza por culpa de las perversidades de sus semejantes. Advierto la secreción del típico político con sus inconfundibles mensajes vacíos de firmamento. Reparo en la piel muerta del niño herido a causa de la metralla experimentada, de los buitres que anhelan masticar sus ojillos, que acabarán saboreando su apesadumbrado candor. Sé que soy cómplice, es por ello que me declaro “no humano”. Yo también he puesto mi granito de altanería para hacer de este mundo un mundo peor, aunque ahora, situado en medio de las sombras y el arrepentimiento, desee realmente unirme al movimiento de la exculpación, y hacer del mañana un mañana saciado de confianza y honradez. Repaso con mis dedos jadeantes las últimas frases que antaño asenté a lápiz en mi libreta de secretos deshonrosos y releo la cita de Orwell: "El lenguaje político... Está diseñado para hacer que las mentiras suenen veraces y el homicidio respetable"; y enseguida pienso que este tipo ya nos lo avisó y poco o nada hicimos al respecto. Una actitud humanamente innecesaria, considero.

La niña chipionera - Un patio con arte (Comparsa)

8 de agosto de 2011



Vio la luz por las tierras del Sur
la niña Chipionera
que escuchaba las olas del mar
al romper con la roca.

Su garganta ya en flor
del bordón a la prima danzaba
entonando bellas coplas.

Esa niña de linda voz
a su Cádiz, tierra del arte ¡arte de sal!
con orgullo siempre llevó
por el mundo como estandarte.

Fue Rocío la emperaora
de to los palos la señora
filigrana pura del cante.

Envuelto en la voz
son mis versos las flores que dan
su perfume al pasodoble;
ramo de pasión
brota del dolor
desde el corazón,
para quien fue la más grande
en ese mundo del cante, sin igual ¡fuiste volcán!

¡Que potencia y poderío!

Fue su boca de la copla manantial.

¡Ayyy…! ¡Por Alá!

Su garganta se ha secado
se marchó Rocío Jurado
gran SEÑORA hasta el final.

Tengo - Armando Arzalluz Carratalá

7 de agosto de 2011


Tengo sed de la tierra,
para calmar anhelos y esperanzas,
para sentir su humedad,
cobrar fuerzas nuevas,
tengo sed de la tierra,
de sus amaneceres,
sus anocheceres,
tengo sed de la tierra,
de la mirada tierna,
de la mano que se extiende
del aire, del sol y de todo,
tengo mi alma, mi conciencia,
libre de manchas, de impurezas,
porque puedo amar libremente,
abiertamente, apasionadamente,
en esta tierra.

Venda - Betty Badaui

6 de agosto de 2011


Los domingos la mujer va al parque a leer. Camina tranquila, nadie roba libros. Suele buscar un banco a media sombra y sin apuro van desapareciendo de su mente todo lo que la rodea; se instala en el libro dejando correr las horas hasta que el cansancio de sus ojos dibuja redondeles movedizos en el papel.
Lo redondeles son el aviso y el libro se cierra.
La mujer vuelve con su carga de lecturas, entra a la casa donde esperan las flores frescas y el termo con el mate, que la tranquilizan, haciéndole creer que ésa es la buena vida. Los crímenes, atentados, violaciones, drogas, miedos..., son fantasías de los cuentistas.

Universo inanimado - Miguel Ángel Moreno

5 de agosto de 2011


Arrecia fuera de tus pensamientos.

Todo inerte, acuarela incolora

Que engalana mis pobres sentimientos

Que abraza a la palabra que te implora.


Dueña de mi universo inanimado,

Reina y señora del reino perdido.

¡únicas las lágrimas que has derramado!

¡adiós a este corazón abatido!.


Tras la defunción, una nueva función,

Me alzo para dejar esta situación,

Ya he compuesto mi nueva canción.


Desde aquí admiraré tu belleza,

A la sombra de esta amarga tristeza

Y siempre recordaré tu grandeza.

Mala suerte - Alex José Recoder

2 de agosto de 2011


Mi amigo J. siempre actúa con una mezcla de entusiasmo y precaución. Sabe que, dentro de unos límites, todo es posible. Aunque no sea ni mucho menos perfecto a la hora de tomar decisiones, tiene la voluntad de tomarlas, que ya es mucho.

Pero siempre le falla la suerte. Entonces sonríe y dice que la próxima vez irá mejor.

A lo largo de los años los amigos hemos intentado estar a su lado para que no se viniera abajo. Pero algunos empezamos a darle la espalda, dominados por un miedo irracional al contagio. Debo reconocer que yo mismo tengo siempre una excusa creíble cuando me llama.
Se está quedando solo por una cuestión de mala suerte. Y me parece inexplicable.

Un número estadístico más... - El Brujo de Letziaga

1 de agosto de 2011


Desde un punto sin lugar
Se le perdía lo que ya tenía perdido
Entre silencios de ríos sin agua.

Fue invierno en su alma
Cuando una sola moneda
Golpeó su cesta.

Pero entregó una canción y un verso
Con ojos de primavera
Dónde el fragor de la vida le arrodillaba

Perseveró en la flor de la tarde
Sembrando el anonimato en la noche
Para ser un número estadístico más.

Con su corazón encogido
Dentro de una gran lágrima
Levantó los ojos al Cielo

Fue cuando vio a Dios escondido
Detrás de una estrella
Que le hacía guiños y le llamaba.

Señor, no puedo pagar el viaje
Porque solo tengo una moneda.

Tienes suficiente le respondió el Señor
Porqué tu corazón es rico
Y alberga un gran tesoro

"Hay pobres que son muy ricos
Sin tener nada
Y hay ricos que son tan pobres
Que solo tienen dinero"

Por tanto en la Orla del Cielo
Tienes un sitio conmigo
Con letras de oro
 

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