¡Bienvenidos!

Cantares - A. Machado (Joan M. Serrat)

31 de julio de 2011



Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...
Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar:
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse, le vieron llorar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso.

Cuando ya no te quiera - Ernesto Pérez Vallejo

30 de julio de 2011


Lo que realmente mantiene vivo al amor es el miedo,
el miedo a perderlo,
cuando ya no hay miedo,
tampoco queda amor.

Sobrevive el cariño claro,
ese animal de orejas enormes
que se revuelca por el suelo
y ladra cuando quiere una galleta.

Y es que estar enamorado es la única enfermedad
que se cura con el contacto físico.

La primera vez que dices te quiero,
te condenas sin saberlo a reiterarte el resto de tu vida,
hasta que las propias palabras pierden su verdadero significado
aunque que le cambies el idioma.

Es triste pensar que los bares de putas
se llenan de hombres que han dicho te quiero esa misma mañana.

La fidelidad es como lanzar una piedra al mar
y esperar sentado a que flote.

El océano esta repleto
de barcos hundidos que pensaron que podían navegar felizmente
y chocaron con esa roca que todos lanzamos alguna vez
jurando en la existencia del para siempre.

Pero cuando se acaba el siempre,
comienza el nunca.

No somos más que el estribillo de una canción de verano
que recordamos entre la nostalgia
y el alivio de que ese ritmo
no vuelva a golpearnos la cabeza.

Y lo cierto que lo que más echo de menos,
es no echarte más de menos.

Cuando el corazón no latía por inercia
y había música dentro y fuera del pecho,
bailábamos sin tropezar con los pies
flotando en el aire,
nuestros cuerpos eran como de goma
y rebotaban por la casa
como pelotitas de colores que conocen
el lugar exacto donde chocar,
donde imantarse
y lamerse los arcoiris
la una a la otra,
hasta borrar la luz
en un off
que se parece a la vida
cuando la vida no te pertenece del todo
y es a medias.

Como el último cigarro de un paquete.

Hay humo,
es lo que queda del fuego,
palabras estiradas a conciencia
diminutivos absurdos taladrando mariposas,
que olvidan el arte de volar
y se posan en el cerebro a hacer un nido,
de rutina.

En el salón se oyen ladridos,
alguien con la boca llena de galletas,
posa sus labios en otros labios,
suavemente,
dejando al miedo bostezar en el sofá
poco antes de su sueño eterno.

El alquimista - Miguel Ángel Moreno

29 de julio de 2011


Para comenzar, cojo un recipiente,

Añado una pizca de amaneceres,

Cuatro gotas de una heroína valiente,

Y huelo este caldo lleno de placeres.


Será que estoy triste, que necesito

Un trago de tu esencia, de alegría.

Tomaría veneno, exquisito,

Pero del pozo, hondo, no saldría.


Una gota más del bello susurrar,

Quintaesencia de esta poción mágica.

Siempre agitándola lentamente,


Para que nunca llegue a derramar,

Los ingredientes de forma trágica,

Pues de ellos, mi vida, soy dependiente.

Bilis y Bestias - Alexander Vórtice

28 de julio de 2011


Incluso en estos tiempos de altercados permanentes intento ser lo que quiero ser y, desde luego, todos deberíamos luchar por ser lo que realmente somos, y no dejarnos llevar por las normas absurdas de una sociedad corrompida que, fundamentalmente, nos hace resistir desengaños. Hoy más que nunca es cuando la bilis (ese virus existencial que se aloja en el medio y medio de nuestras cabezas a consecuencia de las “gentes oscurecidas”) recorre con fuerza sobrehumana nuestros cuerpos, dejándonos atolondrados y extenuados, como si fuésemos aire contaminado que hasta no hace tanto era aire puro, deseoso de adquirir felicidad. Al menos yo no codicio agonizar sobre las manos toscas de la intranquilidad, aunque las últimas noticias nos hablen de un demente ultra derechista que ha asesinado a sangre fría a más de noventa personas en Noruega y que, para más inri, nos obsequia con un manifiesto de mil quinientas hojas (espero que no estén escritas a doble cara) explicando las complejidades de su “yo” y su forma de desfigurar la realidad. Y es que, visto lo visto y sufrido lo sufrido, me encantaría pensar que las cosas no siempre son como son o, al menos, no como nos las presentan los más descorteses y asqueados pesimistas. De vez en cuando la apariencia y los virulentos sucesos nos roban el ambiente de paz y sosiego que tanto necesitamos, y no tenemos más remedio que agujerearnos los bolsillos del cerebelo y del esternón, y convertirnos en una especie de fantoches moribundos a causa de ciertas verdades absolutas que no son tal, que a secas sirven como pretexto para hacer que los sesos vuelen por los aires. Es de hombres nobles saber encajar los golpes de la vida, digerir la bilis y el golpe final; es hermoso beber el narcótico lánguidamente, mientras suena el piano del anochecer y las fulguras de la urbe se van transformando en minúsculas estrellas donde reposan las esperanzas de los justos. Es honorable caerse y volverse a caer…, y después, rodeado de gritos anómalos, levantarse del suelo húmedo y continuar caminando, sin tener que echarle la culpa de todos nuestros males a la Humanidad. Es fundamental respirar despacio frente a las angustias, agarrar la mano del ser amado, insultarle al cielo de los idiotas que nos gobiernan… Sin lugar a dudas, el hecho de agarrar un fusil e ir eliminando individuos por el simple hecho de que las cosas van mal, es el acto de un genocida que ha olvidado en el cajón de los calcetines viejos su espíritu de humanidad y concordia. Aunque, tal y como aclaraba el filósofo griego Plotino: “La humanidad está a mitad de camino entre los dioses y las bestias”; y queda claro que en Oslo operó la bestia con toda su fiereza.

Magia - Salvador E. García Yllescas

27 de julio de 2011


- ¿Bailas? – me preguntas –.
- No sé, pero si me enseñas aprendo pronto – te digo –.
- Yo necesito alguien que me sepa llevar…
- ¿A dónde? – te pregunto –.
- ¡No!, así se dice cuando quieres que alguien sea el que te marque el ritmo y te vaya moviendo, poquito a poco – me dices mientras sonríes –.

La música comienza a colarse por mis sentidos, un eco de imágenes se me vienen a la mente contigo bailando pegada a mi cuerpo, mientras nuestros ojos se involucran en un dulce juego de miradas, me vienen una tras otra, incluso mi ritmo cambia y el ensueño me devuelve de nuevo hasta tu sonrisa frente a mí, solo para contestarte…

- ¿Qué tal si me dejas intentarlo?, si no te gusta cómo te llevo, ya no bailas conmigo, ¿va? – te propongo –.
- ¡Bueno, nada pierdo! – me contestas entre curiosa y resignada –.

Tu cintura se resbala una y otra vez por mis manos y mis brazos lo hacen por tu espalda, nada más cerca que tu frente y la mía, en un vaivén de carcajadas nos dejamos llevar por la música que nos obliga a replegarnos y puedo sentir tu corazón a punto de desbocar tu alma…

- ¡Estás temblando! – me dices fascinada –.
- Es que… no sé bailar… - te contesto entre atrapado y apenado –.
- No parece, ¿te has dado cuenta que me estás llevando? – aseguras, brindándome tu risa –.
- ¿En verdad?, ¡no me había dado cuenta! – te digo muy cerca de tu oído –.

Al paso de la música, en la transición de los ritmos, de la euforia a la calma, nuestras miradas cambian, tus ojos se insinúan y los míos ya sumergidos en los tuyos, se insinúan, el espacio entre nosotros, se escapa y la danza se vuelve un baile sensual de dos almas, tu pelo, tu voz, tu cara, van dejando de ser un cuerpo y se filtran en una extraña corriente de vibraciones que palpitan muy hondo en mi ser que es aprehendido desde tu talle, hasta la última luz de tu silueta que es un brillo permanente de un candor, flotando entre los vértices de mi calma…

- ¿Ya te diste cuenta de cuánto tiempo llevas bailando, tú que no sabes hacerlo? – me atacas con ironía –.
- ¡Todavía no me despierto!, déjame seguir soñando – te contesto –.
- ¿De qué hablas? – preguntas confundida –.
- De que esto no parece estarme sucediendo, de verdad, no te estoy mintiendo, tú eres un sueño, ¿no es cierto?
- ¿Me estás “ligando”? – me preguntas –.
- ¿Cómo quieres verlo?, no es el momento, es la magia, ¿te has dado cuenta?, ni siquiera me has preguntado cómo me llamo y sin embargo aquí estás bailando conmigo, bañando con tu agua mis ansias…
- ¿Eso qué quieres decir? – me interrumpes asustada –.
- ¡Quiere decir que me gustas!, pero tranquila no pasa nada – te digo, tratando de calmarte al verte temerosa –.
- ¡Tú también me gustas!, - me contestas –.

Entre tierna y alocada, tu boca se detiene entre mis labios, sin saber cómo, mis pies y mis labios tratan de coordinarse para estar en sintonía sin romper el hechizo de un beso que de pronto, va y viene, entre la prisa y la calma, entre el fuego y la brisa, entre la fantasía y una realidad inexplicable, pero sin duda, enigmática. Abro un poco los ojos y una luz se esparce por toda una pista, llena de movimiento y color, tus manos entre mi pelo se entrelazan y tu pelo es la enramada en la que mis dedos escalan, caminando por el borde de mi corazón, se van los latidos, dando paso a una sensación que cae como gotas de agua a la mitad de una enorme cascada. A galopes mi sangre se propaga por cada arteria y vena de un cuerpo que despierta, resurge de sus cenizas y abre el fondo de su entraña. Vaya sensación más dulce la de tu lengua regalándose por el borde de mi espalda y entonces, te imagino entre un vuelo de sábanas blancas que salen de mi cama. La música es un marasmo que hace girar mi mundo de ilusión y ganas. Eres el vuelo en pleno de una nube desnuda irrumpiendo por mi cielo.

- Tengo calor – me dices, entre el borde de mis labios –.
- ¿Quieres parar?, - te pregunto mordiendo el contorno de tu boca –.
- ¡No!, ¡no quiero que dejes de abrazarme!, ¡no me sueltes!, por favor – suplicas –.

Te abrazo fuerte a mi pecho y de nuevo me atrevo tu boca es el refugio de mi hoguera, los minutos corren y nos hacen girar a través de las vueltas de una bendita fortuna. Una melodía es la lluvia melosa de una canción que se alberga en un rincón de un hermoso instante en el recuerdo.

- ¡Tengo que irme! – me dices, rompiendo la magia –.
- ¿Por qué?, ¿puedo llevarte?, ¡no te vayas! – te replico atropellándome en cada frase –.
- No gracias, mi novio está allá afuera – me dices y se quiebra mi quimera –.
- ¿Cómo?, ¿tienes novio?, ¿por qué no me dijiste nada? – te digo casi como un reproche –.
- Tú no me preguntaste nada – me dices –.
- ¿Pero?, tú me dijiste que no te soltara, ¿qué debo entender por eso? – te pregunto –.
- Significa que no me sueltes que quiero seguir viéndote, hoy y también mañana…
- Y… ¿tu novio? – te pregunto –.

Te apartas y tomas mis manos, me llevas hasta la mesa de donde me sacaste y tomas tu bolsa, la abres y sacas una tarjeta, me dices que así te llamas y que marque ese número mañana por la mañana que estarás esperando mi llamada que será otro día que deje en tus manos la fortuna de no perderte y volverte a ver mañana. Te acercas de nuevo y me robas la palabra con un beso cálido que desde mi boca por todo el territorio de mi cuerpo se resbala. Con el vaivén de tu cintura, te me vas perdiendo entre la gente un nudo cruza por mi garganta y no puedo evitar desarmarme en un caudal de sal que de mis ojos se desata.

- ¿De verdad, volveré a verte?

Quisiera creerlo porque pienso que el destello del primer amor no engaña y de eso solo me queda una leve esperanza de la que sin opción no puedo escapar. Mientras lo pienso corro hasta la puerta del lugar, afuera el frío me hiela el ímpetu y me pone fuera de tu mira y tu adiós, solo me queda aguardar el alba y el brío de una esperanza que pende de una llamada. Miro el número de la tarjeta y entonces con más atención, leo tu nombre…

- Te llamas… ¡Magia!, al fin, te encontré – apenas puedo creerlo –.

Cuando no existe luz - Jesús Cano

26 de julio de 2011


Caulí corrió por el bosque. Un oportuno accidente en la caravana-jaula le permitió escapar. No era un reo; era negra carne de comercio. Por aquellos contornos no pasaría desapercibido, toda la zona practicaba el esclavismo, y su color de piel era demasiado delator.

Tras largas horas de carrera tropezó con un poblado oculto en la espesa arboleda. A pesar de estar entrada la noche ninguna luz destacaba en las ventanas. Penetró en sus oscuras calles con temor. Escuchó lejanos tintineos por todas partes. Pero nada comprendió.

Alguien tropezó con su espalda, y el se giró aterrado. Pudo ver a una blanca dama que le reprochó:

-¡Estás loco! ¿Por qué no llevas los cascabeles en los zapatos?

- ¿Cascabeles? –Preguntó asombrado mientras la dama palpaba su cara.

- ¡Tu no eres de este pueblo! ¡No puedes quedarte sin el permiso! – Y aferrándolo del brazo lo empujó hasta una gran casa.

Al penetrar, gracias a la tenue luz del fuego a tierra, pudo divisar un grupo de aldeanos. Pronto le dieron la bienvenida para explicarle el porque de aquel pueblo. Muchos años a tras una extraña epidemia arrebató el sentido de la vista a sus antepasados. Temerosos del contagio, fueron desterrados a aquella oculta zona. Pero la extraña enfermedad resultó hereditaria, durante generaciones murieron y crecieron en el poblado sin conocer la luz.

Caulí enloqueció de alegría. ¡Sin la vista no importaba el color de la piel, pues no existía! ¡El cielo le había escuchado! Rió al recordar las veces que deseó ser blanco. Aunque faltos de un sentido, eran más perfectos que el resto de la humanidad.

- Y dime, hijo. –Habló un anciano con voz tranquilizadora- ¿Cómo has llegado hasta nuestro poblado?

- Escapé de una carreta de esclavos y la divina suerte me trajo hasta vosotros.

El anciano grito indignado.

- ¡Habéis dejado entrar en esta casa a un sucio negro!

Caulí tornó a huir, estremeciéndose al recordar el odio asomando por aquellos ojos muertos... Odio, que comprendió, no nacido de un color; lo alumbraba un podrido sentimiento.

...El mal anda de puntillas.

Tramo II - Graciela M. Alfonso

24 de julio de 2011


Creemos devenir,
de un amanecer remoto
surcando los confines
de nuestras pausas.

Creemos sobrevivir,
delimitando las adyacencias
y las incongruencias
de nuestra extraña malsanidad.

Callados y espantados
sembramos soledades en los vientos.

Es el mito del hombre,
que no halla guarida para su niño
y espanta amores en la vejez.

Es el hombre eternamente solo
en su finitud monocromática,
destruyendo con su prestigiosa ignorancia
el último beso del reencuentro.

Tramo I - Graciela M. Alfonso

23 de julio de 2011


Quiero escribir el sordo poema
que complejo juegue en el devaneo,
en la quieta incertidumbre,
y en la mano oscura del dolor.

Quiero escribir en memorias infinitas,
sobre el hombre que camina y olvida;
sobre el misterio, que vecino se aproxima
y sobre la rota existencia humana.

Pero necesito un tiempo extenso
donde albergar las palabras,
para componer un triste verso desnudo
y para no morir, terminando un poema.

Quiero escribir el sordo poema
que trémulo tiemble,
como las azules antorchas
de la senil y amarga sabiduría.

Locura aprendida - Mario Collado

21 de julio de 2011


Aunque era una droga legalizada se había mutilado con ella. El deterioro fue paulatino, por eso no lo percibió. Se creyó un gran hombre y como “borrego social” practicó el tabaquismo y alcoholismo como secuencias vivenciales que lo hacían ser el macho clásico de las películas visionadas en el siglo XX. Dos paradigmas que encerraban un poder ilusorio.

Botella de licor barato y pitillo creado a base de tabaco sacado de las colillas que recolectaba; a eso se redujo el sentido de su vida. Una adicción despreciada, una esclavitud voluntaria desde la ignorancia.

¿A quién pedir ayuda?

Para entrar en esos sagrados mundos, venerados por tantos adictos que se creían los señores de las sustancias; sólo tuvo que sentirse apreciado por los demás, y si para sentirse querido tenía que entrar en esos mundos, en ese momento creyó que valía la pena. Haberse negado hubiera supuesto el rechazo, ser discriminado y consecuentemente ser nadie.

El Sr. Nadie tomó conciencia de la realidad, mientras vomitaba su último paraíso, se dio cuenta de su autodestrucción. Cuando quiso enderezar el rumbo ya era tarde. Era una marioneta en manos de un cuerpo que le hacía sentir enfermo si el alcohol no corría por su venas.

No había vuelta atrás. Más de pronto descubrió una salida. Él ya estaba perdido, pero podía advertir a los demás.

Pero a los que intentaba ayudar le respondían con descaro:
- Pues tan malo no será cuando has puesto tu vida en manos de la adicción.

Por infinita vez, la voz de la humanidad, clamaba en el desierto.

Acá voy - Jorge Rojas Contreras

20 de julio de 2011


Acá voy,
mas solo que la inmensidad del espacio
mas oscuro que el alma mas turbia en la humanidad
mas perdido que un perro sin amo.

Acá voy,
y me siento tan distante de la vida
tan anárquico en medio de tanta herejías
tan muerto en este mundo de vida.

Acá voy,
pero no sé cómo empezar
no sé a quién preguntar
no se hacia donde debo caminar.

Acá voy,
sin música en mi interior, no existe se acabo,
sin poesía, la rima de mi inspiración
sin arte ni teatro ni escenarios, todo ya murió.

Acá estoy,
engendrando odio en lugar de alegría
creando un mundo de tristeza
inventado una bola de cristal de la cual no puedo escapar.

Poema para después de leer - Alexander Vórtice

18 de julio de 2011


Los televisores se convirtieron en deyección:
algo inusitado perturbó
el falso sosiego de los urbanitas,
al tiempo que en las radios y en los diarios
anunciaban el fin de los tiempos.

Yo nunca he dejado de leer los panfletos
que me ultrajan, ésos que atestiguan
que mi cuerpo es una entidad interfecta;

mas, después de leer todo lo que es erudito,
rasgo mi armadura en de cien mil pedazos
y me atrevo a escribir un poema inconmovible
que me asegura que los efectos y las rebeldías
son algo más que promesas irrealizables.

Gota a gota - Miguel A. Moreno

17 de julio de 2011


Desde que te vi aquel atardecer,

diáfana, libre en tu caminar,

me pregunto; ¿de qué huyes? ¿por qué correr?

Si eres reina, no nos puedes dejar.

Arroyo que no debe morir.

Recorre mi plegaria el cauce

que has dejado en mi mundo.

¿acaso no ves el sediento sauce?

No eres señora de “no” rotundo.

Lluvia que nos alimenta.

Levanta el castigo a estos mortales.

Que ignorantes de tus valores,

te hemos arrojado con juegos triviales.

¡muéstrame de nuevo tus colores!

Agua, llévame contigo...

Mientras que arrastras

mis versos con tu corriente,

alocada, frenética.

Deshaces mis estrofas,

desde tu cumbre

hasta el mar.

Me embarco en tu ciclo natural,

nacer, dar vida,

para volver a nacer

y de nuevo

y siempre,

dar vida.

Unicornio - Silvio Rodríguez

16 de julio de 2011



Mi unicornio azul ayer se me perdió
pastando lo dejé y desapareció
cualquier información bien la voy a pagar
las flores que dejó, no me han querido hablar.

Mi unicornio azul ayer se me perdió
no sé si se me fue, no sé si se extravió
y yo no tengo más que un unicornio azul
si alguien sabe de él, le ruego información
cien mil o un millón yo pagaré
mi unicornio azul, se me ha perdido ayer
se fue...

Mi unicornio y yo hicimos amistad
un poco con amor, un poco con verdad
con su cuerno de añil pescaba una canción
saberla compartir era su vocación.

Mi unicornio azul ayer se me perdió
y puede parecer acaso una obsesión
pero no tengo más que un unicornio azul
y aunque tuviera dos yo solo quiero aquel
cualquier información la pagaré
mi unicornio azul se me ha perdido ayer
se fue...

Elegía a los poetas - Alfredo Farias

14 de julio de 2011



Poeta es aquel que por mandato de definición
pone en su pluma los bellos pensamientos,
aquel de los más puros sentimientos,
que pone en el alma un bálsamo de emoción.

Aquel que nació sin zorzal en la garganta
y se consuela vaciando versos a un papel,
soñando lleguen a ser, un libro en el anaquel,
aquel que sin tener voz, escribiendo… canta.

Pero cuidado, no todo el que escribe es poeta
como no todo el que gorgorea es cantante,
ni el que da pasos es caminante,
el verdadero poeta no nace de una probeta.

Escriben cosas que nadie comprende
usando vocablos ininteligibles y rebuscados,
sin importarles sus lectores consternados,
pero que editores los busquen…sorprende.

Poeta es el alma retraída y silenciosa
el que privilegia el arte de escuchar
y el arte de la palabra suele desechar,
nunca saldrá poesía de boca bulliciosa.

Incansable y con una fuerza arrolladora,
atacar a la injusticia…está en su manifiesto,
sus armas: los versos cual cuchillo enhiesto
y las letras en ráfaga de ametralladora.

Le enciende la pobreza y al Juez levanta querella,
le alegra la primavera y le contrista el otoño,
es capaz de llorar al ver nacer un retoño,
su alma sufre… al ver morir una estrella.

El pájaro, el viento y la vida - El Brujo de Letziaga

13 de julio de 2011


El pájaro nevado
Que vive en un nido
de nubes heladas.

El pájaro seco
Entre dunas de arena
Y el sol del desierto.

El pájaro mojado
Que vuela por mares de hierbas
Bebiendo el fresco rocío.

El pájaro que es un milagro
si se le merece
Y un pecado imperdonable
si se le hiere.

Bendigo el silbido del viento
Entre pétalos que crujen
Y su música descalza

Y bendigo a ese pájaro que es la vida
Con su rumor peregrino
Que el viento se lleva

¿Quiénes somos? - El Brujo de Letziaga

11 de julio de 2011


Quién eres tú...
Cuando entro en tu secreta sombra
Pleno yo de claridad

Quién soy yo...
Cuando no me respiro
dentro de tu aliento

Quién eres tú...
Cuando me respiras
En tu vacío lleno

Quién soy yo...
Cuando beso tu sonrisa vertical
En tu recinto sellado.

Quienes somos...
Cuando el movimiento va y viene
En la quietud rápida
De nuestros centros

A lo mejor somos un mismo latido
En la convulsión y el vértigo
De un encuentro fugaz
Entre el mar y el viento.

Esqueletos - Alexander Vórtice

10 de julio de 2011




Los esqueletos palpitan en la noche.

La orquesta de tibias y lagartos
silba entre tus senos de furor
y tribulación.

Por ventura apolillo mi meñique
y siento que continúo interfecto,
magullado
o demasiado muerto…

Hay noches en las que el vodka
sólo es una excusa
y tus penurias son el odio
que mastican mis depuradas ilusiones
de hombre desventurado.

Burbujas peligrosas - Patricia O.

9 de julio de 2011


La fiesta de fin de año de la empresa parece más animada este año; dejando de lado las diferencias, todos los empleados de la firma han asistido y degustan la cena con placer.
La secretaria ejecutiva ha tomado un poco de más y las hormonas le están empezando a hacer ebullición dentro del cuerpo.
Como mano derecha del presidente de la empresa está sentada a su lado; al otro lado la esposa de éste charla animadamente con uno de los socios.
El flamante presidente ya se ha dado cuenta que algo está ocurriendo con su empleada ya que siempre ha sido muy discreta.
En un momento la secretaria se acerca a su oído y le murmura — quiero que me arranques la ropa y me hagas el amor aquí mismo, sobre la mesa, delante de todos— al tiempo que por debajo de la mesa comienza a acariciarle la pierna con su bello pie desnudo.
El empresario abre los ojos como platos, esto no estaba previsto en su agenda.
En ése preciso instante la esposa del susodicho voltea y los ve secreteando,
— ¿…y ustedes en qué andan?— dice divertida, sin sospecha alguna.
El marido mira de inmediato a su empleada con una mirada de ruego.
—Aquí estamos…—comienza a hablar la discreta secretaria ejecutiva, con voz de ebria y dirigiéndole una mirada amenazante —…le estaba diciendo que ya es hora de dar las licencias. Le sugerí que pusiéramos las fechas sobre la mesa y lo hiciéramos ya, aquí mismo…— finaliza con una risa sarcástica mientras lo mira a los ojos, toma su copa y se va a disfrutar de la fiesta.

Hablo contigo - Niña Pastori

7 de julio de 2011



Déjame decirte algo
que yo nunca digo nada,
déjame besar tus labios
que me saben a mañana,
que cuando yo me despierte
yo pueda mirar tu cara....

Hablo contigo, me rio contigo,
eres la guía de mi camino
salgo contigo, duermo contigo
me acuesto en el aire de tu suspiro,
eres la brisa de la mañana
yo soy la reina que cuida tu alma...
y no te puedo querer de otra manera
¡ay que alegría ser tu compañera!

Y que me lleve el viento
hacia donde quiera
si yo estoy contigo
y nunca tengo pena.

iréiréiréiré

Lucho contigo, juego contigo
eres el dueño de mi destino
subo contigo, bajo contigo
siento y padezco lo que tú has sufrío
te arropo en la cama de madrugada
compartir reparto los sueños que alcanzan
y no te puedo querer de otra manera..
¡ay que alegría ser tu compañera!

Y que me lleve el viento
hacia donde quiera
si yo estoy contigo
y nunca tengo pena.

iréiréiréiré

Déjame decirte algo que yo nunca digo nada,
déjame besar tus labios que me saben a maañana
que cuando yo me despierta
yo pueda mirar tu cara...

Hay palabras sinceras... - Salvador E. García

6 de julio de 2011


Hay palabras sinceras...

tan claras, transparentes y directas,

que suelen abrir las llagas y,

avivar el fuego de una duda extinta,

caminar la ruta de una verdad absoluta,

y es que son simplemente, honestas...

Hay palabras vanas...

huecas, plenas de vacío,

sin el menor aviso de un alivio,

o el aire fresco de una esperanza,

sin la dirección exacta de un destino,

no pintan horizontes, solo nublan el camino...

Hay palabras bellas...

que llenan los oídos,

dan color a los sentidos y siembran,

la razón de los latidos, a veces,

tienen el efecto de un suspiro y siempre,

dan al alma, el abrigo de un motivo...

Hay palabras groseras...

que derriban las barreras,

infringen los límites, las fronteras,

atentan, roban, manipulan,

desconocen cualquier soberanía,

imponen el horror de la soberbia...

Hay palabras lascivas...

que desvisten desvelos y,

abren las alas de las madrugadas;

desbocan fantasmas febriles,

que mecen al alba cautiva,

en la locura de un deseo...

Hay palabras cristalinas...

envueltas en crueles despedidas,

"adiós", "hasta pronto", "nos vemos luego";

todas, encierran el miedo, de un olvido.

Dividen vidas, veredas, senderos;

dan fin al caudal de lo eterno...

Hay palabras llenas de poesía...

a veces sutiles, a veces inexplicables,

a veces feroces ataques de un delirio,

a veces veneno puro de una agonía,

casi siempre son luz del pensamiento;

el refugio de un instante falaz e insurrecto...

El trabajo y la salud - Delfina Acosta

5 de julio de 2011


Todos tenemos derecho a trabajar. Por el trabajo nos reconocerán. Sabrán los demás de nuestra habilidad y de nuestro talento para tal o cual arte. El trabajo nos dignifica diariamente y aporta a nuestras arcas el dinero para comprar el pan de la mesa familiar y sostener algunos pequeños lujos que forman nuestra rutina.

El ser humano se pierde de sí mismo en el ocio. Sin hacer lo que la naturaleza pretende de él, entra en un estado de lenta descomposición moral.

Si el ser humano no trabaja, se va arrinconando en una suerte de burbuja donde los pensamientos tristes se vuelven recurrentes. Perdido de sí mismo, su estado de ánimo se inclina hacia la melancolía y la desesperación.

Pienso que el principio de todos los males es la haraganería.

Hay gente que trabaja por iniciativa propia, y va sumando un capital importante. Pero el común de la gente busca empleo pues no reúne las habilidades y el cálculo necesario para abrir su propia empresa.

No encuentro, sinceramente, qué palabras decir sobre este país mediterráneo y caluroso, donde los jóvenes buscan empleo, y no lo hallan.

Quitar tan tempranamente el propósito primero del ser humano es cometer un grave perjuicio al prójimo.

Quienes desarrollamos el sentido de la projimidad entendemos –claramente– la natural esperanza que sienten los jóvenes en trabajar en cosas para las que su capacitación y su formación muestran idoneidad.

Hacia la dignificación de la juventud, a través del trabajo, debe apuntar el país que queremos construir.

Los políticos deberían tener el pensamiento apurado por crear fuentes de trabajo.

Los que poseen poder de decisión en las altas esferas deberían afanarse buscando un diálogo donde se proponga que se hará justicia a nuestra juventud tan largamente postergada. El resto pasa a ser dominio de un mundo donde se pierde el tiempo.

El joven que trabaja se imagina digno.

Hace planes.

No se siente marginado.

Piensa en un futuro mejor y lucha por ese futuro inteligentemente.

Se afianza, según pasan los años, en una rutina que viene a derivar en la complacencia de sus sentidos.

Si no trabaja, envejece, y se convierte en una vaguedad y en un desencanto para sí mismo.

El sol se le vuelve mezquino.

No halla contento en sí mismo.

Piensa en cosas raras.

En su interior se gesta un mendigo aunque su apariencia y sus modos sean impecables.

A mí me gustaría tanto que quienes gobiernan este país terminen de ponerse de acuerdo en la prioridad. Y la prioridad es el trabajo.

No tiene opción quien no trabaja. No se puede negar la opción a nadie, aún al menos inquieto y ambicioso.

El desencanto habita en el desempleado. Las ganas le son robadas tempranamente y busca en el vicio contento para su sangre. No hay otra oportunidad que no sea la del trabajo. Las demás oportunidades son puertas que se cierran solas.

Muchos no lo entienden así. Y son demasiados los que están en el poder, y roban, y robando atentan, directamente, contra las fuentes de trabajo. El trabajo es un derecho humano.

La quietud del bonsái - Mario Collado

4 de julio de 2011


Cuando llegó a su dormitorio la cama seguía deshecha y en la mesa camilla el cuerpo ceniciento del cigarrillo consumido por la combustión del oxígeno, descansaba sobre el cenicero.

La cabeza le daba vueltas y la vajilla sin fregar desde hacía dos días formaba parte del paisaje doméstico.

Abrió la ventana y aspiró profundamente. Sus pulmones fueron invadidos por aire húmedo nocturno y un poco desagradable, lo que hizo que se le despejara un poco la mente.

Desde el fondo del túnel un pequeño rayo de conciencia arañaba el muro aletargador que le embriagaba. El placer que sentía le producía desasosiego. El corazón golpeaba el cerebro como los tan-tan de alguna tribu africana del siglo XIX.

Pensamientos paranoicos se mezclaban con vivencias y nos distinguía claramente realidad e ilusión. Más de pronto observó en la ventana, su bonsái cuidado con esmero desde hacía años.

Su quietud lo atrapó, la droga que había inspirado para encontrar sentido a la vida parecía que había perdido su efecto. Tanto dinero gastado y en la contemplación de ese pequeño árbol se sentía realizado. Se acomodó como pudo en la cama y siguió contemplándolo.

Todo perdió sentido hasta que la incomodidad de un rayo de Sol hizo que un poco de conciencia volviera a su cabeza dolorida. No era de las personas que tenían buen despertar así que montó en cólera y espetó unas palabras en un vano intento de que el astro rey las oyeras:
- ¡Te crees muy poderoso verdad!

Bajó de forma brusca la persiana. Volvió al catre y siguió durmiendo.

Ciudad de la eterna primavera - Salvador E. García

3 de julio de 2011


¿Te acuerdas cuando me dijiste que habías vivido en la "ciudad de la eterna primavera"? Me presumiste lo bonito que es Morelos, pero sobre todo, lo enamorada que estabas de "Cuernavaca". Me recordaste tu infancia bajo el sol espléndido de esa ciudad pequeña y única. Me hablaste de tu estancia en un colegio de niñas y niños "bien", hijos de gente rica de la región, estabas muy orgullosa de ello, particularmente porque tú te habías ganado a pulso tu derecho de estar ahí, mantenías una beca por tus notas académicas y tus habilidades deportivas. Tu hermana y tú pasaron en esa escuela gratos momentos, recuerdos que guardaron de su niñez.

Aún recuerdo la vez que me contaste que de chiquita, te habías caído de un árbol y te abriste la rodilla, hasta me enseñaste la cicatriz que aún llevas como marca de aquel doloroso instante, me contaste de tu llanto inconsolable de aquel y de muchos días después pues según me dijiste tus lágrimas salían cada vez que hacías un esfuerzo por ponerte de pie y el dolor de la herida era tan fuerte que no solo te lo impedía sino que también te hacía llorar, entonces volvías a sentarte y con el dorso de tus manitas de niña, secabas tu llanto.

Parece que fue ayer cuando pasaste a explicar tu línea del tiempo y nos contaste en medio de toda la clase, lo mucho que te había dolido perder a tu tía y a tu abuelo a causa del cáncer, tengo muy claro el momento en el que por tus enormes ojos color de miel, brotaron una a una gotas de agua salina acompañadas de una voz entrecortada que después se volvió silencio, un silencio sepulcral que nos dejó absortos a todos, José y Mariano incluso intentaron pararse a darte un abrazo, pero tú no los dejaste, ¿lo recuerdas?, con un además les dijiste que permanecieran en su lugar, yo por eso me mantuve al borde de mi silla, pensé incluso, que ibas a desmayarte, pero ese día me dí cuenta de tu fortaleza y carácter, aunque en realidad nunca supe si te conocía bien o simplemente te imaginaba para mí y te vestía de cualidades.

Te sabía delgada en extremo, con tu pelo largo como cascada cayendo por tu espalda, cuando el viento solía poner a bailar tu pelo, imaginaba las notas de una canción, en aquel entonces muy de moda, hace años me enteré que el cantante ya había muerto. También recuerdo muy bien tus delineadas cejas, cobijo de esos luceros que eran el espejo pleno de tu alma tal vez pura, tal vez tan transparente que no sé si era verdad o es que yo me lo inventaba. Me gustaba contemplar tus silencios, tu interior manado ideas, bromas, pensamientos; eras un libro lleno de conocimiento, ¿cómo es que sabías tanto?, quizá porque en las clases tu pasatiempo era poner atención, ¿no lo crees?

¿Recuerdas cuando te vestiste de niña?, tus dos colitas a los lados, tu vestidito de "mil bolas", tus shorts, tus tines blancos, tus alpargatas españolas de color rey, tus labios llenos de lipstick, tus chapitas rojas en las mejillas, tu muñeca de trapo y tu oso de peluche, aún te veo saboreando tu paleta de cereza y tu lengua roja, roja, intensamente roja.

Parece que fue ayer insisto y sin embargo pasó tanto tiempo, sin mirar de nuevo la luz de tu paso, nos dijimos adiós con un mensaje escrito sobre una playera llena de firmas de otros compañeros con muchas notas de "volveremos a vernos", hoy sé que una intención puede morirse en el eco de un intento.

Los días se me hicieron meses y estos años y los años, me vistieron de viejo y me tiñeron de blanco el pelo y agobiaron mi cuerpo con achaques, precisamente ayer, llegué aquí después de que mi corazón perdiera el rumbo y olvidara que se debe mantener el paso, particularmente cuando todavía la mente no se fuga, al contrario viaja como la mía que se despertó a la mitad de esta literal agonía, a la mitad de un rumbo situado en tu tiempo, aquel en el que también según lo recuerdo, corrías tras el balón y sacaste un tiro que nos dio el campeonato escolar, el último año de nuestra secundaria, tú y las demás chicas armaron el mejor equipo femenino que yo haya visto. Aquel momento nos hizo una generación diferente sin duda, gracias a aquel triunfo nos volvimos amigos casi todos.

Aquí huele mal, todavía no me acostumbro a tener la mirada fija en el techo, con la boca atada a un halo de aliento artificial. Hoy reabría los ojos después de no sé cuánto tiempo y me acordé de ti de nuevo, de tu paso fugaz (hoy así lo siento), por mi puerto, por este mar abierto de sal envuelto y de olas bravas que bañaron de ímpetu, la paz de tu cuerpo, ¿lo recuerdas?, a pesar del pesar y el pasar de la vida, yo aún me acuerdo.

Todavía no sé si estoy vivo o muerto, pero estás a flote de nuevo, navegando a mi lado los plenos recuerdos de mi tiempo.

Otoño - Jesús Pérez Romero

2 de julio de 2011


Con las manos ocultas en el vientre vacío de unos guantes
sin alma, llegó el Otoño despeinado y triste.
Se fumó un cigarrillo sentado en una esquina del silencio
y sin esperar la cena,
se fue por la ventana de los recuerdos, llevándose escondido
entre el barro de sus zapatos, el calor de las caricias
que mis manos y mis labios
habían derramado sobre tu cuerpo
y el fuego que provocaba tu mirada dentro de mi corazón.

Desnudo de pudor como la conciencia negra del tránsfuga,
se detuvo un momento sobre una alfombra de hojas caídas,
para contemplar con tristeza, los troncos grises de los arboles
que parecían un bosque de chinchetas
y la extrema soledad de los bancos vacíos del parque
donde tantas veces nos juramos amor eterno.

Sin derramar ni una lágrima que delatara su dolor,
cantando por bulerías,
se perdió una madrugada en el sombrero de copa de un nuevo amanecer.

Naturaleza viva - Patricia O.

1 de julio de 2011


La brisa trae el olor a celo de las pieles

y envuelve los sentidos.

Lenguas de fuego desata en las entrañas

que acelera los latidos,

incendio desbastador que arrasa con todo

lo que se interpone en su camino.

Climax que libera un torrente de deseo líquido

cual agua de vida que sofoca

combustiones y encamina delirios.

Luego la calma...

donde queda la madera humeante

del leño florido,

cenizas que volverán a arder

al menor contacto con otro leño tibio.
 

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