¡Bienvenidos!

Bienvenido amigo - Mario Collado

30 de junio de 2011


Desde las tres de la madrugada un rayo de luna se reflejaba sobre la diestra de su cabello ensortijado. Soplaba breve brisa por lo que la espera se le hizo más llevadera. ¿Desde cuántos días la misma rutina? Él había convertido en una bendición, lo que el resto de los mortales considerada monótono.
Las primeras cisternas vaciando el líquido elemento, se oían amplificadas por las paredes. El personal comenzaba a prepararse para emprender su labor cotidiana. Todos iban a lo suyo, a sus imponentes y vacías vidas. La gran ciudad se preparaba para desperezarse.
Llegó el momento esperado. Se puso en pie y con gesto marcial fijó la vista en el horizonte. Aún resonaban en sus oídos las palabras del doctor cuando solicitó que no le ocultarán nada. Cómo Ser Humano tenía derecho a saber que podía esperar de la vida de ahí en adelante: “El proceso es irreversible, no suele pasar de los seis meses”.
Pero todo quedó olvidado en ese momento mágico que el astro rey comenzaba a despertar la ciudad.
- Buenos días, amigo. De nuevo nos vemos.

Aire ardiente - Alexander Vórtice

28 de junio de 2011


Se mueve lentamente
la masa de aire ardiente que surgió
a causa de las injusticias
que no acepto.

Vivimos rodeados
de sombras y seducciones
y las sombras nos mastican los huesos
y también nos mantienen esclavizados
como si fuésemos efigies
de sal y cemento.

La masa de aire ardiente
acabará mezclándose con la justicia
cambiando nuestros actos
por evidencias útiles bautizadas
por la luz del heroico sol.

Llegaste a mi vida - Beatriz Favre

27 de junio de 2011


Llegaste a mi vida, cansado de esperar
El amor verdadero, puro y sincero
Tenían tus ojos color de noches
de soledades y de insomnio
tu sonrisa, estaba teñida de tristezas
llevabas a cuestas viejas heridas.
Morían mil caricias en tus manos tibias.
Llegaste, con la ilusión perdida
la dulce sensación de vivir una quimera.
Sin saber que tanto, y tanto te amaría
te fuiste metiendo poco a poco en mi vida.
En tus ojos vi, que atardecían recuerdos
y en los míos se fueron encendiendo
como faros en medio del océano.
Tu ternura fue creciendo, en mi confiaste.
Pinté tus atardeceres de colores pasteles
y las noches se vistieron de gala
con tu luna consejera en la ventana.
Llegué y llegaste, nos esperábamos.
Yo estaba de espaldas al horizonte
el árbol no me dejaba ver el bosque
despertaste en mí, la mujer que sucumbía
pintaste mil sonrisas, cerrando mis heridas.
Este amor nos va llevando, casi sin darnos cuenta
por ese largo sendero, que decidimos transitar.
Y juntos despertaremos, un amanecer cualquiera.
Cumpliendo nuestros sueños, a la cima llegaremos.

Terquedad rumiante - Armando Cano

26 de junio de 2011


Terca terquedad la mía amándote aún y tú sin notarlo,

sin saberlo, sin siquiera imaginarlo.

.

Esta terquedad lacera mis sueños, mis ansias,

lacera profundamente mi alma.

.

Terquedad rumiante que me acompaña siempre,

que consume mis uñas, que habita entre mis dientes.

.

Terquedad oscura, gris y distante que se aferra a tu sombra,

al más tenue de tus perfumes y se ancla entre tus pechos.

.

Terca terquedad, que siempre encuentro en mis tazas de café;

en las hojas de papel donde repito tu nombre.

.

Terquedad insana, cruel, inmadura que corroe mis sentidos,

anidándose en mis ojos que hoy te buscan, te reclaman.

.

Terca terquedad la mía, de mis brazos y mis labios que aún te llaman.

Que aún te lloran, que aún te aman.

La rosa, el gorrión y yo...- El Brujo de Letziaga

25 de junio de 2011


Esta noche dialogo con una flor en la mano
que me cuenta su historia,
es una rosa roja que está desconsolada
porque no domina el temor que la aprisiona.

No hay espinas
No me hago sangre
Pero como si la hubiese.

No escuchamos el silencio
Pero como si lo hubiera
Porque nuestro miedo es quién lo silencia.

Pocas veces somos felices
Porqué la rosa vive como respira
y morirá como yo, que no soy nadie.

¿Qué puede hacer la vida
para no atraer a la muerte?...

Mientras busco la respuesta,
la historia se repite
cíclicamente,
en un mundo de jardines ajados
y sueños olvidados,
en este mundo que no es nada.

La rosa y yo, al igual que un gorrión,
que su futuro es una miga de pan,
pasearemos por el jardín de las mil noches
con el dilema del adiós impuesto,
el enigma de nuestro final entonces.
Así es la vida, así es la muerte.

Pero no importa,
como hijo de algún tiempo que soy
el silencio será el olvido
y mi destino el descanso eterno,
eso espero.

Paso por favor - Mario Collado

23 de junio de 2011


Ahora que todos llevamos demasiada prisa, y ésta viste pijama porque el sueño le domina. Podíamos detener un poco el reloj, quitémosle las pilas, a lo mejor de ese modo nos hacemos un poco dueños del tiempo.

De ese tiempo esquivo y malicioso, que en las tragedias se alarga y en las euforias se reduce hasta dejarnos ansiosos. Ese tiempo que Carmela y Paco habían logrado hacer prisionero. Sus cuerpos entrelazados alcanzaron la eternidad, el espacio sin tiempo se les hizo su sirviente. Un duermevela extasiado, un sin saber pensativo. ¿Eso era lo que llamaban amor?

Paco entreabrió un ojo, aún somnoliento. Las paredes aletargadas reflejaban la oscuridad. Ese dormitorio tedioso hasta hacía poco se había convertido en un vergel de pasión, en una pérdida de sentidos y por eso había alcanzado la unidad. Quizás el éxtasis fuera similar a lo que estaba viviendo.

Su felicidad era inmensa; por eso, no comprendió cuando una lágrima pidió: “Paso por favor”, y rodó por su mejilla.

El agua del río - Carlos Casado Cuevas

22 de junio de 2011


El agua del río
Llega el agua del río, tranquila,
roza la piel de la orilla
sin importarle su tosquedad
ni el riesgo de perder sin más
su transparencia cristalina.
Puede enturbiarle su cara
y arrebatarle el encanto
que el manantial de montaña
imprimiera ayer en su alma.
Llega a tierras del páramo
tras pequeños y grandes saltos
cautivada por aquella sensibilidad
que en el cauce alimentan las piedras.
Unos azudes rompen su cuerpo,
tiran de sus brazos mansos
desgarrando su tronco
y empujan a donar su vida
a huertas de ambas riberas.

Muero porque muero - Armando Cano

21 de junio de 2011


En cada piedrecilla

que recojo y lanzo al río

muero de dolor

de desgano

de nostalgia

y abandono

muero porque muero

de ansiedad

de soledad y celos

morir así no es morir

es vivir en tus adentros

recordando tus cabellos

tus dulces labios

tus firmes pechos

la aureola de tus pezones

y la seda de tu cuerpo

morir así no es ningún tormento

es vivir dentro de tu alma

es decir adiós al viento.

No acepto - Alexander Vórtice

20 de junio de 2011


No acepto al político que mercadea con rancias inclinaciones, y que solamente vocea vocablos presuntuosos. No acepto una discusión donde las palabras son balas recubiertas de somnífero, donde los ideales son explosivos que desgarran los cerebros de los eruditos, y donde el fuego cruzado alcanza sin remedio a los inocentes que no entienden de argucias basadas en la mentira que anhela devastar el bien común. No puedo admitir el hecho de que este país donde malvivimos sea un hervidero de víboras malcriadas y narcotizadas por el engreimiento. Por momentos me desvelo y le ruego a los astros que la sensatez llegue y ponga las cosas en su sitio, aunque sea demasiado tarde para todos, sobre todo para las personas que nada tienen que ver con la corrupción, la congoja social y la suprema inmodestia. El próximo día 19 de junio se cumplirán 2 años del fallecimiento de Juan Vidal Fraga, abogado, escritor y filósofo pontevedrés que, indudablemente, dejó en el momento de su partida un insondable vacío. Juan Vidal, aún en los últimos días de su vida, no aceptaba lo que estaba sucediendo, no se daba por vencido a la hora de estampar verdades a quién fuese: intelectuales y políticos, pasando por filósofos relativistas que basan su forma de vida en una comodidad ególatra que poco tiene que ver con la prosperidad de la mayoría, y mucho menos con la ecuanimidad. Juan tuvo que irse finalmente, y me consta que el “no acepto” rondaba por sus labios con sabor a picadura. Juan dejó constancia de que lo que estamos sobrellevando moral y económicamente iba a llegar, de hecho ha llegado y se ha acomodado sin sutilezas. A este respecto Juan Vidal nos dio ideas para que esto no sucediese, y publicaba en este mismo Diario el 12 de enero del año 2004 un artículo titulado “El rechazo y la sombra”, donde explicaba: “Nos han educado en el rechazo a múltiples cosas, y debemos revisar esta actitud, ya que es la causa de muchos de los problemas que tenernos. Si rechazamos algo estamos perdiendo la oportunidad de ampliar nuestras vidas. Ciertamente, hay muchas cosas rechazables: el crimen, las injusticias, la miseria, el hambre, etc. Pero, precisamente, todas ellas son hijas del rechazo. Conforme a la naturaleza humana, lo normal es, precisamente, lo contrario: acercar, acoger, recibir, auxiliar…” Muy posiblemente se nos ha olvidado lo que es acorde a la naturaleza humana, tal y como precisaba el bueno de Juan. Nos han educado en el rechazo al prójimo, en el “me lo llevo crudo”, y mientras esto continúe así, nos someteremos a todas los cánones inhumanos, sin preguntarnos el por qué de las cosas, aceptando todo lo que nos echen, por muy indigno que sea.

L'éclipse - Rocío Iglezpe

19 de junio de 2011


Qué calor, será que acaba el invierno...

Los días se hacían ya largos, y las noches se repetían en escenas casi rituales: un plato a medias, el murmullo del televisor como banda sonora, las paredes apretándose por momentos... Acaso el gato parecía disfrutar de aquel ambiente denso sumido en sueños callejeros con banquetes de pescado, quién sabe. Reconozco que mirar el reloj a cada instante no ayudaba, pero cómo ignorar ese goteo acusador que ni las más acaloradas injurias provenientes del tv podían callar.

Y allí estaba yo, con la mirada fija en ninguna parte, mi silueta dibujada en la oscuridad de la sala por los destellos de la pantalla y la luz de la luna llena, a la que sentía regañarme desde la ventana, como una madre que intenta empujar a su hija a que se arregle un poco y salga a divertirse, más por deber que con verdadero empeño. Aún no era tarde, y de tanto en tanto me sacaba de mi letargo alguna bocina o los gritos de los chicos que se reunían para ir de fiesta. Esos sobresaltos me hacían sentir como al sonar del despertador por las mañanas, y en esos segundos de taquicardia en que uno siente que llega tarde o que olvida algo crucial, caía en la cuenta de la fecha en la que estaba.

En nada se cumpliría un año... Un año desde que mi última historia importante no saliera bien. A quién quiero engañar, desde mi última historia y punto, pues ningún otro hombre había pasado por mi cama desde entonces, importante o no, y esto era lo que hoy me perturbaba. Qué desaliento. No podía evitar pensar: heme aquí, yo, que si bien nunca tuve tremendo éxito entre el otro sexo tampoco me faltaron alternativas, tirada en el sofá, el pelo enredado, la ropa desaliñada -no hablemos mejor de asuntos de estética íntima-; hacía tanto que no compraba una barra de labios o que usaba una de las mías que no era capaz de recordar tres colores distintos de mi repertorio... Le ruego no me juzgue precipitadamente. No soy yo mujer vanidosa, ni coqueta en exceso (hay quien diría de hecho que más bien despreocupada). Pero tampoco soy mentirosa y no negaré que hacía ya tiempo que me sentía sola.

Consciente de que la autocompasión no ayudaba a matar el tiempo, decidí dar por terminado el día. Me disponía a levantarme del sofá, rumbo a la cocina. Apenas sostenía la copa con restos de cola (si no es del bueno, me niego a beber vino), cuando la pantalla se hizo todo oscuridad y silencio. No hubiera reparado más que un segundo de no ser por la criatura a la que, tras una levísima pausa, alumbrarían los focos. Y no tuve tiempo tampoco para reaccionar cuando, guitarra en mano, comenzó a entonar una canción triste.

Y como no es mi costumbre mentir, no puedo decir que me cautivasen sus ojos -la mayor parte del tiempo cerrados por, quise entender, vislumbrar al otro lado de sus párpados a la muchacha protagonista de tan violenta historia-; tampoco diré que fuese por su voz, de una dulzura imposible para golpear con la dureza con que sus palabras y melodías sentenciaban el romance fallido; no podría tampoco achacarlo a su porte de elegante bohemia, a la habilidad con que sus manos acariciaban y rasgaban el instrumento, o a ese efecto divinizante que el juego de luces conseguía con sus formas. Fue una catarsis en la que cada detalle me sumía más y más en ese espacio de 21 pulgadas.

Si hace un minuto yacía adormecida sobre la oreja del sofá, ahora estaba más despierta que nunca. Con una atención fuera de lo racional, observaba el leve brillo de sus pupilas cuando entreabría los ojos con la mirada fija en la cámara, de tal modo que aceleraba mis palpitaciones, y era en esos instantes que olvidaba mi conciencia a la chica detrás del drama para pasar a relevarla. Cuando el canto aún era manso, sus labios rozaban el filtro del micrófono y a mí se me erizaba la piel, capaz en mi alucinación de sentir su aliento vistiéndome el cuello.

Cuanto más descarados se hacían sus reproches, más me rendía yo al subir y bajar de sus manos, y se me antojaban las curvas de la guitarra como mías propias, abrazada en acordes que me desgarraban la carne muerta del desuso, con sus yemas clavadas en los puntos exactos; se me calaban los ecos de sus cuerdas hasta la médula. El lunar de su nariz sumaría nuevas fantasías a las cada vez más intensas acusaciones. Era ya el cantautor fuego que se expande; y llegó al solo de guitarra retorciéndose en el taburete plateado, extasiado en su dolor, volcando su amor herido en aquel instrumento que parecía devolverle mis sádicos gestos. Cantaba a pulmones llenos "tendrás lo que te mereces", y yo experimentaba la pasión del sexo con alguien que, aun dolido, ama como solo puede amarse a la causa que te destruye, alguien que se entrega roto y hambriento a partes iguales. Y en sus notas más agudas, sostenida la potencia de su garganta y la vocal abierta, llegué al clímax más intenso que jamás un hombre me haya proporcionado.

Resbalaban gotas por mis piernas y espalda mientras seguía embelesada con aquel ángel caído. Acabó suave su melodía, satisfecho por haber quedado vacío tras tanta generosidad disfrazada. Y a la última nota de nuestro cómplice, se apagaron los focos y me descubrí allí, de pie ante la pantalla a oscuras, aún con la copa en la mano, empapada en sudor y escalofríos. Debe ser algo difícil de comprender, pero nunca me importó no llegar a saber quién era este hombre atormentado que alivió mis carencias tal noche en que hasta la luna acabó sonrojada.

Qué calor -pensé-, será cosa del verano...

El cielo de los perros - Dani Martín

17 de junio de 2011



La mas bonita era mi amor
se paro tu corazón
y me enseña
a esperar que salga el sol
y que ilumine este dolor que quiebra...

La mas bonita era mi amor
y ahora el cielo de los perros llega
y su mirada azul nos dio
pocos días, pero de grandeza,
de grandeza.

Que para mi eres un trozo de mi vida
que me arrancaron sin pedírmelo y deprisa
no pude darte tantos besos, mas caricias.
no pude dártelo...

La mas bonita era mi amor
la sonrisa de una flor, así era.
Tu mirada azul nos dio
pocos días pero que grandeza..
que grandeza..

Que para mi eres un trozo de mi vida
que me arrancaron sin pedírmelo y deprisa
no pude darte tantos besos
mas caricias, no pude dártelo.

La vida no espera, no avisa,
ni se hace tu amiga.

La vida es un juego con una partida
Nos trata de tú, nos grita y nos mima
Nos reta, nos pone un examen al día..

La vida es lo único que manda en la vida
La vida no es tuya, Ni tuya ni mía..
La vida es la Vida, nos pone y nos quita

No vida no es tuya, ni tuya ni mía...

El eterno día sin fecha... - El Brujo de Letziaga

15 de junio de 2011


Él te llamó, y te fuiste...
De mi nido caliente
En aquel ocaso donde el azul oscuro
Paso a ser negro luto

Llegando tu adiós en aquel centelleo póstumo
Donde la muerte fue tu negro vestido.
Y mi traje fue como noche de ébano
En mi pensamiento sempiterno.

Entonces lancé un grito como una estaca
Llegando a herir el espejo del cielo
Y estallaron en fragmentos sus cristales
Que rasgaron el negro viento en mil pedazos

El universo vibró...
Cuando me encontró una pregunta:

¿Qué manto envolverá mi alma desnuda?
Si ya no siento sus latidos
Si ni siquiera oigo al mundo
que parece que está mudo

Ven muerte... ven... mátame...
Como mata el sol el agua de un hoyo
Deteniéndose la vida en los bordes de su arena
Como esa noche que empieza
Cuando la luz se acaba.

¿Eres tu muerte?...Te estoy llamando...
Ven... mátame...
Envíame ese rayo que busque mi pecho
Para que mis noches ciegas
Sean soles que luzcan con ella en lo eterno.

Dime muerte por qué estoy en espera...
Del eterno día sin fecha
¿A que aguardas?
¿No ves que ya quiero reunirme con ella?
¿Qué amarla es olvidarme de esta vida?

Ay soledad, soledad...
¡Me duele hasta el dolor de tanto dolor...!
Ven muerte...Llévame con ella...
¿A qué esperas?

Hay que suponer - Juan Disante

14 de junio de 2011



Supongamos que usted una mañana se despierte,
se siente en el borde de la cama,

se mire el cuerpo,
se estire como un gato
y apretándose el riñón con su índice
diga bueeéh...!
Supongamos que una mañana usted se despierte...
poeta.
Supongamos.
Que deposite una gota de esternón
sublingual,
confine el regreso de un deseo
y frente al ingreso ventanal del sol
se hamaque.
Que levante las cuatro sotas que dejó tiradas anoche,
le recorte los tacones
y al periódico del día lo salpique
con matecocido y porfía.
Que le den ganas de dibujar bocas y zapatillas,
dejar escapar todos los adjetivos por las mirillas,
perseguir en paños menores a la metáfora menor
por toda la casa.
Supongamos que de repente se le aparezca la letra jota
¡minúscula!
y aquella vieja historia de la música
secrete.
Que los sedimentos sedimenten,
los nutrientes refrigeren,
los amores platonicen,
los perdedores ironicen.
Digamos... que a usted no le interese más otra cosa
que la semilla,
el desentono,
quebrar el semen.
Querrá fatigar el suburbio
si devino poesía,
resoplar su potrillo,
destemplar.
Vamos a suponer que sale a la calle en puntas de pié,
que salude cortésmente a una señora con sombrero.
"Buon giorno"
y en vez de una flor le obsequie un soliloquio.
Por un momento, supongamos
que al doblar la esquina del buzón
vienen a su encuentro Alejandra Pizarnik del brazo de
Julio Cortázar,
lo besen como a un viejo cómplice
y se vayan los tres abrazados hasta la última mesa
de un bodegón malhablado
a describir, muertos de risa,
el rechinar de los pecados
que pasan
en fila india... uno a uno...
sin desmudarse.
Piénselo.
Una mañana desatinada usted debería suponer.

Entre magia y amor - Patricia O.

13 de junio de 2011


Es la época Medieval...la habitación está a oscuras, apenas iluminada por unas velas que forman un círculo en el piso y la luna que entra por los grandes ventanales de la vieja casona.
Ella, arrodillada en el centro del círculo mágico que ha dibujado para su protección, y cerrado con las velas que alumbran el lugar, espera...por siglos ha esperado éste encuentro.
Sabe que él la está buscando, lo ha venido haciendo a través de todas sus vidas.
Jamás la eterna rivalidad que ha existido entre Magos y Hechiceros ha influido en la voracidad de la pasión que los consume.
Aún perteneciendo a familias que utilizan de modo distinto la magia, ellos se han venido amando de forma casi obscena desde el principio de los tiempos.
Tampoco en ésta época dejarán de hacerlo, a pesar de que lo desea con cada fibra de su ser aún así se protege dentro del círculo mágico, no quiere volver a dejarse subyugar por ésa pasión tan embotante.
En éstos pensamientos está cuando el viento comienza a soplar cada vez más fuerte al punto de abrir uno a uno los grandes ventanales, dejando entrar hojas por doquier y haciendo que algunas velas se apaguen y otras luchen por no dejar extinguir su luz.
Un extraño perfume se nota en el aire, la mujer lo presiente, ha quedado desprotegida al deshacerse el círculo...sabe que él está allí en la habitación observándola...y lo espera.
Un hombre joven se materializa ante ella, lentamente se va inclinando hasta quedar en cuclillas y la mira con deseo.
Sus ojos, negros y profundos, se pierden en el interior de los de la bella mujer y puede ver los momentos de placer que han vivido en distintas oportunidades de sus diversas existencias.
Igual de lento comienza a deslizarse hasta llegar a las piernas de su presa, piernas que el viento ha dejado al descubiertos y que él recuerda perfectamente.
Sus manos de hechicero, manos deseadas por ella, por fin...al fin se posan en sus tobillos y comienzan a acariciar sus piernas deslizándose ardientes por sus muslos hasta llegar a despojarla de sus prendas.
Ella se deja, cuanto tiempo esperando por esto...un latigazo de placer le recorre el cuerpo, su vientre arde de deseo y sus entrañas no pueden aguardar a sentirlo dentro pero...no es el momento.
Siempre ha sido así entre ellos, alargar el instante de la entrega fundiéndose en el placer de los instantes previos...
Ya sobre ella, busca su boca que lo recibe ansiosa, voluptuosa, lasciva...como siempre ha sido con él. Sus lenguas que se enredan, que se sorben hasta el último instante de vida juntos, hasta quién sabe cuando.
Ella que le arranca la ropa y él que arremete, como si fuera una lucha de enemigos cuerpo a cuerpo, a muerte, sin pausa ni tregua...y sus ojos que se buscan entre gemidos y jadeos de placer que ya no permiten retardar un minuto más el momento de la entrega.
Sus esencias vuelven a fundirse y a escribir nuevamente la desgracia de su amor y de su deseo en los cuerpos que se han vuelto etéreos y, en la danza de su mutuo amor, se han elevado del suelo.
Él, considerado un hechicero de poca monta por la familia de la aprendiz de maga, quien está destinada a ejercer la alta magia...pero nunca lo logra.
Su entrega a ésta pasión tan terrenal y física la aparta de toda posibilidad de aprender los grandes enigmas...y así...vida tras vida...
Cuando ella despierta él ya se ha ido, con su deseo y su pasión consumados y ése amor que le perfora el corazón y que lo acompañará hasta la próxima vez que se reencuentren...en otros cuerpos y en otro lugar, siempre con la misma esperanza pero también con las mismas barreras.
Ni siquiera la magia puede evitar el llanto que corre por sus mejillas, todo a causa de la maldición que otros han inventado con sus rivalidades.
El castigo de tener que vivir con el recuerdo del hombre que ama en la esencia que ha dejado en sus entrañas, en el deseo que le seguirá quemando la piel y en ése amor que sólo se le ahoga en el corazón esperando por una próxima vez...

Creo que estás ahí - Armando Cano

12 de junio de 2011


Aún te recuerdo

simplemente tímida

extraordinariamente frágil

temerosa

llena de dudas por mi amor

y así te amo

te contemplo a lo lejos

escucho tu voz a la distancia

pienso que me amas todavía

creo que sí

que me recuerdas constantemente

como a una maldición

a un presagio

a un amanecer cuajado de relámpagos

creo que estas ahí

al alcance de mis manos

de mis gritos que te claman

en las comas de un poema

en el timbre de una voz

creo que me recuerdas

muda

distante

extenuada

siento que estas aquí

igual que el aroma en las hojas de un naranjo

o el canto de una campana

repicando tímida

distante

y lejana

creo que estas ahí

como ese faro en la oscuridad

que guiará mis pasos

a tus ojos y tu boca

a tu alma como mar

aún te recuerdo leyendo a Neruda

ojeando algún libro sin querer hablar

recuerdo también tu cascada de excusas

tus gritos y nervios

la defensa de tu libertad

aún te recuerdo solitaria y distante

y en la profundidad de la noche

sé que un día volverás.

Ser vivo - Patricia O.

11 de junio de 2011


El planeta en el que vivimos, la Tierra,
necesita purificarse al igual que lo hace el hombre.

Expulsa sus rencores en los gases
cuando hace erupcionar sus volcanes.

Llora la miseria humana
mediante lluvias y tsunamis.

Grita y aulla, despotricando
con tifones y tornados
y ama incondicionalmente...

dándole vida y color a todo lo que hay sobre ella...

La carta - Miguel Ángel Moreno

10 de junio de 2011


Flor de loto en mi desierto corazón,
necesito el veneno de tu flor venenosa,
el que se inyectó directo en mi boca.
Navegaría mar adentro por el camino del exceso,
con nombre de guerra cual pirata en batalla,
y si caigo derrotado seguiría la senda
para convertirme en héroe de leyenda.

No hay dioses en mi, sólo la oración
de tu mirada bendecida será mi tesoro.
Necesito deshacer el mundo
para volver a empezar, una y mil veces más,
con tal de saborear el opio de tus labios
una vez más.

No puedo morir todavía en brazos de la fiebre,
sanaré la herida, aplicando la chispa adecuada.
Toca despertar, salir de la iberia sumergida,
escuchar el silencio de los cisnes
y abrazar mi sirena varada.

Nos quedaremos en el estanque,
entre dos tierras, si así lo deseas,
pero necesito el hechizo de tus ojos,
para no tener que enterrar los míos
en tumbas de sal.
Y ¡rueda, fortuna!
a pesar de la lluvia gris,
la espuma de venus
estará en mí
parasiempre.

*Poema creado con títulos de canciones de Héroes del Silencio.

Origen - Alexander Vórtice

9 de junio de 2011


Me expreso al igual que lo hace un rapsoda malherido por culpa de la lluvia radioactiva, y las palabras se hacen un lío a causa de la oscuridad que desde hace ya mucho tiempo reside entre las personas de bien. Ruidos inaccesibles desconciertan la mente de un niño ágil que procura muñecos y apego, y que solamente se encuentra con serpientes que cubren con sus negruras esos muros tan difíciles de echar abajo. No son placenteras las normas que la sociedad nos intenta vender a diario. Tampoco es necesario cepillar el horizonte con las uñas de la suma consternación para saber que lo negro habita sobre lo blanco si no decidimos tomar las riendas del cambio e indignarnos con lo establecido, y hacer así del mundo un territorio apto para todos los públicos. Tal vez el origen (una entelequia de la que salimos para compartir sinceridades y falsedades los unos con los otros) sea el gran núcleo del yo interior, incluso, la verdad de todas las personas que nos envuelven ahora que el planeta Tierra pide una suspensión de actos perniciosos. El grito y los párpados de la indecisión aporrean el portón de los límites perdurables, al tiempo que el “para siempre” se propone localizar un bebedizo que acabe con “los malditos”. No siempre fue así: en otro tiempo nos expresábamos con mayor claridad gracias a la esperanza y la mocedad. Por aquel entonces las palabras eran orientaciones puras que se confundían entre los rancios orgasmos de las gentes, o sobre los pútridos billetes manchados de esperma y sangre inocente. Fue poema libertario aquella ocasión en la que nos prometieron justicia y libertad los estamentos educativos. Probablemente lo más puro que yo haya expresado en mi vida sea un silencio prolongado hasta la llama acuosa donde habita el olvido y la inédita leyenda de un viejo caballero que dio su vida por un poco más de equidad imberbe, teniendo en cuenta que tras la filosofía incorruptible que acatan los seres que residen bajo los puentes de esta enmohecida urbe, se encuentran aquellos ideales que funestamente perdimos al saber que ya éramos enteramente adultos, al reconocernos como hombres insalubres y corruptos. En el origen de las cosas habita la luminosidad incondicional, la paz, el amor innegable y la savia primordial. Cuando nos olvidamos del origen nos vamos convirtiendo lánguidamente en títeres, en fantoches de cera marrón, en entes que acatan las normas por falta de fuerzas y por falta de esperanza. Ya que tal y como dilucidaba el poeta y escritor estadounidense Oliver Wendell Holmes: “Aquello que sale del corazón, lleva el matiz y el calor de su lugar de origen”. Y lo que no pertenece al corazón, es simplemente una pérdida de nívea esencia y de tiempo inmerecido.

Proposición - Ernesto

7 de junio de 2011


¿ Me invitas a un beso ?
Tú pones tus labios y yo mis deseos.
Te invito a un abrazo...
tú pones tu cuerpo y yo lo rodeo
después si queremos nos vamos volando
por el universo...
tocamos estrellas, tomamos planetas...
y luego en secreto y sin que nos vean
pisamos despacio y callados la tierra.
Nos damos las manos
contamos secretos que juntos guardamos en nuestras maletas,
pisamos con fuerza caminos perdidos que nadie visita
por playas calladas que sólo la habitan mareas de plata.
¿ Me invitas a un beso ?
Te invito a un abrazo...

Dilema - Carlos I. Nápoles

6 de junio de 2011

Puede un amor inspirar la melodía
o evocar un momento de tristeza.
Una mirada, colmarnos de alegría,
o incitar en el alma la fiereza.

Puede una mano al estrecharse amable
darle sentido a una infructuosa vida,
o levantarse cruel y abominable
ocasionando a golpes una herida.

Puede una frase generar aliento
o hacer a la persona aún más mezquina,
al velamen despliega el mismo viento
que tornado en huracán lo arruina.

Somos - Beatriz Favre

5 de junio de 2011


Somos caminos, que nos lleva el destino
Cerramos cien pasados diferentes
Construimos nuestro presente
Somos una sola compañía
Somos amor, verdad infinita
Somos muchos sueños, mil esperanzas
Somos la rima de un verso,
Somos mas que dos, enamorados
Somos mucho más que eso
Somos del alma, el más bello concierto
Somos magia, comunión de cuerpos
Somos ese mañana a cielo abierto
Donde colapsan reales nuestros sueños

Hay... - Salvador E. García Yllescas

4 de junio de 2011


Hay…
entre los pasos de mi andar,
un sendero que suelo recorrer,
en un vaivén pleno de ansiedad…
…suelo ir de aquí para allá,
en un intento de recuperar,
el vuelo de tu vaivén, dibujando estelas
entre los rincones de mi piel…

Hay…
entre los suspiros de mi respirar,
el susurro de tus latidos brincando,
ajenos y distantes a la mitad de mi paz…
...¡insomnios enteros soñando un arroyo de miel
manado de mis labios hasta la punta de tus pies!...

Hay…
en medio de este delirio cruel,
un mundo de latidos naufragando,
ajenos a la marea brava de tu mar…
...¡alientos que se pierden en la brevedad
de un paso fugaz!...

Hay…
una locura volcándose entera por mi ser,
una ausencia comiéndose cada impulso,
de un instante de temple y verdad;
cada roce que el viento vuelve tranquilidad;
cada frase que se ahoga en el esfuerzo de aceptar…

…lo difícil que es aceptar tu andar ajeno y esta
Inmensa soledad…

Amor sin edad - Patricia O.

1 de junio de 2011


El tiene 20, ella 40
pero, en la cama,
no se nota ésa diferencia.

La ropa en el piso
la cama revuelta
y entre beso y beso
el deseo se eleva.

Las manos que vuelan
los cuerpos que tiemblan
los suspiros que, de susurros,
la habitación llena.

Ella, ya es madura
él, recién comienza
a llenar su libro
de propias vivencias

pero en ése instante
no hay hora más cierta
que la de sus cuerpos
que se complementan.

El, que la desea
ella, que lo anhela
y el sublime instante
que se acerca.

El vaivén de cuerpos
que el ritmo acelera
y el orgasmo que al unísono
ambos experimentan...

El paraíso no reconoce diferencias,
al amor no le importan
el calendario ó la fecha.

Qué más da que
él tenga 20 y ella 40
si a la hora de amar
las pieles se reconocen plenas...

si a la hora de amar
las almas se saben eternas...
 

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