¡Bienvenidos!

En el último minuto... - El Brujo de Letziaga

31 de mayo de 2011


En el último minuto de la tarde
Cuando se filtran los colores
Entre los manantiales de la noche

Estábamos al amparo de la lumbre
Entre polvo de esperma color nieve
Pero no éramos libres

Porque sólo hablaban nuestros silencios
Entre los besos mudos
De tu jardín prohibido

No importando el ausente
Solo nuestros soplos de fuegos
Que se consumían lentamente

Tu mundo de piel y labios ofrecidos
Era ese placer donde renunciaba a la cordura
Sin sentido ni conciencia alguna.

Al final del pecado
El beso de los amantes en la despedida
Con una copa copulativa de sol y sombra

No importando el ausente
Solamente nosotros con un beso infiel
En el último minuto de la tarde.

La canción de los gemidos - Ernesto Pérez V.

30 de mayo de 2011


Le levanto la falda vaquera,
a veces la música me la pone dura,
la canción de los gemidos es mi preferida,
ah..ah...ahah...ahahaha..
nunca gime como una puta.

La mujer que no te engaña en la intensidad de sus gemidos
jamás lo hará en la profundidad de sus palabras.

Luego cuando de su boca estallan doce mil libélulas
y ella se dobla como una gimnasta coreana
yo me chupo los dedos y bajo lentamente con mi lengua
a buscar los peces de colores que le habitan en el coño.

Es oceánica, lo prometo,
tiene dos delfines voladores en los pechos
Flip y Flop se llaman,
Flip es más cálido, más grande, más mio.
Flop es celoso por eso ahora lo lamo hasta que brilla
luego ella la sirena de los desiertos de mi alma
me coge la cabeza y otra vez
me invita a ver el mar pero a la inversa,
de dentro hacia fuera.


- Hazme el amor como si no me quisieras- Me implora.

La quiero tanto que a veces no se follarla.

De una acrobacia se me sube encima,
me lame, me muerde, me traga,
dibuja un mapa con sus uñas rosas
donde todas las direcciones acaban en su piel.
Me enseña que el placer tiene su nombre,
que el deseo se apellida como ella
y que el clima carece de importancia
porque cuando a ella se le antoja llueve.
Como ahora.

Relampaguea, truena y vuelve el sol,
la beso hasta que su boca lo eclipsa todo
y se va apagando
....ahhhhhhh
ah ah ah
poco a poco ah ah
se acaban los acordes...ah
de la canción más bonita del mundo.

Solo una noche - Salvador E. García Yllescas

29 de mayo de 2011


Solo una noche...

Para habitar de tu cuerpo,

su rincón más íntimo y secreto...

Solo una noche...

Para llenar de tu mirada,

el más pleno de mis recuerdos...

Solo una noche...

Para llenarme por entero,

del paso de tus besos en mi alma...

Solo una noche...

Para agotar mi razón, girando en tí

a cada instante de mi tiempo...

Solo una noche...

Para no rendir los intentos,

de rozar el borde de tus sueños...

Solo una noche...

Para ahogarte a mi lado,

con el más largo de mis silencios...

Solo una noche...

Para quedarme con la esperanza,

de que no hay fin si llega la madrugada...

Solo una noche...

Para llenar de nuevo,

el caudal seco de este desierto...

Solo una noche...

Para apurar a la distancia, llenando de sentimiento,

las hojas blancas de mi cuaderno...

Solo una noche...

Para ahogar esta despedida,

en la brevedad de un momento...

Solo una noche...

Para seguir escribiendo,

la historia entera de este cuento...

Solo una noche...

Para habitar el destino,

de cada beso que aún no has dado...

Solo una noche...

Para cerrar de esta vida, el vuelo,

intentándolo de nuevo...

Lo que llega - Jorge Rojas Contreras

28 de mayo de 2011



Lo que llega y vuela hay que dejarlo volar,
lo que el viento sopla debe dejarse llevar,
lo que a la vida viene el tiempo lo quitará,
y lo que a mi vida vuelve en mi vida quedará.

La luz de tu mirada - Patricio Figueroa G.

27 de mayo de 2011


Yo soy el que te ama y
te guarda y te lleva en su memoria
soy el que se deleita en la curva
de tu cintura y bebe la luz de tus ojos.

No hay otro, mi amor, como yo que guarde
más profundamente el sabor de tus besos,
ni se encienda con la sombra de tu sonrisa
o que estalle en lluvia de estrellas
cuando el relámpago de tu risa
resuena en acordes de campanitas.

Yo soy el que te recorre como campo fértil
como labriego afanoso te recorro,
cogiendo los frutos dorados del amor.

Yo soy el te muerde los pezones
y estalla en volcán al ritmo de
tus caderas.

Ven, amada mía
camina sobre esta alfombra de verde prado,
alhelíes y margaritas.
Embriágate con su perfume
que asciende cual nube cristalina
a tu nariz de princesa.

Avanza lento el día
se arrastran como caracoles
horas, minutos y segundos.
Pronto será la tarde, el sol
cerrará sus ojos
y a tu lado correré
como siempre,
como cada día
a ver salir las estrellas
en la luz de tu mirada.

Feliz Cumpleaños - Miguel Ángel Moreno

26 de mayo de 2011


Un cumpleaños es un mensaje de texto
de un excompañero de la Universidad,
es el correo electrónico de un foro
donde te diste de alta hace meses,
es una carta del Corte Inglés
con dos días de retraso.

Un cumpleaños es Feliz Cumpleaños
de unos desconocidos del FaceBook o Tuenti,
es un día cualquiera de una semana cualquiera
y de un mes cualquiera,
es la felicitación de la persona que esperas
y que nunca llega,
es un regalo por compromiso
y una llamada inesperada.

Un cumpleaños es la sorpresa conocida
desde hace meses,
el soplo con los ojos abiertos
a las velas de los deseos,
es una nariz manchada de nata
en una foto de un cumpleaños anterior
es un pedazo de tarta
que no gusta a todos,
es la pegatina de que este año
si has pasado la ITV.

Un cumpleaños es el verso roto
de un aprendiz de poeta más viejo.

Un cumpleaños es la espera hasta
que el próximo año
pueda escribir
otras palabras.

Cerró los ojos... - Sandra

25 de mayo de 2011


Cerró los ojos con fuerza, negándose a regresar a la realidad, al mundo de los vivos.
Escuchó el débil tintineo del cristal sobre su cabeza. Otra vez llenaban sus venas con suero y calmantes. ¡Como sí eso pudiera evitar sentir los movimientos de su hijo no nato aún!

Gimió. Apenas llevaba cinco meses de embarazo.
Hacia tan sólo unos días había agradecido esos movimientos, ese cosquilleo en su vientre.

La ilusión de ser madre, la ropita, la cunita, el dormitorio...La felicidad había llenado su vida embargándola de nuevas sensaciones, de nuevos sueños, y sin embargo ahora deseaba que todo acabara pronto.

Hacia oídos sordos al vago latido de su segundo corazón, por miedo a dejar de oírlo, a que se detuviese de un momento a otro. Y lo más cruel, es que sabía que se marchaba, que abandonaba, no sin luchar, por el último aliento de vida.
Una vida aún sin estrenar dejando unos brazos vacíos llenos de amor, un montón de palabras repletas de ternura.

Abrió los ojos pero no estaba en casa. Aquella habitación blanca, fría, desnuda...
Una lágrima resbaló por su sien cayendo sobre la cama de hospital.
Se hacia la fuerte. Luchaba por mantenerse calmada y distante, a veces de un modo casi imposible cuando los sentimientos te aprisionan los pulmones impidiendo respirar con normalidad, y aun así, lo intentaba.
No podía dejar de acariciarse el vientre, animando a su bebe y fortaleciéndolo con sus palabras.

Estaba calmada o lo fingía, pero deseaba gritar, llorar y volver a gritar.
Su bebe se marchaba sólo, sin siquiera sentir el beso de su madre. Tan sólo un único beso.
Ella quería tocarlo, amarlo, sentirlo. Cualquier cosa menos hacerse a la idea que todo estaba perdido. Que jamás lo conocería porque estaba destinado a la muerte.

No quiso verlo por última vez en el moderno monitor de las ecografias. Se negó a conocer sí era un hombrecito o una pequeña sirena.

Los dolores comenzaron de nuevo.
-empuja-escuchó decir. A ella no le importaron aquellas palabras.
Volvió a cerrar los ojos y se mordió los labios con fuerza.
No haría nada para adelantar la marcha.
No estaba preparada para la despedida.
No deseaba ver a Su bebe entre batas verdes.
Su mente se negó a reconocer que podía sentir el diminuto cuerpo resbalando entre sus piernas, unos huesos finos y delicados, que ahora sí, habían dejado de moverse para siempre.
Aquel líquido espeso, caliente y húmedo salía a borbotones de su cuerpo.
Entonces de nuevo abrió los ojos y vio al doctor con algo minúsculo entre sus manos, como si fuera un pajarillo desvalido. Trató de mirar e incorporarse sin conseguirlo.
Rompió a llorar. “podría tener más hijos”. Sí, pero ella quería ese.
Por fin gritó, lloró y volvió a gritar.
Esa vez Dios no la acompañó, de haber sido así, la habría llevado a ella también.
La desolación y el miedo la embargaron repentinamente y entonces le vio.
El padre de su bebe estaba frente a ella, llorando en silencio. Mirándola con todo el amor y la preocupación reflejado en sus ojos pardos.
Ella tomó las sábanas con ambos puños y se cubrió la cabeza sin importar la aspereza de la tela.
Ya no podía ocultar sus emociones, ni la vergüenza que sentía al no haber podido retener aquel trozo del amor. Al ser que juntos habían engendrado y que ahora desaparecía por una puerta, por un largo corredor silencioso.
Sintió las grandes manos que retiraba la sabana de su rostro lloroso. Las manos amadas que aparentaban una tranquilidad fingida.
Notó su aroma, la calidez de su piel.
Ambos se miraron fijamente a los ojos, sin hablar, en silencio. Trasmitiéndose un millar de sueños futuros, incapaces de apartar la mirada uno del otro.
Pasó una eternidad. Ambos cogidos de las manos y perdidos en un extraño silencio, en un mundo creado sólo para ellos. Eran jóvenes y se amaban.

Ella me miró con una triste sonrisa en sus labios resecos. Yo no quería llorar, no delante de ellos.
Sonreí a mi vez y acercándome les tomé de las manos. Invadí su intimidad.
No pude hablar. Un nudo atenazaba mi garganta y mis ojos ardieron en el intento de no derramar ni una sola lágrima.
Él Asintió. Yo también lo hice.
Salí en silencio. Consciente de haber presenciado lo... lo más doloroso que una mujer puede llegar a sentir. Que un hombre puede llegar a sentir.
Antes de cerrar la puerta los escuche decir:
Siempre juntos.

Los despojados - Rodrigo Hernández Piceros

24 de mayo de 2011


Los ojos se cultivan como enredaderas que crecen del hábito de una monja
La espera de la mano de la cordura rompe el equilibrio en la ciudad de Dios
El tráfico del agua pone en peligro los planes del planeta
El pensamiento de un tigre es tan irreal como una mordida gigante
Los placeres de Edipo son embotellados uno a uno
La relación entre dos principiantes es en los acordeones del sueño
Un lago traga relámpagos al final del tiempo
Hay tantos transeúntes como se pueda imaginar
A un costado, una antigua iglesia evoca partituras de Bach
Los labios se dirigen al espejo en busca de la mirada interior
Caen todos los sueños como un diaporama encendido
Caen las señales nobles de los aprendices y sus maestros
Caen en recuerdos atónitos de la primera edad
Caen los murciélagos y sus reputaciones adormecidas en llantos
Caen los misántropos y los vestidos de novia
Un palpitar se enriquece con la mirada de Dios
Un calamar se envuelve en los pañales de un niño
Un boxeador recoge sus cenizas en un cuadrilátero
Un avión enloquece de tanto ignorar el mar
Había tanto ruido en las esquirlas del corazón
Y tantas palabras repetidas sobre el diván del mundo
Que no encontraba las directrices que me llevaban al mapa de la inocencia
Bajo el signo de Mercurio escondido entre los brazos
Pensé en escribir con las cuatro plumas del firmamento
Pensé en la agonía que hay entre tanta guerra
Pensé en dormir en una mañana sin fin
Pensé en la oportunidad de salir del destierro
Pensé en todos los hijos del mundo
Y ahí estaba vacío,
Dormido entre tanto llanto
Quizás habrá otra vida
Quizás habrá otra vida para los despojados.

Lady - Alexander Vórtice

23 de mayo de 2011


La mujer a quien todos llamaban Lady abrió las cortinas estando completamente desnuda. Las calles se mostraban mojadas y el aire poseía un olor a invierno consistente. Sonrió al ver a aquellos niños jugando a ser unos adultos con bellos y prometedores sueños, sonrió al saber que la primavera llegaría inevitablemente a la ciudad. La mujer llamada Lady había llegado a aquel lugar olvidado por la mano de Dios sin previo aviso. Una estrella de plata y siete besos necesarios la habían guiado, así como un recién nacido se deja guiar por los brazos de una madre expuesta a todo tipo de satisfacciones. Lady, la mujer de cuerpo indescifrable y piedad imperecedera, volvió a sonreír al tiempo que comenzaba a vestirse. Luego, saboreó el café de todas las mañanas, y supo que tras toda tristeza se esconde una agradable y garrida esperanza que se ríe de lo que es mediocre.

Amarillanto - Carlos Delgado Páez

21 de mayo de 2011


Amarillanto te

tejes a

a ti mismo gritando

mano a mano con la luna,

en este encuentro,

paisajes de lana estirada

flotan en universos desnudos de

negro.

Bullen en viaje desconocido.

Naciente recién al devorador de

vidas.

Y el ser humano corrugado,

enfermo de dudas pernocta sin

saberlo medio a medio en el

Amarillanto.

Amor mío - Beatriz Favre

20 de mayo de 2011


Amor mío, caminaremos juntos
por perfumados senderos.
Guardaré celosa en mis manos tus manos
te miraré en silencio, me cobijarás en tus brazos,
percibiendo la fragancia de tu piel.
En tu boca beberé de tus besos la miel
Cuando despunte el alba, seré tu sonrisa
y me regalarás un rayo de sol
para que a mi alma acaricie.
Llegaremos juntos a la cima
haremos un viaje interminable
entre los vértices de tu cuerpo y el mío
seremos felices, seremos uno
en este espacio infinito, de nuestro amor
envueltos en una nube de ternura
volaremos juntos con tus alas
hacia ese horizonte sereno y claro
que un día nos prometimos
que hoy es nuestro, como nuestro destino.

Tengo manchas de tinta... - Ernesto Pérez Vallejo

19 de mayo de 2011



Dice que es feliz,
que lo consiguen.
Yo no me alegro.

Y seguro que él es un buen tipo
de esos que hacen el amor hasta con ropa
y que la quiere.

Y ella se deja hacer medio sumisa,
tumbada dulcemente en un colchón
comprado a doce plazos de cariño.

El amor sin hipotecas es más frío.

Y no, no quiero que sea feliz del todo
aunque tampoco deseo que él necesite un mapa
para encontrarle el clitoris,
sin embargo si sueño que una noche cualquiera
confunda su nombre con el mío
mientras le mancha la nariz con un orgasmo.

Lo cierto es que ya nada importa.

No importa que sea mi inicial la que falte
en tu agenda telefónica
o que sea una canción la que te recuerde
que fuimos uno antes de cuatro.

Y es que hay que abandonar los aeropuertos
cuando los aviones vuelen más alto que los sueños,
dejar de esperar algún rescate
en los ojos acuáticos de la nostalgia,
huir de los recuerdos que te enjaulan
y no te dejan ver mas cielo que el que se cuelga
de la ventana de las promesas incumplidas.

Y me resulta curioso,
tú que fuiste tinta antes de amor
estés siendo asesinada sin placer
por un bolígrafo sin marca de los chinos.

Y que no se desangre la libreta del olvido
en cada tachón que me recuerda que sonríes.

Eres solamente el garabato
del hijo precoz y deslenguado
que ya nunca tendremos.

Cada verso es otra palada de arena
en el entierro emocional de mi memoria,
ya nunca más serás poesía
ni yo feliz.
Ni el amor tendrá forma de algodón azúcar,
ni serás tan rubia como entonces,
ni el mar tan tuyo,
ni tú tan mía,
ni nada nuestro.

Y no, no quiero que seas feliz del todo,
aunque ni mis neuronas estén de luto por tu nombre....

.....tu nombre tan cansado de mi boca
evaporándose con las últimas gotas de lluvia
de esta primavera fugaz.

Y te mato, no te mueres, yo te mato.

Para que existas sin mí
y yo contigo
exista sin ti
resucitándote.

Es el poema que faltaba
el hasta nunca
de esta tumba que te guarda con cariño
en el folio ciento diez de mis fracasos.

Y hasta pierdo en ti este minuto.

Shhhhhhhhhh.

De silencio.

Culpable - Antonio Moreno

17 de mayo de 2011

 - Bien, la cosa está clara; debemos declarar inocente inmediatamente a ese tío. No hay mucho que pensar ni que hablar –la voz del miembro del jurado más joven se hizo oír sobre el murmullo de los demás, que callaron al unísono.
   - ¿Como inocente? –protestó otro-. Las pruebas indican que es culpable.
   - ¿Está chalado? –el primero, un ejecutivo de apenas veinticinco años se encaró con él-. Ese tío es un narcotraficante; tiene montones de gente trabajando para él; un gesto suyo de la mano y todos nosotros iríamos al otro barrio del tirón. No tardarían ni un día en buscarnos uno por uno y eliminarnos.
   - Esto no debería ser trabajo nuestro –terció otro-; ¿para que leches están los jueces?   ¿A santo de que tengo yo que dejar mi trabajo para venir aquí a impartir justicia? ¿Quien fue el listo que inventó el jurado popular?
   - Ese no es el problema que tenemos que resolver ahora –intervino una mujer que había superado ya los cincuenta años-; para eso ya están los políticos, para hacer las leyes.
    - Si, e incordiarnos. Habrá que analizar los hechos y las circunstancias, supongo –dijo otro, prudentemente, un hombre también mayor, de espesa barba blanca-; debemos atenernos a las instrucciones que hemos recibido. El pueblo necesita justicia.
   - ¡Están todos locos! –el primero que había hablado dio un golpe seco sobre la mesa-. Yo digo que inocente, y punto. Si quieren declararlo culpable que repitan el juicio y llamen a otros jurados. Conmigo que no cuenten para enviar a nadie a la cárcel.
   Otro de los miembros del jurado se levantó, dio un paseo con la mano levantada, recabando la atención de los demás, que le observaron con curiosidad; era un hombre obeso de mediana edad.
   - Me parece que ustedes no se han dado cuenta de la gravedad de este asunto – dijo, volviéndose a sentar, pero con todas las miradas fijas en él-; al margen de los deseos de cada uno de estar aquí o no estar, esto es algo que, efectivamente, no podemos tratar ahora.  En nuestras manos está la libertad para una persona humana, un ser humano que...
   - ¡Bueno! Déjese de historias filosóficas –le interrumpió otro, que hasta entonces no había hablado-; esto es algo que tenemos que hacer, ¿no? Como la declaración de la renta o pagar la contribución así que lo que tengamos que hacer hagámoslo pronto. Una votación y que cada cual diga culpable o inocente; si no estamos de acuerdo, que cada uno exponga sus argumentos, tratemos de ponernos de acuerdo y a otra cosa. Ya saben como se obtiene la mayoría aquí.
   - Usted va rápido por la vida, ¿verdad, amigo? –dijo el de la barba blanca-; Muy bien; ¿quien vota inocente?
   - Solo dos manos se alzaron.
   - Bien, es obvio que los demás votan “culpable”; así que…
   - Un momento –otro de los que no habían hablado hasta entonces reclamó la  atención-;  la votación no es así. Probablemente es mía la culpa de que hayamos comenzado sin control. Como presidente del jurado, ya que mi nombre fue el primero en el sorteo,  debí haber hecho lo que ahora voy a hacer. Antes que nada elegiremos al portavoz; y a tenor de lo que he oído, creo que nadie tendrá inconveniente en que sea yo –hubo un murmullo de aceptación-. Ahora,  cada uno, tipo parlamento, expresará su voto y su argumento. No hace falta argumento, pero  si no conseguimos los votos necesarios habrá que hablar;   esto no es un juego; es un asunto serio. Todos estamos obligados a cumplir con esta tarea, una vez que hemos aceptado estar aquí y lo haremos conforme a la ley. No podemos derivar la responsabilidad que tenemos hacia nadie.
   -  Querrá usted decir que no hemos podido escaquearnos de estar aquí, por lo menos yo, y, ¿qué es eso de “tipo parlamento”? –inquirió el ejecutivo joven.
   - Si hubiera dado muestras de parcialidad,  por ejemplo, el fiscal y el abogado defensor le habrían desechado a usted, pero estuvo muy modosito ahí fuera. Además, recuerde el juramento… o la promesa, que ha hecho…Y lo de tipo Parlamento quiere decir que todos callarán y escucharán mientras el que esté en uso de la palabra hable, igual que en el Congreso. Solo hay un hecho, por lo tanto, vamos a votar si lo consideramos probado y a la vez, si consideramos al acusado culpable o inocente; la votación tiene que ser nominal y por orden alfabético; como todos conocemos los nombres, les iré preguntando uno a uno designándolos como numero del  jurado. Les recuerdo que son siete votos los necesarios para declararle culpable.  Así que, silencio, por favor… Jurado número uno. Exponga su voto y argumento.
   - Yo ya lo he dicho: inocente. Y el argumento es sencillo: no quiero que un sicario del tipo  ese me aloje una bala en el omoplato.
   - Su argumento no es convincente ni correcto; sin embargo lo dejaremos para una segunda vuelta. Jurado numero dos,  su turno.
   - ¡Este tío es tonto! –gruñó por lo bajo el numero uno, mientras el numero dos comenzaba su argumentación.
  - Culpable –dijo el dos-; sus huellas estaban en el arma homicida, estaba en el sitio del asesinato, no tiene coartada, ha incurrido en contradicciones durante su testimonio y en su primera declaración ante la policía declaró haberlo hecho él, aunque luego rectificara.
   - Muy bien; jurado numero tres, opine.
   - Yo me abstengo –soltó muy convencido el que protestaba por ser jurado-; a mi me da igual que lo encierren o lo dejen fuera. Total, si lo encierran dentro de dos o tres años va a estar en la calle…
   - Eso es verdad –el de la barba blanca intervino-; yo conozco a un individuo que intentó asesinar a otro. Solo le cayeron diez años, y a los cuatro ya estaba fuera. Pero, no obstante…
   - Por favor –le interrumpió portavoz-;  no divaguemos sobre asuntos que no afectan al tema; para eso están los foros en internet. No puede abstenerse, a menos que quiera pagar una multa de varios ceros; decídase.
   - ¿Una multa…? Está bien, está bien… culpable; las pruebas así lo indican.
   - Jurado número cuatro; exponga.
   - Coincido plenamente con el jurado numero uno – manifestó el jurado numero cuatro,  una mujer de mediana edad que no había hablado hasta entonces-. A mi no me importa si ese tío es culpable o inocente. Yo lo único que sé es que si lo declaramos culpable vendrán a por nosotros y nos liquidarán uno a uno. Y no sé ustedes, pero en lo que a mi respecta yo no le debo nada, absolutamente nada, a la sociedad, ni al gobierno, ni a la administración de justicia ni a nadie para jugarme la vida. He tenido que ganarme el pan con el sudor de mi frente y lo único que ha hecho hasta ahora todo el mundo ha sido ponerme trabas. Así que, inocente. El motivo… –se encogió de hombros-, siempre existe la posibilidad de la duda razonable.
   - Eso es lo que yo digo; ese es un trabajo de jueces, que para eso cobran. Nosotros no deberíamos estar aquí.
   - Ya hemos oído suficientemente su opinión, numero uno; Jurado numero cinco, le toca.
   - Creo que nosotros  estamos aquí para prestar un servicio a la sociedad. Un servicio necesario; ¿no es mejor para todos que un jurado compuesto por varias personas estudie el asunto y tome la decisión correspondiente? Yo voto culpable; las pruebas son abrumadoras.
   - Bobadas; hay un  juez en la sala y todos han oído al fiscal, a los testigos, a la defensa y a la acusación particular; nosotros no tenemos por qué...
   - A ver, numero uno… cállese,  ¿necesita que se lo diga en otro idioma? Jurado numero seis, hable.
   - A tenor de las pruebas, debe ser declarado culpable-indicó la mujer que pasaba ya de los cincuenta años-. No podemos permitir que ese hombre siga haciendo lo que está haciendo. Miles de personas sufren y mueren por su culpa. Y eso no está nada bien. Culpable, según las pruebas…
   - Esto es una locura –el numero uno  movía la cabeza, contrariado-; ¿sabe usted lo que está bien y lo que está mal, señora…? Además, no estamos juzgando lo de la droga, sino el asesinato. ¿que nos importan a nosotros las vidas de nadie? Allá cada cual; yo digo que inocente.
   - Por supuesto que se lo que está bien y lo que está mal; mejor que usted, al parecer…
   - Jurado numero siete… -continuó el portavoz y presidente, haciendo caso omiso de la discusión…
   - Culpable… pruebas muy claras.
   - Jurado numero ocho…
   - Culpable; las pruebas así lo atestiguan.
   - Bien, solo queda mi opinión y es la siguiente: yo digo que culpable, también, a la luz de las pruebas.
   - Bueno, supongamos que lo declaramos inocente –el hombre de la barba blanca intervino  antes  de que el portavoz continuara-; ¿que garantía tenemos entonces de que no seremos masacrados?
   - ¿Está chiflado? Le habremos puesto de patitas en la calle; ese tipo hasta nos lo agradecerá.
   - Esos  tipos  no agradecen nada; tienen  cómplices; nos puede masacrar para amedrentar a otros jurados, ¿no cree? Y se jactará de habernos acobardado.
   - Todo eso son divagaciones; a nosotros nos protege la ley.
   - ¡Ja! ¿Ha visto usted que la ley proteja a alguien que no sea  delincuente?
   - Está bien, señores; las discusiones están fuera de lugar. Siete votos “culpable” lo condenan. Ahora extenderemos el acta…
   - Y todos firmaremos nuestra sentencia de muerte –gruñó el jurado numero uno, contrariado- váyanse preparando.  La ley y la justicia no pueden protegernos…
   La advertencia quedó en el aire, impactando quizás sobre las conciencias de algunos de los que habían votado “culpable”
   - Yo quiero cambiar mi voto…
   El portavoz no supo quien había hablado,  pero la discusión volvió a comenzar…
* * *
EPILOGO
  Tras una nueva ronda de votaciones no se pusieron  de acuerdo y el acta fue devuelta por el juez  tres veces, lo que ocasionó la  disolución del jurado y la apertura de nuevo juicio oral con nuevos miembros.
  Esta situación volvió a ocurrir dos veces más.
  Finalmente, tras casi seis meses de proceso judicial,  la presencia de más  de cien aspirantes a jurado y  el trabajo de infinidad de funcionarios y  varios jueces y fiscales el acusado fue declarado culpable.
   Condenado a veinte años de prisión, recurrió, le rebajaron la condena y, antes de transcurridos cinco  años ya estaba en libertad, continuando con sus negocios ilegales.
   Los miembros del primer jurado continuaron con su visión particular de la justicia.
                                                         

FIN

A través de la tinta - Juan Cerda Zúñiga

16 de mayo de 2011

A Oscar Castro

 
Tengo la voz lenta

De los trenes a carbón

Corro lejos de las líneas que conoces

Fui desmantelado

Antes de tu llegada

Pero aun arrumbado en este patio

Puedo escapar

A través de la tinta.

Cuando la guerra - Angye Gaona

15 de mayo de 2011

Vas a mañana o a morir

Eunice Odio

No provoques al león

que reposa en su campo.

¿Qué podría implicarte

su gesto lento,

su verdad calma?

Si no puedes resistir esa,

tu inclinación de más,

y buscas un león que sirva

su propia cabeza en tu mesa

y sólo un par de garras,

las tuyas,

admites en tierra,

nada podrá guarecerte de esa,

tu intención de más,

y alguna trampa,

algún águila mecánica traerás

para cazar al león.

Reina el león

aunque lo enjaules

y lo lleves lejos de sí

a rugir a tus circos,

a esconder sus garras en tus fábricas,

a desatar la ira de las bestias del Sol

que atesoras en las bóvedas.

Reina el león y reina la espada,

único arbusto que crece silvestre

en las tierras del león,

que no te será dado exterminar

aun si ordenases manar fuego

a tu garganta.

Ponzoña - Alexander Vórtice

13 de mayo de 2011

Los añosos intelectuales
transitan bajo el cielo despiadado
de la duplicidad.

Su lluvia de palabras
es tan fingida
como averiguar que tras el olvido
se esconde la sensatez de toda una vida.

Los rancios intelectuales
degustan versos de paz
que no es tal.

…Y a medianoche
sus orgías de ponzoña
logran que sean heridas
las distinguidas insignias
de la ecuanimidad.

Lluvia al corazón - Maná

12 de mayo de 2011



Por qué lloras mi amor
Qué te fluye en la piel
Te despiertas en el llanto
Con espantos de dolor

Son los monstruos del ayer
Son tus miedos corazón
Sabes bien que yo te amo
Y te pido tengas fe

No sufras más no mi bebe
Eres la mariposa
Que vuela hacia el huracán
Cuéntame de tu pesar
Suelta todo tu dolor, dímelo

Aaaaaaaaa amor
Un huracán y una mariposa
Llegan se dan la cara
En medio de la mar

Lluvia de esperanza
Lluvia al corazón
Siempre ahí estaré
No te fallaré
Desde el cielo lluvia al corazón
Sol que lanza la esperanza
La esperanza y la luz
No importa lo que pase
No importa jamás no no
Lluvia al corazón

Fluye la desilusión
Muda desesperación
Pero todo tiene alivio
Menos el decir adiós

Y si te vas así yo moriré
Y te amarras a tu piano
Y te vas al altamar
Y te quieres escapar
Y te quieres diluir
No mi amor

Aaaaaaaaa amor
Un huracán y una mariposa
Llegan se dan la cara
En medio de la mar

Lluvia de esperanza
Lluvia al corazón
Siempre ahí estaré
No te fallaré
Desde el cielo lluvia al corazón
Sol que lanza la esperanza
La esperanza y la luz
No importa lo que pase
No importa jamás no no
Lluvia al corazón

La esperanza al corazón
La esperanza al corazón
Que te sane que te alivie el dolor
No importa lo que pase
No importa jamás no no
Lluvia al corazón

Madre - Carlos Israel Nápoles

11 de mayo de 2011


Centinela de mis pasos, mi consuelo en la tristeza.
Tu presencia es en mi vida un bálsamo sanador.
Cuántas acciones heroicas manifiestan tu grandeza.
Tu ejemplo de sacrificio es un símbolo de amor.

Si percibes infortunios tu corazón se enternece
y con manos afanadas te entregas con devoción.
Eres cual blanco nenúfar que aún en el lodo florece.
Eres puerto de esperanza en el mar de mi aflicción.

Me devuelves la alegría con tan solo una caricia.
Cuando sombras me rodean hallo la luz en tu faz.
Me refugio en tu regazo, es mi oasis, ¡qué delicia!...
Tú transformas mis pesares en un torrente de paz.

Nada detiene tu paso cuando impones tu presencia.
La ingratitud no es pretexto para que dejes de amar.
Ante injusticias mezquinas y la tanta indiferencia,
¿cómo puedes darlo todo y hacerlo sin descansar?

Te recordaré por siempre, OH madre de mis amores.
Cuántas lágrimas vertidas que nunca podré enjugar…
Los recintos de palacios aun perfumados con flores
no superan la fragancia que esparces en el hogar.

Si algún día por desgracia nunca más pudiera verte,
si velando ante mi lecho no te volviera a encontrar;
vivirás en mi memoria donde siempre he de tenerte.
Fue tanto lo que me amaste que no te podré olvidar.

Dama del amanecer - El Brujo de Letziaga

10 de mayo de 2011


Es el instante exacto de la letra
Que se ilumina hacia la palabra
Haciéndose verso y poema

Es una aurora impasiblemente azul
Para la mirada de quien te ama
Porque todo lo demás pertenece a la sombra

Allí estabas tú mi amada
Con los labios de llama
Sobre una rama dorada

Justo antes de empezar el amor
Mirada de luz solar
Corazón del amanecer.

Dime vida, ¿eres feliz? - Salvador E. García

9 de mayo de 2011


- Dime vida, ¿eres feliz?

- A veces lo pienso, a veces lo creo, hay días en que lo siento plenamente...

- ¿Qué te hace feliz amor?

- Son tantos los momentos, hay instantes de los que no quisiera salir, forman parte de mi recuerdos.

El hombre no pudo más y cerró los labios de ella con un beso dulce, después descanso su cabeza sobre su regazo, ella entonces acarició su pelo y quedo musitó...

- ¡Te amo, mi bien!

El instante fue acunado por una noche plena, la luz de la luna entró por la ventana que permanecía abierta, de pronto, por un vértice superior, emanaron nubes, que se hicieron polvo y se diluyeron aire, el clima los volvió después rocío y cayeron de lleno en las flores de un jardín casi seco. La dueña de la casa que todas las mañanas se levantaba muy temprano para ir a trabajar, miró el milagro, cortó con cautela una flor y la llevó hasta su pecho, se encaminó al sitio en el que día a día, esperaba el transporte que la llevaba a la fábrica donde laboraba.

Al subir miró la cara de cada uno de los pasajeros, unos dormían y otros tenían la mirada perdida en un horizonte, en una idea, en un desafío, quizá en el propósito de un olvido, esperando encontrar el alivio.

Ella se ubicó en la parte trasera del autobús y desde ahí, contempló con cierta tristeza, la indiferencia que se paseaba por el corredor, entre los asientos.

Estiró un poco sus manos y descubrió su flor, sopló lentamente y entonces, miró cómo por un respirador del techo del autobús, se alejaba la indiferencia, lo más sorprendente fue que antes de bajar del camión, notó cómo el rostro de los pasajeros, tenía otro semblante, unos reían, otros despertaron como buscando motivos para estar despiertos, un niño que sostenía la mano de su madre, se acercó para darle un beso. Ella abandonó el autobús con la idea de que su flor, la más bonita del jardín, había emanado un néctar milagroso.

A la espera de su segundo transporte, se le acercó un caballero que le arrimó un piropo, entonces ella muy sonriente mientras ocupaba un asiento del segundo transporte, descubrió que aquel néctar no era otra cosa que amor.

En cada lecho se derraman tantos sentimientos tan plenos que a veces es difícil contenerlos y se esparcen, entonces no queda nada más que agradecer a cada amante nocturno lo que ama y comparte.

Amor filial - Alfredo Farias

8 de mayo de 2011


Olvidado lo tenía en lo más profundo
entre lejana infancia y temprana juventud,
como fiel reflejo de una preciada virtud
quedó como un recuerdo de amor fecundo.

Elba era el nombre de esta morena doncella,
de ella sobresalía nítido su primor,
con toda el alma quise fuera primer amor
todos soñamos tocar el cielo con ella.

No me era fácil soltarle mi sentimiento,
con esmero logré conquistar una amistad,
pero el destino guardaba una eventualidad
que me sacudió profundo en mi fundamento.

Mi hermano querido, criado en mi mismo nido
me confesó sincero que ella le gustaba,
y que por cuanto un rechazo le preocupaba
me pidió que yo intercediera, cual Cupido.

Fui a ella con miedo, pero cual fiel mensajero
le informé tal cual me dijo cuanto la amaba,
me respondió que ese amor no le importaba
y me agregó llorando "es a ti a quien yo quiero".

Con esa declaración quedé muy perplejo
también vinieron a mi mente otros temores,
nunca será un hermano mi rival de amores
"al primer amor renuncié….fin del cortejo".

Conjuro - Patricia O.

7 de mayo de 2011


Yo te conjuro Afrodita,
para que me hagas nueva;
nueva de piel lujuriosa y
de curvas sin fronteras.

Haz mis pechos redondeados,
que mis pezones se yergan
y que erectos se remonten
al Olimpo en luna nueva.

Haz que mi pubis florezca
cual flor que al alba se entrega
y que mi sexo se abra cual capullo
que regala néctar.

Yo te conjuro Afrodita
para que me des piernas nuevas,
bellas piernas que se abran al deseo y al placer
y en amor se sumerjan.

Hazme hembra nueva para arrancar suspiros
con el contoneo de mis caderas,
para estallar en jadeos y gritos de pasión
cuando el clímax me aguarde en la meta.

Yo te conjuro Afrodita para que me abras,
del universo, las puertas…
las puertas de mi sexo y de mi vientre
de diosa y de mujer completa.

Pesadillas - Tiquicia Vargas


Soñé cosas terribles esta noche,
_yo soñé que te perdía!_

Y la oscuridad embargó la habitación
como la muerte embarga a la vida,
mi sueño se tornó en pesadilla.

Soñé cosas terribles esta noche,
_yo soñé que te perdía!_

Sentí la ausencia de tus caricias
y el desconsuelo tomó el lugar
de tu abrazo en la madrugada.

Soñé cosas terribles esta noche,
_yo soñé que te perdía!_

Te llamé a gritos, pero el silencio
calló mi voz y calló el sonido
de tu risa en el día.

Soñé cosas terribles esta noche,
_yo soñé que te perdía!_

Mis manos buscaron tu presencia
junto a la mía, te sentí y allí estabas
_yo soñé que te perdía!_

Insomnio - Gálata

5 de mayo de 2011


Tu alma triste a la mía enciende
de colores grises y negros matices.
Turbios lunes nos amanecen
entre dedos fríos como la nieve.
Una bruma espesa oculta tu cara,
escondidos ojos de pérfida mirada.
Casi me atrapas en tus entrañas.
noche traidora, sin luces, sin alba.

La Familia - Alexander Vórtice

4 de mayo de 2011


Nunca he creído en el concepto melódico de familia por el simple hecho de que mi familia nunca creyó en mí. Cuando digo esto es por qué lo puedo basar en hechos reales, porque he padecido al tío beodo exclamando estupideces el día de Noche Buena (los licores suelen sacar el auténtico yo), o cuando he tenido a mi lado la tonta soberbia del primo ese que se ha dejado patillas a lo Curro Jiménez, flequillo made in Pop británico, y ahora ostenta jerséis de “Burberry” para darse a conocer en los círculos más Vip de esta ciudad con olor a perro sarnoso y sabor a pis de gato recocido. Creí fervorosamente en la familia cuando visualicé en varias ocasiones la gran película “El Padrino”, donde Marlon Brando, el extraordinario actor que ya es mito indiscutible afirmaba: "¿Vives con tu familia?. Bien, porque un hombre que no vive con su familia no puede ser un hombre". Ahí fue donde idealicé de sobremanera la idea de “gastar” familia, de ser hombre en familia, de luchar por y para tener un grupo de tipos afines por motivos de sangre a mi alrededor, gentes que se enfrentasen contra todos aquellos que fuesen en contra el honor de la casta. Pero, por desgracia, enseguida se me pasó el mamoneo: esto ocurre cuando eres plenamente consciente de que tu estirpe te ha puesto la etiqueta sombría de oveja negra que escribe poesía y aúlla a la luna llena, que dice lo que piensa sin pensar lo que dice, y que a escondidas, se ríe agudamente al observar al primo anteriormente mencionado, que intenta dárselas de pijo urbanita para conseguir un estatus paradójico, ese mismo pánfilo que pocos años antes jadeaba la canción de Iron Maiden “Fear of the dark”, con hálito metalero, a medida que iba sorteando obstáculos por las calles nauseadas del exceso. He de suponer, pues, que es cierto que todos cambiamos, y que a mí se me olvidó hacerlo. No obstante lo malo de ir mudando de caparazón, es que la mayoría de personas mutan hacia la involución, en vez de evolucionar, y darle más valor a conceptos como amistad, pareja, o linaje. Y es que la familia que me parió, la del siglo XXI, no es más ni menos que un fiel reflejo de la sociedad que nos ha tocado en gracia, un conjunto de personas que se reúnen sin saber muy bien el por qué en días señalados para montar reyertas, denigrarse, tirarse cuchillas en forma de bolitas de pan, y luego, más tarde, una vez finalizado el acontecimiento, llegar cada uno a sus respectivos hogares e ir quitándonos doloridamente los puñales que nos hemos clavado en la espalda con suma alevosía. Sí, estimados lectores, quizás la familia de hoy no sea más que una ceguedad, o como decía la escritora francesa Simone de Beauvoir: “La familia es un nido de perversiones”; y punto.

Norte y Sur de la renuncia - Trini Reina

3 de mayo de 2011


La ternura:
a medio pulso.
La timidez:
desalojada.
El teléfono:
tan alto como tú
(y yo,
tan atarantada,
como el reloj tonante
donde indagabas).

El velador:
acero y distancia.
De mirarse,
se quemaban las miradas.
Dos cafés
y una nube fragante
velando las ansias.
Interrogaciones
por sombrero,
y el temor,
-cuervo varado-
sobrevolando la jugada.

Al norte:
el redoble de la duda.
Al sur:
las llamas soterradas.
Palabras divididas,
pisándose,
cayendo,
rompiendo estatuas.
Y el tiempo cabrioleando,
con pies de prisa y arrogancia.
Y en la sombra,
en la sombra,
la renuncia floreciendo.
Floreciendo hiel en rama.

Recién nacidas - Delfina Acosta

2 de mayo de 2011


Entonces ocurre que la vida transcurre y las cosas no están bien. No nos sentimos como se sienten muchas mujeres a quienes admiramos, quizás, secretamente. Hubiéramos deseado exhalar un aire de paz, pero nuestra condición de personas inquietas, nerviosas y apresuradas, no nos permite esa libertad, esa ejecución gloriosa de los pulmones.

En el fondo, somos prisioneras de nosotras mismas. Claro que todo ser humano vive en prisión, en mayor o menor grado.

Nos lastimamos, hundiendo los garfios de nuestros nervios a flor de piel, en nuestro corazón que se desvive por no sé qué cosa, presa de la anarquía de los sentimientos y de las vertiginosas fabulaciones.

Nunca pudo salirnos con natural frescura aquel abrazo con que recogíamos a nuestro hijo de entre las sábanas recién lavadas para llevarlo al patio, sombreado por el árbol de guayabo.

No pudimos entrar dentro de la piel de su sufrimiento cuando la respiración dificultosa volvía morados sus pequeños dedos, aunque un empujón desesperado nos hacía volver los ojos hacia Dios para interrogarlo con amargura e impaciencia.

Claro que sufríamos. Y cuanto más sufríamos más distantes estábamos ante la vista de los demás, que nos juzgaban desde su ignorancia.

Queríamos ser buenas y hacendosas y sabias como aquellas mozas de actos heroicos que conocían el tiempo exacto del hervor del té de manzanilla para el dolor de vientre del lloroso querubín.

Y pasó el tiempo.

Y llegaron los otoños y todas las estaciones de la vida se nos juntaron en las pupilas.

Y nos sentíamos vacías.

Y ninguna mujer nos parecía tan triste como nosotras, que nos envolvíamos la cabeza con un manto de niebla para salir a la calle.

Entonces algo, un toque de gracia, un último favor de Dios o de Jesucristo, nos iluminó la conciencia.

Y entendimos lo que al ser humano le puede llevar toda la vida entender si no vuelve la mirada hacia su hijo.

Y supimos que la naturaleza no debe ser contrariada porque ella es, en sí misma, la ley.

Y comprendimos, con sollozos de alegría, de rosas de la calle recién recuperadas de las manos extrañas, que el amor es el único y verdadero camino.

Se equivocaron los sabios.

Las madres siempre tuvieron razón: Lo primero es el hijo.

Y volvimos los ojos hacia nuestro pequeño, y lo amamos con una ternura que nos pareció un milagro de última hora pues a través de él encontramos el sentido, el hilo de la existencia.

“Ah..., cuánta locura cometida por nuestro desaliñado impulso”, nos dijimos silenciosamente.

El árbol mustio volvió a florecer a pesar de nuestro antiguo sometimiento a nuestro destino de piedra.

Entendimos la intención de nuestros pasos. No pudimos ser más felices pues la inteligencia nos decía que habíamos hallado la perla que cada individuo ha venido a buscar y encontrar en la Tierra. Y empezamos a oler a recién nacidas. Porque nacimos de vuelta gracias al amor que empezamos a tener para con nuestro hijo. ¡Qué importa ya que hayamos tirado tanto tiempo de nuestra vida por la ventana abierta!

Olvido - Tiquicia Vargas

1 de mayo de 2011


Esta noche tengo frío,
es como si algún demonio hubiese
borrado tu nombre de mis recuerdos.

Esta noche solo hay silencio,
y en la inmensa almohada me hundo
sin un atisbo de salvamento.

Solo queda un beso,
frígido y abatido sobre la sábana raída.

Esta noche se quedó tu ausencia
vestida de omisión y abandono.
 

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