¡Bienvenidos!

Cuando no esté - Patricia O.

31 de marzo de 2011


Recuérdame,
cuando mis huesos
ya no se hallen
dentro de mi piel.

Cuando mis ojos
se cierren
para siempre.

Cuando mis manos
queden sobre mi pecho
rígidas e inertes.

Recuérdame,
cuando mis cenizas
sean la única prueba
que de mí quede.

Cuando mis alas
se extiendan
prontas a cruzar el umbral
de un nuevo mundo en ciernes.

Recuérdame,
cuando sólo la esencia de lo que fui
se presienta
en la brisa silente.

Cuando mis susurros
sean nada más que el eco
que cruza el espacio infinito
y se pierde…

Luz - Javier Úbeda Ibáñez

30 de marzo de 2011


Eres como una candela en la oscuridad,
una fuente en medio del desierto:
la luciérnaga de mis sentidos y
el aliento que germina en mis entrañas.

Tú, amigo mío, me eres tan necesario
como las sales al mar.

Incansable,
tendiéndome un camino,
una salida, una puerta, un bastón,
un sofá, un millón de promesas,
un silencio acogedor y un abrazo
que me resguarda del ruido
de la soledad y del vacío.

Tus palabras son caricias transitivas,
consejos de viento; amistad marinera,
que vuela y vuela, pegadita a mi vera.

¿Por qué tan diferentes? (Octava Francesa) - Carlos I. Nápoles

29 de marzo de 2011


En el jardín cierto día
en mi andanza de rutina,
miré una flor y una espina,
y vi con curiosidad
como se desarrollaban
disfrutando un mismo ambiente;
no obstante era evidente
su enorme desigualdad.

Bebieron del agua pura
que brotaba de una fuente,
y con el mismo nutriente
se pudieron sustentar.
Unidas se columpiaron
arrulladas por el viento.
Aquel acontecimiento
jamás lo podré olvidar.

Un día la espina empezó
a mostrarse intransigente.
Desgarrándome cruelmente
me causó tanto dolor.
Corría mi roja sangre
mientras su aguijón me hincaba,
mas la flor se deleitaba
perfumando con amor.

¿Por qué de un mismo linaje
descienden “ malos y buenos”?
¿Por qué hay tantos desenfrenos
como suele suceder?
Creados y procreados
con los mismos componentes,
¿por qué son tan diferentes
las formas de proceder?

Nunca imites a la espina,
cuando brutal y atrevida,
va ocasionando la herida
con su aguijón punzador.
Esparce aroma exquisito
desinteresadamente,
y has agradable el ambiente
como lo hizo la flor.

Ángel caído - Tiquicia Vargas

28 de marzo de 2011


Ángel caído en las sombras de la tierra,
con las alas negras y las ropas teñidas de luto,
busca incorporarte de nuevo,
sobre tus dos piernas en desuso.

Y con la luz quemándote
la blanca piel y el cabello rojizo
buscas desesperada el consuelo perdido.

No sufras, por tus brazos adormecidos,
ni por tus ojos doloridos,
no sufras por la divinidad olvidada
o por el castigo infringido.

Quisiera entender - Beatriz Favre

27 de marzo de 2011


Quisiera entender y no puedo.
Voy dejando jirones de mi alma,
desde que me perdí en tu mirada.
Y este arrullo de tu voz cálida,
que me cautiva y me domina,
llena mis horas de fantasías.
Y voy vagando con mi mente
sin encontrar otro sitio que me albergue,
que no sea en ti, en este amor que vive, existe,
que quiero entender y no puedo.

Primo cruel - Delfina Acosta

26 de marzo de 2011

Cuando Narcisa Ibáñez enviudó, y luego de una breve enfermedad sus ojos asustados se cerraron, en una tarde en que un jilguero picoteaba nerviosamente los vidrios de la ventana de su habitación, Clementina, su hermana, supo que debía traer a sus sobrinos Juan, Marta y Manuela, a vivir en su casa.

Eran mellizos de siete años Juan y Marta; la niña, con una cara que parecía robada de una muñeca pues sus pecas abundantes, sus bucles rubiáceos, sus ojos como botones azules, y su rubor encendido cual brasa, resultaban parecidos a la colección de juguetes “mami, mami”, que desde los escaparates conseguían que las niñas aplastaran sus narices, sus caritas enfermas de amor maternal contra el vidrio. Juan era ligeramente distinto a su hermana. Las pecas no cubrían su rostro. Una pizca de bondad, propia todavía de una edad desconcertada, cruzaba su rostro, en especial, cuando parpadeaba. Ambos coincidían en las ganas de jugar sin fatigarse.
Manuela, la mayor, sufría de alergia. El polvo de las cortinas, la cubertería de los aparadores, el hollín de los quinqués, los ácaros de las enciclopedias, la errante fragancia de las rosas que delineaban con raya de tiza roja, donde terminaba el jardín, y donde comenzaban los hierbajos que rodeaban una pequeña naciente de agua, le hacían daño. Sin embargo, le gustaba ser la “enfermiza” de los tres, debido a una confusa idea de santidad que tenía sobre su persona desde la primera crisis de asma.


Clementina instaló a los mellizos y a Manuela, en la habitación de Carlos, su único hijo.
Era el mes de agosto.

En el patio, junto a la muralla pintada con cal, un sauce cabeceaba sobre su silencio, pero su sombra, regada por migas de pan, parecía volar ruidosamente cuando los gorriones, una vez saciados, emprendían el vuelo hacia el viejo alambrado de los postes del telégrafo.

Carlos sacó del armario, para dispersar la tristeza y la penosa desorientación de sus nuevos compañeros de cuarto, sus mariposas, las doncellas de la centaurea y las blancas del majuelo, clavadas en un cartón. No les contó que las cortejaba, celoso de su amor, primeramente, hasta que ellas entraban en confianza y caían en sus manos para ser llevadas - entonces - a su “sitio de trabajo”. O “el laboratorio” instalado en el altillo. Allí, a la hora en que la luz del día se filtraba por la ventana despertando una vida fingida en el polvo del aire, las contemplaba en la belleza de su sufrimiento, en su inútil pero heroico esfuerzo por recuperar su libertad atravesada por alfileres. Se preguntaba entonces, qué sería de grande. Nunca abogado, por supuesto, como su padre pretendió cierta vez cuando leyó una composición escolar suya “La inocencia de la criminalidad”. Acaso, si viajaba al extranjero, sería científico como el tío Miguel, quien cada vez que aparecía con su olor a formol por la casa, mortificaba a sus padres cuando contaba, víctima de su pasión, aquellas historias sobre las disecciones de los batracios y de los calamares, historias que a él le sumían en la necesidad de saber alguna página más, algún capítulo todavía oscuro o desconocido sobre el dolor. Lástima las vacilaciones, la vuelta a la cordura, el repentino respeto del hombre de ciencia a la mesa familiar donde los pocillos exhalaban sus vapores de té verde, que llevaban al tío a cambiar de conversación y a él lo dejaban maldiciendo por dentro.

Un pájaro cantó tres veces. Luego guardó silencio.

Carlos, con el cartón de mariposas en las manos, aguardaba exclamaciones y preguntas cruzadas de sus primos, pero ellos estaban muy cansados, y por otra parte, sólo entendían del sufrimiento las palizas que su madre les daba cuando no aprendían las lecciones de catecismo. Así pues, se quedaron callados. Y su silencio se sumó al del ave.
Parpadeaba bastante Manuela; para disimular su tic, buscó una tos que no le vino como hubiera deseado, sin embargo no se desanimó, y pidiendo perdón al primo, siguió tosiendo, tosiendo, entre amagues de suspiros.
- Esto me va a matar - dijo, mientras hundía su pecho como si el aire se le hacía difícil.

Los mellizos se cruzaron miradas sombrías, pero luego de que la cuerda del juego se hubiera activado mecánicamente en ellos, se reclinaron en un lecho cubierto por un edredón de plumones, y jugaron a piedra, papel y tijera. Era tan previsible que Juan sacaría la tijera, pero Marta no caía en la intención, y le mostraba, con los dientes apretados, su puño cerrado, y así seguía esa ñoñería, que era una función obligada para Manuela. Después de un rato ella se hartó, y colocó en el piso la lámina con la casa en forma de hongo pintada con crayola marrón, y el camino rectilíneo que llevaba a la puerta cerrada, y las tres golondrinas perdiéndose en el cielo mitad tormentoso y mitad soleado. De cuando en cuando volvía los ojos en dirección a Carlos, aguardando una actitud que equivaliera a un interés, y él se la daba, pero juraba vengarse cuando ella, complacida, sonreía con sus dientes desparejos.


El viento movía las hojas de los árboles callejeros. Agosto transcurría a paso de animal desnutrido.
El primo hubiera querido que se largaran ya de su habitación, que se fueran a jugar con Toby, total ese perro pulgoso también tenía su diablo aparte, y no tanto porque giraba sobre la idea fija de querer morder su cola, sino porque además pasaba la pata y hacía otros fingimientos, pero allí estaban los mellizos, rostro contra rostro, jugando a mirarse fijamente y no reír, porque el primero que reía - la regla era la regla - perdía. Y ambos perdían y reían hasta toser mientras Manuela se las daba de víctima con su voz catarrosa llamándolos a silencio.
- Chicos..., la tía se va a enojar, miren... - decía y traía una tos que no existía.
Ah... si lo dejaran solo, para mirar a gusto ese lejano punto verde en la colina, donde comenzaba un bosque en que la vegetación de cañas, cipreses, fresnos y árboles espinosos, cuyos troncos parecían querer desprenderse de su rebaño de hormigas rojas al caer el viento, se erguía desafiante. Ese bosque le daba de comer a él de sus propias manos. Aquel sitio alimentaba su imaginación de implacable cazador de animales desde muy pequeño.

El bosque era peligroso, lo sabía. Pero iba día tras día a él, con sólo cerrar los ojos, y se sentía irremediablemente destinado a morir bajo las garras de un hermoso tigre salido de un telón verdoso del follaje, hasta que recuperaba el facón con mango de guampa caído sobre una piedra, y lo clavaba en el vientre, revolviendo sus vísceras.


Ahora los mellizos jugaban a pegarse, y Manuela les pedía que se quedaran quietos, que dejaran de gritar, pues no podía concentrarse en su arco iris.
- ¿Cuántos son los colores, primo?
- Siete - contestó, y nada más porque era una prima huérfana le pidió que le mostrara el dibujo.
- ¿Está quedando bien? Fíjate en el pasto...
- Pues sí, es muy bonito. Y las aguas... - contestó. Esas palabras alegraron a Manuela quien redobló el esfuerzo por afirmar el color amarillo del arco y terminó rompiendo la crayola. Una gran risa entonces le vino a la boca, pues creyó muy graciosa la situación.
El domingo se presentó gris.

El viejo Mariano Álvarez, que solía caer por la casa en ausencia de los “señores”, apareció a las diez de la mañana con su botella de vino bajo el brazo. Como sus pasos no eran firmes, Toby le gruñía. Estaba a punto de dar una patada al animal, cuando apareció Adelfa, la cocinera, y lo llevó muy enojada hasta el comedor.
En algunas ocasiones, cuando estaba de buen humor, ella le preparaba un café rápido con turrones, y sentaba a escuchar sus historias.
El viejo decidió contar, con la resignación de los que dicen sus secretos porque saben que van a morir, aquella verdad que desde hace tiempo deseaba que supiera Adelfa, por lo menos. Y ella, después de pedir perdón por sonarse las narices, juró ser toda oídos.
Y él dijo:
Veníamos caminando horas y horas. Éramos seis. Siete, contando con un pájaro negro, que venía saltando, de rama en rama, adelantándose a nuestros pasos. Se pasaba chistando el infeliz. Un sol abrasador nos sumía en vértigos y la sed nos devoraba. Los árboles de troncos rugosos y resecos eran trajinados por hormigas rojas y el hormigueo en nuestras cabezas no nos dejaba pensar. Mario Vargas se sentó en la tierra, y nosotros hicimos lo mismo. Era el líder natural. Y cuando hizo girar una botella vacía sobre el piso y el cuello de la misma apuntó hacia Horacio, entendimos la decisión fatal de aquel juego que negociaba nuestras vidas, pero la verdad es que ya nos daba igual. Así fue como cada uno de los que nos salvamos bebió un poco de la cantimplora, y Horacio, maldiciéndonos, nos advirtió que no llegaríamos lejos. El pájaro chistó. Después de un instante de furia, nos rogó que le diéramos una ración, la mitad siquiera de la nuestra, pero ya no lo escuchábamos. Nos sentíamos miserables.
Yo tenía miedo de que la suerte no me acompañara en la próxima estación, cuando nos sentáramos a observar, temblando, a quién mandaría al infierno aquella botella vacía. Pero ya ves, aquí estoy. Y el pájaro negro...
Carlos, detrás de la puerta, se comía las uñas, oyendo.
Imaginó la escena y su corazón empezó a latir con fuerza.
Había barullo en la habitación de arriba.
Una bronca fingida de la hermana mayor, quien llamaba a la paz, encendió repentinamente su ira, y subiendo los escalones de dos en dos, se presentó ante ellos.
Los rayos del sol dominguero hacían que las más delicadas flores del jardín agacharan las cabezas. Un colibrí se entregaba al placer de libar con su trompa el néctar de las flores.
Los primos lo observaron durante un largo rato. Y él les dijo, con una voz inflada por el entusiasmo, que estuvieran listos rápidamente pues irían a dar un paseo. Mientras escuchaba al mellizo dar gritos de Tarzán (aquella alegría lo llevó al paroxismo de imitar al rey de la selva) sentía en su interior el llamado misterioso de una última aventura.
Cuando los cuatro emprendieron la caminata en dirección al bosque, Carlos sólo llevaba en su mochila dos cantimploras con agua y una botella vacía.

Microorganismos - Patricia O.

25 de marzo de 2011


Somos millones de pequeños microorganismo contenidos sobre otro microorganismo mayor, en éste inmenso universo, que hace millones de años nos recibió amorosamente sobre su superficie...
Pero hoy ése amoroso ser vivo está iracundo, deshaciéndose de nosotros como si fuéramos un virus que lo está consumiendo muy lentamente...

Al cielo - Salvador E. García Yllescas

24 de marzo de 2011


Una luna y un deseo,
el brillo intenso de una estrella,
un beso encima de un alivio,
un secreto envuelto en un recuerdo...

Al cielo...

La mitad de mi alma,
cubierta de anhelos y sueños,
el pedazo de un peldaño envejecido,
el alba que cae sobre la calle...

Al cielo...

Un baúl pleno de ruegos,
el roce de dos o más silencios,
una sonrisa llena de destellos,
un árbol cubierto de sereno...

Al cielo...

El humo entero de mi fuego,
el poder de un nuevo sendero,
la melodía de una canción de enero,
una dádiva de una lágrima por caer...

Al cielo...

Las palabras hechas ecos eternos,
la agonía de un amante en celo,
el paso fugaz de un alivio,
la llave de una puerta inalcanzable...

Al cielo...

El último aliento de un corazón,
a veces vivo, de vez en vez, muerto...

En mi encuentro - Francisci Navarro

23 de marzo de 2011


Salí al encuentro sin pudor,
Sin miedo encontrarse,
Descubrir asombrado los cantos,
En libertad adentrarse.

Renacer con cada caída,
De cada resbalón aprender,
Levantar el vuelo en la pérdida,
Sin escrúpulos conocer.

Gotas de un inmenso mar,
Polvo de arena fina,
Hoja de un frondoso bosque,
Segmento de una línea.

Encontrar y descubrir el silencio,
Adentrarse sin miedo en la soledad,
Renacer al acariciar la ola,
Participar libre de la inmensidad.

¿Quién mueve los hilos? - El Brujo de Letziaga

22 de marzo de 2011


Terror, dolor y muerte
Inhumanas mandíbulas de fango
Cenizas radioactivas en las miradas
Y en todo lo que se respira



Caigo a las madrugadas del tiempo, del pasado
Como errante resonancia del eco
de la historia del hombre en el Universo
Gernikas y Nagasakis, Tsunamis.



Y ahora vuelvo a llorar con Fukushima
Como siempre he llorado.
El aire es de llagas con adornos de oxígeno
En Japón con esquelas a miles.


Trombas de Padres Nuestros
Que no son oraciones
Cabalgando en los corceles apocalípticos
De los holocaustos luciferinos
de sus azules mares.



Ahora y en la hora de nuestra muerte
Esa plegaria que para algunos no vale
Donde nadie besa el suelo ni el aire.
La línea de la vida es un instante.



El Ángel bueno ha muerto
Y el Cielo se llena de sangre
Los corderos han subido
Al Monte de los Sacrificios



¿Quién mueve los hilos?

La espera - Salvador E. García Yllescas


Cubiertos por los rayos que el sol ha dispuesto para la ocasión, sentados casi al borde de una banca de la que aún penden sus piernas que van de uno a otro extremo, envueltas en el miedo y la emoción que encierra un encuentro. Ambos esperan del tiempo, la señal del primer beso. Él arriesga con su brazo izquierdo atrapar aquel hombro, hasta entonces ajeno, con su mano diestra, resbala una inocente caricia en las mejillas de ella que asustada, se resiste a dejar de chupar el chocolate de su helado, él apenado, se hace a un lado y aguarda, como lo ha hecho desde hace una hora que llegaron. En su cabeza, un pensamiento ronda: “es lo malo de tener, apenas ocho años”. Ella entonces le pregunta si “quiere una probada”, él resignado asiente, ella acerca sus labios y susurra “prueba” y cierra los ojos, él estrena su boca.

Magulladuras - Alexander Vórtice

21 de marzo de 2011


COMER un muslo de pollo
bajo la lluvia de marzo
es como agudizar el olfato
en una funeraria.

Me has pedido resurrección
ahora que los terremotos son lapsos
de hijos desarraigados;
únicamente puedo cederte alianza y bien,
o algún que otro sabor a sal y limón,
sabor que en su día estuvo situado
en mis magulladuras
de hombre demasiado
transitorio.

Maldito vértigo - Patricia O.


Con los ojos cerrados siente que todo gira, es como estar en una montaña rusa...pero no lo está, aunque ella se lo imagine para pasar el mal rato.
El mal rato que le hace pasar el maldito vértigo que la ataca cada tanto y la deja postrada en la cama, con los ojos cerrados y esas náuseas que van y vienen y esa sensación de estar hundiéndose en el colchón...
Tan sólo ése maldito vértigo...

Mudos... - Salvador E. García Yllescas

20 de marzo de 2011


Mudos, huecos y vacíos;

de mi voz, escapan los silencios...


Hay tanto de eterno

entre tu cuerpo y mi cuerpo...


A la orilla de un susurro en vilo,

la luz de un grito se resbala...


¡Aprieta del viento su soplo

que es mucho más que mi latido!


Mas en medio de todo este eco

de nostalgia y frío...


Estoico en la mitad de un pecho

herido, se propaga tenue en murmullo...


...Un suspiro aún vivo y encendido,

en lo profundo de un delirio...

Fuego - Alfredo Farias

17 de marzo de 2011


Todo lo veo envuelto en llamas
el cielo ya se ha vestido de rojo,
huyen los pájaros angustiados
con sus plumajes incendiados.


El follaje de los árboles mutó
su verde por escarlata intenso,
troncos en llama ya están inertes
como sacrificio al ángel de la muerte.


Los volcanes, chimeneas del planeta
vomitan brasas rojas de sus extrañas,
contaminadas con heces de hombre
señas claras que ya viene hecatombe.


El mar, otrora de aguas azul y verde
está incendiado con todas sus especies,
hacia él ha escurrido toda la sangre
de la humanidad muriendo en enjambre.


También vi algo que no se verá jamás
al gran lago de fuego que no es literal,
aún cuando muchos lo están predicando
sólo muerte eterna, nunca atormentando.


Hiroshima, bombas incendiarias en Dresde,
Chernóbil radioactivo con su “bosque rojo”,
la terribles muerte del anunciado juicio final
¿ya la estamos sufriendo, ya es vivencial?



Apocalipsis 21: 1 - 5, ¡Dios sea loado!
la esperanza mía nunca estará muerta,
hoy se reviste de blancura inmaculada,
la especie humana nunca exterminada.

Boleros a Cenicienta - José A. Muñoz Juárez

16 de marzo de 2011


“La música es el corazón de la vida.
Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible…”
Franz Liszt

Voy a escribirte un bolero,
donde los días se detengan y las noches no alcancen,
donde decir te quiero no quepa en una estrofa,
y donde diga final sea solo apenas el comienzo.

Escribiré interminablemente sin suspirar,
ni desfallecer,
en busca de la perfección,
esa la que solo los inmortales buscamos
y no nos damos cuenta,
de que su búsqueda es sencilla.

Detendré el tiempo en tu mirar
naufragare en tus labios,
te besare en los ojos,
y por un leve delirar
buscare lo que más deseo de ti…
y en un segundo descubriré la perfección de la creación.

Frustración - Carlos Israel Nápoles


Le di rosas, mas ella me dio espinas.
Mi amor murió por tantas decepciones.
El fuego que encendió nuestras pasiones
se extinguió bajo un manto de rutinas.

De aquel frustrado amor quedan las ruinas,
el mal sabor de mil desilusiones,
y una mujer de falsas pretensiones
atascada en el lodo de la inquina.

Duele en la piel tu ausencia - Breatriz Favre

15 de marzo de 2011


Como me duele en la piel tu ausencia
Como espinas se clavan, en mi carne
Lastiman, sin sangrar, duelen las heridas,
Mis ojos se nublan por el llanto
Y aunque intento, no puedo evitarlo
Mi voz que se quiebra, al querer
En voz baja tu nombre pronunciar
Decirte, amor, ¿sabes que te amo?
¿Sabes que de verdad que te amo?
Se me borran en la mente los recuerdos.
Intento rescatarlos, mas, no los encuentro.
Sin luna, ni estrellas, largas son las noches
¿Acaso este amor siempre estará a prueba?
Quiero escuchar tu voz, y responde el silencio
Me veo naufragando en medio de un océano
Busco tu abrazo, tus caricias, tus besos
No te tengo, ni en esta distancia te presiento
Como me duele en la piel, y en el alma
¡Esta larga ausencia, no anunciada!,
Me sorprende la mañana, y es otro día más,
Que deseo encontrarte, y no sé donde estarás
Me duele en la piel tu ausencia
Me duele en el alma la distancia
Quiero creer que es solo un sueño nada más
¡Y que mañana, alo, amor!, tu dulce voz, me saludará.

Tras el silencio - Alexander Vórtice

14 de marzo de 2011



Lo cierto es que uno va pasando por la vida de manera un tanto mohína y desequilibrada. No existe mayor cobardía que esa que calla, esa omisión que permite que las cosas perniciosas continúen haciendo mella en las personas de bien. Dicen que Dios odia a los tibios de corazón. Yo, personalmente, a estos personajes no los puedo ver delante, me marean, me producen vómitos y sudor de labios dilapidados por el grito que solicita rectitud. Porque lo malo de intentar quedar bien con todo el mundo es que nunca quedas bien contigo mismo. La amplia mayoría de personas que he ido conociendo a lo largo de la vida requerían sinceridad. La experiencia me ha aseverado que casi nadie desea la sinceridad, ya que la sinceridad es hija de la verdad, y lo malo de buscar la verdad es que corres el riesgo de encontrarla y no poder asimilarla. Esa es la gran tristeza del ser humano: la doble moral, el no poder ser como uno es a consecuencia de los prejuicios y antifaces que nos rodean. Ser veraz es un suicidio, pero también es un milagro retocado por las manos de la valentía y la integridad. Se duerme mejor siendo sincero, aunque, en ocasiones no podamos dormir a causa de haberlo sido. Hay que tener mucha valentía para explicar que hasta aquí hemos llegado, que hasta aquí hemos permitido la inmoralidad, y salir a la calle, con cóctel molotov en mano, sabiendo que, muy posiblemente, los maléficos seguidores de Gadafi te manden al otro barrio a consecuencia de las balas, las granadas de mano o las ráfagas de disparos lanzadas desde aviones de combate. Es muy fácil no tener conciencia y alimentar una mentira hasta convertirla en verdad. Así es que cuando se repite una hipocresía más de cien veces se convierte en algo cierto. Pero, aunque para algunos el tiempo sea precioso y valga oro, la verdad es mucho más valiosa. La verdad estalla una mañana a primera hora, y enseguida se convierte en un arma potente que hace remover conciencias o, incluso, hace que ciertos gobiernos dictatoriales tiemblen y sean derrocados. Una mentira, aunque viva en la oscuridad del día a día y haya causado muertos, tarde o temprano acaba muriendo y desapareciendo. La verdad reside tras el silencio, en la gota de lluvia que cae mansamente, en la necesidad de buscar para encontrar lo que realmente le da sentido a la existencia. Porque, tal y como indicaba Blaise Pascal: “A la verdad se llega no sólo por la razón, sino también por el corazón. La verdad es útil a quien la escucha, pero desventajosa a quien la dice, porque lo hace odioso. Ni la contradicción es indicio de falsedad, ni la falta de contradicción es indicio de verdad”.

Hay - Salvador E. García Yllescas

13 de marzo de 2011


Hay…
entre los pasos de mi andar,
un sendero que suelo recorrer,
en un vaivén pleno de ansiedad…
…suelo ir de aquí para allá,
en un intento de recuperar,
el vuelo de tu vaivén, dibujando estelas
entre los rincones de mi piel…

Hay…
entre los suspiros de mi respirar,
el susurro de tus latidos brincando,
ajenos y distantes a la mitad de mi paz…
...¡insomnios enteros soñando un arroyo de miel
manado de mis labios hasta la punta de tus pies!...

Hay…
en medio de este delirio cruel,
un mundo de latidos naufragando,
ajenos a la marea brava de tu mar…
...¡alientos que se pierden en la brevedad
de un paso fugaz!...

Hay…
una locura volcándose entera por mi ser,
una ausencia comiéndose cada impulso,
de un instante de temple y verdad;
cada roce que el viento vuelve tranquilidad;
cada frase que se ahoga en el esfuerzo de aceptar…

…lo difícil que es aceptar tu andar ajeno y esta
inmensa soledad…

Este árbol o cuerpo - Javier Úbeda Ibáñez

12 de marzo de 2011


Mira este es mi cuerpo,
repleto de nidos, hojas y frutos
como un árbol, un árbol
plantado en una tierra
fértil de sueños y deseos.

Contempla sus verdes ramas
que se extienden hacia ti,
desde su copa se puede divisar
el firmamento entero repleto de estrellas.

Te cuento un secreto:
sueña contigo, a ti se ofrece cada día, cada noche,
y hacia ti se extiende con toda su fuerza.
Además, tiene una risa estival
y savia, constantemente, dulce y renovada
por ti, para ti...

Y a su alrededor crece la hierba
con un verde esperanzado
por si te decides…
por si decides a amarlo y a aceptarlo.

Ven, amada, siéntate a su vera
tendrás sombra y también luz.

Magia en el bosque - Patricia O. (Patokata)

10 de marzo de 2011


No es necesario una bola de cristal para ver los espíritus en torno a él; siempre ha tenido la facilidad para atraer lo extraño y misterioso y es que así es su mundo…un verdadera misterio…
Nadie sabe su edad, ni siquiera de donde viene, a lo sumo tendrá unos 60 años aunque su porte juvenil da lugar a dudas.
Es costumbre verlo caminar por el sendero que va al bosque, siempre elegante y con su sombrero de copa, moviendo lentamente pero con energía el bastón.
Dicen quienes lo ven entrar al sendero que parece que los árboles se inclinaran como saludándolo, incluso que las hojas sueltas forman remolinos en torno a él como dándole la bienvenida.
Sus incursiones por el bosque a veces duran horas; debido a su extraña forma de ser muchos aldeanos le tienen miedo y es que aveces es mucho más fácil temer que dejarse llevar por la curiosidad.
Pero, aún así, un día un par de pilluelos decidieron hacerle caso a esa curiosidad que los embargaba y, aunque con miedo, lo siguieron.
Tratando de no ser vistos fueron tras él, escondiéndose tras los troncos de los árboles que el misterioso personaje iba dejando tras sus pasos.
Fue realmente asombroso para ellos descubrir que ése ser tan enigmático tenía no sólo el don de atraer a los árboles y juguetear con las hojas sino que todos los animalitos del bosque comenzaban a seguirlo.
Asombrados vieron como los pajarillos se apoyaban en sus hombros y él parecía hablarles, cuanto más se adentraban en el bosque notaban que más joven se veía.
Realmente era así…no sólo rejuvenecía sino que su elegante traje se transformaba en una túnica blanca y su sombrero de copa y su elegante bastón desaparecían.
Al llegar a un claro se detuvieron, tratando siempre de no ser vistos pudieron observar que el hombre extendía los brazos al aire y decía unas extrañas palabras al tiempo que los vientos remolinaban en torno a él y extrañas figuras comenzaban a aparecer por los aires.
Hasta aquí la curiosidad de los chiquillos ya que el temor pudo más y sin pensarlo dos veces huyeron despavoridos del lugar, de haberse quedado habrían descubierto que el misterioso personaje no era otro que un mago blanco.
Para cuando regresó de su paseo ya todo el pueblo sabía lo que habían visto los chicos y todos murmuraban a su paso, él sólo sonreía…

Siempre estuvo al tanto de que era seguido y sabía que en el fondo nadie entendería…

Cual hojas secas - Carlos Israel Nápoles

9 de marzo de 2011


Separada del árbol la hoja seca
víctima del furioso invierno frío,
siente la incertidumbre del vacío
y el desaliento que su vida trueca.

Sometida al empuje de los vientos,
hundida en el mundo del olvido;
piensa en aquel pasado destruido
y añora el ayer en sus lamentos.

Disfruta del presente, que el mañana
puede tornarse en loco desvarío.
Cual hojas secas en invierno frío,
es nuestra condición de raza humana.

Te esperaré - Miguel A. Moreno

8 de marzo de 2011


Te esperaré,
mi corazón un puzzle por hacer,
el cenicero de tus recuerdos,
te fuiste
y te has llevado hasta mis versos.

...Y al final - Enrique Bunbury



Permite que te invite a la despedida,
no importa que no merezca más tu atención.
Así se hacen las cosas en mi familia,
así me enseñaron a que las quisiera yo.

Permite que te dedique la última línea,
no importa que te disguste esta canción.
Así mi conciencia quedará más tranquila,
así en esta banda decimos adiós.

... Y al final
te ataré con todas mis fuerzas.
Mis brazos serán cuerdas para bailar este vals.
... Y al final
quiero verte de nuevo contenta.
Sigue dando vueltas
si aguantas de pie.

Permite que te explique que no tengo prisa,
no importa que tengas algo mejor que hacer.
Así nos podemos pegar toda la vida,
Así si me dejas no te dejaré de querer.

... Y al final
te ataré con todas mis fuerzas.
Mis brazos serán cuerdas para bailar este vals
... Y al final
quiero verte de nuevo contenta.
Sigue dando vueltas
si aguantas de pie.

Ten fe - Beatriz Favre

6 de marzo de 2011


Tus manos entrelazadas en las mías,
con esa cálida ternura, me invitas
a danzar en estos vaivenes de la vida
y a ver los obstáculos, desde otra perspectiva.

Y esa protección que me mantiene
en pie, activa y con fe.
Que luchas porque no pierda de vista.
Y es tu fuerza que me sostiene.

Me fuiste capturando con un amor tierno
reparaste mis alas y a volar me enseñaste
y al verme en libertad, a ti llegué
a cumplir todos y cada uno de nuestros sueños.

Y cuando llega la noche callada, estallan
en esta soledad, la furia de no poder avanzar
en esta lucha aparece tu imagen en mis pensamientos
me das vida, alumbras mis caminos,

llegas hasta el fondo de mi corazón
y es tu dulce voz que me repite
ten fe, corazón, no desesperes,
lloro en silencio, te espero en mis sueños.

Hoy no hay fotos - Pablo Romero Gandía

5 de marzo de 2011


Hoy no hay fotos, hoy hay palabras.
Pretendo escribir las mejores palabras aunque ya hayan sido utilizadas,
las mejores conjunciones que haya escrito jamás sin remitente.
Pretendo expresar, deshumanizarme,
desgarrar las teclas del ordenador como cual cerdo
quiere ser príncipe de las mas bellas cerdas que le llenarán su cuerpo a lametazos.

Pretendo castigarme como cual cristo sufrió la más bella de las venganzas universales.
Pretendo llegar al más alto de tus goces, de tus orgasmos,
que llores como cuando te rompieron el corazón por primera vez.
Pretendo que te identifiques, que te sientas culpable.

Pretendo romperte el corazón, para así pegártelo con tu superglu.
Porque ello supondría hacer algo con el superglu sobrante.
Pretendo extendertelo por el cuerpo, desprenderlo por tu cara,
porque ello supondría quedarte pegada para siempre a las sábanas de mi cama.

Pretendo recorrerte el cuerpo sin dejarme ni un milímetro cuadrado de tu piel,
porque ello supondría olvidarme de una parte de ti,
y sin ti, todo esto pierde significado:
ni pretender, ni suponer,
ni hacerte gritar tan violentamente como cual perra pierde a sus cachorros.

Lenguaje sagrado - Patricia O. (Patokata)

4 de marzo de 2011


Te veo hermano sol,
En tu danza ancestral coqueteándole a la luna;
Piropeándola en el lenguaje universal
Que el profundo silencio conoce y oculta.

Habla el universo,
Transformando los trinos en música celestial
Mientras dibuja y pinta la belleza de las flores
Que esparcen su polen en tenues aromas.

Veo la vida
En las entrañas de la Pachamama,
Agitando y explotando en luz de amor,
Liberando mariposas que se meten en mi alforja…

Te estoy viendo hermana luna,
Juegas con tu reflejo en el agua,
Ejecutando en el cielo el baile sagrado
Que te reclama el sol…mientras te marchas…



Poesía seleccionada y elogiada en la II Convocatoria de Poesía y Naturaleza ECOLOQUIA 2010

Vete a hacer puñetas... - El Brujo de Letziaga

3 de marzo de 2011


Estoy buscando el naipe que me falta
en el parvulario de la vida.
Y a ti, que no te cuadra el encaje de bolillos
en tu esquina solitaria.

Nadie ve nada...

Hay un ave que vuela, sin tierra,
y un libro que nunca llega a abrirse.
Un mosaico que se hace añicos
y un burro que hace de borrico.

Nadie quiere saber nada...

¿Y luego qué?...
Mucho silencio...
Sobra hasta la metáfora...

Nadie dice nada...

Adiós hasta otro día
Puntos suspensivos...

Vete a hacer puñetas pantomima...

Entrevista - Francisco Álvarez Velasco

1 de marzo de 2011


Se llama Francisco Álvarez Velasco. Es el webmaster del Portal de Poesía, un coloso de Internet donde está, si no toda, mucha de la poesía de España y otros países. El sitio recibe miles de visitas diarias.

Aparte de reunir en su portal las obras de grandes poetas, Francisco Álvarez Velasco es un conocido vate comprometido con la poesía de verdad, la que hacen pocas personas, y la que a él le sale con fluidez y sonoridad y belleza. Las ganas de mostrar los rasgos de su personalidad son el motivo de esta entrevista.

-¿Cuándo empezó a germinar en ti la poesía?

-Empezó posiblemente en mi niñez, cuando me sentía embelesado oyendo los romances a los últimos juglares que por los años cuarenta, en la posguerra española, iban por los pueblos; también los que recitaba mi madre y otras vecinas en las veladas de invierno. Recuerdo que, muy de niño, me sabía de memoria poemas del romancero viejo como “Conde Olinos, Conde Olinos” —una variante de “Conde Niño, Conde Niño”—o el “Romance de la loba parda”. En definitiva, me sedujo la poesía a través de piezas de tradición oral y mis primeros tanteos como aprendiz de poeta —creo que a los diez u once años— fueron la composición de algún que otro romance.

Más tarde, en plena adolescencia, el conocimiento de la buena poesía me llegó a través de antologías que en Bachillerato acompañaban a la Historia de la Literatura. Estas lecturas fueron sin duda el germen de mi pasión por la poesía.

-¿Cómo encuentras tu poesía? ¿Te gusta? ¿Qué te recriminas?

-Me gusta lo que escribo cuando lo doy por terminado. Luego vienen las dudas y la insatisfacción; con frecuencia el poema que en un primer momento pudo parecerme maravilloso termina en la papelera o en una rescritura. La satisfacción solo me llega cuando algún lector me lee con ganas o, mejor, me relee.

Para mí escribir poesía no es un oficio. Por lo tanto es imposible la disciplina. A veces pasan semanas o meses sin un solo verso. Escribo poesía y no sé bien por qué o para qué. Solo sé que la escribo por necesidad cuando me siento inexplicablemente impelido a ello. El primer impulso suele venir dado por un sentimiento de pérdida —«Se canta lo que se pierde», decía Machado: especialmente por la conciencia dolorosa del fluir temporal y la necesidad de mantener vivos ciertos retazos de la propia existencia; en menos ocasiones, mi poesía es un acto de celebración de la belleza del mundo.

En cuanto a la recriminación personal, haber dado a la imprenta algún poema que necesitaba la rescritura o la destrucción.

-¿Cuáles son los grandes poetas que admiras?

-César Vallejo, por su compromiso humano, ternura para el puro miserable y esa búsqueda suya por encontrar la palabra, el ritmo y el verso que lo expresen. Antonio Machado, especialmente el de Soledades, galerías y otros poemas, porque sabe trascender y olvidar la anécdota para cantar y contar como nadie la pena. San Juan de la Cruz, por ese no sé qué de la mejor poesía. Quevedo (en unos cuantos sonetos), porque dejó trazada para siempre toda la teoría poética de la fugacidad temporal. Baudelaire, porque ayuda a recorrer y contemplar el templo de la Naturaleza.

-¿Cómo encuentras la poesía española de estos tiempos?

-Solo podrá juzgarse cuando lleguen otros tiempos. Quiero decir con ello que hace falta distancia histórica. Con la facilidad de Internet, se publica hoy más poesía que nunca. Al porvenir le toca separar la paja del grano. Me interesa la poesía que hacen algunos poetas jóvenes, me refiero a los que buscan una voz personal desde la humildad y con la verdad poética por delante para expresar un mundo que no es el de mi generación, pero que en ellos se expresa con los mismos universales del sentimiento. Opino que sobra mucha poesía servida en forma de versos sin sentido ninguno del ritmo y demás recursos. Tal vez esto sea debido a una cierta “globalización poética”, si vale la expresión, a la que tanto contribuye Internet con la circulación de traducciones que nada dicen de la “verdad” poética del texto original y que en la lengua de destino nada tienen de poesía.

-¿Te animarías a dar uno o dos consejos para los jóvenes que se inician en la poesía?

-El primer consejo: Leer y releer. Y que en tales lecturas nunca falten los clásicos. Ellos ofrecerán los modelos del rigor en el aprendizaje del oficio, en la “arquitectura” del discurso poético.

Hace veinte años escribí una poética, que hoy sigo suscribiendo y tal vez les sirva como consejo a los jóvenes: «Es imprescindible buscar por el corazón o por el cerebro un bosque poblado de soledad sonora y adentrarse en sus espesuras. Sólo entonces puedes empezar a escribir, a escribir, a escribir. A continuación hay que dudar mucho, y empezar a romper, a romper, a romper. Si sobre algo no dudas, déjalo estar para otros tiempos de dudas. Si algo queda al final, puedes llamarlo poesía. Si, por el contrario, nada queda, puedes llamarlo silencio o soledad “a secas”, a lo cual podrás llamar también poesía. Finalmente, procura serenarte y ponte a contemplar el mundo. Intentar, por medio de la poesía, asumir lo que nos destruye o nos vence y ponerlo en su sitio con su contexto de soledad o tristeza. Así podrá aplacarse a la muerte, y tendremos tiempo suficiente para mirar con ternura a los otros y ayudarlos un poco contra los miedos que les acechen. Después que hagan con los versos lo que quieran; por ejemplo: aprovechar el blanco de las páginas para anotar una cita, un teléfono o la hora del dentista, vender el libro como papel al peso, encender una hoguera.

Que quien lea estos versos enmiende lo que quiera y me ayude a explicarme mejor.»

POEMA

Desmoronadas yacen las palabras comunes
por una blanca página ofrecida al silencio.

Cuando el día se borra, vuelve atrás
la memoria vacía
y camina en renglones ya sin signos.

Bajémonos del monte, que arriba está la bruma,
está la piedra dura, está la hierba amarga,
está la costra vieja de la tierra.

Arriba está la orilla de la nada.
Y salpican los densos goterones del olvido.
Es amarga la cumbre y es estéril.

Sólo para la brisa o algún caballo antiguo
o para la lengua áspera
(esa lengua no humana de la vaca
que va lamiendo el mundo por las cumbres)
se alza el pubis azul de aquellos cardos.

Hermosas amanitas de la muerte brotarán por el bosque.

Estarán marcando ahora
el corro sigiloso de los sábados,
ofreciendo su aliento seminal
y nívea carne virgen
para una última cena que nos abra las puertas.

Sólo quedan los bosques. No queda otro refugio.
Que golpee las puertas su latido terreno
y nos las abra.

Y unidos descendamos la ladera brumosa,
de espaldas a los dioses de la cumbre:
en lo hondo del valle está la luz y la común hoguera
que nos congregue en círculo.

Sobre el oscuro arroyo de la noche
ven a tender tu cuerpo,
un puente que me lleve a la otra orilla.

Francisco Álvarez Velasco, En el nombre del árbol

BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA
Francisco Álvarez Velasco (Cimanes del Tejar —León—, 1940) ha sido profesor de Literatura en varios institutos de España. Terminó su carrera docente como catedrático en el Real Instituto “Jovellanos”de Gijón (Asturias), ciudad donde reside. Ha creado y mantiene la página http://www.portaldepoesia.com/.

[Fuente]
 

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