¡Bienvenidos!

Mujer Mulata... - El Brujo de Letziaga

31 de enero de 2011


La noche se iba desvaneciendo
Y la aurora esperaba
Como aguarda un árbol la primavera.

El malecón nocturno de mientras
Anhelaba la mañana
Al tiempo que se trasponían las estrellas.

La luna estaba serena
Y las farolas estaban despiertas
Iluminando tu piel mulata.

La playa te contemplaba celosa
Porque las olas cuando estallaban contra ella
Te regalaban sus perlitas de plata.

Alguien entonaba una habanera
Dentro de una vetusta taberna
De la época de bucaneros y piratas.

Nos acariciaba la brisa de medianoche.
Tus labios, sin testigos
Y mi boca junto a ellos.

Entonces yo te besaba
Al sentir que arribaba
Toda tu flota
En mi cálida bahía.

Noche de noches color violeta
Cien caricias de cien manos
Cien velas de cien veleros
Y tus ojos mulatos mil veces bellos.

¡Qué hermosura!.
¡Cuánta belleza!.
¡Mujer mulata!.

Proyección - Betty Badaui

30 de enero de 2011


Ayer...
Hoy...
La infinitud de los minutos transmutados en horas, en días, en la vesania incognoscible del tiempo sin edad...
Todos los días buscando su mirada. Una mirada verde, o azul, o gris; o negra como mi congoja.
Porque mi congoja nació en el mismo instante en que quise adivinar la acuarela de su mirada, el ardor de su pasión o la humedad de su ternura.
Tres años siguiendo la misma rutina...
Llega al bar, cabizbaja, con su pensamiento en una lejanía que yo recorro hasta detenerme en sus neuronas, en el espesor de su masa, en el interior de su recorrido vital. Entonces la descubro rememorando, cubriendo paisajes con la lozanía de su mente incontaminada. Percibo horizontes, hallo como una suerte de contrastantes láminas, todas distintas porque en cada una de ellas bulle un sentimiento diferente; como la acuarela de sus ojos, que pueden ser verdes, o azules, o grises; o negros como mi congoja.
Como todos los días me acerco a la mesa que mira hacia el norte y se enfrenta con el cartel luminoso: Xuxa y Roberto Carlos, Roberto Carlos y Xuxa... guiños verdes, azules, grises... y negros como una mala noche.
La uniformidad de los días me indica inflexiblemente que no veré su mirada; que otra vez dejará escrito en la servilleta de papel: “una lágrima, con dos sobrecitos de azúcar, por favor”.
...”una lágrima, con dos sobrecitos de azúcar, por favor”.
Yo traeré la lágrima y los dos sobrecitos, buscaré su mirada de cuarzo, recogeré los noventa centavos y me iré con el desengaño hundido en mi piel, que adivina los claroscuros oculares, la húmeda simpleza de los lagrimales, el triste asombro de un tiempo marcando avances y retrocesos...
Ella se levantará, recogerá su bolso negro que adentro quizás sea verde, o azul o gris. Caminará, como siempre, mirando las baldosas, saldrá, cruzará la calle y otra vez el Fiat negro; y esa mirada que nunca sabré de qué color es quedará aprisionada, eternamente, en el asfalto.
Yo abriré el bolso, buscaré impaciente el color: verde, azul, gris o negro. Y nuevamente mi loco estupor, nuevamente mi rostro apresado en una foto carnet cuatro por cuatro, cuyos colores verdes, azules y grises estallan dentro del bolso negro.


BETTY BADAUI
Del libro: IVO,
UNR EDITORA, año 1998.

Entrevista - Victorio V. Suárez

29 de enero de 2011


Es periodista, escritor, poeta y gestor cultual. Muchas veces me he quedado pensando cómo hace Victorio para presentar libros de escritores, liderar un taller literario, prologar poemarios, dirigir una revista cultural, ser panelista en cuanta ocasión se presenta, tener una cultura tan amplia, escribir poesía y cuentos y muchas cosas más aún. Todo lo hace, y lo hace bien, gracias a su gran capacidad para el trabajo intelectual. Ergo: Victorio V. Suárez es talentoso.

—¿Es la poesía una maldición, una bendición, una conducta determinada para ti?


—La querida poetisa Elsa Wiezell me dijo hace mucho tiempo algo que comparto plenamente: “La poesía es una necesidad física y química” . Cuando Gerardo Diego, de manera magistral, se dirigió a los principales integrantes del 98 y el 27, preguntando algo parecido a tu interrogante, la mayoría se negó a responder directamente, conste que algunos, de manera más remolona, como García Lorca y Luis Cernuda, se manifestaron con cierto escapismo para responder. El primero dijo: “Ni tú ni yo (porque eran poetas) podemos decir nada de la poesía”. Por su lado, Cernuda exclamaba: “No sé nada, no quiero nada, no espero nada”. Es difícil determinar qué es la poesía, pero cuando se llega al compromiso verdadero, auténtico, esta se vuelve una pareja imposible de abandonar.

—¿Cómo haces para equilibrar la abundante producción de libros sobre la cultura paraguaya, las antologías de obras de escritores paraguayos y otras entregas literarias con tu labor poética?


—Siempre he trabajado mucho en materia literaria. Escribo permanentemente; no sé si tiene suficiente valor lo que hago, pero el ejercicio de la escritura he tomado como una profesión, paralelamente a mis quehaceres profesionales cotidianos. Me he atrevido a investigar la historia de la cultura y la literatura paraguaya. Esto me interesó siempre. Haber terminado la carrera de Historia en la Facultad de Filosofía (hace muchos años) me sirvió de soporte para satisfacer mi curiosidad, mi interés profundo en la literatura paraguaya. Creo que varios escritores investigadores me hicieron valorar el trabajo investigativo: Hugo Rodríguez Alcalá, Francisco Pérez Maricevich, Roque Vallejos, Juan Manuel Marcos, Vicente Peiró Barco, Teresa Méndez Faith, y una pléyade de gente extranjera que hizo todo lo posible para conocer y difundir el producto literario del Paraguay. En cuanto a mi faena habitual, puedo decir que me dedico al periodismo cultural, publico y escribo abundantemente poesías. Asimismo, estoy rescatando personajes urbanos que me resultan atrayentes: son los que aparecen en mis libros de relatos La niña de sepia”, y el último que he publicado: Fantasmas peregrinos. Estimo que para este año voy a publicar dos novelas cortas totalmente terminadas: La lujuria de Maruja, y Varadero, el burdel de ña Candela. Igualmente, tengo en suspenso dos poemarios de igual envergadura. Trabajo incansablemente, y eso no me desagrada.

—La poesía o la prosa. ¿Cuál de ellas? ¿Por qué?


—La poesía, sin lugar a dudas, es lo máximo para mí. Las sensaciones que corren por mis venas siempre desembocan en el océano de la poesía. Sin embargo, creo que en mis trabajos narrativos la carga poética nunca está ausente.

—¿Has percibido un crecimiento estético en esa amplia gama de poetas que conforman el Taller Literario de la Unibe, que diriges?


—Indudablemente, hay poetas muy destacados, dos de ellos ya publicaron sus libros, son muy buenos autores. En cuanto a los demás, estoy seguro de que hay mucho talento en el taller. Con cuatro libros antológicos que dimos a conocer se puede medir con claridad todo lo que se ha alcanzado, el grado de madurez obtenido y, por sobre todo, la responsabilidad que los integrantes del Taller tienen con relación a la escritura.

Creo que se ha llegado a conformar con este grupo, que ya persiste hace cinco años, “La promoción 2010” de la literatura paraguaya, esto sin desmerecer a otros jóvenes que están escribiendo y publicando, ya sea a través de cenáculos literarios o individualmente.

—¿Cuáles son los escritores con los que hubieras querido sentarte a conversar sobre el mundo?


—Muchos, pero lastimosamente están muertos: Enrique Von Kleist, Goethe, Allen Ginsberg, Kerouac, Whitman, A. Machado, Rulfo, Cortázar, Borges. Conocedores del mundo y creadores admirables.

—A propósito del mundo, ¿qué opinión te merece?


—Deseo decir: Calderón, La vida es sueño, entonces, ¿no será sueño también el mundo? Por lo menos, la opción de fantasear sobre el mundo siempre tenemos los poetas. Vivir con intensidad las cosas del mundo, solidarizarse, pensar en la gente más necesitada, admirar a los que defienden sus ideales, actuar con sensibilidad y autenticidad son características humanas que tienen que ver con nuestros pasos por el mundo. En ese contexto, el mundo, castigado por tantas injusticias, es nuestro hogar, es la pintura que palpan nuestras retinas mientras aún existimos. Conste que el mundo de nuestros días tiene mucho que ver con aquello que dice el tango: “El mundo fue y será una porquería”.

—¿Cómo, crees tú, debe ser la tierra que abone la raíz de la poesía humana?


—La tierra abonada debe alimentar a sus hijos. La justicia social debe alcanzar a los desposeídos; las retóricas populistas no son el principal abono para construir y estoy seguro de que la mejor poesía se podrá construir solo en un mundo de dignidad humana. Se tendría que democratizar la palabra y que el libro llegue a todos. El ser humano merece respeto; es lo que está faltando en este mundo de fanfarronería global donde imperan caprichos imperialistas, carnicerías lamentables y atropellos descarados. La raíz de la poesía humana debe construirse con pilares de fraternidad y amor.

BREVE RESEÑA DE VICTORIO V. SUÁREZ: He aprendido mucho viajando por el mundo y, desde que comprendí que la lectura es un conducto para conocer y conocerme, realicé varios trabajos culturales. Dirigí el Suplemento Cultural del diario Noticias por algunos años, me gradué en Historia, formé talleres de lectura, produje materiales fonográficos donde se reproducen varias conversaciones con los máximos representantes de la literatura paraguaya, fundé en la Facultad de Filosofía, cuando estuve por allí, el Taller de Historia Alfredo Seiferheld; fui perseguido político y de la prisión stronista, que me mantuvo en cautiverio; saqué mi primer poemario en la memoria; actualmente dirijo (no sé hasta cuándo) el Taller de Literatura de la Universidad Iberoamericana, tengo una revista cultural denominada Arte y Cultura, que da espacio a escritores conocidos y no conocidos. Tengo nueve libros publicados, formo parte de la Dirección de Investigación de la Facultad de Filosofía, escribí numerosos prólogos y presenté con gusto obras de escritores paraguayos; enseñé por unos años en la carrera de Letras, en fin, hice y deseo seguir haciendo muchas cosas, pensando siempre generosamente en los jóvenes que comienzan a escribir y que mañana serán los portadores de la antorcha creativa nacional.

Segundo recuerdo

Allen Ginsberg,
un escueto y lacónico noticiero
anunció que un cáncer acabó con tu vida.

Allen Ginsberg,
debería llorar tu muerte
pero estoy contento
porque sé que en este momento
ya estarás al lado de Neal Cassady.

Allen Ginsberg,
abandonaste este mundo en brumas,
pero has dejado tu beso
en cada humano que pasea su soledad
por los parques sencillos de Nueva York.

Allen Ginsberg,
yo te extendí la mano
y acuñé por tantos años
tu aullido infinito.

Allen Ginsberg,
hasta este momento
no sé cómo sucedió
pero es mejor
saber de repente
que te apagaste en el firmamento
como un pájaro
o como el soplo de una boca
que simplemente se asfixia
en la inmensidad de la tarde.

Allen Ginsberg,
estoy seguro que Jack Kerouac
te estuvo esperando con una botella de licor.

Cuando ese genial borracho y juglar
nos dejó
tanto habías llorado
que nacieron flores de agua en tus ojos.

Allen Ginsberg,
al fin llevarás adelante
una excursión perfecta y celestial
hacia la morada rutilante de Walt Whitman.

También encontrarás al joven Rimbaud
o a Hemingway bailando
en una locomotora estelar.

Allen Ginsberg,
voz interminable
inmenso poeta como el resplandor del sol,
estoy contento
porque tu espíritu liberado
no estará solo en la otra orilla.

Tampoco tu polvo dormirá sobre ausencias
en esta tierra
donde sigue viviendo
la viva explosión de tu poesía.

Victorio Suárez
El autor agradece cualquier comentario: vvs544@yahoo.com.ar



Entrevista realizada por Delfina Acosta.

Ron y miel - El hombre gancho

28 de enero de 2011



El viento cuenta una historia
que hace temblar a las estrellas.
Es la historia de un viejo sol
que cambiaría su luz por ella.

Ella es la reina de su canción,
la amarga cruz de su cara,
ella es la luna y él el sol,
la noche y la madrugada.

Y me contaba el sol
que su luna traviesa,
le ha robado el corazón,
que respirar no le deja.

En sus sueños la imagino
como un soplo en las velas,
como un sorbo de ron y miel
pa´ su garganta seca.

Y me contaba el sol
que su luna traviesa,
le ha robado el corazón,
que respirar no le deja.

Coge mi mano y llévame,
que al otro lado te esperaré,
déjame seguir contigo, por favor.

Y su amor como ron y miel,
es un viaje sin vuelta,
es carnaval al amanecer
y por la noche tristeza.

Y me contaba el sol
que su luna traviesa,
le ha robado el corazón,
que respirar no le deja.

Coge mi mano y llévame,
que al otro lado te esperaré,
déjame seguir contigo, por favor.

Y me contaba el sol
que su luna traviesa,
le ha robado el corazón,
que respirar no le deja.
Coge mi mano y llévame,
que al otro lado te esperaré,
déjame seguir contigo, por favor.

El castaño - Javier Úbeda Ibáñez

26 de enero de 2011


Después de tres magníficas horas buscando setas en la Sierra de Gredos, decidimos parar y tomar un tentempié.

Nos sentamos a la vera de un hermosísimo castaño que, como un rey a las puertas de su palacio, nos acogió con su protocolo otoñal: hojas y más hojas caían de sus largas ramas, dejando un espacioso manto dorado que sirvió para sentarnos y protegernos del gélido suelo.

Yo recosté mi cuerpo en su mullido y grueso tronco de corteza agrisada. Me quedé dormido mientras mis amigos contaban historias legendarias de atardeceres mágicos.

La Despedida - Rossetti



El último acto
de esta gran farsa
toca a su fin.
Se apagan los focos
que iluminaban los sueños
y alguien pulsa
el interruptor de la realidad.
Los actores se despiden.
Sueltan sus invisibles manos
y se deshacen de su disfraz
bordado con absurdas
palabras de amor.
No hay aplausos.
Se hace el silencio.
Cae el telón.

¡A la horca! - Miguel Ángel Moreno

25 de enero de 2011


No hay perdón para el fementido,
No quedará un rincón de este mundo
donde su alma descanse. ¡A la hoguera!
Hoy has sido tú la víctima, mañana...
...será otra esperanza en teñirse de negro.

Acabarás en las cuevas de la soledad,
no habrá dolor en la faz de la tierra
que amortice tus fechorías. ¡A la horca!
El sanguinario busca su próxima presa
con la que saciar su cruel torpeza.

Vagará tu alma por los recodos del infierno,
arderán tus palabras y con ellas tus deseos
y sólo quedarán las cenizas de tus recuerdos.

El aire se lo llevará todo, todo… y todo
quedará reducido a la fragancia de sus besos.
Te atarán, te juzgarán y matarán, aunque
dejes tu mirada, enredada en sus cabellos.

Impacto - Alexander Vórtice

24 de enero de 2011


Ruge el caos entre las manos del sol.

Resurge el epitafio de las palabras
que no quisimos pronunciar.

El impacto es inminente:
se aproxima el día en que todo será nada,
y nada será lo único que gocemos.

Y ahora que sabes la verdad de la situación,
hazme el favor de pronunciar mi nombre
cuando el agudo padecimiento
llame a tu puerta.

Sólo tengo ojos para ti - Juan Luis Guerra y Pasión Vega

23 de enero de 2011



Sólo tengo ojos para ti,
no te das cuenta, no lo has notado.
Y te quiero más de lo que hoy puedo decir,
Sólo tengo ojos para ti.

Sólo busco el tiempo para ti,
vaya manía de estar a tu lado,
y lo eterno cabe, en tu minuto enamorado.
Sólo tengo ojos para ti.

Te veré como siempre en el rincón
donde guardo el corazón y tan sólo vives tú,
y aunque el mar pierda una orilla
y el comienzo su partida,
sólo tendré ojos para ti.

Sólo tengo ojos para ti,
no de das cuenta, no lo has notado.
Y te quiero más de lo que hoy puedo decir.
Sólo tengo ojos para ti.

Te veré como siempre en el rincón
donde guardo el corazón y tan sólo vives tú,
y aunque el mar pierda una orilla,
y el comienzo su partida,
sólo tendré ojos para ti.

Sólo tengo ojos para ti.
Sólo tengo ojos para ti.

En presencia del aire (2ª versión) - Javier Úbeda Ibáñez

22 de enero de 2011


Rodeo el sonido del aire
para darte un beso de jazmines y rocío.

Tú, ebria de olores y sensaciones,
me recoges en tus labios de noche y
me pides, silenciosa,
que beba de ti
pasiones y pétalos.

Quiero mudarme para siempre a tu boca,
aterciopelada y desnuda
e instalarme allí.

-Sí, quédate -me susurras.

Y sin dudarlo me entrego a ti,
con la sola presencia del aire.

¿Dónde estás? - Bunbury, Urrutia, Loquillo y Calamaro

21 de enero de 2011



Dicen que estás muerta
las calles desiertas del olvido,
nunca sabrán
que sigo el rastro de tu amor.
Sus amplias avenidas
le sierven de guarida a tu corazón,
nunca sabrán
que sigo el rastro de tu amor,
nunca sabran
que sigo el rastro de tu amor.

¿Dónde estás?
quiero verte
¿dónde estás?
¿dónde estás?
reina de mi soledad,
¿Cuándo vas a quererme?
¿Cuándo vas a despertar
del sueño de tu libertad?


¡Eh nena!
he pasado tanto
tanto tiempo buscandote.
Y la ciudad es tan grande
pero tu amor tan pequeño.

Los ángeles del cielo
prendados de tu pelo,
patrullan por la ciudad
nunca sabrán
que me partiste el corazón.

¿Dónde estás?
¿dónde duermes?
¿dónde estás?
¿dónde estás
princesa de mi soledad?

¿Cuándo vas
a quererme?
¿cuándo vas
a renunciar al sueño de tu libertad?
mostrando
dónde estás.

¿Dónde estás?
quiero verte
¿dónde estás?
¿dónde duermes?
¿dónde estás?
¿dónde estás?
quiero verte
¿dónde estás?
¿dónde estás?

Me gusta - Alexander Vórtice

20 de enero de 2011


Me gusta la ingenuidad de la sonrisa que sostiene condenas e infortunios. Me gusta el no tener que gustar de la manera que lo requieren los demás. Me encanta que las críticas sean insaciables e insultantes, ya que eso quiere decir que algo correcto sí llevo a cabo, pues así me lo aseveró hace años el filósofo Juan Vidal Fraga: “Si todos te aplauden preocúpate, será que algo estás haciendo mal”. Me gusta la lluvia que se precipita quedamente por mi rostro corroído por los gusanos de la doble moral. Me gusta el mar alocado donde los corazones palpitan disparatadamente, donde la posibilidad de encontrarnos con seres ilusorios es alta. Me gusta cuando “ella” me dice con voz melancólica: “Lo entiendo, no desesperes, espera que el viento sople a favor”; y sonrío como un perro sin correa, ya que por mucho que observo en mi interior, no logro comprender cómo pueden continuar desempeñando su función esas arterias que suministran sangre e impulsos a mis letras, al verso que anhela ser glorificado por la pasión de un amor tan ágil como entusiasta. Gusto de Confucio cuando murmura por las esquinas de las ajadas librerías: “Me preguntas por qué compro arroz y flores. Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir”. Y viviendo, la columna de humo se desvanece, el amplio horizonte se ve reflejado en la marisma de los ensueños que aún están por venir, las semanas son invenciones de siete, ocho o nueve días, el apretón de manos entre enemigos es el verdadero significado de la palabra “perdón”, la noche se enciende con fulgores de oro, incienso, pan, humanidad y mirra… Me hipnotiza ver los ojos inofensivos e íntegros de Martina, esos mismos ojos que le dan la vida y el frenesí al bueno de Nardo, que ha descubierto en el amor hacia su hija, el verdadero sentido de la vida. Me gusta la ceja caída del político ficticiamente lúcido que mintió, miente y, sin duda, continuará mintiendo en las próximas elecciones, probablemente prometiéndonos una vez más sustento para todos, crisis evaporada y/o pleno empleo (lo malo del poder es que engancha como un alfiler las ideas inadmisibles de unos cuantos incompetentes). Me gusta la pureza de lo que no es enteramente puro, pero que puede serlo. Me encantaría comenzar mi vida de nuevo, y cometer los mismos errores, o más, si cabe, porque de los errores voy aprendiendo, ya que soy todas las veces que erré y pedí perdón por ello. Me gusta que me mal juzguen, porque la mayoría no tiene ni idea de cómo soy o quién soy, dudo mucho, siquiera, que sepan quiénes son ellos. Me gusta el afecto poco hecho. Me gusta mirar de frente a la muerte, y luego invitarla a una copa de aire grumoso y cosmos recóndito.

Te quiero tanto, tanto - Javier Úbeda Ibáñez

19 de enero de 2011




En la lejanía y en la cercanía,
desde cualquier lugar,
viajo por el océano selvático de tus ojos,
me detengo en las tiernas montañas de tus labios
y acaricio tu cuerpo de sabrosas amapolas.

Junto a tu piel florecida de antojos
y el tacto sedoso de tus manos
me silba el alma.

Te quiero tanto, tantísimo que
me gustas despierta y dormida,
por la mañana, a media tarde y por la noche,
cuando en tu mirada se reflejan lunas o mieses.

He caminado a través de mil vidas hasta dar contigo.

Por fin,
te encontré.

Ahora,
quédate conmigo,
instálate en mis deseos.

Pa' donde miro... - Salvador Eduardo García

18 de enero de 2011


Pa' donde miro...

Y si miro hacia atrás...

Nada está escrito,
ni se ha perdido...

En medio del silencio,
sólo un poco de espacio y vacío...

En ese abrazo roto,
una voz de auxilio y un ápice de olvido...

En cada poro de las líneas que imagino,
historias todas de breve alivio...

En el nocturno desequilibrio,
hay pétalos de luz, casi sin brillo...

En el camino de un sueño a oscuras,
un sendero de mudos gritos...

En el pabilo de un desencanto,
la agudeza letal de un desatino...

Y si miro hacia atrás...

Nada hay de envuelto en líos,
agravios perfumados de aliento vivo...

Manos de amores y de amigos,
unos que ya se fueron, otros que aún tengo vivos...

El eco de un juramento perdido,
en todos los principios de un laberinto...

Pendiendo en mis recuerdos aún tengo el hilo,
una canción nocturna y un vaso de vino...

En las fronteras del abismo
duerme conmigo el amargo dolor de lo perdido...

Al borde de un lecho, de muerte herido,
huellas descalzas de la partida de un torbellino...

Y si miro hacia atrás...

En las gotas del agua, mojo de nuevo,
el cuerpo de tu cuerpo con el que vivo...

¡Amiga! - El Brujo de Letziaga

17 de enero de 2011


Amiga...
aprecia cómo nos perfuma la cálida brisa,
impregnándonos en la arena, embriagándonos en la playa,
acompañándonos en el abrazo profundo
ante la mirada celosa de la luna.



Amiga...
observa el parpadeo de esa estrella que nos mira,
que nos muestra el límite de la noche
poco antes de que la gente desperece,
mientras yo, recibo tu último beso de madrugada.



Amiga...
imagina ese mar que llevamos dentro,
átame por favor el alma al mástil de tu velero,
para que no zozobre en el vértigo
de los abismos de tu memoria.



Amiga...
enseguida será otra vez mañana;
del Alfa y el Omega de esta noche ante la luna,
de ellos, sólo la brisa conservará nuestro aroma,
serán tinta y papel en el ecuador de la aurora.



Amiga...
asoma el día y nos tenemos que despedir,
imagina las noches de luna que nos quedan por vivir
en la marea de nuestro mar, insaciable,
dónde navegaremos más allá del horizonte,
a contracorriente...amiga, a contracorriente.

Dueño de su lengua - Delfina Acosta

16 de enero de 2011


Trabajamos con las palabras, que son sonidos en el aire, hilos de sangre en la razón humana, y laboriosas hormigas trajinando sobre un espacio; ellas adquieren la frondosidad del enjambre de las abejas cuando está por llover y las nubes comienzan a lucir relámpagos en el firmamento.

Cuántas equivocaciones cometemos los periodistas, en nuestro apuro, y luego alguien, el más inesperado de los lectores, nos las hace saber.

Pero de equívocos y de aciertos está hecha, sin duda, la palabra.

Cuando la palabra quiere reunir en torno suyo a los hombres y hacerse motivo de sus sentimientos, un soplo que viene de no sé qué costilla divina toca la mente humana y las letras acumulan montañas de rebelión contra los corruptos que usurpan los derechos de los pobres.

La palabra suena ausente en la boca de los infelices que hablan por hablar, sin tener conocimiento del grado de pobreza y de marginación de la gente, a la que nombra vanamente. ¡Ah!..., esa palabra no debió haber nacido nunca porque no sirve, sino para tener en más desprecio a quien la pronuncia.

Hay frases idiotas, inútiles, que toman un principio de omnipotencia y llamado al orden en las expresiones de quien pretende poner claridad y dominio de las circunstancias en un conflicto determinado. Toda la oscuridad viene en un tren ruidoso en la expresión del soberbio que, rascándose la barbilla empieza a decir: “Yo opino...”.

Ocurre. Suele haber maestros de la palabra, que conocen la realidad, los nervios, los pulmones, y el corazón de la realidad profunda y desnuda, y sobre ella trazan los mejores argumentos humanos. Nunca puede haber luz más útil para el prójimo que aquella que ilumina los pabilos de la inteligencia colectiva, deseosa de encenderse.

El Gobierno hace bien en temer a quienes dan en el corazón de la verdad, pues a la luz de sus palabras, el pueblo puede ver sus ilícitos y señalar a los gobernantes descalificados y enviarlos a la cárcel.

No sé quienes son los periodistas que intentan hacerse eco de los dolores y de las quejas del pueblo.

Sí sé que a muchos nos mueve la necesidad imperiosa de mejorar un poco el mundo, de levantar las causas perdidas, de apuntar con el dedo índice el foco de la infección social, y esto es mucho, y quizás nos sobrepasa, pero hemos decidido ser periodistas, y aquí estamos, con nuestras ganas de hacer bien las cosas, aunque a veces pagamos un precio muy alto, pues, ¡ay!, ironía de las ironías, las personas nos suelen tratar mal.

La palabra tiene un deber.

No puede ser anodina.

No tiene que caer en la petulancia.

No debe venderse.

No debe tenerse por mucha por quien la escribió, pues siempre hay algo que puede añadirse y un pelo que pueda corregirse para que le sea más llevadera su misión.

Hay un sentimiento claro, abierto, conocido, de respeto hacia la persona que se esfuerza en publicar esa palabra que ha venido a hacer lo suyo: echar luz donde todos tropiezan.

Me parece que estar al servicio de la palabra es un apostolado.

Infelices son quienes lo deshonran.

Dueños de su lengua son aquellos que la dicen sin temor y ayudan a hacer conocer sus derechos a quienes la ignorancia los tiene en una esquina.

Soy un volcán - Manuela González Aguilera



Soy un volcán en la montaña.
Llegando al centro de la tierra
para salir de las entrañas.

Necesito gritar como el volcán.
He despertado a la vida.
La sangre corre como lava.

Necesito salir fuera
a calentar otras almas,
donde hay nieve.
En lo más alto de la montaña.

Caminaré, llevando este río de lava
hasta gastarme las entrañas y
junto a mí, estarás Tú, con tu calor
fundiendo las campanas.

La muerte del poeta - Alfredo Farias Álvarez

15 de enero de 2011


(con epitafio)
.

En este luminoso día se han cerrado
la puerta que conduce a mi pasado,
también la que me llevaría al futuro,
mi presente durará sólo un suspiro inseguro.

.
Suspiro que se ahoga en mi garganta
mi vida ya no quiere más, ya se planta,
los que en esta vida me quieren me rodean,
mis pupilas ya sin brillo el cielo otean.

.
Están todos llorando y no han de oírme
mejor harían empezar a despedirme,
la muerte tras un árbol, sólo se ríe ella,
aún quiero aferrarme a la poesía bella.

.
Las luces de mi vida ya se apagan
las sombras, sobre mi cuerpo se propagan,
y a pesar que mi caminar fue fecundo,
no supe descifrar mi paso por el mundo.

.
“La pluma y la tinta de mi inspiración
ya son cosas vanas... descansa mi libreta,
en la postrera página solo quedó un manchón
de tinta sangre….. en la muerte del poeta.”

La Gran Luna de Oro - El Brujo de Letziaga

14 de enero de 2011


Escribo versos de fragancias
en los corazones de las rosas
dulces bálsamos,
que se derraman sobre mi alma
haciéndome perfume y llama,
así paso a ser el que te ama,
un corazón que arde,
el que te besa tus ojos
el que roza tus labios
el que se duerme en tu boca
cogiendo tus rosas y más rosas, muchas rosas,
en el ocaso de la tarde,
en la luna de la noche,
muchas tardes y muchas noches, las rosas,
y la luna, la gran luna de oro,
colores, olores, formas y esencias,
somos ascuas encendidas,
fundiéndose nuestros fuegos
en ansias de ensueños
y los aromas de muchas rosas.

¿Los muertos; descansan en paz? - Luis A. Ismael Muro Mesones

13 de enero de 2011


Estoy solo; en una eternidad por demostrarme que tengo biografía. Los mayores conocedores o ancianos de los pueblos, dicen que alguna vez las personas van alcanzar estar solas; igual a los bebes cuando no nacen todavía. Solos una vez en la existencia.
Estoy realmente solo. La verdad es que no recuerdo casi nada. Tan repentino como un sueño que nos invade la conciencia; o como un ocaso en el horizonte.
Y al cavilar concibo que me rasco la cabeza. Tal vez al hacerlo inconscientemente, trato en mis movimientos de encontrar días pegados en mi inconsciencia; pero no hay nada… ¡Nada! Ni un único recuerdo. O todos los recuerdos juntos y confusos, que como una burbuja de jabón se revienta, volviéndose vacío. O como un diario de vida en el que se escribe la intimidad; y vienen unas manos ajenas e insensatas y rompen las hojas.
La verdad es que el microbús se accidentó en la eternidad de una pista lejana. Tan llena de kilómetros perdidos. Y al final regreso, de vuelta a la nada; al vacío, que se reafirma sin cesar.
Únicamente yo, en mi afán por encontrar un ruido o un gemido. Es raro el encontrarme así:”tan presente y desorientado”.
No sé lo que me está sucediendo; puede ser un mal sueño o una pesadilla. Presiento que aquí en éste sitio hay miles de seres que me miran; sin poder ver sus rostros. Será que se me están desintegrando mis sentidos. No comprendo lo que me pasa.
Me pregunto: ¿en qué pesaba el en el fatídico viaje?, puede que en infinidad de cosas, o quizás en el frío de la noche; o en presente de la pista de asfalto. O ya recogiendo mis pasos de ésta vida. O ya uniéndome a los miles de seres de toda mi existencia, de todas mis reencarnaciones pasadas, que no alcanzó a ver; y que presiento que ellos me miran y me persiguen. La realidad es que regreso al presente, sin algo de distracción.
Siempre regreso al principio; todo abandonado, solito. Ni un susurro, ni un raspar de hoja seca que el viento de otoño siempre los lleva. Ni el invierno cobijado por mi saco en mi cuerpo frío. Ni el tenue calor de un verano seco. ¡¿Qué me estará pasando?!
Tal vez pienso: en lo caro del pasaje, por destruir una vida; o en el sencillo del vuelto que en mis manos ahora se desgasta. Algo sucede cuando el silencio habla: no hay ruido, ni el vuelo lento callado de la nictálope lechuza; un sentimiento profundo de sumergirse en la nada. A ratos me parece escuchar el lánguido llanto de un doliente… ¿será mi pensamiento, que en mi cabeza no hace bulla; o la inquietud de algún viento vago que pasa?
Pero se me recalca esto: ya no puedo recordar el pasado…solamente sé que se dio cuando viajaba, que era invierno…que estaba solo… que los mayores dicen… que sé que la soledad viene acompañada de desgracias. Algo me indica que fue un accidente, que no sentí ningún dolor.
¿Y será algún responso que el viento me alcanza, como sollozos de una madre que en su corazón no acepta lo sucedido?...es la muerte.
A la muerte siempre la representen con guadaña sostenida en sus manos, así dicen que es; nadie hasta ahora la ha visto. Pero los mayores dicen que es así: de puro huesos su cuerpo, vestido de negro u oscuro como todo lo malo. Ha de ser pura superstición, o un mito lejano y perdido para algunos.
Me repito, ¿por qué no puedo acordarme como cualquier cristiano sano; lo que he transitado en mi vida? Aunque sean los ojos tristes de una mirada. ¡Tanto es mi amnesia!, no ver ni un punto de mi vida; ni un tic tac de mi pasado.
De hecho, no hubo timón en el microbús; seguro que fue la guadaña…el chofer estaba ebrio…fui irresponsable en subirme, por el apuro…y todo el ambiente estaba pesado, como si estuviera ya de luto…y no hubo luna.
No se oye ni un ladrar de perro callejero, ni el canto de un ave lejana, no hay ni una sola nube blanca que se deslice en la negrura del cielo oscuro. Me pregunto: ¿A dónde se han ido las estrellas? ¡¿Dónde estaré?! . En el micro, el cementerio, o el ataúd; ¿qué estará pasando?, ¿qué será?, ¿por qué este sitio? ¿Por qué la terquedad de estar aquí?...será que mi cuerpo me ata.
Y a ratos me parece, que me cayeran como lluvia las lágrimas, las oraciones, los padres nuestros, las aves marías, la garúa, el dolor, el palpitar de alguien; ha de ser el viento, pienso. Como que de repente hace frío y da miedo; la soledad. La vasta soledad, como el microbús en la carretera, cuando viajaba para mi casa. ¡¿Por qué no llegué a mi destino?!
Sé que era algo, más que algo era alguien; que me imagino que me rasco la cabeza para saber que tengo vida. Y esta vastedad de nuevo, sin cosas, ni un ruido, ni un eco; aunque sea una hormiga. Nada de nada. Se que fue ahí, en la carretera; donde se deformó mi vida, donde cambié mi destino. En el microbús, cuando viajaba, cuando venía, cuando era de noche…cuando no apareció la luna.
Ahora que se me ha parado el reloj y se me ha modificado para siempre el tiempo. Es extraño sentirme así como ahora me siento; algo carne algo tierra o polvo como dice la biblia. Con sentimiento; con corazón, sin latido. Con pensamientos confundidos, sin memoria, sin nombre. Tal vez sea polvo o arena; o tal vez ni eso sea. Y por qué este sitio, y estas cruces, y estas flores secas. ¿Por qué estos jardines tristes?, como las tardes solitarias. Hace frío, y la pista se me ha vuelto eterna; ¿por qué he de penar en este infinito de asfalto?. Los mayores dicen que hay que echar rezos, agua bendita; y poner cruces, donde han sucedido desgracias.
Los rezos, los rosarios, los miles de seres que me miran. El profundo dolor de alguien; que a veces me llega. Una vela nueva que se prende. Las estaciones completas que se van. Los años. Todo a ratos es un ulular o también a veces el viento que susurra…puede que este muerto; me digo.

Química - Gaznápiro

12 de enero de 2011


Química
de transeúnte
por la cebolla
metálica,
además
de un hipo
de hachís
encendido
con el traje
de un lagarto.
Contra
el relincho
de la pared
de carne,
un áspid enmotado
espía
los otros
espejos.
Bazar
de esquirlas
en el que
la indecorosa
médula del dolor
vende
mi tóxica funda
de cinabrio
por un litro
de titanio.

Un día cualquiera - Javier Úbeda Ibáñez

11 de enero de 2011


Mamá, sé que me escuchas pero que no me puedes entender.

Mamá, necesito hablar contigo y expresarte lo que siento. No quiero que la desidia por la falta de palabras me rompa.

Mis pensamientos se aturullan, van y vienen, se detienen, sienten nostalgia de tu voz.

Mamá, añoro conversar contigo. Sé que ahora es imposible; tu enfermedad te impide hablar. Ahora estás a merced de ella, y ya no puedes decidir por ti misma.

Aunque no comprendas nada de lo que te diga, para mí tu sola presencia es más que suficiente. Estoy muy contento de que puedas estar todavía a mi lado. Me haces mucha falta, mamá.

Han habido tantos cambios en tan poco tiempo que, a veces, me cuesta acostumbrarme, ubicarme en esta nueva situación.

Pasé de tener largas conversaciones contigo a tener que lavarte, darte la comida, acostarte y levantarte, con el acoso del silencio como fondo. De darnos abrazos y besos sentidos a la nada por tu parte.

Sigues siendo tú, la que siempre me ayudó, la que me apoyó con alegría. Tú, mi madre, que ya no puede hablar, reconocerme, sonreír; pero eres mi madre, mi querida madre.

Tu enfermedad se ha apoderado de tu memoria y te ha dejado sin recuerdos, y en esos recuerdos habitaba yo, el papá, nuestra vida. ¿Dónde ir a recuperarla? ¿Cómo hacer para no mirar atrás? ¿Dónde buscar para rescatarte? Tú has olvidado, pero nosotros tenemos el péndulo del tiempo dándonos en la frente; no nos deja olvidar. No tienes ya recuerdos, pero el mío te sostiene; tú estás aquí, y sigues siendo presente.

Me gusta observarte mientras pareces mirar al vacío, hay en ti un halo de misterio. Me pregunto si piensas en algo.

Es duro verte convertida en una sombra de lo que eras.

Ya no sabes quién soy, pero yo, mamá, te quiero y sé que tú también me quieres. Hay sentimientos que ni el más demoledor de los padecimientos puede apagar.

Tu enfermedad ha detenido tu tiempo, pero éste no deja de correr, tanto que ya han pasado cinco largos años desde que te diagnosticaron Parkinsismo. En principio nos sonó a Parkinson, pero el médico nos explicó las diferencias y el modus operandi de tu dolencia degenerativa celular que afecta a las facultades que rigen tu cerebro. Fue un mazazo escuchar lo que haría la enfermedad contigo y que no había medicación posible que la pudiera detener, ni tan siquiera apaciguar. Sólo quedaba esperar. A partir de ese preciso instante, sin que tú lo supieras, papá y yo vivíamos pendientes de cualquier minúsculo cambio que se pudiera producir en ti.

Desconocíamos que la bestia negra de tu enfermedad permanecía al acecho, esperando la ocasión propicia para instalarse y apropiarse de tu existencia. La encontró aquel día que te caíste en el comedor. Ya no podrías volver a caminar, ni podrías valerte por ti misma. Ese golpe fue el detonante; un golpe anunciando dos caídas.

Dos meses después, y desde tu silla de ruedas, dejaste de sonreír. Así, de repente, sin avisar, la sonrisa desapareció de tu rostro sereno, pero aun sin sonrisa seguías siendo tú.

Mamá, tu enfermedad podrá quitarte la sonrisa, los recuerdos, pero nada ni nadie -mientras vivas- podrá arrebatarnos tu presencia.

Papá se encargó de ti, sólo él parecía comprender todos tus silencios, cada una de tus miradas vacías. Nunca hubo un reproche por su parte, todo lo contrario; tú eras lo primero, lo segundo y lo tercero para él. A su lado parecías sentirte reconfortada, acompañada y protegida.

Papá te cuidaba con esmero. Se embelesaba mirándote, la vista se le perdía con cualquier pequeño gesto que hicieras.

Papá se reconocía en cada surco de tus arrugas y te entendía aunque no hablaras. Él buscaba en tus ojos inexpresivos la sonrisa que tu rostro ya no podía dibujar.

Tu dolencia había arrancado de cuajo, de manera despiadada, tu personalidad, tu carácter, pero para papá seguías siendo su compañera, su mujer durante más de cincuenta años, su amante, su principio y su final. Con memoria o sin ella, eras el amor de su vida, y eso él no lo podía olvidar.

Vuestra historia de amor era única, y papá lo demostró hasta el último segundo de su partida, y tú, cuando él nos dejó. Su ausencia te quitó, definitivamente, las palabras. Te dejó marchita, a oscuras, como si te hubieran apagado desde dentro de tus mismas entrañas con un brusco clic. La muerte de papá apagó tu última luz. Nunca olvidaré cómo cuidó de ti, cómo te acariciaba la cara sin esperar ninguna respuesta, era la viva imagen del amor incondicional en movimiento.

Su máxima preocupación antes de morir fuiste tú, qué iba a pasar contigo; y me hizo prometer que cuidaría de ti.

Su muerte supuso un duro revés para todos nosotros, pero a pesar del dolor que sentíamos, teníamos que organizarnos para seguir cuidando de ti tan bien como lo había hecho él.

Papá y tú vivíais con tu hermano Teodoro, soltero y jubilado, y yo con mi mujer Patricia y mi hija Sofía. Teodoro, tu hermano, abrumado y apenado, me confesó que se sentía incapaz de encargarse a solas de ti; le aterraba tanta soledad.

Te adoraba, pero el silencio lo tenía acobardado.

Yo hablé con mi familia y decidimos que me iría a vivir a tu casa, contigo y con Teodoro, para cuidar mejor de ti. No me importó dejar aparcada mi vida con tal de que tú estuvieras atendida como te merecías. Pasé a ocupar el lugar de papá, e intenté atenderte con la misma dedicación que él.

Cada mañana, antes de irme a trabajar, me aseguraba una y otra vez de que estuvieras perfectamente. Cuando regresaba, estaba ansioso por ver cómo te encontrabas. Por las tardes veía a mi mujer y a mi hija un par de horas, mientras aprovechaba para hacer la compra. Ellas dos me ayudaron muchísimo; su apoyo fue fundamental para mí.

Por las noches apenas podía dormir, y ni el cansancio podía conmigo. Me preocupaba que necesitaras algo y no adivinarlo. Tú sin palabras y yo con tantas. Llegó un momento en que el estrés casi consigue abrumarme, pero el amor que sentía por ti era más fuerte y no dejé que lo consiguiera. Lo que sí consiguió fue hacerme reflexionar: contraté una señora para que me ayudara cuatro horas al día.

Mamá, no lo sabes, pero en este ir y venir, un día cualquiera, y al año de estar cuidando de ti, mi mujer Patricia y yo tuvimos un accidente de tráfico. Me fracturé los brazos y una pierna. Tuve que estar ingresado una temporada y hacer rehabilitación otra. Por ese motivo no pude estar contigo, y me pesó; me pesó no verte, acariciarte, hablarte. No dejé de pensarte. Me esforcé infinito con la rehabilitación para poder regresar a mi vida, e ir a verte cuanto antes. Conmigo hospitalizado, Teodoro, tu hermano, dejó aparcado su miedo a la soledad en la cuneta de los olvidos y se encargó de ti.

Mamá, después de meses de durísima rehabilitación, por fin, he podido recuperar mi vida, y, afortunadamente, en ella sigues estando tú, sin sonrisa, sin recuerdos, sin memoria, pero tú, la más adorable y buena de las madres.

Quiero agradecerte con cada pequeño y gran detalle lo importante que has sido siempre para mí, y así, devolverte con creces, todo lo que has hecho desde que nací para que mi vida fuera la de una persona feliz. Tú me ayudaste a ser como soy: gracias.

Mamá, sé que no me puedes entender pero que me puedes escuchar: te quiero, mamá.

Patio - Martín Monreal

10 de enero de 2011


Vine solo a buscarte. No estás en casa, pero alguien
que desconozco y conoce mi nombre me dejó pasar.
Dijo que no tardarías. Después calló y sonriendo
se deshizo en los cuartos de luz — sombra sin rostro,
sombra apresurada hacia sus cosas.
Ya no lo veo.

Pasé por las habitaciones

(tu cama está apenas deshecha —tu cuerpo
es liviano y la forma de las sábanas se
y le parece. El frasco donde guardabas piedras
en verano no está más. Ahora hay otro,
lleno de estampillas y postales)

me senté a esperarte en la sala junto al patio.

La suave luz del día llena el aire.
El hielo se derrite. Un hilo de agua
brilla sobre el muro tibio,
entre la hiedra.

En el suelo, algunas islas de nieve
duran todavía, calmas lámparas diurnas
disolviéndose en miles de ríos
invisibles y constantes.

Ya hay brotes nuevos entre el pasto seco.
A través de su corteza transparente
avanza el día
poco a poco.

Los años pasaron para ambos. No hay reproches.
La juventud fue rápida y corta, aunque cuánto más
sabemos de las cosas, no puedo decirte — salvo
que se hace más difícil encontrarnos.

Un ruido de motores hace vibrar los vidrios
y desaparece.

El viento mueve los cables eléctricos.

En la pared el reloj adelanta una hora exactamente.
Sólo quitándole atención al resto podrías distinguir
su diminuto rugido. El tiempo es pesado de a ratos,
de a ratos liviano como
un tramado

de

sombras.

De "Anatomía del Tiempo" de Martín Monreal

Solamente tú - Pablo Alborán

9 de enero de 2011



Regálame tu risa,
enséñame a soñar,
con solo una caricia
me pierdo en este mar.

Regálame tu estrella,
la que ilumina esta noche,
llena de paz y de armonía,
y te entregaré mi vida.

Haces que mi cielo
vuelva a tener ese azul,
pintas de colores
mis mañanas solo tú
navego entre las olas de tu voz
y tú, y tú, y tú, y solamente tú
haces que mi alma se despierte con tu luz
tú, y tú, y tú..

Enseña tus heridas y así la curará,
que sepa el mundo entero
que tu voz guarda un secreto.
No menciones tu nombre que en el firmamento
se mueren de celos
tus ojos son destellos
tu garganta es un misterio.

Haces que mi cielo
vuelva a tener ese azul,
pintas de colores
mis mañanas solo tú
navego entre las olas de tu voz
y tú, y tú, y tú, y solamente tú
haces que mi alma se despierte con tu luz
tú, y tú, y tú..
y tú, y tú, y tú, y solamente tú
haces que mi alma se despierte con tu luz
tú, y tú, y tú...

No menciones tu nombre que en el firmamento
se mueren de celos
tus ojos son destellos
tu garganta es un misterio

Haces que mi cielo
vuelva a tener ese azul,
pintas de colores
mis mañanas solo tú
navego entre las olas de tu voz
y tú, y tú, y tú, y solamente tú
haces que mi alma se despierte con tu luz
y tú, y tú, y tú..

y tú, y tú, y tú, y solamente tú
haces que mi alma se despierte con tu luz
y tú, y tú, y tú...

El tiempo vuela - Javier Úbeda Ibáñez

8 de enero de 2011


Solamente tengo una manía: soy muy puntual, por eso cuando escuché que una agradable voz femenina decía por megafonía:

-El tren con destino a Pamplona lleva tres horas de retraso. No se colocará en el andén 7 hasta las diez y media de la noche. Disculpen las molestias.

Me puse nervioso y, durante unos minutos, me subí y me bajé mentalmente por las paredes. Exhausto por la celeridad de las subidas y de las bajadas, me puse a dar vueltas por la estación, mientras mi mente pensaba a una velocidad de vértigo. Pensaba y daba vueltas. Saqué el móvil. Tenía que avisar a mi amigo Paco:

-Paco, el tren viene con retraso. No sé a la hora que llegaré. Lo siento.

-¡¡Tenemos la cena de los jinetes a las nueve, como todos los años!!

-No puedo hacer nada. Llegaré tarde.

-Suena extraño escucharte decir “Llegaré tarde”, a ti, que el mismísimo reloj te pide la hora.

-No me lo recuerdes, pero no depende de mí. Te llamo en cuanto llegue.

-De todas formas, tú intenta estar tranquilo. Conociéndote, ya habrás dado más vueltas que una peonza.

-Acertaste, como siempre. Se nota que me conoces bien. Adiós, Paco.

-Adiós, Alberto.

No estaba acostumbrado a llegar tarde. No sabía qué hacer con ese tiempo de espera. No tenía concentración suficiente para leer, ni cuerpo para escuchar música. Estaba cansado de pensar, y no se me ocurría qué hacer.

Me senté en un banco de la estación, en el único que parecía libre. Hace tiempo que no me dedico a observar mi entorno, pensé. Me puse cómodo, y lancé una amplia mirada a la estación, que estaba abarrotada. Impactaban unas monumentales esculturas de hierro que colgaban del techo.

La estación tenía más de doscientos años y, a pesar de aparentar muchos menos, mantenía con recto temple su aire señorial.

Estaba dividida en dos partes: una estaba dedicada a los trenes de cercanías, y la otra, a los de largo recorrido. Todos los andenes estaban separados por amplios pasillos, que adornaban sus suelos con llamativas cerámicas.

Un expresivo y antiguo reloj presidía la estación. A sus lados, unas coloridas vidrieras contribuían a remarcar el ambiente distinguido del guardián del tiempo.

La puerta principal se asemejaba a la famosísima Puerta de Alcalá, pues como ésta tenía un arco central de medio punto y dos arcos laterales, adintelados, más pequeños.

La estación ofrecía un ambiente de contrastes. De no ser por los trenes podría pasar por un moderno y minimalista centro comercial.

EL banco en el que estaba sentado era de acero y con el asiento de madera, sorprendentemente era bastante cómodo. Me incorporé para ver si había algo más que madera.

La voz agradable de la megafonía volvió a dejarse oír:

-El tren con destino a Pamplona acaba de entrar en el andén 7. Buenas noches.
Eufórico, me dirigí hacia el andén 7. Antes de subirme al tren, me fijé en una inscripción escrita en latín y traducida al español, que estaba justo debajo del majestuoso reloj:
“Aequam memento rebus in arduis servare mentem. Tempus fugit” (“Acuérdate de conservar la mente serena en los momentos difíciles. El tiempo vuela”).

Quiero querer, dejar veneno - Alexander Vórtice

7 de enero de 2011



a Jesús Iglesias

Cuando era niño
era duro el collar adulto;
cuando me levanté del suelo
y susurré: “mundo infecto”,
me fui tan lejos que mi voz era bostezo
dejando la cordura al lado de la sensatez,
del encadenamiento que no deseé.

Hoy quiero querer dejar
cosas olvidadas en la valija
del sosiego:
aquel veneno que mató mis venas.
o aquella guitarra afónica
de desamor
y llena de enojos
norteños.

En los sueños - Jorge Rojas Contreras

5 de enero de 2011


Ansias de luchar
sin ánimo de combatir
veo mi vida partir
yo me quedo solo, la dejo ir.

Tan cerca de llegar al sol
muero en la garras de su calor
y caigo desde las estrellas hasta mi lecho
con mi corazón desgarrado y muerto de dolor.

Este laberinto de voces que es mi alma
se escapa de mi vida, ¿me quedo en el alba?
y si en la noche cuando duermo, vienes hasta acá
en el engaño de los sueños me quiero quedar.

El destierro - Miguel Ángel Moreno

4 de enero de 2011


Callan las palabras temblorosas
y hablan los versos cuando
mis labios a tus labios se acercan.
Arrópate con estas estrofas si tienes frío.

Que mi saliva salta al vacío de mi interior
con tan sólo pronunciar tu nombre.
Sueñan mis manos acariciar tu rostro,
ya suenan los tambores en mi lejano corazón.

¡Poesía varada en la orilla de tus mejillas!

No fui yo, ha sido mi destino quien
me ha desterrado a vivir en tu mirada.
Y que no llore tu soledad cuando los
secuaces del Divino vengan a apresarme.

Y en mi destierro volarán mis sentidos,
por agua, por tierra, por aire o por fuego,
sin descanso, ¡he de mirarte una vez más!

¡Poesía varada en la orilla de tus mejillas!



El Camino - Javier Úbeda Ibáñez

3 de enero de 2011


Autor: Miguel Delibes
Editorial: Destino
Género: Narrativa española contemporánea
Fotografía de cubierta: Paul Cézanne “Zanja de la montaña Santa Victoria”
Depósito legal: M. 15.508-2010
ISBN: 978-84-233-3633-3
Páginas: 199
Importe: 16 euros
Quinta impresión en este formato: Abril 2010







Miguel Delibes (Valladolid, 1920-2010) es uno de los autores más relevantes de la literatura española contemporánea, se dio a conocer como novelista con La sombra del ciprés es alargada con la que ganó el premio Nadal en 1947. Entre su vasta obra figuran títulos conocidos por todos como Mi idolatrado hijo Sisí, El Camino, Las Ratas, Cinco horas con Mario, Las guerras de nuestros antepasados, Los santos inocentes, Señora de rojo sobre fondo gris o El hereje.

Algunas de estas obras han sido adaptadas al cine o al teatro con mucho éxito y están en la mente de todos nosotros, como es el caso de Cinco horas con Mario, cuya versión teatral en 1979 fue protagonizada por la actriz vallisoletana Lola Herrera o Los santos inocentes cuya adaptación cinematográfica corrió a cargo de Mario Camús y por la que recibieron los actores de la película, Alfredo Landa y Francisco Rabal, el premio a la interpretación en el Festival de Cannes. De la novela El Camino también tenemos una película, de hecho, fue la primera de sus obras que se llevó al cine, lo hizo Ana Mariscal en 1964, y aparte también se rodaron para televisión una serie de cinco episodios dirigidos por Josefina Molina que fueron emitidos en Televisión Española en 1978. Otras adaptaciones al cine de algunas de sus mejores novelas fueron: Retrato de familia (adaptación de Mi idolatrado hijo Sisí), 1976; La guerra de papá (adaptación de El príncipe destronado) en 1977; El disputado voto del señor Cayo en 1986; El tesoro en 1988; La sombra del ciprés es alargada, en 1990; Las ratas en 1996 y Una pareja perfecta (adaptación de Diario de un jubilado) en 1998.

Delibes ha recibido los más prestigiosos galardones como lo demuestra la siguiente enumeración: el Premio Nacional de Literatura (1955), el Premio de la Crítica (1962), el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, ex aequo con Gonzalo Torrente Ballester (1982), el Premio Nacional de las Letras (1991) y el Premio Cervantes de Literatura (1993). En el año 1973 fue nombrado miembro de la Real Academia Española ocupando el sillón “e” minúscula.

Otros reconocimientos que podríamos mencionar son los siguientes: en 1983 fue investido Doctor honoris causa por la Universidad de Valladolid y en 1984, justo un año más tarde, la Junta de Castilla y León le concedió el Premio de las Letras. Y en 1987 también fue investido Doctor honoris causa, pero esta vez por la Universidad Complutense de Madrid. Y su última gran novela, El hereje, que es todo un homenaje a Valladolid, se publicó en 1998, recibiendo por ella el Premio Nacional de Narrativa y este alegato a favor de la conciencia está considerado hoy en día como la más ambiciosa de sus novelas e incluso su obra cumbre.

El Camino es su tercera novela. Se publicó en 1950 y supuso su consagración definitiva como escritor. Asistimos a un libro iniciático (o de iniciación a la vida), en el que vemos cómo un niño va dejando atrás la infancia y se despide así de una etapa cuyo encanto y fascinación acabamos comprendiendo quizá cuando ya es demasiado tarde y se nos ha escapado entre los dedos. Y también es un libro iniciático en el sentido de que el protagonista tiene que dejar su pueblo, un mundo conocido, para enfrentarse al mundo desconocido de la ciudad donde tendrá que empezar, prácticamente, de cero.

Uno de los grandes hallazgos de este libro es la consecución de un estilo narrativo fresco y directo que podemos apreciar sobre todo en los diálogos entre los niños combinado de forma inteligente con otro estilo un poco más depurado que es el que predomina en las descripciones dotándolas de un fino lirismo y humor exentos de grandilocuencias. Una forma de escribir, en general, que apuesta por la sencillez, la naturalidad y la autenticidad tanto en la forma (lenguaje sencillo) como en el contenido (una historia cotidiana), todo esto le confiere un ritmo ágil a toda la novela y la convierte por ende en una obra muy amena y fácil de leer.

Además, el cultivo del lenguaje coloquial se ajusta bien al discurso y devenir cotidiano del pueblo. Y consideramos que la descripción es otra gran baza de esta obra, con un enfoque realista y un tono elegiaco nos muestra la vida austera y muchas veces mísera de las gentes de Castilla en los años de la posguerra, y es que también hay algo de novela social, de realismo social y de crítica al retratar tan bien y claramente a la sociedad de la posguerra como volverá a hacer más tarde en otras de sus muchas novelas o como harán también otros grandes maestros contemporáneos, por ejemplo, Camilo José Cela en La Colmena.

El protagonista principal de toda esta historia es Daniel, el Mochuelo, hijo de los queseros del pueblo. Un niño inteligente y sensible al que han apodado, el Mochuelo, porque posee unos ojos verdes grandes y redondos, y siempre está con la mirada muy atenta observándolo todo como con miedo, y dado que Daniel es un poco tímido y callado se siente muy a gusto rodeado de sus inseparables amigos: Roque, el Moñigo y Germán, el Tiñoso, que son los otros indudables protagonistas de esta historia. Porque Roque al contrario que Daniel es valiente y posee un carácter fuerte y físicamente es alto y corpulento mientras que Daniel en este último aspecto es más bien normalito. Germán, en cambio será el más debilucho de los tres, cojea, tiene calvas, de ahí le viene el mote de “el Tiñoso”, puesto que como le encantaba jugar con los pájaros dicen que estos le pegaron las calvas, no obstante, por lo demás es un muchacho inteligente y perseverante. Con ellos descubriremos que Delibes es todo un creador de personajes, y después de leer esta emotiva narración tampoco podremos olvidar al resto de personajes que acompañan a Daniel en su camino, nunca mejor dicho, y que el autor logra dibujar a la perfección ahondando con pinceladas vívidas y certeras en sus caracteres, nos referimos, entre otros, a: Don Moisés (el maestro); Las hermanas Irene y Lola, conocidas como las Gindillas (las tenderas del pueblo); Paco, el Herrero; Quino, El Manco (el tabernero)…

Respecto al espacio, toda la acción transcurre en un pueblo de la meseta castellana, por lo que conoceremos bien la iglesia de don José; la escuela de don Moisés; la taberna del Manco; el huerto de Lucas, el Mutilado, donde robarán unas manzanas los niños en una de sus correrías, la poza del Inglés, donde los niños acostumbraban a bañarse y matar culebras; precisamente, justo al final del libro, Germán, el Tiñoso, pondrá una nota amarga al resbalar en este juego y desnucarse, falleciendo poco antes de la partida de Daniel y provocando con ello que la marcha de Daniel se haga aún más difícil. Y, respecto al tiempo, la narración abarca toda una noche, por ello será el pasado el tiempo verbal que domine en todo momento. Y el punto de vista adoptado será uno de los que más juego da: la tercera persona, bien Daniel o bien un narrador omnisciente serán los encargados de contárnoslo todo.

Por otra parte, al leer esta obra nos sumergiremos de lleno en la naturaleza de la mano de Delibes, ya que El Camino es todo un cántico y alegato en favor de la naturaleza en clara contraposición al mundo de la ciudad, la vida en el campo representa lo positivo: lo natural, lo sano… no en vano Delibes se definía a sí mismo como “el cazador que escribía” porque le encantaba el campo y era muy aficionado a la caza y a la pesca, de hecho algunas de sus novelas más destacadas están ambientadas en el medio rural desempeñando este, además, un papel fundamental como ocurre por ejemplo en Las ratas, Los santos inocentes o El Camino. Y muchas veces esto iba unido a un gran realismo social denunciando las injusticias, el atraso, el caciquismo… que sufría, sobre todo, el campo castellano en la etapa dura y difícil de la posguerra.

Recapitulando, un gran tema central: la infancia y la amistad entre los niños, la gran camaradería que surge entre los tres amigos, ya que este libro consigue retratar nítidamente a un niño de once años en un momento clave de su vida cuando deja de ser ya un niño para convertirse en un hombre. La historia se nos presenta con una estructura circular comienza con Daniel que tiene que irse a estudiar a la ciudad y termina cuando, por fin, se marcha a estudiar a la ciudad. El argumento es simple y está contado de una manera sencilla. Toda la narración aparece en tercera persona a través de la voz de Daniel y a veces esta voz se alterna con la de un narrador omnisciente también en tercera persona, que como buen narrador omnisciente lo sabe todo.

Y, por último, solo nos quedaría por señalar que lo más importante es que, desde lo particular, desde esta pequeña, sencilla y podríamos llegar a pensar que hasta insignificante trama, y entonces estaríamos equivocándonos, dada la magia de la literatura que solo logran alcanzar los grandes autores de todos los tiempos, la historia cala, trasciende, ahonda en nuestros espíritus y alcanza la universalidad, pese a que el tiempo pase y los lectores cada vez sean distintos El Camino será siempre El Camino.

Lapso - Alexander Vórtice

2 de enero de 2011


CORRE el lapso
pero los secuaces de las intuiciones
ya me han desmenuzado el terciopelo.

No seré yo el que ahogue su fallecimiento
en la satisfacción de saber que un año agoniza,
fenece…, es asesinado por los registros
del confinamiento.

Somos arterias que buscan “destino”,
somos anotaciones escritas en servilletas
embellecidas por la lobreguez pegajosa
de la expiración o de la intranquilidad
que provoca saberse mortal.

Su piel - Alfredo Farias Álvarez



Guardado en un viejo armario,
su recuerdo aún me perdura,
su nombre de muchas cuentas….Rosario,
su cuerpo, su piel y su tersura.


La flecha de Cupido fue certera,
mis 23 y sus 20 haciendo ostentación,
no una manzana sino una pera
para sucumbir a la tentación.

Sus senos a mis ojos regalaron,
con su visión se completó mi fantasía,
Sus besos de fuego en mi piel quedaron,
mis dedos fieles aún recuerdan su lozanía.

A punta de besos y tocamientos
escribimos en el diccionario
“pasión” y “enamoramiento”,
¿el amor?.... no nos fue necesario.


Su cuerpo, de hermoso era un portento,
a la Venus de Calipigia se asemejaba,
hundido en su humedal yo era contento,
pero en semejante felicidad…algo faltaba.


De este día de añoranza, ya en su agonía
mi mente aún no encuentra la razón,
si con prodigalidad fui dueño de su geografía,
¿ porqué nunca me entregó su corazón?
 

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