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Adiós para siempre - Carlos I. Nápoles

29 de septiembre de 2011


Sobre su féretro, triste me incliné,
su rostro parecía estar dormido;
llorando sin consuelo y compungido
fue la última vez que la besé.

Sentí una sensación de escalofríos
qué me ocasionaba más agravios.
Era extraño el sabor de aquellos labios
ahora inerte, pálidos y fríos.

Con equívocos conceptos destruidos
y dejándome el alma destrozada,
llevo el trauma de su última mirada
y su adiós que aun resuena en mis oídos.

Hoy no juega el viento entre las frondas,
ni corre entusiasmado el riachuelo,
no esparce su fragancia el limonero;
ni vuelan en el cielo las alondras.

En la espesura típica del monte
no quiere columpiarse la palmera,
la niebla se levanta en la pradera
y envuelve con su velo el horizonte.

Los astros enlutados se cubrieron,
los lamentos del aire se escucharon,
los cielos consternados se nublaron
y gotas como lágrimas cayeron.

3 comentarios:

fus dijo...

que buen poema de despedida la tristeza debe embargar al ser que le toque vivir unas circunstancias como las que describes.

un fuerte saludo

fus

Poesía de tu voz dijo...

que triste... pero muy emotivo. Nunca es fácil decir adios.. un abrazo

pasate x mi blog, poesiadetuvoz.blogspot.com

Marilyn Recio dijo...

Bella y sentida poesia. Mi pesame. Un abraXo

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