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Tramo V - Graciela M. Alfonso

30 de agosto de 2011


Soy el monstruo que besa los ojos,
cuando Vulcano vuelve
a desatar su fuego eterno.

Soy la penúltima hoja
del árbol del paraíso,
soy la serpiente engañosa
del fuego fatuo amoroso.

Soy el vertiginoso espacio,
surcando los océanos.
Soy el cenit resplandeciente
de la hoguera de enamorados.

En mi nada de esqueletos descarnados,
compongo hombres
y maldigo demonios.

Todos dan vuelta
en mi bocanada de lava,
todos gimen al unísono
en mi clave de acordes.

Destruyo los espejos del agua
porque temo que el hombre,
se espante de su propia máscara.

Voy corriendo por las vacías arterias
para dar vida
al ser más puro,
en el último minuto
de mi extenso holocausto.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece un poema sumamente interesante imbuido de una mística abrumada en un existencialismo profundo y abismal.

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