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Doce campanadas de dolor y muerte - Lucía Marty

27 de febrero de 2011


La casa esta vacía,
Gilberto cantando “Enséñame a vivir sin ti”
estúpida ironía,
te marchaste sin mirar atrás,
sin decir adiós, sin un beso de despedida,
sin escuchar mis ruegos ni mí llanto.

Que puta sensación recorre
mi cuerpo
si estoy viva
respiro, mi corazón late fuerte,
mi piel se estremece
con el roce de las gotas de lluvia.

Pero estoy muerta,
en mi interior amargamente sin vida,
mi alma yace en un rincón
acurrucada de miedo
vaya a saber en qué dimensión
estoy enclaustrada.

Apuro mi trago de Cubalibre,
gozo las últimas pitadas de mi puro,
con exquisito sabor a mí
sigo leyendo el mismo libro
miro enamorada tu fotografía,
lloro el mismo dolor.

El reloj dicta la sentencia
son las doce campanadas de siempre,
en soledad las cuento
Una, Dos, Tres, Cuatro,
Cinco, mi corazón se estruja
vuelvo a llorar.

Seis, recuerdo mis sensaciones
cuando con palabras me acariciabas,
Siete, lloro extrañando tu morbosidad,
Ocho, se seco la miel del manantial,
Nueve, cubierta de lágrimas
me prometo jamás volver a creer.

Diez, de mis ojos el fuego que quema
se extingue, lloro sin consuelo,
Once, bebo el último sorbo de mi trago
exhalo la última calada de mi cigarro,
Doce, ya no contare mas, las campanadas
mudas en mi corazón quedaron.

Vuelvo a sentir el frío de las corazas
que voy sumando para cubrir mi alma
una a una como las doce campanadas,
Ay de los que vendrán después de vos,
que serán tan solo un instrumento,
se murieron mis sentimientos.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Lucia, donde quiea que te lea encuentro ese fuego y esas letras impregnadas de furia y soledad, bellisimo este poema, duele, como duelen esas doce campanadas
felicitaciones Beatriz Favre

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