
Guardado en un viejo armario,
su recuerdo aún me perdura,
su nombre de muchas cuentas….Rosario,
su cuerpo, su piel y su tersura.
La flecha de Cupido fue certera,
mis 23 y sus 20 haciendo ostentación,
no una manzana sino una pera
para sucumbir a la tentación.
Sus senos a mis ojos regalaron,
con su visión se completó mi fantasía,
Sus besos de fuego en mi piel quedaron,
mis dedos fieles aún recuerdan su lozanía.
A punta de besos y tocamientos
escribimos en el diccionario
“pasión” y “enamoramiento”,
¿el amor?.... no nos fue necesario.
Su cuerpo, de hermoso era un portento,
a la Venus de Calipigia se asemejaba,
hundido en su humedal yo era contento,
pero en semejante felicidad…algo faltaba.
De este día de añoranza, ya en su agonía
mi mente aún no encuentra la razón,
si con prodigalidad fui dueño de su geografía,
¿ porqué nunca me entregó su corazón?
su recuerdo aún me perdura,
su nombre de muchas cuentas….Rosario,
su cuerpo, su piel y su tersura.
La flecha de Cupido fue certera,
mis 23 y sus 20 haciendo ostentación,
no una manzana sino una pera
para sucumbir a la tentación.
Sus senos a mis ojos regalaron,
con su visión se completó mi fantasía,
Sus besos de fuego en mi piel quedaron,
mis dedos fieles aún recuerdan su lozanía.
A punta de besos y tocamientos
escribimos en el diccionario
“pasión” y “enamoramiento”,
¿el amor?.... no nos fue necesario.
Su cuerpo, de hermoso era un portento,
a la Venus de Calipigia se asemejaba,
hundido en su humedal yo era contento,
pero en semejante felicidad…algo faltaba.
De este día de añoranza, ya en su agonía
mi mente aún no encuentra la razón,
si con prodigalidad fui dueño de su geografía,
¿ porqué nunca me entregó su corazón?

2 comentarios:
Hermoso poema, felicidades.
Gracias por tu comentario que me engrandece, estimado Armando.
Te saluda
Alfredo Farias.
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