
en una calle estrecha
y dejo pasar la sombra
que nos viene siguiendo.

Déjame esta noche... soñar contigo,
déjame imaginarme en tus labios los míos,
déjame que me crea que te vuelvo loca,
déjame que yo sea quien te quite la ropa,
déjame que mis manos rocen las tuyas,
déjame que te tome por la cintura,
déjame que te espere aunque no vuelvas,
déjame que te deje tenerme pena.
Si algún día diera con la manera de hacerte mía,
siempre yo te amaría como si fuera siempre ese día,
qué bonito seria jugarse la vida, probar tu veneno,
que bonito seria arrojar al suelo la copa vacía.
Déjame presumir de ti un poquito,
que mi piel sea el forro de tu vestido,
déjame que te coma sólo con los ojos,
con lo que me provocas yo me conformo.
Si algún día diera con la manera de hacerte mía,
siempre yo te amaría como si fuera siempre ese día,
qué bonito seria jugarse la vida, probar tu veneno,
que bonito seria arrojar al suelo la copa vacía.
Déjame esta noche... soñar... soñar... contigo

A Vicente Aleixandre
La nostalgia del sol en los terrados,
en el muro color paloma de cemento
—sin embargo tan vívido— y el frío
repentino que casi sobrecoge.
La dulzura, el calor de los labios a solas
en medio de la calle familiar
igual que un gran salón, donde acudieran
multitudes lejanas como seres queridos.
Y sobre todo el vértigo del tiempo,
el gran boquete abriéndose hacia dentro del alma
mientras arriba sobrenadan promesas
que desmayan, lo mismo que si espumas.
Es sin duda el momento de pensar
que el hecho de estar vivo exige algo,
acaso heroicidades —o basta, simplemente,
alguna humilde cosa común
cuya corteza de materia terrestre
tratar entre los dedos, con un poco de fe?
Palabras, por ejemplo.
Palabras de familia gastadas tibiamente.








Dicen que las flores no dejaban de cantar
tu nombre, tu nombre cariño
Que las olas de los mares te hicieron un chal
de espuma, de nubes y lirios
Y la luna no se convenció
Y bajo a mirarte el corazón
Y al mirarte dijo que no había visto un sol
radiante, mas bello que mi bendición
Tenerte, besarte, andar de la mano contigo
Mi cielo, mirarte, decirte un te quiero al oído
yo te lo digo, que bendición.
Dicen que las palmas aplaudían al oír
tu pasos, tus pasos cariño
Que los ríos salen de su cauce al contemplar
tus ojos, tus ojos divinos.
Y un lucero no se convenció
Y bajo a mirarte el corazón
Y al mirarte dijo que no había visto luna
llena, más bella que mi bendición
Tenerte, besarte, andar de la mano contigo
Mi cielo, mirarte, decirte un te quiero al oído
yo te lo digo, que bendición
Cuando me hablas oigo un coro de amor
para dos
El falsete de un te quiero pegado a
tu voz, que bendición.
Tenerte, besarte, andar de la mano contigo
Mi cielo, mirarte, decirte un te quiero al oído
yo te lo digo, que bendición(BIS)
¿Qué es morir de amor,
Morir de amor por dentro?
Es quedarme sin tu luz
Es perderte en un momento...
¿Cómo puedo yo decirte que lo siento?
Que tu ausencia es mi dolor,
Que yo sin tu amor me muero...
Morir de amor,
Despacio y en silencio sin saber
Si todo lo que he dado
te llegó a tiempo.
Morir de amor
Que no morirse sólo en desamor,
Y no tener un nombre que decir al viento.
Morir de amor
Que no morirse sólo en desamor,
Y no tener un nombre que decir al viento.
Yo no sé muy bien
qué es lo que está pasando
Tengo seco el corazón
Y es de haber llorado tanto...
No me quedan más
Que dos o tres recuerdos
Una carta, alguna flor,
Un adiós muy corto
y un te quiero.
Morir de amor,
Despacio y en silencio sin saber
Si todo lo que he dado
te llegó a tiempo.
Morir de amor
Que no morirse sólo en desamor,
Y no tener un nombre que decir al viento.
Morir de amor,
Despacio y en silencio sin saber
Si todo lo que he dado
te llegó a tiempo.
Morir de amor
Que no morirse sólo en desamor,
Y no tener un nombre que decir al viento.





Mientras haya
alguna ventana abierta,
ojos que vuelven del sueño,
otra mañana que empieza.
Mar con olas trajineras
—mientras haya—
trajinantes de alegrías,
llevándolas y trayéndolas.
Lino para la hilandera,
árboles que se aventuren,
—mientras haya—
y viento para la vela.
Jazmín, clavel, azucena,
donde están, y donde no
en los nombres que los mientan.
Mientras haya
sombras que la sombra niegan,
pruebas de luz, de que es luz
todo el mundo, menos ellas.
Agua como se la quiera
—mientras haya—
voluble por el arroyo,
fidelísima en la alberca.
Tanta fronda en la sauceda,
tanto pájaro en las ramas
—mientras haya—
tanto canto en la oropéndola.
Un mediodía que acepta
serenamente su sino
que la tarde le revela.
Mientras haya
quien entienda la hoja seca,
falsa elegía, preludio
distante a la primavera.
Colores que a sus ausencias
—mientras haya—
siguiendo a la luz se marchan
y siguiéndola regresan.
Diosas que pasan ligeras
pero se dejan un alma
—mientras haya—
señalada con sus huellas.
Memoria que le convenza
a esta tarde que se muere
de que nunca estará muerta.
Mientras haya
trasluces en la tiniebla,
claridades en secreto,
noches que lo son apenas.
Susurros de estrella a estrella
—mientras haya—
Casiopea que pregunta
y Cisne que la contesta.
Tantas palabras que esperan,
invenciones, clareando
—mientras haya—
amanecer de poema.
Mientras haya
lo que hubo ayer, lo que hay hoy,
lo que venga.
Fue un momento sereno
desprendido del tiempo
tu mirada de fuego
encendida en mi mar.
Me estaba estrenando
por dentro y por fuera
y tu primavera
me hacía temblar.
Fue un cielo lejano
y una tierra caliente,
un soplo de viento
y una lluvia de abril.
Un nuevo vestido
que envuelve y que besa,
que acaricia y no pesa
ni te deja fingir.
Medianoche en mi mente
desde todos los siglos
mediodía en tu alma
que gritaba calor.
Una casa infinita,
y un pedazo de gloria,
así fue nuestra historia
así fue nuestro amor.
Y una música blanca
que volaba en la arena,
un volcán en las venas
de placer y dolor.
Y una casa infinita
y un pedazo de gloria,
así fue nuestra historia
así fue nuestro amor...

Yo vi unos bellos ojos, que hirieron
con dulce flecha un corazón cuitado,
y que para encender nuevo cuidado
su fuerza toda contra mí pusieron.
Yo vi que muchas veces prometieron
remedio al mal, que sufro no cansado,
y que cuando esperé vello acabado,
poco mis esperanzas me valieron.
Yo veo que se asconden ya mis ojos
y crece mi dolor y llevo ausente
en el rendido pecho el golpe fiero.
Yo veo ya perderse los despojos
y la membrana de mi bien presente
y en ciego engaño de esperanza muero.



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