¡Bienvenidos!

Narración - Armando Cano

31 de julio de 2010


Hoy vago por la ciudad recordando tu amor. Me siento en un parque a ver las
aves, a oler las plantas con sus flores. Miro las parejas, a niños jugando, el
paso de un perro, una solitaria nube, y me doy cuenta que en vez de olvidarte
te extraño más.

Me distrae el olor a comida que sale de una casa y sin pensarlo recobro en mi
mente tu rostro amado, aunque tú no me cocines me acuerdo de ti. De cómo nos conocimos y de aquella vez en que en medio de una charla, con una taza de café, te declare mi amor.

La sorpresa torno rojas tus mejillas, apuraste un cigarrillo y empezaste a
temblar. Te sentí muy preocupada, me explicaste un organigrama y con lujo de
detalles me empezaste a rechazar. Me pediste tiempo para pensarlo,
consultarlo con tu almohada, y, volvimos a charlar. Hablamos de cosas
triviales, de algún libro, un poema, de los años que se van.

Veo pasar aquí en el parque a un viejo, tal vez un indigente; hay un globo rojo
atorado en las ramas de un árbol y en el piso, debajo, una niña llorando,
queriéndolo alcanzar y me acuerdo nuevamente de ti, en la lucha de poderes
por defender tu espacio, por demostrar quién eres.

Dejo el parque, ya es muy tarde, ha empezado a llover. Camino bajo gruesas
capas de nubes que sueltan a estas horas una fina lluvia refrescante, que
reconforta mi alma. No sé a dónde ir ahora, a tu casa o a mi departamento
por que a estas horas no coordino lo que siento y te quiero platicar. Pedirte un
consejo: que hago con todo esto: las caricias de tus dedos, tus miradas que
me extreman, el olor de tus cabellos y el sonido de tu voz. Que hago con todo
esto, si no hemos podido vivir juntos los dos. Si no hemos podido ni darnos un beso, tampoco sabemos decirnos adiós.

Si tu me dices ven - Amado Nervo

30 de julio de 2010


Si tú me dices ven, lo dejo todo...
No volveré siquiera la mirada
para mirar a la mujer amada...
Pero dímelo fuerte, de tal modo

que tu voz como toque de llamada,
vibre hasta el más íntimo recodo
del ser, levante el alma de su lodo
y hiera el corazón como una espada.

Si tú me dices ven, todo lo dejo...
Llegaré a tu santuario casi viejo,
y al fulgor de la luz crepuscular,

más he de compensarte mi retardo,
difundiéndome ¡Oh, Cristo! como un nardo
de perfume sutil, ante tu altar.

Atravesé tu puerta sin puerta... - El Brujo de Letziaga

29 de julio de 2010


Atravesé tu puerta sin puerta,
la derribaste para allanarme el camino,
me pusiste una alfombra roja
que me llevara hasta el centro de tu destino.


Me vestí de sol de verano
en tu crudo invierno,
y viajé hasta los confines de tu alma
para regalarte calor de brujo enamorado.


Al principio se me olvidó hasta tu nombre
de tanto mensajear tu horizonte,
y le enviaste telepatía a los gorriones
que me lo trinaron en código morse.


Gozamos el misterio de las manos
con suaves caricias en nuestras pieles,
mojadas por el agua de espumas y baños
que traspasaron todos los umbrales
de nuestros vicios más inconfesables.


Hoy por fin estamos muy vivos,
porque soñamos despiertos
imaginamos pensamientos,
somos cómplices que nos reflejamos
en un mismo espejo.


Eras mi cenicienta, ahora mi luna llena,
te hice princesa de una noche,
perdiste tu zapato cuando corriendo huiste
al sonar las doce,
hoy eres mi reina luna por siempre,
mi bruja eternamente.

Abrázame muy fuerte - Marc Anthony

28 de julio de 2010



Cuando tu estás conmigo,
es cuando yo digo
que valió la pena todo lo que yo he sufrido
no se si es un sueño aún
o es una realidad
pero cuando estoy contigo es cuando digo...

Que este amor que siento
es porque tu lo has merecido,
con decirte amor que otra vez he amanecido
llorando de felicidad
a tu lado yo siento que estoy viviendo
nada es como ayer.

Abrázame que el tiempo pasa y el nunca perdona,
ha hecho estragos en mi gente como en mi persona,
abrázame que el tiempo es malo y muy cruel amigo,
abrázame que el tiempo es oro si tu estás conmigo,
abrázame muy fuerte, muy fuerte, más fuerte que nunca,
ay, abrázame.

Hoy que tu estás conmigo,
yo no se si está pasando el tiempo o tu lo has detenido
así quiero estar por siempre,
aprovecho que estás tu conmigo
te doy gracias por cada momento de mi vivir.

Tu cuando mires para el cielo,
por cada estrella que aparezca amor es un "te quiero".
Abrázame que el tiempo hiere y el cielo es testigo
que el tiempo es cruel y a nadie quiere por eso te digo...

Abrázame muy fuerte amor, mantenme así a tu lado,
yo quiero agradecerte amor todo lo que me has dado,
quiero corresponderte de una forma u otra a diario,
amor yo nunca del dolor he sido partidario.

Pero a mí me toco sufrir cuando confié y creí
en alguien que juró que daba su vida por mi.

Abrázame que el tiempo pasa y ese no se detiene,
abrázame muy fuerte amor que el tiempo en contra viene,
abrázame que Dios perdona pero el tiempo a ninguno,
abrázame que no le importa saber quién es uno.

Abrázame que el tiempo pasa y ese no se detiene
abrázame muy fuerte amor que el tiempo en contra viene
abrázame que Dios perdona pero el tiempo a ninguno,
abrázame que no le importa saber quién es uno...

Se está apagando una estrella - Alfredo Farias

27 de julio de 2010


(A nuestro padre)


Se está apagando una estrella,
del firmamento la más pequeña
su brillo se está extinguiendo,
83 años de vida plena es su reseña.


Esta estrella que está muriendo
a cinco hermanos alumbra
y aunque a veces, imperfecta
malamente fulguraba,
jamás a oscuras nos dejó.


Se está apagando una estrella
su centellear ya no es parejo,
pido silencio señores
se esta muriendo mi viejo.

Asomado al lecho en que agoniza,
mis oraciones de vida
están luchando contra la Muerte,
pero ésta es muy poderosa
inútil que un milagro pida.


Convencido entonces
que su poder es muy fuerte,
digo oraciones y le canto nanas,
duérmete mi viejo, duérmete tranquilo,
estoy pidiendo a Dios por su muerte.


Dios omnipotente me ha escuchado
su largo agonizar ha terminado,
agradecidos sus hijos le damos la paz
y pedimos al Misericordioso por su alma.
La estrella de nuestro cielo ya se ha apagado.

Estatua en la plaza verde - Delfina Acosta

26 de julio de 2010


Te esperaría. Yo sería, amado,
la primera en llegar hasta la vía,
y la última en volver, con un paraguas,
de la estación del tren que te traería.
Iré hasta el mar como la lluvia, a veces,
y pasaré del mar a la otra cita,
en el muelle del puerto, frente al río.
Seré la gris silueta que tirita.
Inmensamente sola como novia
saldré a buscarte y volveré tardía.
Del balcón a la plaza partiré.
Seré una estatua de melancolía.
Y a la hora puntual de nuestras muertes,
si llegara primera a nuestra cita,
te estaré ya aguardando para darte
mi amor en una blanca margarita.

Incorruptible soledad - Armando Cano

25 de julio de 2010


Ah... Esta soledad
que tanto extraño,
este silencio eterno
que llena tu espacio, tu tiempo
cuando ya te vas.

Como extraño la soledad,
el sin fin de cosas
que percibo,
como la falta de tu aroma,
el silencio de tus pasos,
tu risa desdeñada y el eco de tu voz.

Adoro a mi soledad
cuando no comparto contigo
las platicas de algún amigo,
el aire que no respiras
y tu lado de la cama.

Amo a mi soledad
como a una amante
complaciente;
que no se mete en nimiedades,
que no murmura entre dientes.

Cuando tú no estas
todo aquí es silencio
y el tiempo casi siempre se detiene,
y como mancha de humedad
brota de entre las paredes
mi perfecta, incorruptible soledad.

Y es entonces que me pongo a recordarte,
te imagino silente, taciturna, amada.
Y recorre así mi pensamiento
lo largo de tu cabello, lo dulce de tu boca,
ese aroma de tu cuerpo,
la luz de tu mirada y lo blanco de tus senos.

Y me detengo en ellos una eternidad,
que es lo que los separa a uno del otro,
y recuerdo extasiado sus grandes aureolas
que dan a tus tiernos pechos
ese don de santidad.

Y te tengo entonces toda mía:
Frágil, tierna, santa, complaciente.
Tengo también para mí, para mis sentidos
el espacio que ocupaste,
mis pensamientos intactos
y la mirada en calma.

Tengo además para recordarte siempre
esta soledad y el frío de mi cama.

Monólogos al lado del estanque - Juan José Millas

24 de julio de 2010


La crisis ha llegado al parque del Retiro en forma de maná para los echadores de cartas: controlo su clientela y me parece que ha aumentado en los últimos domingos. La gente no va a que le digan el futuro cuando es feliz, que la felicidad es muy absorbente y no deja hueco más que para la dicha.

La gente se sienta o se derrumba frente al astrólogo cuando no tiene nada que perder, cuando no pueden predecirle nada peor de lo que ya le pasa.

-Vas a conocer a un señor extranjero -oí que le decía un echador a una dama vestida de negro.

Parece que los señores extranjeros pueden volver a funcionar como príncipes rescatadores. Uno creía que el extranjero estaba desmitificado desde que nos habíamos convertido en emigrantes de nosotros mismos. Pero hay quien piensa que no, que la felicidad viene de afuera, sin darse cuenta de que se puede ser de fuera habiendo nacido dentro.

Ayer, en el Retiro, a la hora del crepúsculo, mientras los brujos echaban las cartas a las señoras de negro, las familias echaban miguitas de pan a los peces del estanque.

-Parecen ratas -dijo un niño.

Es verdad, el modo en que sus cuerpos grises hervían en torno a la comida evocaba un grupo de roedores despedazando una inmundicia. Al otro lado del estanque, entre las estatuas, se apreciaba una multitud de gente quieta, como a la espera de que el crepúsculo pasara para ponerse en movimiento.

Me senté en un banco, junto al tenderete de una pareja argentina que hace guiñol. A mi lado había un tipo en chándal comiéndose un helado y sonriendo. Tenía el cuello agrietado por alguna enfermedad e intentaba cubrirse las llagas con la mano libre.

-No puedo dejar de hablar conmigo mismo -dijo.

Compuse un gesto neutral, que no invitaba a hablar, aunque tampoco a callarse. Decidió seguir:

-O sea, empiezo a hablar cuando me levanto y ya no paro hasta la noche. Es agotador.

-¿De qué te hablas? -pregunté.

-De todo. El semáforo está rojo, por ejemplo, y me digo vaya, está rojo, a esperar tocan. Entonces se pone verde y digo bueno, vamos a cruzar, que para eso hemos realizado la inversión, la espera. Entonces me fijo en alguien y cambio de conversación. Ése es igual que mi padre, digo, mi padre tendría la edad de ése si viviera. Bueno, es todo el rato así, diciéndome cosas. Resulta agotador.

El sol se había puesto a nuestra espalda; las personas perdían identidad, transformándose en siluetas. Todo continuaba en movimiento, pero a la vez todo parecía quieto, como si la gente no avanzara a pesar de mover los pies.

-Por lo visto, le pasa a todo el mundo -continuaba el del cuello agrietado-; todo el mundo mantiene un coloquio permanente consigo mismo, lo que pasa es que no se dan cuenta. Yo me he dado cuenta desde lo de la enfermedad porque cuando vas a morir te enteras más de las cosas. En esto observé que un tipo metía en el bolsillo de otro unas pinzas largas, de madera, extrayendo con sorprendente limpieza unos billetes que recogió un tercero. Vi pasar a la dama oscura destinada a conocer a un señor de fuera; movía la cabeza como si se diera la razón. De súbito, tuve el sentimiento de que yo era real, como todo cuanto sucedía a mi alrededor en aquel crepúsculo infinito. -Sigue hablando -rogué al sidoso, y me hundí en ese modesto bienestar que sólo proporcionan las cosas reales.

Fuente

Veredas interiores - Carlos Casado Cuevas

23 de julio de 2010


Entre veredas interiores
por las que solamente trasiega
el duende de la intuición
con su mochila y su lupa,
con apetito vehemente
de lunas y zalemas.
Entre descenso de madrugada
se perfilan horizontes inciertos
que tenuemente se aclaran
convertidos en gacelas
que luego desaparecen
entre pensamientos espesos
y matojos de selva virgen
que por el alba se encelan.
Retraído en propios aposentos
el individuo se queda
con ansias y vehemencias,
con desesperación y desvelos.
Luego amanece día claro
y los sueños se tiñen de niebla
para desaparecer
en brazos de conformidad densa.

Corazón - Alexander Vórtice

22 de julio de 2010


Corazón
sucio, rendido, apaciguado
por los artificios de la fantasía
que no es como tú crees que es;
corazón a medias y corazón deshecho,
corazón petrificado ante la moral que entona
credenciales difíciles de soportar…
Corazón iluminado gracias al alcohol:
Etéreo corazón de hojalata,
esclavitud en medio de las costillas,
lírica que no se toca, pero que se puede
–se debe- besar.
Corazón que mañana te casas,
que dentro de 3 años te divorcias…

Divino corazón de sal y rosas,
de coraza amable y sonetos profundos.

Aquí - Salvador Eduardo García Yllescas

21 de julio de 2010


Me atrapas, recuerdo de mi tiempo,
el vuelo de un sueño que no alcanzo,
el cuerpo de un cuerpo que no atrapo,
el polvo de un aire al que no llego…

De las manos, el paso de las horas, se me va,
los instantes de un recuerdo al que no habito ya,
sed de la sed que seca mis silencios,
mar de arena que envuelve mi desierto…

Intento vano de un instante de olvido,
momento estéril, de levedad en mi vuelo,
humedad distante, en lo fugaz de cada beso,
en los fragmentos, de un deseo, el alma se recoge…

Van y vienen los ecos de un viento, ajeno,
eterno como un intento de un susurro en el universo,
todo y nada sin límite, amargo despertar,
horizonte sin vela, sin rincón, ni faro, andar incierto…

¡Cerca o lejos!,
aquí o en el transcurrir del tiempo
se ausentan los murmullos, luz de un horizonte disuelto,
escondido en la penumbra de un valle agónico,
sin lluvia, sin piel, sin poseer la memoria de un amor eterno…

Balada de la noche y el día (En espera del amanecer) - Jose Ángel Muñoz Juárez

20 de julio de 2010


Noche.

Me refugio en ti,
como excusa salida en penumbras,
pronuncio tu nombre (solo escucho el viento)
llegando un leve soplido contra mi rostro
se que llegaras,
tal vez envuelta entre suspiros,
pero es que no tengo motivos para no amarte desde mi silencio
que hiere como un moribundo
que anhela la bendición
o el perdón del tiempo.
Se que llegarás tal vez,
desde donde la prisión se cierra sobre las cadenas frías,
de una húmeda celda enjuagada por las lágrimas
de un eterno pecador de recuerdos.
Llegarás y no pedirás perdón
a los eternos días de soledad ya inertes.
Tu presencia no invoca privilegios a mis heridas…
pensaré que me encuentro
en medio de la salida que un día imagine…
hoy solo me queda esperar la eterna y espesa noche.

Día.

Despierto en ti…
Ya con la desdicha de noches perdidas,
pero que más da,
no me importa imaginar que llegarás
como la dama blanca que anhelo su presencia.
Se que llegarás puntual a mi dolor…
que aplacaras poco a poco
sobre las sombras de los fríos recuerdos
que hielan la luz de mis oscuros días.
Ven llega a mi…
no escondas tus besos
sobre este peligro cruel.
Hoy solo me queda esperar que llegue el día
y se aclare esta espesa noche.

Matrimonio gay - Delfina Acosta


En la Argentina se aprobó el matrimonio entre homosexuales. Para alguna gente esto puede ser un paso hacia adelante. Para muchas personas, la aprobación del casamiento entre seres del mismo sexo alcanza las proporciones de los más calientes tiempos del escándalo.

Antes de ir a al tema de fondo, quiero dejar bien en claro que yo conozco a cientos de individuos homosexuales y que su amistad me complace y me enriquece. Encuentro que los homosexuales tienen una personalidad amplia, una inteligencia suprema, muy valiosa para los diversos campos de la creación. Ellos son habilidosos en la pintura, en la música, en la literatura, en las artes en general. ¿No era acaso Leonardo Da Vinci, genio máximo de la humanidad, homosexual? ¿Y cómo no rendirse ante sus obras en temple y óleo?

No entiendo cómo existen mentalidades brutas que discriminan a la comunidad gay.

Por otra parte, la gente no vino al mundo para elegir su sexualidad. Los genes han decidido por el “destino sexual” de un hombre y de una mujer. Y los genes, pues, determinan que algunas mujeres sean lesbianas, así como que algunos hombres sean homosexuales o gay.

Ningún hombre se ha plantado en medio de una plaza diciendo: “He optado por ser homosexual”. Esto es castellano y razón pura. ¿Me explico?

Sin embargo, ahora que ya pueden los homosexuales casarse en la Argentina por la ley civil, y que también pueden adoptar hijos, llegan a mi conciencia ellos, los pequeños. Me pregunto quién piensa en los derechos de los niños que deben vivir en un “hogar” ya no compuesto por un padre y una madre, sino por personas del mismo sexo.

Se desbarata, literalmente, el sentido de la familia que es el cimiento de la sociedad.

Dice la Biblia: “Honrarás a tu padre y a tu madre”.

¿Los niños honrarán a dos hombres? ¿O bien honrarán a dos mujeres? Cómo las leyes, ciegas, suelen marcar el camino sin retorno de la incoherencia en los papeles y en la práctica.

¿Qué opina la Iglesia en la Argentina sobre este mandamiento?

Los niños son hijos de la sociedad. Y la sociedad debería tener una respuesta, una opinión concreta, sobre esta circunstancia tan difícil como deformadora de los valores morales.

Los niños crecen sanos cuando ven en su familia una presencia masculina y una presencia femenina.

Cuando se estudiaba en la Cámara de Diputados la ley sobre el matrimonio gay, mucha gente estuvo en la Argentina contra el matrimonio, y también mucha gente a favor. División de divisiones que solo enflaquece a ese país.

¿Quién es nuestro padre? El que ajusta nuestros pasos por el camino recto.

¿Quién es nuestra madre? La mujer que nos tuvo en su vientre durante nueve meses, nos dio de mamar y nos mostró los rasgos generosos de su corazón cuando sentíamos miedo y angustia.

Me gustaría saber qué piensan los referentes de la sociedad argentina sobre el porvenir que les aguarda a los chicos que serán apartados (agraviados en sus derechos) de integrar un verdadero hogar.

No es cuestión de acalorarse. Es cuestión de tener la mente fría y saber discernir. Este es el tiempo de los filósofos, de los sicólogos, de los sociólogos, de los pastores de la iglesia evangélica, de los sacerdotes de la iglesia católica y de todas aquellas gentes que puedan verter un juicio valioso sobre esta circunstancia que ahora ocupa mi columna.

Soneto - Manuel Acuña

18 de julio de 2010


Porqué dejaste el mundo de dolores
buscando en otro cielo la alegría
que aquí, si nace, sólo dura un día
y eso entre sombras, dudas y temores.

Porqué en pos de otro mundo y de otras flores
abandonaste esta región sombría,
donde tu alma gigante se sentía
condenada a continuos sinsabores.

Yo vengo a decir mi enhorabuena
al mandarte la eterna despedida
que de dolor el corazón me llena;

Que aunque cruel y muy triste tu partida,
si la vida a los goces es ajena,
mejor es el sepulcro que la vida.

En lo infranqueable del deseo - Liliana Celiz

17 de julio de 2010


En lo infranqueable del deseo
la mera distorsión que hace a la escena sucederse
en grado ensangrentado de distancia
siendo unidad en el circuito de fragmento
cuando él infiere alguna frase apenas dicha
en la intemporalidad desde un reflujo de memoria
justo a la puerta del tramo de la muerte
volviendo a reiterar el dos de mama punta a punta.

Poemas en prosa - Pablo Ruiz Picasso

15 de julio de 2010


28 de octubre de 1935
si pienso en una lengua y escribo “el perro persigue a una liebre por el bosque” y quiero traducirlo a otra lengua tendré que decir “la mesa de madera blanca hunde sus patas en la arena y muere casi del susto al reconocerse tan [idiota]”

4 de noviembre de 1935 [II]
espejo en tu marco de corcho - tirado al mar entre las olas - no ves sólo el relámpago - el cielo - y las nubes - con tu boca abierta dispuesta - a tragarse el sol - mas si un pájaro pasa - y por un instante vive en tu mirada - al instante se queda sin ojos - caídos al mar - ciego - y qué carcajadas - en ese preciso momento - brotan de las olas

[septiembre de] 1936
si el enternecedor recuerdo del cristal roto en su ojo no diera la hora en las campanadas que perfuman el azul tan cansado de amar del vestido que susurra que lo envuelve el sol puede en cualquier momento estallar en su mano pero esconde las garras y se duerme a la sombra que proyecta la mantis religiosa mordisqueando una hostia mas si la curva que agita la canción colgada en la punta del anzuelo se enrosca y muerde en su centro el cuchillo que la seduce y colorea y el ramo de estrellas de mar grita su desamparo el pisto trágico del ballet de moscas sobre la cortina de llamas que hierve en el borde de la ventana

3 de octubre de 1936
miserable piel de zapa abrazada al cuerpo roto de amor que sangra de tan oprimido bajo la corona de su nido de zarzas miserable recuerdo del olor a jazmín prendido en el fondo de su ojo tocando a rebato con todas las campanas al vuelo que muerde el cuello del arco iris la tempestad ha caído en la trampa peine espejo letra del alfabeto cómico gallete mano distancia color quitado de la lista de los mortales si la vida se cuece en la gran sala de fiestas con olor a col su cocido de esperanzas y le sonríe debajo de la mesa a la mentira, entonces todas las sillas sentadas en cerco se levantan y van a colgarse en las paredes de la oficina del director a la espera de que la ruleta acabe de lamer las horas que embarran las velas de su bello paraguas y oír el crujido que al romperse hace en mi pecho la varilla del timbre de su mirada de aroma de estrellas eléctricas aplastadas con el tacón

[junio de] 1937
en las entrañas del corazón están solando las calles del pueblo y la arena que cae en los relojes de arena heridos en la frente al caerse por la ventana sirve para secar la sangre que brota de los ojos asombrados que miran por el ojo de la cerradura por ver si el aire asfixiado por el hedor que se escapa de los orificios nasales de los papeles grasientos tirados al suelo o la música escondida debajo de las hojas de la vid no impide que la danza macabra borre de un plumazo la huella de las voces aferradas con las puntas de los dedos a los pedazos de pan remojados en orina
un interior brillantemente iluminado recién solado chorreando sangre descansando sobre relojes de arena llenos de ojos visto por el ojo de la cerradura los caracteres de imprenta dispuestos sobre una hoja de vid borrando con sus plumas el olor a pan remojado en orina
la luz suela con su sangre los relojes de arena del ojo de la cerradura con sus ojos borra de sus plumas el olor a pan remojado en orina
la mezcla de colores solando los ojos de las plumas arrancadas del pan remojado en orina

2 de julio de 1937
qué triste suerte la del retrete de la vieja mandrágora - tuerta - hecha picadillo - cosido más claro que el agua al traje de novia con una estocada en la llama de la boquilla del gas de la aurora boreal puesta a secar en la flor desvanecida de la tela de seda malva de la risa de rabillo de conejo que cuenta chino y los lloros anaranjados picados a máquina de la noche dulzona. qué coqueto deseo de mi corazón de freír el montón de reverencias hecho un basilisco furibundo mientras escucha con la oreja pegada al tomillo los latigazos que castigan sus tobillos y qué triste suerte limosnera ducha en caricias la del retrete abierto a mil primaveras lleva la añoranza del espejo de su herida a la camisa de tela de araña de la vieja pordiosera inscrita al dorso del libre arbitrio picado de gusanos de la aguja que atraviesa el tallo de la flor de azahar clavada en el centro de la cortina que cubre la mandrágora

10 de enero de 1938
deja que la primavera que se acerca de puntillas se encargue de untar el amor que rezuman sus ojos en torno al frío helado que salpica el revés del sol suspendido por sus cuatro esquinas con clavos a los enormes maderos que sostienen el cielo que abate el puño sobre la arqueta que mientras tuesta su luz sobre la suave lumbre del pedazo de tela empapado en orina de rosas que cubre la pared medianera del perfume con sus excrementos hace punto con el alambre de la plomada del arco de piedra haciendo trizas el cuerpo desnudo de la mujercilla puesta a secar bajo el paño malva de su imagen que cuelga del banderín atado a la punta de la cucaña en lo cobrizo de su pecho minuciosamente dibujando en la sombra del aroma del árbol cargado de piojos abriendo su cómico sobre a grito pelado de angustia cortando la cuerda floja de la máscara de cristal de roca carcomido por los picotazos de los camiones que cuelgan encima la colmena corazón ensenada colina ficha medida olor río envolvente en espiral la palabra duerme la flecha de la lámpara se desliza sobre el papel lo cruza vivaz

[Fuente]

Decepción - Eliana del Rosario

13 de julio de 2010


Hoy se cubre la luz con sombras llenas de dudas y nombras los nombres más difíciles de mencionar, disgustando las almas ocultas dentro del ser que vive bajo las tinieblas putrefactas de ese inframundo llamado vida.

Ya los ojos cerrar no te permiten, corriendo hacia los brazos de la muerte se ve, con pasos cortos mirando hacia la meta que cada vez se aleja más y más. Ya ni la muerte te permite estar allí, ya no mereces la gloria de descansar en ese mundo prometido por el todo creador.

Golpeas tu cabeza para saber si es real y lloras y lloras sin ninguna lágrima derramar, llamas y llamas a la puerta de la salvación pero al parecer no es correcta la oración. Te juzga el mundo porque no eres ni de aquí ni de allá, sólo eres parte del no estar, cuantos látigos más has de sentir justo en tu espalda para ser redimido, cuantas espinas permitas que en tu cabeza sean clavadas antes que una lágrima puedas derramar.

Descubriendo los días ves pasar y las nubes en tu pelo vez posar pero tus actos aun no merecen ser descubiertos pues en el libro de la vida hay páginas en blanco y es justamente las que explican cómo vivirla.

Guerrero Celta - Alfredo Farias

12 de julio de 2010



Voy a recordar una historia
hermosa como no hay otra,
de un pueblo venido a leyenda,
que haciendo la guerra
se metió en la memoria.

Salieron de la India milenaria
en Centro Europa se les vio,
en busca de suelo patrio emigraron,
arrebatando a los ligurinos
las tierras galas del Centro y Norte.

Si se lo hubieran propuesto
hubieran sido un imperio
les faltó una identidad y sentido de conjunto,
en vez de sumarse… se dividieron.

En tiempos de paz fueron pastores,
los metales hierro y bronce forjaron
amaban tanto la Naturaleza
que árboles como dioses adoraron.
Su bravura y arrojo los hizo muy conocidos,
en Europa fueron de temer,
los tildaban de bárbaros asesinos,
que se adornaban con cabezas de vencidos.

Quizás fue cierto, quizás un mito,
o a lo mejor pretextos de los romanos,
para aminorar su vergüenza en las derrotas
o ampliar su fama en las victorias.

Al no haber en sus pueblos unidad granítica
a sus guerreros se los peleaban o compraban,
si hasta el “Azote de Dios” en sus ejércitos,
de tener algunos se ostentaba.

Los Vikingos en sus invasiones
bajando del Polo Norte
traían celtas en buen número
engrosando sus legiones.


Toda Europa conoció su fiereza
Grecia, Asia Menor, la Bretaña,
la Galia inglesa y en insolente osadía
le plantaron pié a la Roma Imperial.

Pero en ellos no todo fue pillaje y masacre
nunca guerreros del infierno,
en los lugares en que se establecieron
dejaron imperecedero su idioma y acervo.

Amaban la Naturaleza, la respetaban,
y sabiamente sabían
que tras la muerte viene más vida,
por eso no le temían.

Pueblo celta si hubieras sido imperio
seguro ya no existieras,
pero la suerte quiso en Europa
desparramarte… como estrellas en el cielo.

De las “grandes islas” después bajaron
por suerte en invasión pacífica
llegaron a suelos de Hispania
y en feliz alquimia nació el Celtibero,
celtas e iberos, raíces de una gran nación.

Y aún en pleno siglo XX, la leyenda continúa
pues resabios de sangre celta en sangre británica,
hicieron rendir el facón del valiente gaucho argentino,
en un nuevo despojo a este suelo americano.



Parte II


¡Allá vienen, son ellos!
el azul del cielo y del mar, en sus ojos se reflejan,
apolíneos, de largos y dorados cabellos,
a los Ángeles del cielo se asemejan.

Los cascos de sus caballos
hacían temblar la tierra,
sus enemigos gritaban
¡vienen los Bárbaros, vienen los Bárbaros!

Intrépidos, casi suicidas
a la lucha a veces desnudos,
contra completas armaduras
oponían sólo sus cascos y escudos.

Espadas, flechas y lanzas
rasgaban su noble carne,
pero ellos, salvajes, no lo notaban
¡ cuánto sería su coraje!

Románticos guerreros, casi inocentes,
no usaban el arco y la flecha,
sus códigos morales se lo impedían:
“no matar a distancia, sólo frente a frente.”

Combaten con furia homicida
sus espadas charquean los cuerpos
desprecian el miedo y la muerte
enemigos ya huyen….no son suicidas.

De vueltas de las batallas
vuelven en sus corceles, victoriosos
y los que murieron… También vuelven
en espíritu cabalgando,

No saben que vuelven muertos,
en la cabalgata de regreso, el rigor
mezcla las sonrisas de victoria
con sus muecas de dolor.

Así volvían siempre
los vivos, también los muertos
a descansar a sus “castros”, unos
y a su lecho de muerte, los otros.

Con sus armas nobles y honradas
y sus jabalíes en estandartes,
quedan bajo tierra en gran galanura,
bajo la sombra de Robles y Encinas,
esperando por el Sidh, la Gran Llanura.

“Druidas” sabios del Roble
y tus guerreros pintados de azul,
reciban este homenaje
modesto y postergado, pero sincero.

Yo soy español, español, español - Miguel A. Moreno


Es difícil describir lo que hemos vivido en las pasadas horas. Es difícil, muy difícil, encontrar palabras que describan el estado de ánimo de todo un país, más allá de lo meramenta deportivo. Hay quienes tiñen una bandera de política, sin embargo, el 90% de los que lucen la bandera de nuestro país no han tenido la mala suerte de vivir en la época en que una bandera significaba algo más que el símbolo de un país, la época en que una bandera te podía coronar o sacrificar dependiendo del color. La bandera que ha lucido y luce España hoy día es la bandera de la libertad, de la felicidad, es la mezcla de razas, la mezcla de condiciones sexuales, la mezcla de ideas políticas, es un todo, no está fraccionada. Es imposible abstraerse de la alegría, de la felicidad que muestran niños, jóvenes, viejos, etc...
España, con su triunfo y su apoyo desde aquí, desde cada uno de los pueblos y ciudades de España ha hecho que la palabra fútbol tome el significado de lo más puro, la excelencia en el juego, la unidad, el sentimiento, la fuerza, la humildad, la educación y todos los adjetivos positivos que te puedas llegar a imaginar.
También es cierto que esta feria hará que tengamos que rascarnos el bolsillo para sufragar los gastos que todo este chiringuito conlleva, pero cuando he visto las lágrimas en el campo de los jugadores, de los aficionados, de todo un país, creo que ese momento de felicidad no tiene precio.
Por unos días ha sido bonito ver que todo un país se ha sentido, español, español, español.
Gracias por regalarnos este momento inolvidable.

El disertante - Delfina Acosta

10 de julio de 2010


La señorita Sara Arzamendia era una escritora que tenía su tiempo arreglado. Se levantaba cuando el olor de su patio cubierto por enredaderas, aloes, helechos y flores de las más diversas especies, se hacía fuerte y le provocaba estornudos. Los abejorros venían a estrellarse, en esos momentos, contra su ventanal de vidrio.

Después de cepillarse los dientes, peinar su cabellera oscura y con relucientes canas, y desayunar una taza de leche con café y pan untado con dulce de membrillo, se dirigía al depósito donde dormía su perro, para llevarlo al patio delantero. Luego se sentaba a escribir. Esa mañana de sol casi rojizo ( había pasado un mes y medio sin llover), se le escurrían las ideas de las manos blancas y venosas:
Manuel Franco era un joven de veinte años, que se dedicaba a la apicultura, practicaba natación, y no era de salir.
Por eso, porque no era de salir, la vez que decidió ir a escuchar la charla del Profesor Sun Shaomou sobre fenómenos paranormales (la cátedra correspondía al salón 4 del edificio “Alta Torre”), esperaba pasar un momento que no sabía cómo definir.
El disertante en cuestión era un chino de edad escondida..
Vestía un traje negro y una corbata riesgosamente colorida para la ocasión.
Al cabo de un buen rato de la exposición versada sobre la compatibilidad de la luna con las ideas criminales, Manuel levantó la mano y dijo las vaguedades propias que se dicen en circunstancias donde la realidad desaparece y las especulaciones y las ironías son las cartas con las que se juega. Espantó una mosca que le causaba molestia y se quedó aguardando una respuesta.
-¿El señorito podría pasar en limpio la pregunta? El señorito parece que leyó mucho a Sigmund Freud - contestó y refugió su rostro amarillo en una sonrisa burlona y muy china.
La mosca se había posado sobre la mesa de ébano donde estaban el vaso y la jarra de agua de Sun Shaomou.
Una joven rubia, con cutis de cristal, que entró con la respiración acelerada al recinto y se sentó a su lado, le salvó de levantarse y darle un plantón al disertante, pues le pareció muy feo que se pasara de mambo.
La recién llegada tomaba con rapidez anotaciones en un cuaderno. De vez en cuando se llevaba la mano a la boca, sorprendida con los ejemplos de las extrañas circunstancias que el oriental contaba, y él, que ya la había descubierto entre el gentío, se embarcaba - ahora - con pasión en lenguas raras. Luego, acercándose a ella como quien invita a bailar, le preguntó qué situación (concretamente) extraña le había pasado alguna vez.
La chica se levantó, se vació en un largo suspiro, y dejó constancia con una sonrisa atenta y amable de que no tenía nada que valiera la pena contar.
Esa respuesta no bajó el entusiasmo del chino, que a partir de entonces parecía reflexionar y hablar expresamente para un grupo de cuatro señoras (tres de ellas excedidas de peso) sentadas en la primera fila. Las damas también hacían anotaciones marcadas por el pulso de la ansiedad (los detalles eran tan infrecuentes). Escuchaban al mensajero asintiendo a menudo con la cabeza. Parecían convencidas de que el oriental las llevaría por un camino azulado, y que de un momento a otro el corazón se les paralizaría con la revelación, la confesión prima, el eje del misterio salido a la luz para la salvación humana. Como a las diez de la noche terminó el acto.
Manuel, ya en la calle, se acercó a la joven rubia. Ella estaba llena todavía de aquel clima extraño e hipnótico que había vagado como una mariposa nocturna por el recinto.
Le propuso caminar un rato. Y la mujer le contó que se llamaba Rita, que creía en esas cosas desde chica, aunque jamás le había ocurrido nada de nada. Y era su voz dulce, y sus palabras caían cuidadosas y lentas en esa noche calurosa. Un perfume de gisofilas la envolvía silenciosamente.
Manuel notaba que ella buscaba sus ojos. Se los dio enteramente. Y ambos se entregaron al placer simple y volátil de la conversación que se genera con espontaneidad entre los recién conocidos.
Fueron a buscar un bar pues deseaban tomar gaseosas, y también porque no querían que aquella noche, tan necesitada de cigarrillos y de Coca Cola, terminara así, sin olor ni color.
Se metieron en un barcito llamado “La Posta”
La mujer le dijo que estudiaba Literatura y Letras y que admiraba a Albert Camus. Le citó otros nombres: Julio Cortázar, Mario Benedetti y Franz Kafka.
- Mario Benedetti tiene el valor de escribir cosas sencillas, mérito no encontrado en Julio Cortázar, que es magistral, pero a quien hay que leerlo más de una vez para entender hacia dónde apuntan sus crímenes - dijo, y trazó un círculo con el dedo índice sobre la mesa.
Mientras ella hablaba, y sorbía con una paja la gaseosa, Manuel rogaba por dentro que siguiera hablando, que siguiera contando las cosas que contaba, así, como una mujer que lo quería seducir con su porte intelectual ( pilló su juego); que hablara, hablara, hablara, y dijera la tabla del siete si ya no le venía nada a la mente. Aquella voz suya era como un hueco rellenado con luz propia.
Le preguntó dónde vivía. Y ella le dijo que a una cuadra de la vieja fábrica de botellas. Y que su casa tenía una muralla de color terracota con el número 954.
Se despidieron con un intento de beso en la boca.
Durante tres días Manuel se pasó dale que dale, pensando. ¿Debía ir o no a verla? Su corazón le decía que sí. Pero temía. Apenas la conocía y ya la extrañaba ferozmente.
Aquella tarde de sábado con llovizna, mientras escuchaba la voz de Charles Aznavour, algo dentro de él se rajó. La viscosidad de la sangre, ese derramamiento apasionado, sin pausa, sin límites, lo llevaron a fumar.
Apagó el tocadiscos y se lanzó a la calle.
El ómnibus lo dejó a dos cuadras de la casa de Rita.
Caminó. Allí estaba el número 954. Y también el timbre. Tocó y apareció en la puerta un señor sin camisa, con el pantalón manchado con cal, y nervioso. Tosía mientras daba consejos a la gente de adentro.
Cuando le preguntó por Rita le miró extrañado.
- Aquí no vive ninguna Rita - fueron sus palabras.
Entonces Manuel se enojó, y le dijo que no podía ser, que él era solamente un amigo de su “hija” y no tenía intención alguna de molestar.
- ¿Dice usted, mi “hija”?
- ¿Pues qué cosa viene a ser de ella, si se puede saber? ¿Acaso el abuelo?
Entonces el señor se enojó de veras, y le avisó, con el rostro enrojecido, que no estaba para bromas, y que lo mejor era que se marchara en el instante porque en caso contrario llamaría a la policía.

En ese punto, Sara Arzamendia se quedó pensando. Apoyó la cabeza sobre el respaldo sedoso del sofá. No sabía por dónde continuar el relato. Y hacía tanto calor. Y el sudor picaba en el cuerpo.
Le pasaba que cuando no sabía cómo acabar o seguir un cuento, iba a encontrase con su amiga Amparo Méndez, y ella le daba la medicina literaria adecuada para salir del aprieto.

Un ave muerta era devorada por las hormigas en el patio.

Llamó a Amparo y le propuso un encuentro a las cinco, en el bar de siempre.

Derramó una jarra de agua sobre su perro, que huía del calor, con la lengua afuera, hacia cualquier sitio.

A la cinco menos cuarto, Sara se dirigió a la calle. Un repentino temor (o casi pánico) de que por esta vez su amiga no podría ayudarla, la distrajo, la apartó un momento del mundo, del lejano ladrido de los perros, de la realidad del calor sofocante y espeso.

No vio la camioneta azul que apareció de improviso y la embistió. Después de un tiempo, alrededor de su cadáver, se fue juntando lenta, ceremoniosamente, la gente...

El Mundo - El Rincón de la Martingala




El mundo de aquellos padres se vino abajo
cuando tras reconocerlo dijo el doctor
habrá que buscar donante
si queremos que su hijo
tenga pronta solución
la enfermedad le consume
esta vida se destruye
vamos contra tiempo.

Cuando todos los recursos se acabaron
la esperanza se escondían en un hermano
convertida en un cordón.

Un puente que de la madre le llega al hijo
que en el vientre de le da vida, un trozo de amor.

Un nuevo ser concebido
puede cambiar el destino
romper con el maleficio
maldita condenación.

Ese camino tomaron
en busca de aquel hermano
esperanza viva.

Muchos criticaron esa elección
la consideraban aberración
y hasta se rasgaron las vestiduras.

Personas que juzgan la sociedad
que no comprendieron que en realidad
cuando una familia no ve salida
por salvar a un hijo
hay padres que dan
a cambio sus vidas.

Letra: Juan José Hueso
Música y dirección: Jose Luís Rodríguez

En el fondo... - Alexander Vórtice

9 de julio de 2010


Siempre he reconocido con suma facilidad a mi inseparable Derrota, teniendo en cuenta que no exagero si les digo que ha sido una compañera invariable y ordenada a lo largo de mi vida. Como dijo el excelso Quevedo: “Yo he hecho lo que he podido, Fortuna lo que ha querido”. He sentido el aleteo de una dama blanca, pulcra, de cuento infantil para soñar o pernoctar, deambulando por mi cerebro; he sentido el aguijón intensamente penetrante de la injusticia, de la soledad que ahora, gracias a los años y los desengaños, amo con total sumisión. He bebido lo suficiente como para dejar de lado el estúpido retraimiento, he recorrido amplias marismas de entelequia, allí donde no existen resoluciones contundentes, donde la exquisitez es el gusto de ser uno mismo, donde me adoctrinaron con gran respeto y potente dulzura; mas, Derrota, mi dulce Derrota, siempre me ha acompañado, para lo bueno y para lo malo: ella es como un vergel sin ningún tipo de flores, un desierto de sal y cidra, es una estufa que me concede frío… Derrota…, justa Derrota y bendito Quevedo: la Fortuna no recuerda mi nombre, ni siquiera conmemora mi alter ego. Y el día que se enojó conmigo la gitana aquella por no haberle dejado leer mi mano por 500 pesetas, me replicó: “¡Yo te maldigo!”. A lo que yo le respondí al tiempo que le daba una insondable calada al cigarro húmedo y abaratado de batea: “Llega tarde, demasiado tarde, señora”. Pero lo bueno de tener una compañera de viaje vital tan estimulada y talentosa, es que se puede, por mucho que algunos digan lo contrario, convivir con ella: Al final yo le he hecho un hueco en mi vida: La alimento con palabras de esperanza, con ilusiones que, por supuesto, se acaban frustrando; le dejo un sitio en el sofá y permito que escoja los programas televisivos, incluso, es tal nuestra devoción el uno por el otro, que dormimos juntos, tarde, hay que decirlo, porque gusta en tocarme los genitales con su aliado el Sr. Insomnio. Les testifico que lo malo no es tan malo, son, a secas, cosas de la vida que a cada uno le ha tocado vivir. A mí me tocó coexistir con Derrota, y ya casi no me quejo, más bien me resigno, digiero despacio, bebo mirando al cielo, y me retiro. No hay nada malo en hacerlo, resignarse es una actitud tan humana como la de enamorarse, o mascar tabaco, o atracar una farmacia con las medias picantes y agujereadas de tu suegra, y una pistola de juguete made in China, que le compraste a tu sobrino el Día de Reyes, y que le hizo tanto caso como “La Esteban” a un símil excelso. Sí, lo que les digo, uno se acostumbra a simpatizar con lo que le ha tocado; aunque, si les soy sincero, aún después de tantos años, en el fondo, si pudiese, agarraría por los pelos a mi Derrota y acuchillaría todo su cuerpo con una navaja bien afilada, para después quemar su obsceno cuerpo, y acabar metiendo sus fétidos huesos en el cualquier barreño de inmundicia.

Mi ángel de luz - José Ángel Muñoz Juárez

7 de julio de 2010


Andaba perdido
sin rumbo,
por este mundo de tanto desamor.
Me faltaba algo,
quizás un pedazo de mi ser,
pero ¿a donde he de ir a encontrarlo?,
¿a donde esta ese amor tan esperado?,
me preguntaba.

Creía que el amor se había olvidado de mí,
que equivocado estaba.
Todo llega tarde o temprano,
me consolaba,
todo se lo dejo al destino,
confiaba.

Perdido,
sin esplendor,
habitaba en un mundo oscuro,
desolado,
lloraba encerrado,
tímidamente en mi mundo
de burbujas imaginarias.

Desde adentro
sentía la esperanza,
de que llegaría,
mi esperado ángel de luz.
Y me sorprendió por el costado,
silencioso,
llenándome de luz,
una bendita luz,
una luz divina,
una luz que me fortalece
una luz que no ciega.

Ahora te pido que me permitas,
quedarme a tu lado,
pintarte mi mundo imaginario,
darte mi soledad,
convertirte en mi primavera,
confiarte mi amanecer.

Mi ángel esperado,
me has devuelto los amaneceres.
El destino se impone,
nuestro amor tiene que existir,
permítame tocar las puertas de tu corazón
y contarte de mi poesía.

Te estas haciendo parte de mí,
me parece que te conozco desde siempre,
desde que llegue a esta vida,
ya estabas destinada para mi.

Siento que te conozco desde siempre,
fuimos hechos el uno para el otro,
le confió mi vida a tu mirada,
le confió mi existencia a tu ser.

Quiero permanecerte en un beso,
quiero que deshojes mi existencia en tus manos,
quiero que derrumbes todos mis miedos.
Mi ángel de luz,
mi esperado ángel
quiero morir y resucitar por ti.

Tómame de tus alas
elévame al infinito,
seamos dos corazones latiendo juntos
que no nos separe nadie
que esta unión se ilumine en tu mirada.

Primer premio Concurso de Poesía de Amor Roberto González Calero. Jatibonico 2010.

Noche - Salvador Eduardo García

6 de julio de 2010


Fue un disparo de la noche,
un relámpago de lluvia,
una brisa de agua pura…

Fue lo fugaz de una estrella,
una blanca luna, pura y seductora,
el sereno de una noche fugitiva…

Fue lo instantáneo de un lucero,
el paso del aire entre mis dedos,
el frío abrasador de tu ausencia…

Fue el reproche de mi piel, su sed,
fue el vacío de la cama al voltear,
el murmullo de tu voz en un recuerdo…

Fue la madrugada envolviéndome a la mitad,
estas lágrimas que caen, plenas de soledad,
el vacío que se esconde en medio de la oscuridad…

Fue un susurro del ayer que paseó tu risa otra vez,
fue saberme despierto a voluntad,
fue de pronto, extraviarme en una fe perdida…

Fue, tan sólo, lo largo de una noche sin echar raíz,
mirando las manecillas del reloj andar sin parar,
ahogando de sal la herida que se niega a cerrar…

Fue un disparo de la noche que de nuevo,
volvió a errar, dejó vivo un corazón,
un latido negándose a descansar…

Fue una madrugada, un desvelo,
la ceniza del fuego, pabilo de una tempestad,
una agónica madrugada de una vida ausente…

…volviendo a empezar.

La llama - Antonio Colinas

5 de julio de 2010


Hoy comienzo a escribir como quien llora.
No de rabia, o dolor, o pasión.
Comienzo a escribir como quien llora
de plenitud saciado,
como quien lleva un mar dentro del pecho,
como si el ojo contuviera toda
esa inmensa colmena que es el firmamento
en su breve pupila.

Me enciendo por pasadas plenitudes
y por estas presentes enmudezco.
Lloro por tener cerca una mujer,
por el agua de un monte
que suena entre cipreses en un lugar de Grecia;
lloro porque en los ojos de mi perro
hallo la humanidad, por la arrebatadora
música que quizá no merecemos,
por dormir tantas noches en sosiego profundo
bajo el icono y en su luz d oro,
y por la mansedumbre de la vela,
que sólo es eso, llama.

Comienzo a escribir y también la escritura
llora, porque respira y quema, porque pasa.
Qué gran gozo sentirme
yo mismo esa palabra que va ardiendo.
(Porque yo también ardo y también paso.)

Contemplo una llama muy quieta en la penumbra
de suaves jardines,
a la orilla de un mar calmo y antiguo,
y me voy encendiendo con la dicha
de saber que no existe otra verdad
que no sea esa llama, es decir,
la del amor que es don y que es condena.

Son llamas las palabras y son llamas los ojos,
que lloran sin llorar por el ser que yo fui
(aquel fuego cansado que temblaba
junto a otros jardines de otro mar)
y por el ser que ahora está mirando
fijamente una llama,
y que es, en soledad, la llama más gozosa.

¿Cuántas veladoras prendo? - Armando Cano

4 de julio de 2010




¿A qué santo debo atrapar para pedirle me respondas.

Me des tu amor, tu tiempo y me correspondas?.

Porque por lo visto tú no tienes santo,

Y yo carezco de ángel de la guarda.


¿A quién puedo hoy acudir, suplicar, implorar,

y rezarle que me quieras?.

Que te des cuenta de las cosas.

Que te enteres de este amor que es primavera.


Si tu santo no existe, se ha fugado,

o está en otros tantos lugares;

¿a qué santo hoy me atengo?, ¿cuántas veladoras prendo,

para remediar mis males?.


¿En qué idioma rezo?, ¿qué religión profesas?

A todos los santos que conozco ya los puse de cabeza.

Sólo tú no me respondes, ¿tendré que hacer una manda?

Hoy no hay quien me acompañe, ni mi ángel de la guarda.

En tu melancolía - José Ángel Muñoz Juárez

3 de julio de 2010


Quiero ser la arena
que tus desnudos pies acaricia,
ser el rayo de sol jubiloso
que quema.
Ser miel que se derrama en tu cuerpo.
El agua que abraza,
la espuma marchita,
el viento que te besa
suspiros en tus cabellos.

Quiero pedirte que no dejes
los besos y las caricias
la arena y las olas,
la luz y el aire.
Quiero que las huellas,
de recuerdos
sigan sobre ti
como muda presencia inevitable.

Inevitables
son los días tristes
llenos de ausencias,
cálidas caricias,
suspiros adormecidos,
la mano agitando el adiós,
¿será acaso la despedida?
que no esperas.

Si,
no digas nada,
escóndete entre los lirios,
entra en mi largo letargo
de horas muertas,
de ausencias repetidas.

Acaricia la ola,
acaricia mis páginas,
letras de ti,
credos,
estadías,
primaveras marchitas.

No te voy a decir
que me marcho
sería como decir
una falsa afirmación,
pues te invadirán sin dudas,
mis eternos recuerdos
en tu melancolía.

Madrugada - Salvador Eduardo

2 de julio de 2010


¡Madrugada!...

¡Así me dijo que se llamaba!,
abrigó mi noche y partió al alba,
a hurtadillas se marchó sin decir nada,
sin prometer un mañana...

Abrió paso entre mis labios,
plenos de un sabor amargo,
caminó a mi lado, escudó mi costado
y dibujó sus manos en mi espalda...

Mas de nuevo, su camino,
anduvieron mis pies descalzos
y en sus brazos, le esperé de nuevo al alba,
y en sus ojos, le besé el alma...

Una mañana...

Perdí los pasos, agonizaron mis abrazos,
en su regazo, me sorprendió el desengaño,
en su silencio, me hallé corazón lejano,
en su perdón, me acostumbré al silencio...

¡Madrugada!...

Así me dijo que se llamaba,
sin encontrar la fe que ella buscaba,
sin beber la piel que necesitara,
sin encontrar un resquicio de su ser...

Amando un café, una ventisca de mi sed,
una palabra con sabor a esperanza,
un amanecer que le despertara,
abrió un hoyo en la pared y enterró sus ganas...

En la costumbre, el dolor ancló,
de las heridas se bebió las rutas,
de cada noche, amarró los secretos,
en su boca agonizaron los deseos...

¡Madrugada!...

Así me dijo que se llamaba...
...la vereda de una ruta, en el fondo de mi ser
y el sendero de mi piel hundida, trazada.

La puerta - Delfina Acosta

1 de julio de 2010


Cualquiera llama a mi pequeña puerta.
Cenar suelo con reyes y mendigos.
Ay, cómo me atareo en repartir
en dos iguales partes lo servido.
Y es entre gente que a mi casa llega
contándome unos casos divertidos,
cuando me acuerdo yo de tu anunciada
visita, bienamado, y ahorro el vino.
Mi hogar aseo día a día y pongo
sobre la mesa aroma de jacintos.
Mientras te aguardo, ¿quién también te aguarda?
Y si tú llegas, ¿cena quién contigo?
Señor, que me confundes o enterneces
con tus palabras puestas en mi oído.
¿Las cosas que me dices son las mismas
que oyen las otras y les da lo mismo?
 

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