¡Bienvenidos!

Pasodoble - Medio Siglo

31 de enero de 2010



Tengo un Dios
hace poco tiempo que ha nacido
y dormidito está a mi lado
mi hermano el pequeñito
¡ay! a mí me ha curado
él nació por la ciencia de sabios doctores
y acabaron con mis sinsabores,
llegó a este mundo como un enviado
y me ha regalado
me ha regalado
esa salud que el otro Dios del cielo no me había dado.
No entiendo como tienen dudas
y hasta se critique por la Santa Iglesia
aquel que me trajo su ayuda
y sea pecado el que naciera
que ya no tomo medicinas
que ya con otros niños juego,
debajo el brazo trajo vida
y nadie hará que impida el quererlo,
¡ea la nanita ea!
cuando crezcas sabrás que tu hermano
parasiempre seguirá a tu vera
que no se atreva nadie a hacerte daño
perdona Dios de las alturas
que algunos me lo despreciaron
yo adoro al Dios que es pequeñito y está dormidito
aquí a mi lado.

Cuernos nocturnos - El Brujo de Letziaga


La noche iba apagando el día
cuando el cielo de rojo se teñía.
Nocturnamente escondido
entre sombras el mujeriego venía.
Todos en sueños dormían, menos ella,
que nerviosamente en su lecho espera.
El péndulo del reloj su corazón golpea,
que larga es la espera cuando se espera.

Por fin, unos nudillos repican la ventana,
ella fríamente entre sábanas se desliza
silenciosamente sale de su cama,
mientras, su marido duerme,
con grandes cuernos de hermosas astas
que adornan sus ya ostentosas ornamentas.

En la oscuridad de la noche por calles solitarias
deambulan enganchados de sus cinturas,
son testigos los luceros de besos y miradas
embriagados de pasión van los enamorados,
con sus almas y cuerpos entrelazados,
son los embrujados de todas las madrugadas.

Casi amanece, esta cerca la alborada,
son las últimas sombras de esta madrugada,
ella regresa rápidamente a su fría cama.
El amor de su truhán mujeriego ella recuerda
esta contando los segundos en su habitual espera
deseando que la noche vuelva rauda,
donde el mujeriego su ventana de nuevo tocara,
que larga es la espera cuando se espera.

Cuando se termina el parque - Jorge Bousoño

30 de enero de 2010


"Era la noche lo que deseaba
y ya la tengo."
[ Raúl Hernández Novás ]

I
Calendarios, teléfonos

pasos de relojes se cuestionan con tu ausencia
(la alcoba
es lo que más se aviene)
.

II
Estoy pasado de moda

aun mis poros y vellos tintinean
se catapultan
caotizan sudores con ciertas melodías
algunas presencias

y tosen
tartamudean
se atragantan

(cesó la llovizna
miles de ojos para los que no existo).
III
A mi lado un chico de mi misma talla
exactamente, de mi misma talla
con esa juventud que una vez
escapa.

IV
En la fiesta de disfraces
hay quienes recrean un cuaderno de apuntes
otros coleccionan días de suerte
(por supuesto que, los hay
quienes se exponen en el mercado).

V
Tantas lágrimas y desilusiones
no aceptan mucho más fallas
aun así
a todos nos provoca
el ponernos difíciles

(de momento
te dejo rastros y señas
para que me descubras)
es una forma de marcar
diferencia.
VI
Quise verme (verte)
ahora yo

(cazador de bienes y sorpresas
a resguardo de deseos)
quiero paraísos y diluvios
(no me protegiste).

VII
El ángel de la madrugada estuvo
ayer

deambulamos pasos y arabescos
(juegos de rebasas)

frente a frente, en desafío, se detuvo
le miré

el ángel de la madrugada estuvo
y le di mis alas
(la noche
es sólo obsequio para náufragos).

Pasodoble - Volver a empezar

28 de enero de 2010


Siempre oí
cuando era un chiquillo y me hacían llorar
el tosco refranero popular
que dice Los hombres no lloran.
Lo aprendí
y a veces lloré de alegría
y a veces de melancolía
y nunca lo ví una deshonra.
Y lloré cuando mis hijos de su madre fueron vida
y lloré si hubo traición en mi gente más querida.
Que las lágrimas las derraman los que tienen corazón
y es por eso que comprendo que tantos hombres hoy en día
que en mi tierra van llorando avergonzados por las esquinas.
Que no hay lágrima más negra que la de la decepción.
Hombres que lloran heridos por el orgullo y la rabia
hombres llorando escondidos que no los vean en casa
hombres que lloran de miedo que están pasando un calvario
hombres valientes llorando pidiendo a Dios un milagro.
Hay llantos que te emocionan
también los hay que te calman
pero el llanto de los hombres de mi tierra
es de aquello que los ve y te parten el alma
llanto a las puertas del trabajo
llantos de hombres sencillos
llantos de hombres parados
que no tienen na' que llevarle a sus hijos
llantos por unos canallas que no tienen nombre
que han hecho que en esta tierra
el que no llore no es hombre.

Bebes los vientos - Rubén Hernández

27 de enero de 2010


Vienen los vientos silbando,
surfeando obstáculos.
Vienen los vientos y mueven tu pelo,
y ramas de árbol fullero
que no sostienen mi peso
cuando me alzan para verte llegar más lejos.
Vienen los vientos y huye la lluvia.
Y mientras secas tu corazón
haces promesas para un mundo mejor.
No quiero dejar de sentirte cerca
aunque vuelen tus fueros.
No pienso dejar de sentirte cerca
aunque bebas los vientos.
Vienen los vientos huracanados,
nubíferos tentáculos.
Vienen los vientos y desglosan credos,
y figurantes normas ardiendo
que caen por su propio peso,
cuando rizan el rizo y te sientes ciego.
Vienen los vientos y huye la lluvia
y mientras secas tu corazón
nacen promesas que el temporal llevó.
No quiero dejar de sentirte cerca
aunque vuelen tus fueros.
No pienso dejar de sentirte cerca
aunque bebas los vientos.

La tumba y la rosa - Victor Hugo

26 de enero de 2010


La tumba dijo a la rosa:
-¿Dime qué haces, flor preciosa,
lo que llora el alba en ti?

La rosa dijo a la tumba:
-de cuanto en ti se derrumba,
sima horrenda, ¿qué haces, di?

Y la rosa: -¡Tumba oscura
de cada lágrima pura
yo un perfume hago veloz.

Y la tumba: -¡Rosa ciega!
De cada alma que me llega
yo hago un ángel para Dios.

Versión de Rafael Pombo

ODA XXXV De mis deseos - Juan Meléndez Valdés

25 de enero de 2010


¿Qué te pide el poeta?
di, Apolo, ¿qué te pide
cuando derrama el vaso,
cuando el himno repite?

No que le des riquezas
que avaros le codicien,
ni puestos encumbrados
que mil cuidados siguen:

no grandes heredades,
que abracen con sus lindes
las fértiles dehesas
que el Guadiana ciñe;

ni menos de las Indias
el oro y los marfiles,
preciosas esmeraldas,
lumbrosos amatistes.

Goce, goce en buen hora,
sin que yo se lo envidie,
el rico sus tesoros,
aplausos el felice.

Y el mercader avaro,
que entre escollos y sirtes
sediento de oro vaga,
cuando la playa pise;

con generosos vinos
a sus amigos brine
en la dorada copa
que su opulencia indique.

Que yo en mi pobre estado,
y en mi estrechez humilde
con poco me contento,
pues con poco se vive.

Así te pido sólo
que en bailes y convites
mis dulces años corran
de amor en blandas lides:

Sin que a ninguno tema,
sin que a ninguno envidie,
ni la vejez cansada
de mi lira me prive.

Domingo - Ángel González

24 de enero de 2010


Domingo, flor de luz, casi increíble
día. Bajas sobre la tierra
como un ángel inútil y dorado.
Besas
a las muchachas
de turbia cabellera,
vistes de azul marino
a los hombres que te aman, y dejas
en las manos del niño
un aro de madera
o una simple esperanza. Repartes
golondrinas, globos de primavera,
te subes a las torres
y giras las veletas
oxidadas. Tu viento agita faldas
de colores, estremece banderas,
lleva lejos canciones
y sonrisas, llena
las estancias de polvo plateado.

Los árboles esperan
tu llegada
para cubrirse de gorriones. Sabe más fresca
el agua de las fuentes.
Las campanas dispersan
palomas imprevistas
que vuelan
de otro modo.
No hay nadie que no sepa
que es domingo,
domingo.
Tu presencia
de espuma lava,
eleva,
hace flotar las cosas y los seres
en un nítido cielo que no era
-el lunes- de verdad:
apenas desteñido papel, vidrio olvidado,
polvo tedioso sobre las aceras.

Pasodoble - Los Santos

23 de enero de 2010



Primo, escucha primo,
de Jerez de la Frontera,
que te está hablando tu padre
que es tu Cádiz aunque a ti te duela.

Primo, escucha primo,
que siendo tú hijo mío,
con tu aire señorito
y ese pelo con patrico,
no sé a quién coño has salido.

Pero si miro bien,
el Jerez más humilde y puro yo diría,
tiene una cara canalla
que es igualita a la mía,
que es igualita a la mía.

Y aunque me quemo por dentro
y muero de celos me enorgullezco
de que tu equipo juegue en primera.
Si lo reconozco estallo,
pero envidio tus caballos,
tu campiña y tu solera.

Y en mi rincón más profundo,
sé que tienes la llave
del compás y del arte de este mundo.
Quiero que sepas Jerez,
que Cádiz es lo que es,
y que sin ti esta provincia no es la misma.

Y ahora que las lluvias te inundaron
y quedaste malherido,
aquí están los gaditanos,
aquí están los gaditanos,
toma mi tierra y mi casa
y mi corazón, que es el corazón
de tu pueblo hermano,
tu pueblo hermano.

Insomnia - Alberto Hernández Güemes

22 de enero de 2010


1.ooo por todas esas pastillas.

No, es muy poco...

1.5oo?

Perfecto.

Salí de la farmacia con siete bolsas llenas de Somnatrol en cajitas de 7o pastillas. Que desilusión, no eran de colores. Iba sonriente por la calle y casi me atropella una moto.

Llegué a mi casa. Comencé a abrir las cajas y poner las pastillas sobre la mesa. Cogí el martillo con mango verde que guardo debajo de la almohada. Las machaqué.

Miraba esa montaña blanca desde la butaca azul de mi padre. Tenía que dormir como fuera. Cogí un billete de cinco euros. El billete se convirtió en un turulo. El turulo en mi nariz. Poco elegante, pero funcional.

Hasta el entrecejo. Una, dos, tres rayas. Tiré el billete al suelo. Metí la cabeza en una montañita de polvillo que quedaba sobre la mesa.

Me sangraba la nariz. Mis manos eran de color azul. Escuchaba como si alguien tarareaba aquella canción de la banda sonora de Planet Terror. Sudaba. Tenía caliente la mano izquierda. La derecha en mis cojones. Las lágrimas, cayendo. En mi boca saladas se derretían y mis ojos se cerraban. Veía todo el salón con los ojos cerrados. Todo el salón era azul con lunares morados. Y las manos me temblaban. Taaaataataaataaara Taaaataataaataaara.

Escupí sobre la mesa. Algo verde. Me tumbé en el sofá. Miré el techo. Se caía. Arriba, abajo. Temblaba.

Yo visitaré anhelante - José Martí

21 de enero de 2010



Yo visitaré anhelante
Los rincones donde a solas
Estuvimos yo y mi amante
Retozando con las olas.

Solos los dos estuvimos,
Solos, con la compañía
De dos pájaros que vimos
Meterse en la gruta umbría.

Y ella, clavando los ojos,
En la pareja ligera,
Deshizo los lirios rojos
Que le dio la jardinera.

La madreselva olorosa
Cogió con sus manos ella,
Y una madama graciosa,
Y un jazmín como una estrella.

Yo quise, diestro y galán,
Abrirle su quitasol;
Y ella me dijo: “¡Qué afán!
¡Si hoy me gusta ver el sol!”

“Nunca más altos he visto
Estos nobles robledales:
Aquí debe estar el Cristo,
Porque están las catedrales.”

“Ya sé dónde ha de venir
Mi niña a la comunión;
De blanco la he de vestir
Con un gran sombrero alón.”

Después, del calor al peso,
Entramos por el camino,
Y nos dábamos un beso
En cuanto sonaba un trino.

¡Volveré, cual quien no existe,
Al lago mudo y helado:
Clavaré la quilla triste:
Posaré el remo callado!

Alas - Alfredo Farías

20 de enero de 2010


En mi vida de pájaro planetario

antes de tener plumas ya volaba,

desde que tuve uso de razón

hasta infancia no terminada.


En pájaro de alas de fantasía

fue mi vuelo inocente y confiado,

hasta los 15 años voló mi pájaro

en tenues alas color de arco iris.


En loco vuelo, fuera de ruta

en los surcos de un sureño huerto,

y en horario de hombres y mujeres

mi inocencia se fue, en femenino cuerpo.


Pájaro grande con alas de realidad

detuvo mi despreocupado vuelo,

vi mis alas quebradas en el suelo

me dijo “te crecerán de nuevo”.


Aunque mucho lloré, sin tino

al cabo de poco tiempo

me crecieron alas, cual Alsino

alas nuevas y de triste color.


Con ellas empecé a surcar nuevos cielos

fue como a la vida nacer de nuevo,

al principio mi vuelo fue inseguro

así fui descubriendo un nuevo mundo.


Árbol en que me posaba

era una venda que caía de mis ojos,

así fui descubriendo muchas cosas

que nunca pensé que existieran.

Conocí la mentira, amiga de la falsía,

traición, envidia, hipocresía y maldad,

con gran desigualdad luchaban

el amor, amistad, honradez y la piedad.

,

La verdad, la bondad y la solidaridad

en este mundo no eran moneda de cambio,

pues era mucho mejor reconocida

la ambición…en disfraz de metas logradas.


Descubrí hambre y modo de mitigarlo

……trabajo y remuneración injusta,

pasión, crimen y delincuencia

también conocí la riqueza…..ajena.


Comparé a la gorda y placentera gula

con la flaca y mortal desnutrición,

y a la rica pobreza del contento

con la miseria del rico avariento.

Todo esto aprendí con nuevas alas

pude comprobar y hacer diferencias,

lo falaz de la inocente fantasía

y la cruel verdad de la realidad.

Viniste a visitarme - Ernesto Cardenal

19 de enero de 2010


Viniste a visitarme
en sueños

pero el vacío
que dejaste cuando
te fuiste

fue realidad.

Presentación - Noches de Bohemia






Uhhh...para cantarle al mundo hace falta una voz,
que cuando cante se levante y clara suene
haciendo ruidos de alegría y de dolor,
tal vez diciendo lo que al mundo le conviene,
tal vez diciendo lo que no.
Y en cambio en estos tiempos para cantar aquí
de corazón y de maneras infinitas,
no necesitas nunca nada que decir
bastan las noches de bohemia en la tacita
y el mundo entero para ti.
Si la vida es la luna lunera en su cuarto menguante,
y las cosas que son pasajeras son poco importantes.
Hago así de la vida un placer que es hacer lo que dicen
que no debo hacer
y compruebo que el hombre no sabe la vida tan bella que deja de lado.
Si la vida como una aventura, no hay mayor fortuna que vivirla bien
y por eso en mi reino no ves lo que tengo sino lo que hago.
Por eso en estos tiempos para cantar aquí
de corazón y de maneras infinitas
no necesitas nunca nada que decir
bastan las noches de bohemia en la tacita y el mundo entero para ti.

Yo soy como la luciérnaga que necesita la noche para brillar y vivir,
y a mi callada manera saben que soy tan feliz,
que de los reyes cualquiera se cambiaría por mí
que de los reyes cualquiera se cambiaría por mí
se cambiarían por mí....

Las copas de la vida - El Brujo de Letziaga


Hace muchos años ya, era habitual encontrarle en la esquina del pequeño bar, de su pequeño barrio, de aquel pequeño pueblo pescador; apurando copas de soledad, abrazado únicamente a su pesarosa sombra, con sus ojos derramando lágrimas de tristeza y penar, y una barba de varios días sin afeitar, mal peinado y desaliñado cual piltrafa humana singular, muy dejado de la mano de Dios; pero su figura y su porte a pesar de todos los pesares continuaba exhibiendo ese aura de misterio y una altivez chulesca que siempre le acompañaba a todas partes donde acudía.

Sus pensamientos se debatían todos los días en una batalla sin cuartel entre seguir viviendo o dejarse morir. Abstraído en sus devaneos emocionales mientras apuraba una detrás de otra copas rebosantes de soledad, malamente y con dificultades podía ver lo que ocurría en el resto del bar y las vidas de otros y otras que allí divertidamente dejaban correr las manecillas del reloj en feliz y dicharachera algarabía.

De todos modos siempre su mirada reparaba en un grupo ya habitual en el bar y especialmente en una chica rubia muy divertida ella y con una belleza tan extraordinaria que llamaba la atención, pero que sobre todo destacaba por su liderazgo y seguridad en si misma, inteligencia, alegría, desparpajo, y conseguía de sus amigos y amigas todo lo que se proponía, parecía una triunfadora a la que nada y nadie se le resistía y daba sensación de llevar al mundo por montera.

Pero un día al otro lado de la barra, lejos de la esquina donde él se encontraba como tantas veces, el mismo grupo de chicos y chicas reían, hablaban y disfrutaban en alegre cháchara su felicidad. Y él como en tantas ocasiones anteriores con su triste semblante habitual y la voz rota exclamo: !!!camarera por favor, sírvame otra copa de soledad!!!, en ese momento al hacer su petición observo que los ojos azules color de cielo raso de esa chica tan especial estaban clavados mirándole fijamente.

Él se quedo impertérrito y ella caminando muy lentamente con la seguridad en si misma que la caracterizaba y acostumbrada a conseguir siempre lo que se proponía se fue acercando a él y le dijo tiernamente:
!!!esta noche deseo que salgamos juntos, quiero invitarte a tomar unas copas con una mezcla de ilusión y alegría, ¿qué me dices?!!!, le costo mucho tiempo reaccionar, tardó largo rato en responder mientras la miraba sus ojos azules grandes color de mar, pero asintió con la cabeza y la respondió, que allí en el mismo bar al finalizar el atardecer la esperaría.

Esa noche salieron y pasearon llevando de testigo a la celosa Luna y dibujando corazones en la arena de la playa, varias copas de ilusión y alegría tomaron por los bares costeros del pescador pueblo, mientras ella hablaba mucho y le decía que él había conseguido llamar su atención, y que llevaba ya tiempo observándole en el bar, que alguna extraña fuerza de atracción pudo con ella, y que si volviera a nacer actuaría siempre igual; él escuchaba mudo y dubitativo los monólogos de su enigmática rubia y al final de esa noche quedaron para volver a compartir copas esta vez de felicidad otro día, en otro de esos atardeceres veraniegos que aquel pueblo costero disfrutaba.

Y así se fueron sucediendo las citas donde tomaban copas de felicidad, y en cada una de ellas la rubia enigmática como tratamiento contra su soledad le regalaba dosis de alegría, le administraba cápsulas de simpatía, comprimidos de sonrisa, grageas de cariño, le inyectaba su dulce mirar, y le hacía transfusiones de amor, hasta que una noche ocurrió lo esperado; resulta que en cada farola se besaron y a la luz de una de ellas se entregaron, y de este modo las copas que tomaron empezaron a ser de amor deseado.

Sus vidas se unieron y compartieron amor y fidelidad, él aún dudaba si era un sueño o realidad lo que estaba viviendo, quería llorar de felicidad y nada se parecía a su deprimente ayer; el tiempo era oro estando ellos juntos, y cada estrella que por las noches veían era “un te quiero”, él le agradecía a ella todo el amor, su hermosura, sus palabras ardientes y la dicha que le ofrecía, y de esta relación una hija fructifico, a semejanza de su madre tanto en lo físico, en lo emocional, como en la forma de ser y su comportar; parecía el negativo de la foto de su madre e incluso era muy curiosa como ella, y al padre no le quedo mas remedio al cabo de pocos años ante la insistencia de su hija que contarla como su madre la rubia triunfadora, distinta y especial se encapricho de él en aquel pequeño bar, de un pobre hombre que apuraba su vida con copas de tristeza y soledad.

Pero un día una cruel enfermedad, la habitación 352 de un Gran Hospital, dos camas y en una de ellas postrada la rubia especial tomando sus últimas copas de vida.
Ella, la vencedora, la que todo podía conseguir, la inteligente, la segura en sí misma, luchaba para no tomar el último sorbo de la copa de la muerte. Estaba intentando ganar su última batalla para no perder la guerra.

Recuerdo que una mañana con voz trémula y sin fuerza les dijo que se acercaran a su hija y su marido, y que ambos se colocaran a cada lado de la cama. El marido a su derecha y su hija a su izquierda les solicito a sus dos seres más queridos como buenamente pudo.

Entonces dirigiendo su mano derecha a la del marido, la estrechó con las pocas fuerzas que aún la quedaban, y con su mano izquierda estrecho la mano de su hija, al mismo tiempo que les pedía que la abrazaran, y juntando sus cabezas a ambos lados de la de ella sobre la almohada les susurro a modo de promesa unas palabras proféticas.

Ella en ese mismo momento volvió a ganar, la rubia nunca perdía, conseguía siempre lo que quería, fue especial, distinta hasta el mismo día de su muerte. Les dijo a su marido y a su hija entre susurros opacos que nunca hay un adiós total, que se volverán a ver en algún lugar del tiempo, porque siempre hay un reencuentro, contar con eso, les prometió.

Luego, antes de tomar su última copa de vida mientras se abrazaban los tres y las lágrimas se habían acabado ya en los ojos del padre y la hija, les aseguro que ella no tomaría nunca la copa de la muerte, porque les esperaba al otro lado de la luz, con unas copas llenas de eternidad las cuales siempre estarán a rebosar, por tiempo imperecedero e infinito. Y ya al final de sus últimos sorbos de vida, cerró sus heridas y las concilió con Dios solicitando a su marido e hija que rezaran un Padre Nuestro y un Ave María y mientras ella decía !!Sagrado Corazón de Jesús en vos confió!!!, dulcemente expiró muriendo plena de amor hasta su último suspiro.

Actualmente el pequeño bar de aquel pequeño barrio, de ese pequeño pueblo, cuenta entre sus clientela a un grupo de jóvenes que se divierten tomando copas mezcladas de bullicio con alegría, pero entre ese grupo hay una bonita joven rubia triunfadora, inteligente, segura de si misma, distinta y especial como era su madre, que únicamente toma copas de esperanza mientras se divierte con sus amigos y de vez en cuando mira a la otra esquina del bar para comprobar si aparece un joven al que espera que beba copas de soledad, abrazado únicamente a su sombra, con sus ojos derramando lágrimas de tristeza y penar, una barba de varios días sin afeitar, mal peinado y desaliñado cual piltrafa humana singular, para ir a donde él muy despacito y decirle tiernamente:

!!!esta noche deseo que salgamos juntos, quiero invitarte a tomar unas copas con una mezcla de ilusión y alegría, ¿qué me dices?!!!..........

Pelecanus - Elena Medel

18 de enero de 2010




Una mujer entra en mi casa. Camina con pesadez, formando tras de sí un camino de arena, vestíbulo de baldosas amarillas. Se sienta frente a mi escritorio. El contacto con el respaldo de la silla transforma a la mujer en una catarata: de sus brazos, de sus piernas, mana el agua con olor a estancado, quién sabe si venida de la orilla del mar. Mi espía: uñas como lunas menguantes, quiero saber qué estás buscando en mí. Durante un rato observo sus rasgos conocidos, juego a trasladarlos a mí misma, me fijo en su vestido blanco manchado de rojo a la altura del pecho. Golpe. Sé lo que buscas en mí. Y ella responde: soy el pelícano, te beberás mi sangre, te comerás mi carne cuando no tengas nada.

Presentación - La Banda del Capitán Veneno

17 de enero de 2010



Dicen que pueblo que canta,
pueblo que espanta sus males,
por eso a Cádiz le salen
los males por la garganta.

Y así nunca se atraganta
con sus pecados mortales
y al llegar los carnavales
mi pueblo hace una banda.

Banda sin más generales
que sus mil chirigoteros.
Los capitanes veneno,
venenos de nuestra sangre.

Veneno que de la mano
atrapa los corazones
y los convierte en pasiones,
orgullos del gaditano.

Dicen que pueblo que canta,
pueblo que espanta sus males,
por eso a Cádiz le salen
los males por la garganta,
y hace una banda,
que es esta banda de carnavales.

Capitán, corazón;
corazón, capitán.
¡Ay, veneno!

Me robastes el alma
y rebujaste en mi piel,
lo malo con lo bueno.

Y conseguiste al final
que loco me enamorara
de una mujer especial.
Que en casa la llamaban Cádiz
y en la calle la llamaban
¡ay! La Tacita de Plata.

Tu me elegiste a la suerte y yo también,
maldita fueron las ganas de los dos.
Que por tu culpa ya no se lo que es el bien
y no distingo los cariños del dolor,
¡ay! pero ya,
como estoy preso en la cárcel de tu amor
y este veneno que tengo es inmortal,
no voy a quedarme si ti por carnaval.

Muerte - Meira Delmar

15 de enero de 2010



La muerte no es quedarme
con las manos ancladas
como barcos inútiles
a mis propias orillas,
ni tener en los ojos,
tras la sombra del párpado
el último paisaje
hundiéndose en sí mismo.

La muerte no es sentirme
fija en la tierra oscura
mientras mueve la noche
su gajo de luceros,
y mueve el mar profundo
las naves y los peces,
y el viento mueve estíos,
otoños, primaveras.

¡Otra cosa es la muerte!

Decir tu nombre una
y otra vez en la niebla
sin que tornes el rostro
a mi rostro, es la muerte.
Y estar de ti lejana
cuando dices "La tarde
vuela sobre las rosas
como un ala de oro".


La muerte es ir borrando
caminos de regreso
y llegar con mis lágrimas
a un país sin nosotros
y es saber qué pregunta
mi corazón en vano
por tu melancolía

Otra cosa es la muerte.

Yolanda - Pablo Milanés y Silvio Rodríguez

13 de enero de 2010

Esto no puede ser no mas que una canción,

quisiera fuera una declaracion de amor.

Romántica, sin reparar en formas tales,

que pongan freno a lo que siento ahora a raudales.

Te amo, te amo, eternamente, te amo.

Si me faltaras,no voy a morirme.

Si he de morir, quiero que sea contigo.

Mi soledad, se siente acompañada.

Por eso a veces sé que necesito,

tu mano, tu mano... Eternamente tu mano.

Cuando te vi, sabia que era cierto,

ese temor de hallarme descubierto.

Tú me desnudas con siete razones,

me abres el pecho siempre que me colmas.

De amores, de amores... Eternamente de amores.

Si alguna vez,me siento derrotado,

renuncio a ver el sol cada mañana.

rezando el credo que me has enseñado,

miro tu cara y digo en la ventana:

Yolanda, Yolanda... Eternamente, Yolanda.

Eternamente, Yolanda...

Yolanda...eternamente Yolanda...

Eternamente Yolanda

Canción - José Cadalso

12 de enero de 2010




Sigue con dulce lira
el metro blando y amoroso acento
que el gran Febo te inspira:
pues Venus te da aliento
y el coro de las musas te oye atento.

Sigue, joven gracioso,
de mirto, grato a Venus, coronado,
y quedara envidioso
aquel siglo dorado
por Lasos y Villegas afamado.

Dichosa la zagala
a quien le sea dado el escucharte,
pues tu musa la iguala
con la Diosa de Marte;
tal es la fuerza de tu ingenio y arte.

Aunque más dura sea
que mármoles y jaspes de Granada,
cual otra Galatea,
o sea más helada
que fuente por los yelos estancada.

Al punto que te oyere,
te ofrecerá su cándido regazo;
Si tu voz prosiguere,
te estrechará su brazo;
y amor aplaudirá tan dulce lazo.

Y las otras pastoras
de envidia correrán por selva y prado,
y verá la que adoras
el triunfo que ha ganado
por haber tus ternezas escuchado.

Mas, ¡ay de aquellos necios
que intenten competir con tu blandura!
Sólo hallarán desprecios
de aquella hermosura
que una vez escuchare tu dulzura.

Dirán su rabia y celos
en el bosque más lóbrego metidos,
injuriando a los cielos;
y oyendo sus gemidos,
responderán las fieras con bramidos.

La entrada del averno
parecerá aquel bosque desdichado;
y do tu metro tierno
hubiere resonado,
el campo que a los buenos dará el hado.

Pasó mi primavera
(¡los años gratos al amor y a Febo
quién revocar pudiera!)
y a juntar no me atrevo
mi voz cansada con tu aliento nuevo.

Si no, yo cantaría
al tono de tu lira mis amores;
y al tono de la mía
cantaras, entre flores,
atónitas las aves y pastores.

Sigue, sigue cantando,
no pierdas tiempo de la edad florida:
que yo voy acabando
mi fastidiosa vida
en milicia y en corte mal perdida.

En alas de la fama
tus versos llegarán a mis oídos.
Si la trompa me llama
a los moros vencidos
o a los indios de Apache embravecidos,

o al antártico polo,
llevando las banderas del gran Carlos,
dirame siempre Apolo
tus versos, y a escucharlos
acudirán las gentes y a alabarlos.

Ni el estrépito horrendo
de Neptuno, que ofrece muerte impía,
ni de Marte el estruendo
turbará el alma mía,
si suena en mis oídos tu armonía.

Aun cuando dura Parca
mayores plazos a mi vida niegue,
y en la fúnebre barca
por la Estigia navegue
y a las delicias del Elíseo llegue;

oiré cuando Catulo,
a la sombra de un mirto recostado,
con Propercio y Tibulo,
lea maravillado
los versos que tu musa te ha dictado,

cuando acudan ansiosos
Laso y Villegas al sonoro acento,
repitiendo envidiosos:
«¡Qué celestial portento!,
¿a quién ha dado Apolo tanto aliento!».

Yo, que seré testigo
de tu fortuna, que tendré por mía,
diré: «Yo fui su amigo,
y por tal me tenía,
gozando yo su amable compañía».

Haranme mil preguntas,
puesto en medio de todos: «¿De quién eres?,
¿y cuántas gracias juntas?,
¿y a cuál zagala quieres?,
¿y cómo baila cuando el plectro hieres?».

Y con igual ternura
que el padre cuenta de su hijo amado
la gracia y hermosura,
y se siente elevado
cuando le escuchan todos con agrado,

responderé contando
tu nombre, patria, genio y poesía:
y asombraranse cuando
les diga tu elegía
a la memoria de la Filis mía.

Oración para que no me olvides - Óscar Castro

11 de enero de 2010






Yo me pondré a vivir en cada rosa
y en cada lirio que tus ojos miren
y en todo trino cantaré tu nombre
para que no me olvides.

Si contemplas llorando las estrellas
y se te llena el alma de imposibles,
es que mi soledad viene a besarte
para que no me olvides.

Yo pintaré de rosa el horizonte
y pintaré de azul los alelíes
y doraré de luna tus cabellos
para que no me olvides.

Si dormida caminas dulcemente
por un mundo de diáfanos jardines
piensa en mi corazón que por ti sueña
para que no me olvides.

Y si una tarde, en un altar lejano,
de otra mano cogida, te bendicen
cuando te pongan el anillo de oro,
mi alma será una lágrima invisible
en los ojos de Cristo moribundo.

¡Para que no me olvides!

Razón de Amor (1104-1121) - Pedro Salinas


¡Cómo me dejas que te pienses!
Pensar en ti no lo hago sólo, yo.
Pensar en ti es tenerte,
como el desnudo cuerpo ante los besos,
toda ante mí, entregada.
Siento cómo te das a mi memoria,
cómo te rindes al pensar ardiente,
tu gran consentimiento en la distancia.
Y más que consentir más que entregarte,
me ayudas, vienes hasta mí, me enseñas
recuerdos en escorzo, me haces señas
con las delicias, vivas, del pasado,
invitándome.
Me dices desde allá
que hagamos lo que quiero
-unirnos- al pensarte.
Y entramos por el beso que me abres,
y pensamos en ti, los dos, yo sólo.

Pasodoble - La Cuadrilla

9 de enero de 2010



Me pareció sorprendente
ver a los curas en la manifestación
marchando fervientemente
y gritando al presidente
contra la ley de educación.
Bienvenidos a la democracia,
esa que en vuestra casa
en la hoguera se quemó.
Y es para vomitar escucharlos venir
y hablar de libertades,
a esos que quieren prohibir
el matrimonio entre homosexuales.
Si es un derecho manifestarte,
yo los eché de menos en momentos importantes.
Yo no los vi desplegar sus pancartas
contra las bombas etarras.
Yo nunca los vi en la calle
y con esa misma fuerza levantarse,
manifestarse ni protestar
por los niños que pasaban
debajo de su sotana.
¿Y dónde estaba metío el clero
en esos dias que el mundo entero
le gritaba no a la guerra?,
como putas en Cuaresma
callando y mamando en sus santas iglesias.

Que pequeña soy yo - Pastora Soler

Qué grande eres amor,

que me das mil razones y luego la locura.

Que perfumas mi cama y escondes las rosas.

Tras vencerte te pierdo, tras amarte me odias.

Que dueño del viento, tú borras mis huellas,

que dueño del tiempo, me añoras y olvidas.

Qué injusto eres amor, que no distingues entre buenos ni malos.

Que le vuelves la espalda al que siempre ha luchado.

Al que lo ha dado todo esperando muy poco.

Que te cuelas en su corazón y lo gastas,

y al mío lo llenas y lo vuelves tan loco,

que nunca te olvida, y que nunca se muere.

Yo no soy nadie sin ti, y contigo no soy yo,

nunca te elijo aunque te persigo,

te crees sincero y me creo tus mentiras,

por ti sé que existo y existes por mí,

¡qué grande es este amor!

qué pequeña que soy yo.

Qué grande eres amor,

que me lo arrebatas, sin ser arrebatado.

Que te bebes mi vida y que sigues sediento.

Que me sueltas, me agarras, que me traes y me llevas.

Que aunque sola me sienta, me siento tan libre,

para buscarte de nuevo, sufrir y abrazarte,

me cuesta volver y me cuesta marcharme.

Yo no soy nadie sin ti, y contigo no soy yo,

nunca te elijo aunque te persigo,

te crees sincero y me creo tus mentiras,

por ti se que existo y existes por mí,

¡qué grande es este amor!

que pequeña que soy yo.

¡¡¡Qué romántico es mi barrio!!! - El Brujo de Letziaga

8 de enero de 2010


Las luces de las farolas ya alumbran
señalando el final del atardecer,
preludio de la entrada del anochecer.
En mi barrio sus espectaculares parajes
lúgubres tabernas y bellos anocheceres,
son testigos de románticos amores.
Es mi barrio un oasis de corazones libres,
un paraíso con alameda y moreras,
donde las estrellas se pueden alcanzar
con bellas palabras y canciones dedicadas;
existen sueños de amor, ilusiones,
se despiertan los sentimientos, las pasiones,
embrujos de amor, son noches de emociones.

Mi barrio ostenta rincones y lugares secretos
dónde se puede dar lustre y brillo a los besos,
donde las plegarias al cielo, hablan de libertad,
los sueños de amores eternos se hacen realidad
y existen sortilegios para los enamorados,
y entre ellos, asidos de la mano va él,
con una joven con cara de chiquilla
labios como soles de primavera,
ojitos color de mar, piel morena,
y cuerpo de mujer, a la que desea
y que dejar de amar nunca podrá.
La querrá hasta quedarse sin aliento
hoy, siempre, y hasta su último momento.

Tercer mundo - Santiago Azar

7 de enero de 2010


Mi tercer mundo
son este morir en la salud pública,
estas camisas que compré de segunda mano,
estas goteras por donde aparece el invierno
como un anciano perverso y gigante.
Mi tercer mundo
es este educarse con libros prestados,
con lápices que se van desgastando,
con caminatas y zapatos rotos.
Mi tercer mundo
es saborear caldos de pobreza amarga,
piojos como integrantes de las familias
y analfabetos repartidos como muchedumbres.
Es tener deportistas raquíticos y borrachos,
calles de tierra, o con alumbrado siniestro,
decrépitos funcionarios incrustados en la administración pública.
Mi tercer mundo
es un cuarto donde quemo mis pupilas en un techo sucio,
son estos chiquillos con enfermedades interminables,
madres pariendo para conquistar el universo,
ancianos entregados a la espina de la vejez,
sordos y mudos, muertos para adentro.
Y quién tiene la culpa?
Nosotros, por el solo hecho de haber nacido,
por el solo hecho de haber dicho patria
en el día equivocado y en la hora impensada.

Padre nuestro - Nicanor Parra

6 de enero de 2010


Padre nuestro que estás en el cielo
Lleno de toda clase de problemas
Con el ceño fruncido
Como si fueras un hombre vulgar y corriente
No pienses más en nosotros.

Comprendemos que sufres
Porque no puedes arreglar las cosas.
Sabemos que el Demonio no te deja tranquilo
Desconstruyendo lo que tú construyes.

El se ríe de ti
Pero nosotros lloramos contigo:
No te preocupes de sus risas diabólicas.

Padre nuestro que estás donde estás
Rodeado de ángeles desleales
Sinceramente: no sufras más por nosotros
Tienes que darte cuenta
De que los dioses no son infalibles
Y que nosotros perdonamos todo.

No me crees - Efecto Mariposa

4 de enero de 2010





No sé pensar si no te veo,
no puedo oír si no es tu voz,
y en mi soledad
yo te escribo y te entrego
en cada beso el corazón.

Se apaga el sol en mi ventana
y hace tiempo que ya no sé de ti,
dime cómo te ha ido,
si también estás sola
y si piensas en mí,
sigo aquí.

En todas las palabras, mil caricias y miradas,
tú me dabas lo que nadie me dio en mi vida.

Tu recuerdo me consuela, me desvela ,
me envenena tanto cada día.
¿Qué harías si te pierde este pobre corazón?

Y no me crees cuando te digo que la distancia es el olvido,
no me crees cuando te digo que en el olvido estoy contigo aunque no estés,
y cada día, cada hora, cada instante pienso en ti y no lo ves,
no me crees.

No sé soñar si no es contigo,
yo sólo quiero volverte a ver
y decirte al oído todo lo que te he escrito en este papel,
entiéndeme.

En todas las palabras, mil caricias y miradas
tú me dabas lo que nadie me dio en mi vida.

Tu recuerdo me consuela, me desvela ,
me envenena tanto cada día.
¿Qué harías si te pierde este pobre corazón?

Y no me crees cuando te digo que la distancia es el olvido,
no me crees cuando te digo que en el olvido estoy contigo aunque no estés,
y cada día, cada hora, cada instante pienso en ti y no lo ves.

Y no me crees cuando te digo que no habrá nadie que te quiera como yo,
cuando te pido que en el olvido no me dejes sin razón,
entretenerme en el recuerdo es el remedio que me queda de tu amor.

Y si me entrego a ti sincero
y te hablo al corazón
espero que no me devuelvas un adiós.

Y no me crees cuando te digo que la distancia es el olvido,
no me crees cuando te digo que en el olvido estoy contigo aunque no estés,
y cada día, cada hora, cada instante pienso en ti y no lo ves.

Y no me crees cuando te digo que no habrá nadie que te quiera como yo,
cuando te pido que en el olvido no me dejes sin razón,
entretenerme en el recuerdo es el remedio que me queda de tu amor.
No me crees.

La muerte de la imaginación - Paulina Vinderman


"Lo que más temo es la muerte de
la imaginación."
Sylvia Plath


El corazón no tiene quien le escriba,
nadie se atreve a cruzar la noche remando
en la intemperie
(nadie se ve)
Y si no fue más que un amor negro, susurrante
que nada da,
el viaje más lejano fue el de mi cabeza
hacia su hombro
(el más inútil)


La rama golpea en la terraza
pero es solamente oscura. El miedo
se sienta a comer un pastel en la cocina
(y dice que es real)


¿Alguien pudo tocar a la desesperación?


Terciopelo, papel de diario, una lata oxidada,
no hay vacuna contra las superficies.


El mundo es un hueco tapado con barniz
(y no respira.)

Entrevista III - Arturo Pérez Reverte

3 de enero de 2010


Arturo Pérez-Reverte cree firmemente que un escritor "no puede renegar de lo que ha hecho", y por eso en su nueva novela, "El asedio", ha volcado todo lo que sabe hasta conseguir "una compleja" obra en la que conviven la historia, la ciencia, el enigma, el espionaje, la aventura y el amor.

"En 'El asedio' he intentado hacer una novela en la que se reconocieran mis otros libros; es una especie de balance o de botín final de veinte años de escritor", afirma Pérez-Reverte en una entrevista con Efe en la que desarrolla las claves de su nueva obra, que publicará Alfaguara el 3 de marzo en España y América y que sin duda es una de las novedades literarias más esperadas de 2010.

Por algo este escritor, que se considera "un leal mercenario" de sus aficiones, de sus sueños, de sus amores y sus odios, tiene cientos de miles de seguidores en España, en Hispanoamérica y en otras muchas zonas del mundo. Su obra está traducida a 35 idiomas y ha cosechado importantes premios.

Pérez-Reverte (Cartagena, Murcia, 1951) ha entregado ya el original de su novela, después de dedicar varias semanas a revisarlo para "comprobar que todo era coherente". Una fase "terrible para cualquier escritor" y "de mucha tensión".

Y más si se trata de una novela, como "El asedio", que es "larga (700 páginas), muy complicada desde el punto de vista técnico y de muchos personajes". Y una obra en la que Pérez-Reverte vuelve a poner "el enigma en el centro de la historia", como hacía en sus primeros títulos, y eso le ha obligado a "desempolvar viejas lecturas y viejas técnicas narrativas".

Ambientada en el Cádiz de 1811-12, durante el asedio francés en la Guerra de la Independencia, el nuevo libro de Pérez-Reverte "es más que un novela de intriga o de enigma". Es "una obra compleja" con varias tramas: policíaca, de espionaje, marina, de aventuras y sentimental folletinesca.

"Y hay una guerra de fondo, pero no es una novela histórica. Podía haber ocurrido perfectamente en el Madrid de 1936 o en el Sarajevo del 92", advierte el escritor, que no tiene intención de escribir, "de momento", sobre la Guerra Civil, porque "hay gente que lo está tocando mucho y muy bien". Y a Sarajevo ya le dedicó "Territorio comanche" y está también detrás de "El pintor de batallas".



El aspecto histórico del Cádiz bombardeado por los franceses ya lo trataron Pérez Galdós en "Cádiz", y Ramón Solís en "Un siglo llama a la puerta", recuerda el novelista.

"Pero yo cuento lo que no se ha contado. Yo cuento un Cádiz subterráneo, urbano, distinto, y hablo de los efectos complejos, letales, enigmáticos y sentimentales que una bomba, y la geometría que la impulsa, pueden producir en un terreno urbano", asegura Pérez-Reverte.

En su nueva novela se adentra en "la ciudad como territorio" para ver "cómo se puede convertir en un tablero de ajedrez hostil, peligroso, donde hace falta conocer las reglas para sobrevivir".

Pero que nadie piense que "El asedio" es "una novela fría sobre la geometría de una ciudad". El escritor reviste todo eso "con aventuras, sentimientos, amor, con personajes y con vida".

Entre esos personajes hay "un comisario de policía, que es un perfecto hijo de puta, corrupto, muy revertiano; una heredera de una importante casa comercial gaditana; un artillero francés y un espía, obsesionados ambos con la geometría; un traductor de griego obsesionado con el ajedrez, y un corsario", comenta el autor de "El maestro de esgrima" o "La reina del sur".

La heredera de "El asedio" es "un prototipo de lo que era la clase culta gaditana de finales del XVIII y principios del XIX". En esa época, las mujeres de la burguesía "sabían de negocios, leían libros, hablaban idiomas y representaban a ese Cádiz liberal, abierto al mundo, que contrastaba con la España cerrada y oscura del resto del país".

"Ese Cádiz simbolizaba la España que fue y no pudo ser. La burguesía abierta, liberal, negociante, que hacía la riqueza de las naciones y que cambió el mundo en el XIX, estaba representada en Cádiz y fue aplastada por muchas razones que cuento en la novela", añade.

Mientras escribía "El asedio", este narrador y académico sentía "a veces" que se movía por "un mundo cercano al de 'Guerra y paz' y 'El gatopardo'", pero el tono de su libro es muy distinto al de esas dos grandes novelas: "es Pérez-Reverte total".

"Es una novela cortada, dura, con mucha mala leche, y, además, no es políticamente correcta porque aquel mundo no lo era", advierte. "Y es una novela de mucho disfrute", asegura entusiasmado.

Una figura herida - Antonio Carvajal

1 de enero de 2010


Anoche vi su rostro. Fue un instante
total, de esos que cuentan los que saben
del alma de los hombres que equivalen
a una vida completa. Tuve tiempo
para buscar sus ojos y mirarlos
y proyectar en ellos toda mi soledad,
todo mi desamparo, todo el desasosiego
de no saber, de no esperar, y abrirme
en ellos y encontrar esa ternura
que no sabemos nunca si procede
de una mirada amiga, pero vemos
que nos envuelve y nos consuela y hace
un arroyo de luz en nuestro pecho.
Necesitaba tanto esa ternura,
necesitaba tanto su consuelo,
arrojarme en su luz, dejar un llanto
largo, mas sin gemidos,
manar, fluir, lavarme,
correr por sus mejillas,
que me dejara limpio de memoria,
limpio de mí, que apenas
entreví su mirada. Me miraba,
lo sé, bajo mis propias lágrimas,
sin alterar su paz, como dejándome
su paz en mi abandono.
Y yo me abandoné, me abandonaba
a su caricia quieta,
a su presencia inmóvil, a la plena
certeza de su gozo. Fue un instante
total, de esos que cuentan los que saben
del alma de los hombres que equivalen
a una vida completa, aquella vida
que encuentra su sentido y nunca acaba,
y nunca acabará sin su consuelo.
 

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