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Me deleita - El Brujo de Letziaga

31 de diciembre de 2010


Me deleita escuchar las voces de la calle
en mayor medida que leer el diccionario.
Me gustan más los pueblos que las ciudades
y prefiero una buena canción a un concierto.
Es por eso que me enorgullezco
de mantel, mesa y plato opíparo casero.
Prefiero la sensibilidad y el detalle
de la cocina de mi madre
antes que la de un precioso, chorreante,
menú a la carta de un restaurante,
con terrazas mirando al horizonte
en días azules y quietud de mares,
con olas en perezosa y aburrida calma.



Mi madre mueve acompasadamente la cintura
con su delantal en ristre y mangas arremangadas.
Para nosotros, sus cuatro hijos de tantos días de aceituna,
no es suya la cocina de los grandes clásicos populares,
es sencillamente, y muy humildemente,
la cocina de la Venus de los fogones,
mi entrañable, explendida y querida madre.
Que nace y muere cada vez que arrima,
ó retira su olla del horno sagrado.
Y ayer nos deleito sobradamente:



Con un sabroso entrante
de gambas salteadas con alcachofas
cremosas y fritas
desvestidas hoja a hoja
escama a escama
exquisita pulpa de corazón verde.
Luego unos ajos amigos del valiente
y un horror para el rebelde.



Un delicado plato de verduras
mordiendo berenjenas, calabacines y tomates,
cocinados con una aterciopelada crema de arroz y hojas tiernas.



En la hora del bacalao, col y patata,
y unos saludos cordiales de un alioli inmaculado
lubina estofada sin piel con apio,
almendras y calabaza
que se dejó meter mano
con un jugo cremoso de albahaca,
lomo de ciervo que flirteó con bizcocho de castaña
dátil fresco y algunos madroños.



Antes de los postres mi madre nos sodomizó
con un surtido golfo de quesos
y luego el sol que nos iluminó
con manzanas, naranjas y fresones
y luciendo de perlas en la mesa
nos sorprendió con un vino valiente
y poderoso en la copa
que pasó triunfal y goloso por la boca
con potente aroma a miel y levadura
toques de jugosas frutas tropicales y manzana
de cuerpo ligero, casi femenino.



Esa es mi madre,
que dice que al hombre
se le gana por la boca
y que ayer brilló más que el sol
resplandeciendo entre todas las estrellas del cielo,
más bonita ella que las aguas cristalinas del arroyo
y que para mí vale más que toda la plata y el oro.
te quiero madre de mi amor.

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