
Tras abrir los ojos y dejar de ser “esencia” porque empieza a aparecer mi “yo social”, que tiene más que ver con mi “ego”.
Recordaré el disfraz que inconscientemente me he colocado; y me alegraré porque mi mente ha empezado a reconocerlo. La gran diferencia entre antes y ahora, es que sé que llevo un disfraz.
Pero procuraré que mi disfraz sea cada vez más coherente con mi esencia. Y llegará la fusión de ambos, pero en esta ocasión mi cobertura será transparente y contemplarán mi “yo” en toda su plenitud.
Intentaré discernir, entre mis automatismos naturales (mi esencia); y mis automatismos creados (mi ego). Iré con mi “ego” pero procuraré sentirme detrás de él.
Intentaré estar en “alerta serena”. ¡Que situación más bella! Estoy vigilante, pero no estoy en tensión; soy efectivo con el mínimo gasto de energía. Hermosa receta contra la depresión. ¡Cuidado, no digo que sea fácil!; pero sí, posible.
Me prepararé, ayudándome de mi condicionamiento aprendido (siendo consciente de ello).
Abriré la puerta y saldré al mundo.
No buscaré mi vida, puesto que sé que la llevo.
Y antes de acostarme para descansar, intentaré recordar quién soy en esencia (meditaré). A más confusión y pesadez mental, más alejado habré estado de la vida, de ser.
Le diré a mi mente: ten en cuenta que hoy no hemos estado muy presente, hemos vivido en el mundo de los pensamientos. Mañana habrá que meditar más.
Me diré a mí mismo (siendo consciente de la dualidad de la mente): descansa cuerpo, descansa mente, sin olvidar que aunque os siento como entidades distintas formáis parte de la misma entidad.
Cerraré los ojos, sentiré mi cuerpo y me iré a ese lugar inconsciente que es el sueño hasta que un nuevo amanecer me haga abrir los ojos.
Todo ésto haré después del próximo amanecer.

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