
Hoy vago por la ciudad recordando tu amor. Me siento en un parque a ver las
aves, a oler las plantas con sus flores. Miro las parejas, a niños jugando, el
paso de un perro, una solitaria nube, y me doy cuenta que en vez de olvidarte
te extraño más.
Me distrae el olor a comida que sale de una casa y sin pensarlo recobro en mi
mente tu rostro amado, aunque tú no me cocines me acuerdo de ti. De cómo nos conocimos y de aquella vez en que en medio de una charla, con una taza de café, te declare mi amor.
La sorpresa torno rojas tus mejillas, apuraste un cigarrillo y empezaste a
temblar. Te sentí muy preocupada, me explicaste un organigrama y con lujo de
detalles me empezaste a rechazar. Me pediste tiempo para pensarlo,
consultarlo con tu almohada, y, volvimos a charlar. Hablamos de cosas
triviales, de algún libro, un poema, de los años que se van.
Veo pasar aquí en el parque a un viejo, tal vez un indigente; hay un globo rojo
atorado en las ramas de un árbol y en el piso, debajo, una niña llorando,
queriéndolo alcanzar y me acuerdo nuevamente de ti, en la lucha de poderes
por defender tu espacio, por demostrar quién eres.
Dejo el parque, ya es muy tarde, ha empezado a llover. Camino bajo gruesas
capas de nubes que sueltan a estas horas una fina lluvia refrescante, que
reconforta mi alma. No sé a dónde ir ahora, a tu casa o a mi departamento
por que a estas horas no coordino lo que siento y te quiero platicar. Pedirte un
consejo: que hago con todo esto: las caricias de tus dedos, tus miradas que
me extreman, el olor de tus cabellos y el sonido de tu voz. Que hago con todo
esto, si no hemos podido vivir juntos los dos. Si no hemos podido ni darnos un beso, tampoco sabemos decirnos adiós.

2 comentarios:
Excelente relato, bellísimas palabras, también la imagen habla por sí sola,
Un gran saludo.
Excelente amigo, plas, plas, plas...
El Brujo de Letziaga
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