¡Bienvenidos!

El profesor, el alumno y la canción de la vida (Capítulo VII) - Antonio Moreno Castellet

22 de abril de 2010


- Dígame, maestro –Gómez pensó que, a esas alturas de la conversación, podría ahondar un poco más en la vida del profesor al que hasta ahora habían tenido (incluido él) más miedo que respeto -, ¿nunca hizo ninguna travesura de chico?
Espera se tomó su tiempo para contestar.
- Gómez, a riesgo de que esto pueda parecer el “pensamiento de una noche de verano”, parafraseando la otra frase famosa, creo que ya sé cual es la profesión que te viene bien.
- ¿Cuál? –Gómez arqueó las cejas, sorprendido.
- Periodista.
- ¿Periodista?
- Creo que ninguno de esos periodistas de la tele podría haber ahondado tanto en mi vida como tú.
- No creo yo que...
- Siempre se hacen travesuras de chico –le cortó Espera-; incluso alguna me llevó hasta el despacho del director.
Gómez sonrió; no podía creer que el “recto” y autoritario “estera” hubiera estado alguna vez en el despacho del director ganándose una bronca (o un par de “tortas”) por una travesura.
- Pero cuando una crece –continuó el profesor-, debe sentar la cabeza y tener sentido común. Ustedes ya no estáis en “obligatoria”. estáis aquí porque se supone que queréis labraros un futuro. Va siendo hora de que cambies el “chip”.
- No será “obligatoria”, pero muchos están obligados.
- Vuestros padres sabrán mejor que ustedes cual es el futuro que os conviene.
- Probablemente –admitió el alumno-; de todas formas, no me veo yo de periodista. ¿Y que tal la televisión?
-Telebasura, dirás; hay muy pocos programas que se salven.
- Pero si la telebasura es lo que más se ve... algo en la sociedad... no funciona bien.
- ¿Tal vez querías decir que algo en la sociedad es basura?
- Usted siempre ha dicho no a la generalización y a las posturas ultra.
- Correcto.
- A veces pienso en el futuro, ¿sabe?
- Me sorprendes.
- Lo sé; pero así es.
- ¿Y qué piensas?
- Pienso lo que quiero ser, lo que querría ser, lo que me gustaría ser... Pero no veo nunca una puerta que me lleve a ello.
- Entiendo. Cuando yo era pequeño tampoco veía la puerta. Pero la puerta estaba; y terminó abriéndose. La puerta se abrirá; y terminará abriéndose.
Gómez pensó que era endiabladamente fácil ver las cosas con optimismo desde una posición como la de “estera”, con más de media vida transcurrida, un trabajo fijo y sin más responsabilidades que enseñar a los alumnos que quisieran aprender.
Estera volvió a levantarse para acercarse a la ventana; no percibió nada, a pesar de su esfuerzo por escuchar algo del exterior.La lluvia parecía haber cesado.
Volvió a la silla.
- A ver, Gómez; descríbame con una palabra a cada uno de sus profesores.
- ¿Se trata de un juego?
- Sólo es una forma de pasar el rato; es mejor que jugar a las palabras encadenadas.
- Entonces...
- Matemáticas...
- Inquieto.
- Lengua...
Gómez vaciló.
- Hablador...
- Gimnasia...
- Deportista.
- Historia...
Nueva vacilación.
- Burócrata...
- Ciencias...
Gómez se rascó la nuca pensativo.
- Indefinible.
- Dibujo...
- Perfeccionista.
- Inglés...
- Estirado.
- Y... ¿francés?
Gómez se quedó ahora serio e inmóvil.
El “estera” le estaba pidiendo que le definiera con una simple palabra.
Pensó que era probable que si decía algo incongruente u ofensivo le arreara un “guantazo”.
Pero, realmente, no pensaba en nada ofensivo.
Se tomó su tiempo.
Espera permanecía impasible esperando la respuesta.
Transcurrió más de un minuto hasta que por fin se decidió.
- Completo –dijo.
- ¿Completo?
Gómez asintió con la cabeza.
- Creo que es la primera persona en toda mi vida que me aplica ese calificativo.
- Hace dos horas no habría sabido como describirle.
- ¿Y que te ha hecho cambiar de opinión?
- Creo que usted es una persona bastante completa; como profesor y como persona. El caso es que yo no le conocía. Y ahora le conozco un poco más.
- Entiendo.
- ¿Por qué se hizo usted profesor de francés?
- De siempre me han gustado los idiomas y el francés el que más.
- ¿Y le costó trabajo aprenderlo?
- La carrera y tres años en Francia, practicando.
- Está bien; ¿qué me dice de las calificaciones a los otros profesores?
- Pues que te ha pasado lo mismo que conmigo.
- ¿Por qué?
- No los conoces; solo los has tratado superficialmente, así que ese es el problema, ¿sabes? Si conversaras con cada uno de ellos como conmigo llegarías a conclusiones diferentes.
- Bueno; la vida es así. Las apariencias engañan; el problema es juzgar por esas apariencias.

Capítulo VIII

Capítulo VI

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 

Los que más comentan

Entradas recientes