- Ya, todos los males vienen de USA, ¿no?

- Pero también muchos bienes; hay gente que son muy radicales en su lucha contra los americanos. Yo no lo soy tanto; es cierto que se ha quedado como la única potencia mundial, que pregona la libertad y en su propio país hay racismo y pena de muerte. Pero ni son tan malos como los pintan ni tan buenos como ellos se ponen.
- Estaba usted hablando de la crisis económica.
Espera se giró, alargó la mano hasta su mesa cubierta de polvo, cogió su cartera y extrajo de ella un legajo de papeles; se lo alargó a Gómez.
- Esta noche –dijo-, mientras piensas en tu futuro, lee estos folios. Sabrás de donde salió la crisis.
- Más bien a mi me interesa cuando se va a solucionar –dijo Gómez, cogiendo los papeles y metiéndolos en su mochila.
- Eso no lo sabe nadie; lo que sí sabe todo el mundo es que tardará años como mínimo. Y que las cosas no volverán a ser igual que en los años que hemos dejado atrás.
- Entiendo.
Cada vez que se hacía el silencio Espera aguzaba el oído en busca de sonidos del exterior.
- Así que estás en una etapa crucial de tu vida.
Gómez le interrogó con la mirada.
- Estás desorientado; quieres abandonar el colegio. No sabes lo que quieres ser de mayor. Creo que es un problema grave, a tu edad.
- ¿Y cual es la solución?
- La solución no te lloverá del cielo; tienes que buscarla. Analizar todas las opciones, todos los pros y los contras. Y, por supuesto, contar con la ayuda de los demás.
Gómez asentía en silencio.
- A veces los jóvenes sois demasiado orgullosos para admitir consejos; creéis que los mayores estamos equivocados o que no conocemos vuestras interioridades.
- ¿Y no es cierto?
- No es cierto –la voz de Espera fue firme.
- Nosotros...
- Ustedes no; nosotros. Nosotros también fuimos jóvenes. Recuerda que yo he tenido tu edad.
- Pero eran otros tiempos.
- Los tiempos podían ser otros; pero el espíritu el mismo.
- Los tiempos eran otros –aseguró Gómez.
- Si, pero también fuimos jóvenes; nadie puede quitarnos eso.
Gómez apretó los labios; había una barrera generacional entre ambos.
Escudriñó en su mente algún otro tema sobre el que hablar.
- ¿Cree que tardarán mucho?
- Creo que al menos nos quedan aquí un par de horas.
Siguió un silencio incómodo.
Espera se cruzo de brazos.
Gómez fue a levantarse de nuevo para dar un paseo, pero se acordó de lo que le habían dicho hacía unos minutos y desistió de la idea.
De todas formas, ya que el destino le había deparado aquella situación, decidió aprovecharla; no creía que tuviese otra oportunidad de hablar tan extensamente con el “estera”.
- ¿Y cual cree usted que es la mejor opción política?
Espera volvió a sonreír.
- ¿Política? No hay ninguna opción política buena; o se supone que todas son buenas. Si escuchas a los políticos, todos defienden su alternativa como la mejor.
- Sin embargo...
- Sin embargo, muchacho, ninguno tiene razón; y todos tienen razón. La política es un arma de doble filo.
Gómez asentía, nada convencido.
- Los políticos tienen la habilidad de hablar mucho y no decir nada cuando les conviene. Otras veces en una sola frase dicen lo que nosotros necesitaríamos media hora para expresar. La política es así.
- ¿Y la corrupción?
- Ese es otro tema; corruptos hay en todas partes. El problema es que los políticos utilizan unas técnicas muy “sui generis” para evitar recibir daño político.
- En cuestión de votantes, quiere decir usted.
- Claro; para no perder votos. Aunque creo que consiguen el efecto contrario. Valdría más que dijeran simplemente:”oigan, fulanito o menganito, de nuestra formación, ha trincado; lo echamos y punto”.
Otra vez silencio.
- De todas formas, la política es un campo muy extenso y resbaladizo. Otro campo en el que yo no he entrado profundamente todavía, como en la religión; pero ni pienso entrar.
El rumor exterior de la lluvia parecía acrecentarse.
En medio de ese rumor a Espera le pareció oír un helicóptero, pero no estaba seguro.
- ¿Tienes hermanos? –preguntó al alumno.
- Dos; pero aún están en Primaria. Uno de ellos vendrá el año que viene al Instituto.
- Ese es otro problema que se avecina a éste país.
- Supongo que no se refiere a mi hermano en el Instituto.
- No conozco la capacidad de tu hermano para hacer travesuras –Espera movió la cabeza negativamente-; me refiero a la pirámide de la sociedad.
- ¿Pirámide?
- Sí; ahora mismo la pirámide está sustentada por una amplia base de jóvenes. Me refiero a gente que no ha llegado a la edad de jubilación. Trabajan, cotizan y así el sistema va para adelante.
- ¿Y?
- Dentro de unos cuantos años la pirámide se habrá invertido; habrá más gente anciana que joven; y la gente anciana solo cobra su pensión. ¿Cómo cree que sostendremos esto?
- ¿Los inmigrantes?
- Es posible.
- Pero, ¿cómo y en que condiciones?
- Eso habrá que determinarlo; pero no nos queda otro remedio.
- ¿Y todo el paro que hay?
Espera impuso silencio durante más de dos minutos; no percibió nada diferente de lo de antes.
Meditó durante ese tiempo la respuesta.
Capítulo VI
Capítulo IV

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