
La noche está en una encrucijada
que huye por encima del horizonte.
Mi vecino toma su camino
pisando las piedras
a través del arroyo.
Él está diciendo adiós
en otro país:
un mapa poco fidedigno
y un pasaporte viejo.
Yo recuerdo los viejos tiempos,
cuando el mundo estaba nuevo,
opaco, despierto.
La visión se ha ido,
no hay nada que perder,
el placer vendrá.
Soy mi propio testigo,
tomo mi camino
sin saber nunca cómo.

1 comentarios:
Magnífico poema en forma y fondo. Es un placer leerte, querido poeta... ¡Un abrazo desde Granada!
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