La noche iba apagando el día
cuando el cielo de rojo se teñía.
Nocturnamente escondido
entre sombras el mujeriego venía.
Todos en sueños dormían, menos ella,
que nerviosamente en su lecho espera.
El péndulo del reloj su corazón golpea,
que larga es la espera cuando se espera.
Por fin, unos nudillos repican la ventana,
ella fríamente entre sábanas se desliza
silenciosamente sale de su cama,
mientras, su marido duerme,
con grandes cuernos de hermosas astas
que adornan sus ya ostentosas ornamentas.
En la oscuridad de la noche por calles solitarias
deambulan enganchados de sus cinturas,
son testigos los luceros de besos y miradas
embriagados de pasión van los enamorados,
con sus almas y cuerpos entrelazados,
son los embrujados de todas las madrugadas.
Casi amanece, esta cerca la alborada,
son las últimas sombras de esta madrugada,
ella regresa rápidamente a su fría cama.
El amor de su truhán mujeriego ella recuerda
esta contando los segundos en su habitual espera
deseando que la noche vuelva rauda,
donde el mujeriego su ventana de nuevo tocara,
que larga es la espera cuando se espera.
cuando el cielo de rojo se teñía.
Nocturnamente escondido
entre sombras el mujeriego venía.
Todos en sueños dormían, menos ella,
que nerviosamente en su lecho espera.
El péndulo del reloj su corazón golpea,
que larga es la espera cuando se espera.
Por fin, unos nudillos repican la ventana,
ella fríamente entre sábanas se desliza
silenciosamente sale de su cama,
mientras, su marido duerme,
con grandes cuernos de hermosas astas
que adornan sus ya ostentosas ornamentas.
En la oscuridad de la noche por calles solitarias
deambulan enganchados de sus cinturas,
son testigos los luceros de besos y miradas
embriagados de pasión van los enamorados,
con sus almas y cuerpos entrelazados,
son los embrujados de todas las madrugadas.
Casi amanece, esta cerca la alborada,
son las últimas sombras de esta madrugada,
ella regresa rápidamente a su fría cama.
El amor de su truhán mujeriego ella recuerda
esta contando los segundos en su habitual espera
deseando que la noche vuelva rauda,
donde el mujeriego su ventana de nuevo tocara,
que larga es la espera cuando se espera.

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