¡Bienvenidos!

Inevitable - La Negra

30 de noviembre de 2009



Es inevitable pensar en ti
es inevitable reconocerte
y es inevitable poder vivir
y frenar las ganas de poseerte.

Es inevitable subir al cielo
es inevitable caer sin tregua
y es inevitable romper el hielo
y que corra fuego por mi cabeza.

Te espero,
y si no vienes da igual,
porque sentirás cómo paso la noche
echándote de menos.

Te espero,
y si no vienes da igual,
porque sentirás cómo paso la noche
echándote de menos.

Es inevitable pensar en ti,
y es inevitable reconocerte
y es inevitable poder vivir
y frenar las ganas de poseerte.

Es inevitable subir al cielo
es inevitable caer sin tregua
y es inevitable romper el hielo
y que corra fuego por mi cabeza.

Te espero,
y si no vienes da igual,
porque sentirás cómo paso la noche
echándote de menos.

Dormía me quedé pensando
que ojalá sintieras cómo te llamo.
Dormía me quedé pensando
que ojalá sintieras cómo te llamo.

Si no vienes da igual,
porque sentirás cómo paso la noche
echándote de menos.

Otoño - Miguel A. Moreno

29 de noviembre de 2009


Dijo el otoño,
son mis hojas mi llanto
y tus recuerdos.

Ser feliz - Lucía Marty

28 de noviembre de 2009


Estoy sentada en esta playa desierta
mirando el inmenso mar,
sintiéndolo rugir, olor intenso y sabor a sal.
Mis manos arañan la blanca arena.

Todo resulta desconocido,
veo pasar mi vida en cuadros de colores
me siento lejos, de todos y de todo.
El me atrae, me seduce, me llama.

Estoy ahí dejando que me atraiga
que me seduzca,
lo dejo que me llame.
Lentamente entro en él.

Sus manos me acarician,
siento el profundo beso que me da
y me ahoga, pronuncia mi nombre,
me siento bien, tan plena de estar en él.

El me hará suya y jamás me abandonara,
No me dirá mentiras, ni tampoco me engañara
Me arrastra a él, me toma, me posee
Como un amante fiel, no me resisto
por fin seré feliz.

Rima XXVIII - Gustavo Adolfo Bécquer


Cuando entre la sombra oscura
perdida una voz murmura
turbando su triste calma,
si en el fondo de mi alma
la oigo dulce resonar;
dime: ¿es que el viento en sus giros
se queja, o que tus suspiros
me hablan de amor al pasar?
Cuando el sol en mi ventana
rojo brilla a la mañana,
y mi amor tu sombra evoca,
si en mi boca de otra boca
sentir creo la impresión;
dime: ¿es que ciego deliro,
o que un beso en un suspiro
me envía tu corazón?
Y en el luminoso día,
y en la alta noche sombría,
si en todo cuanto rodea
al alma que te desea
te creo sentir y ver;
dime: ¿es que toco y respiro
soñando, o que en un suspiro
me das tu aliento a beber?

Cupido... - Gaspar Mª de la Nava Álvarez

27 de noviembre de 2009


Cupido como niño se estremece
del temeroso son del bronce herido
y en las faldas de Venus escondido
mientras dura la guerra no parece.

Como el numen que el pecho me enardece
a sus blandos halagos le he debido,
con el bélico afán está abatido,
con el continuo susto se enflaquece.

Pues tiembla y huye de la lid el ciego,
pues sin él no hay ardor ¿por qué me afano?
¿por qué en pos de las musas no sosiego?

No más versos míos hasta que Jano
a la Discordia apague el mustio fuego
y la graciosa paz no dé la mano.

Babel - César Vallejo

26 de noviembre de 2009


Dulce hogar sin estilo, fabricado
de un solo golpe y de una sola pieza
de cera tornasol. Y en el hogar
ella daña y arregla; a veces dice:
"El hospicio es bonito; aquí no más!"
¡Y otras veces se pone a llorar!

Sin muerte - Graciela Kiriadre

25 de noviembre de 2009


Aquel día fui sorprendida
de un golpe en la cara,
caminaba por la avenida
sin saber lo que pasaba.

Los ojos tapados,
una seña inesperada,
ruidos de tacos,
y en auto yo, paseaba.

Gritos, empujones
—¡Al cuarto! —Dijeron;
un cuarto, vacío,
y nuevos golpes.

Hambrienta,
Perdida,
con miedo,
pensaba
¿Pasarán muchos días?

Las manos atadas
en sombras,
alejada
y yo, seguía atrapada.
Silencio........................
Soledad........................
Temores........................

Los ojos tapados
una seña inesperada
ruidos de tacos
y otra vez, yo, en auto paseaba.

Me tiraron en un baldío
dijeron —¡Cállate!
Quieta esperaba,
era tarde.

Iluminando mi vida
un encuentro, mi gran casa
en familia al fin,
vibraba.

Fueron largos llantos
fueron bellos rezos
pero no llegué a ser
para ellos, un recuerdo.

Ánimo - Juan José Millas

24 de noviembre de 2009

Tomo notas, indistintamente, con un bolígrafo o con un lápiz colocados junto al ordenador, sobre un cuaderno escolar, de rayas. Al lápiz hay que sacarle punta de vez en cuando, lo que constituye una actividad artesanal que sirve también para la reflexión. Pero la diferencia más notable entre él y el bolígrafo es su modo de perecer. El bolígrafo no cambia de apariencia ni siquiera cuando se encuentra en las últimas. Y deja un cadáver tan curioso que nadie diría que está muerto si no fuera porque no pinta nada ya, aunque resucite a veces de improviso y trace un par de líneas, incluso un párrafo, antes de volver a expirar. La gente se resiste a desprenderse de los bolígrafos vacíos porque continúan como nuevos. Sólo se consumen por dentro, en fin, y siempre se acaban a traición, como el butano. El lápiz, en cambio, agoniza por dentro y por fuera a la vez, y deja un cadáver mínimo, un detrito del que uno se deshace sin ningún sentimiento de culpa. Punto y aparte.


La naturaleza presenta casos semejantes al del bolígrafo. Ahí está el caracol, que envejece sin una sola arruga exterior, sin un fruncido. Y no hay que sacarle punta cada poco: él mismo, mientras vive, asoma los cuernos al sol, caracol quiscol, y una vez muerto, si te encuentras la concha en un tiesto o en el agujero de un árbol, la guardas en el bolsillo y al llegar a casa la colocas junto a los bolígrafos difuntos. Tenemos una pasión curiosa por la cáscara, de ahí la afición a las cajas, sobre todo a las cajas fuertes. Hay personas que coleccionan pastilleros vacíos, que viene a ser lo mismo que guardar bolígrafos sin tinta, con los que sólo se pueden escribir poemas inexistentes, que muchas veces son los mejores.
Pese a todo, tal vez sea más digna la actitud existencial del lápiz que la del bolígrafo, la de la babosa que la del caracol, aunque no dejen cáscara para los arqueólogos. Conviene sacarse punta cada mañana, pese al espanto de ver cómo se agota uno. Lo complicado de sacarse punta es saber cuánto te tienes que afilar para escribir lo suficientemente claro sin romperte antes de que hayas acabado la novela o la vida. Pero eso constituye un ejercicio de conciencia, y quizá de consciencia, bastante saludable. Ánimo.

Último suspiro - Lucía Marty

23 de noviembre de 2009


No importa cuan lejos me vaya
Cada latido de mi corazón dice tu nombre...
Cada lágrima que corre por mi mejilla lleva dentro un Te Amo...
Mi corazón seguirá latiendo...
Mi alma seguirá llorando...

Aunque sea fácil para ti dejar de amarme.
A mi hacerlo me llevara toda la vida.
Seguro con el último suspiro aun pronunciare tu nombre.
Y esa última lágrima que caerá.
Llevara el último Te Amo…

Entrevista II - Alejandro Pérez Guillén

22 de noviembre de 2009


      1.-¿Por qué el cambio de estilo y en este momento?

      Fueron dos razones las que me impulsaron a hacerlo. Por un lado, mi amigo Francisco Vázquez, con quien colaboraba en reseñas de libros en su portal comentariosdelibros.com, me comentó que iba a montar una editorial, pero que no publicaban poesía. Me animó a que escribiera un libro de relatos con la esperanza de que podía ser publicado en el caso de que, una vez que el borrador caía en manos de 10 personas, al menos la mitad quedara satisfecha con la lectura. Según sus palabras los relatos encantaron a 9 lectores y horrorizó a uno. Por otra parte, La otra realidad suponía un cambio de registro que me iba a enriquecer en el plano personal y en el literario.

      2.-El novelista jerezano José Ruiz Mata en su introducción nos habla de que Alejandro no deja de ser un poeta a pesar de este cambio de estilo, ¿te consideras un poeta antes que un relatista?

      Hasta ahora sólo había escrito poesía, pero no encuentro demasiadas diferencias entre ambos géneros, pues en mi opinión ambos arrancan de una anécdota, de un latido, de un sentimiento… para terminar con un giro brusco, con una vuelta de tuerca que pueda convencer al lector o sorprenderlo. Son como chispazos que se cuelan en las entretelas del alma de un lector que sale en busca de algo suyo. Mi objetivo es que lo encuentre entre mis palabras ya sean versos o escritos en prosa. Al fin y al cabo la literatura es comunicación con los lectores y, si no transmites tu mensaje, el texto carece de sentido.

      3.-En toda la obra se observa un escenario muy presente, que en los primeros relatos puede considerarse un actor más del relato: Benalup-Casas Viejas, ¿en qué sentido influye a Alejandro los sucesos acaecidos durante la II República en Benalup a la hora de escribir?

      Recuerdo que José Ruiz Mata dijo al público en la presentación de una de sus novelas que el escenario en el que se desarrollaba la trama de sus historias casi siempre era Jerez y sus alrededores por una sencilla razón: me muevo por esos sitios y esos sitios me los conozco al dedillo. No hay razón más profunda. En dos de las nueve historias de La otra realidad se percibe el trasfondo histórico de los Sucesos de Casas Viejas porque he vivido la memoria de quienes lo sufrieron en sus propias carnes, porque he preferido acudir a lo cercano en lugar de refugiarme como hacen muchos hoy en día en la guerra civil, porque en el fondo es una manera de homenajear al pueblo en el que he vivido toda mi vida. Durante la II república presidida por Azaña se iba a producir un levantamiento campesino, se iba a proclamar el comunismo libertario, pero este impulso subversivo se vino abajo en toda España salvo en Casas Viejas donde un grupo de jornaleros se dirigieron al cuartel de la guardia civil para proclamar el comunismo libertario. En esa discusión entre las fuerzas del orden y el pueblo resultó muerto un guardia civil y otro herido, de tal forma que llamaron para poner orden a guardias de asalto que tenían la intención de dar un escarmiento como ejemplo para todo el país, con el fin de que nadie más lo intentara. Fueron casa por casa y todos los jóvenes que sorprendieron en sus chozas, con la excusa de que lo iban a interrogar, fueron asesinados brutalmente. La familia de Seisdedos se refugió en su choza, pero, como no se rendían, tomaron la determinación de prenderle fuego al refugio con lo que quienes se quedaron dentro murieron calcinados y quienes salieron a la intemperie fueron fusilados. La mayoría no tuvo nada que ver con la revuelta, pues muchos huyeron a la sierra, mas esa era la forma de dar el escarmiento. En pocas palabras queda resumido el episodio más trágico de la historia de Benalup-Casas Viejas. En el aire queda aún una frase a modo de leyenda que reza: Ni vivos ni heridos, tiros a la barriga.

      4.-Cada relato puede ser la sinopsis de una novela, ¿para cuándo dar el salto a la novela?

      Los pasos hay que darlos de modo paulatino. Me gustaría dominar mejor la técnica del relato para adentrarme con más garantías en la novela. Las prisas no conducen a nada bueno y es preferible esperar a que uno tenga una buena historia para pararse a contarla.

      5.-El libro se cierra con 2 bocetos de novela, “La Infidelidad de Llamarse Fidel” y “Cuentas Pendientes”, a pesar de todo, parece que vas escalando poco a poco un escalón que debe terminar irremediablemente en una novela...

      Me divertí mucho escribiendo esas historias. En la primera le saqué punta al juego de palabras de una infidelidad y en la segunda creé un mundo al revés: un taxista que acecha a sus clientes como un asesino sin escrúpulos en una venganza familiar que no tiene fin hasta alcanzar las 4 víctimas. El padre del taxista, el abuelo del taxista y el bisabuelo del taxista mueren mientras desempeñan el oficio de dirigir un taxi y el protagonista vive obsesionado con la venganza. En cada muerte deje su propio sello: por los padres de los padres de mis padres, por los padres de mis padres, por mis padres y a mi salud. Esos mensajes reciben los dos policías que andan al acecho del asesino.

      6.-El título de una obra puede ser una expresión que resume lo escrito o un reclamo publicitario, ¿Por qué el título de La Otra Realidad?

      Es muy habitual que un libro de relatos reciba el título de una de sus historias. En mi caso ha sido así. La primera historia se titula La otra realidad y narra las manías de un hombre al que todo en la vida le ha sonreído: tiene bastante dinero y una mujer estupenda, pero tiene cuentas pendientes con el pasado y con su conciencia. Cada vez que cumple años, se hace un análisis completo para afrontar el año con todas las garantías, siempre se ha visto acompañado de un gato y una vez al año, aunque nunca prueba una gota de alcohol, se encamina al monasterio del Cuervo, unas ruinas a las afueras del pueblo, a emborracharse hasta casi perder el sentido, para poder hablar con su padre muerto en un diálogo que nos lleva a la tragedia. Imagino que para el protagonista es tan real la vida que lleva todos los días del año, excepto el día de su cumpleaños, como la conversación que establece con su padre. Cada individuo se ve obligado a compartir varias realidades con el fin de soportar la propia realidad que lo asfixia. Eso nos pasa diariamente a todos.

      7.-El género del humor no suele ser muy habitual en tus obras, poesía en la mayoría de los casos, sin embargo, aquí te destapas con ese “Entierro de la Peseta”, ¿es un Alejandro más completo literariamente hablando el que se nos muestra en este libro?

      Siempre he pensado que la tragedia contada como tal suele provocar repulsión ante quienes posan sus ojos en ella, pero, en cambio, se acepta de mejor grado si conseguimos reírnos de nosotros mismos y de las circunstancias que nos rodean, a pesar de que la tragedia nos invada. No creo que sea un paso más en mi carrera literaria, pues he escrito algunos poemas cuyo protagonista único ha sido la ironía. A bote pronto recuerdo el verso Nacemos pre-parados para el paro, el poema racismo o el final del soneto de amor: Lo peor de lo peor de tu ausencia es la ausencia sin eñe de tu cono. Mercedes Abad es una maga en el uso de la sonrisa.

      8.-La historia suele imponerse en tu literatura a los personajes, sin embargo, yo me quedo con Varelo, un personaje secundario del relato “Simplemente Javier”, ¿quién es Varelo?

      Simplemente Javier es una historia un tanto compleja que discurre entre los impacientes polvos de una biblioteca en la que aparecen misteriosamente unos folios escritos a máquina y en inglés. El bibliotecario no sabe qué hacer con ellos, pero, antes de tomar una decisión, procura traducirlos con su rudimentario inglés. Mas esto no es todo, sino que en el trasfondo de la trama late la vida y leyenda de Jerome Mintz, el antropólogo capaz de diseccionar con maestría el episodio histórico de los Sucesos de Casas Viejas. Sin embargo, la historia tiene una vuelta de tuerca más, pues al principio uno de los personajes me arrebata el hilo de la narración para erigirse como verdadero protagonista achacándome falta de conocimiento y yo accedo con la condición de que al final nos diga quién es él verdaderamente. Simplemente Javier arranca con una escena de la película Descubriendo a Forrester donde un joven aprendiz de la palabra intenta comprender la primera lección de un escritor consagrado. Ambos se enfrentan al trance doloroso de un folio en blanco que han de rellenar con los latidos de una máquina de escribir. El maestro completa el texto en cuestión de segundos y el alumno parece dudar, reflexionar a cada paso, de tal modo que el pupilo recibe la primera lección: el primer borrador hay que escribirlo con el corazón, ya habrá tiempo de pensarlo con la cabeza. La biblioteca donde se encuentran los textos contaba en sus orígenes única y exclusivamente con una máquina de escribir antigua que resulta ser la misma con la que se han escrito los folios en inglés, no obstante, ha ido progresando con el tiempo. La traducción del pasaje en la lengua de Shakespeare depara sorpresas inimaginables, pues aborda el episodio histórico de los Sucesos de Casas Viejas hasta que en el último momento surjo como protagonista para que el narrador que me ha suplantado confiese su identidad. Se llama Javier, realmente Echávarri que en vasco viene a significar Casa nueva con la idea de que la historia de un pueblo ha sido superada gracias al barniz que nos confiere el tiempo y pasa de Casas Viejas a denominarse Casas Nuevas.

      9.-Cuando escribes un libro, ¿qué predomina más: las experiencias vividas, la imaginación, las circunstancias que te rodean…?

      El escritor no hace juegos malabares, sino que interpreta la realidad a su manera y para tal fin suele encomendarse a varios factores: la experiencia vital que al formar parte de la ficción deja de ser real, el caudal inagotable de una imaginación dispuesta a transformar la literatura en una experiencia con visos de verosimilitud y las lecturas que conforman una personalidad ajustada a unos patrones estéticos determinados. En definitiva, la literatura no es más que el modo en que una persona percibe la realidad y la convierte en ficción sin que por ello tenga que basarse en la experiencia propia, pues la imaginación forma parte de la vida misma. El escritor no es excluyente nunca, sino que es una esponja que absorbe el mundo que lo rodea y ese modo peculiar de verlo se plasma en el papel.

      10.-¿Cuántas veces te ha dicho algún personaje de nombre real que aparece en tus obras: “Ale, eso no es como lo has escrito”?

      No creo que nadie me haya dicho eso, pues en cuanto el nombre real de una persona sale a la palestra en alguna de mis historias deja de ser real para convertirse en un personaje de ficción. Generalmente lo hago como homenaje a alguno de mis amigos, pero sólo conservan el nombre, ya que el personaje en nada se parece a la persona física.

      11.-Alejandro, ¿toda vivencia lleva encerrada una buena historia?

      Podríamos darle un cambio de sentido y decir que toda historia no siempre lleva implícita una vivencia, de la misma forma que no toda vivencia es digna de ser relatada. Sin embargo, hay vidas anónimas más próximas a la ficción que la ficción misma y cuentos más cercanos a la realidad que la propia realidad.

      12.-En relación con un relato que conozco muy a fondo, ¿Cuántos puñetazos en la mesa has tenido que dar como escritor?

      Puñetazos en la mesa recrea el problema de la educación en España representada en tres generaciones distintas que han vivido los cambios educativos en el país. La educación actual encarnada en la ESO, la antigua EGB y la educación franquista y represiva. La trama se centra en un adulto que ha perdido su infancia por culpa de una educación arraigada en el miedo y no tiene más remedio que calmar la conciencia con un sueño que lo devuelve al pasado para ajustar cuentas con la vida, con un profesor intransigente que confunde el respeto con la intimidación. Yo, en cambio, dejo la fuerza bruta para la literatura y no tengo por costumbre maltratar con mis puños ninguna mesa. Las mesas no tienen culpa de nada y a veces son tus propios errores o limitaciones quienes te conducen por el camino inadecuado y otras son las personas quienes te decepcionan y éstas se te escapan de las manos como el tiempo sin que tú puedas hacer nada por evitarlo. Uno llega a la conclusión de que debe responder por uno mismo y equivocarte como todos porque tú hayas adoptado una postura concreta, equivocarte con tus propios errores y no con los desaciertos de los demás.

      13.-Decía Borges que “uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”, ¿en qué momento se encuentra la literatura española en la actualidad?, ¿realmente se lee poco?

      La literatura goza de una salud frágil, pero sólida. Quienes leen son pocos, pero leen mucho. La lectura hay que entenderla como una actividad de ocio más de la que dispone la gente, una alternativa que puede o no elegir, sin necesidad de rasgarnos las vestiduras si alguien no lo hace, pues cada uno es libre de disfrutar con aquello que quiera. En una sociedad que se mueve a la carrera, en la que el hombre se encuentra con el inconveniente de que la lectura requiere un esfuerzo que no todos están dispuestos a asumir, solicita un receptor activo y sus frutos sólo se vislumbran a largo plazo, hay personas que están dispuestas a entregar su vida al placer de la lectura. Con este mensaje debemos quedarnos.

      14.-Para terminar, una pregunta tópica, ¿qué es más difícil de escribir Verso o prosa?

      Ambos géneros me procuran un disfrute del que no soy capaz de evadirme y a veces el género depende del estado de ánimo de uno o la idea que ronda por la cabeza. Algunas historias se acomodan mejor en el cauce de un relato y otras necesitan el calor de la poesía.

      15.-Antes de despedirnos, no puedo dejar que Alejandro se vaya sin acudir a su primer libro Entrevista con la Palabra, y se vaya sin leernos el poema que en aquel libro le dedicó a este establecimiento que como reza en el cartel y las invitaciones, lleva 75 años, apostando por la difusión cultural en nuestra localidad.

Mi primer libro de poemas titulado Entrevista con la palabra es tan malo que me da apuro mencionarlo, pero, ya que estamos aquí, le trascribo el poema que dediqué al café Revuelta la primera vez que estuve en él.

CAFÉ REVUELTA.

A JOSÉ DIEGO AMORES

Y SU FAMILIA.

He conocido un rincón literario

que nos lleva al Parnaso,

donde anidan

las musas del Barbate

y la humildad no es un secreto.

Las horas conversan

entre versos de cristal

de quienes toman un sorbo de café.

Duendes del alcohol

conservan su esencia

en botellas diminutas,

vestidas de etiqueta

en espejos de mar.

Las musas del 27

vigilan los versos de antaño

entre estoques taurinos.

Poemas de J.J. Benítez y Quiñones

cuelgan pegados

en las paredes de la historia.

En el CAFÉ REVUELTA tomé un descafeinado.

Misterio - Manuel Acuña

21 de noviembre de 2009


Si tu alma pura es un broche
que para abrirse a la vida
quiere la calma adormecida
de las sombras de la noche;

si buscas como un abrigo
lo más tranquilo y espeso,
para que tu alma y tu beso
se encuentren sólo conmigo;

y si temiendo en tus huellas
testigos de tus amores,
no quieres ver más que flores,
más que montañas y estrellas;

yo sé muchas grutas, y una
donde podrás en tu anhelo,
ver un pedazo de cielo
cuando aparezca la luna.

Donde a tu tímido oído
no llegarán otros sones
que las tranquilas canciones
de algún ruiseñor perdido.

Donde a tu mágico acento
y estremecido y de hinojos,
veré abrirse ante mis ojos
los mundos del sentimiento.

Y donde tu alma y la mía,
como una sola estrechadas,
se adormirán embriagdas
de amor y melancolía.

Ven a esta gruta y en ella
yo te daré mis desvelos,
hasta que se hunda en los cielos
la luz de la última estrella.

Y antes que el ave temprana
su alegre vuelo levante,
y entre los álamos cante
la vuelta de la mañana,

yo te volveré al abrigo
de tu estancia encantadora,
donde el recuerdo de esa hora
vendrás a soñar conmigo...

Mientras que yo en el exceso
de la pasión que me inspiras
iré a soñar que me miras,
e iré a soñar que te beso.

Vuelo de mariposas - Jorge Bousoño

20 de noviembre de 2009



Todos los oros que te laceran
alzaron vuelo,
vuelo de mariposas
al transpirar ternura hacia ese perro sarnoso
que arrastra calles y toma refugio
en el rincón olvidado de tu jardín
(aún sin encarcelar);
y te percatas que no has muerto,
tras el disfraz piel y huesos de objetos
no has muerto realmente.

Presentación - Calabazas

19 de noviembre de 2009


Ya estamos otra vez
hasta el maero de las coplas
poniéndole un disfraz a las olas.

Ya estamos otra vez
pintando un colorete al aire
clavao en cruz de carnavales.

Un remiendo para tu historia
un remiendo por tu alegria
por tus barrios, por tus plazas
por tus penas que son mias.

Un remiendo pa este Febrero
que en la cuna de un pasodoble
un remiendo pa tus calles
pa tus sueños y tus balcones.

Un besito de calabaza
un cariño de terciopelo
y las mismas ganas para decir
tiqui,tiqui,tiquiti... que te quiero.

Un repique pa tus campanas
unos labios de caramelo
una vida entera para cantar
tiqui,tiqui,tiqui... a tu cielo.

Que en la puerta de Cai hay una niña
que me trae y que me lleva sin parar
Que veneno tendrán tus tirabuzones
que me mece con la brisa
de los llantos y las sonrisas
que me atrapa en una cárcel de guitarras
por Carnaval.

Hoy seré tu novia - Sara A. Pradera

18 de noviembre de 2009


Te ruego, déjame soñar un poco.
Quiero apreciar plenamente ahora.
Ya mi juventud se va lentamente,
y necesito sentirme tu novia.
Quiero amarte con fuerzas.
Sin una pizca de vil codicia.
Arreglar mi cabello renegrido,
y pintar de rojo mi sonrisa.
Untar mi piel blanca de jazmines.
Colocar pañuelo perfumado entre
mis pechos.
Para embriagarte los sentidos, amor,
y convertirme para ti en lo más bello.
Caminar radiantes tomados de la mano.
Mirarnos por dentro, con los ojos
el alma.
Escaparme de tu anhelante beso,
terminar vencida por tus brazos,
entregada.
Guardar como el tesoro más grande
mi virtud, para cuando seas mi esposo.
Aprender a sentirme mujer contigo,
en un éxtasis desenfrenado y glorioso.
vamos mi cielo, ¿me lo permites?
Empecemos este juego ahora.
Mi juventud se va lentamente,
¡Necesito sentirme tu novia!

El Amor, una Ecuación Universal - El Brujo de Letziaga

17 de noviembre de 2009


LUCÍA: ME QUIERO MORIR

Pensaba que nuestro amor eterno sería
pero fue como un juego para ti
una trampa en la que yo como una ilusa caí.
Vacío de alegría me dejaste el corazón,
no encuentro ganas ya de vivir,
no estás conmigo, solo quiero morir.
Ya no hay veranos ni primaveras,
sólo tinieblas tras tu partir,
mi alma se desangra, por herida de amor.
Me quiero morir.

Ya no espero los albores del nuevo día
ni deseo ver el sol al amanecer,
todo es soledad y amargo llanto en mi ser.
No podré tener una nueva vida
al desaparecer de entre tus manos mis caricias,
ni volvere a ser la alquimista de sensaciones que fui ayer.
Maldito sea el nefasto día que te conocí
que hasta las estrellas maldijeron la llegada del anochecer
!!!pero es que nunca llegará de nuevo el alba!!!
me quiero morir

Soy presa de tu amor, esclava de tu querer
grito tu nombre mil veces a las estrellas
que reciben pedazos de mi corazón, roto de dolor,
nada tiene sentido después de haberte conocido.
Ya no soy la que comparte tu vida,
ni respirar puedo; la nostalgia es mi dolor.
Ya no soy a la que dices cada día te quiero,
todo se acabo, no tengo razones para poder seguir,
estoy esperando el abrazo frío de la muerte.
me quiero hoy morir. No quiero ya vivir.
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EL BRUJO: PERDONAMÉ

No llores Lucía mi amor, me equivoqué,
me puse a navegar allende los mares
queriendo dibujar, estelas en el mar,
busque otras formas diferentes de amar.
Me hice egoísta, un ególatra del amor
conocí muchos ojos azules color de mar,
bailaba en las burbujas de bellos amores,
pero luego despertaba y allí tú no estabas
y un puñal el corazón me atravesaba.
!!!Que ciego fui, que error cometí!!!

No llores Lucía mi amor, perdonamé,
tú eres la música de mi piano,
la partitura de mi única canción,
eres la fuente de mi inspiración.
Te querré en las puestas de sol
en los atardeceres y en las madrugadas
en los días con escarcha y en las noches heladas,
deseo tu cuerpo y quiero tu alma,
sentir los latidos de tu corazón
a mi vera y por siempre, eternamente.

No llores Lucía, amamé de nuevo,
seremos infierno y a la vez el edén,
quiero fundirme en un beso contigo
del que jamás, tendremos que despertar,
haré tus sueños realidad, ya no morirás.
conmigo para siempre vivirás,
y a través del bien y del mal, siempre me acompañaras,
no hay final.....solamente por delante la eternidad.
Sólo queda decirte Lucía que te quiero
Punto final. Ecuación Universal.

Tiramisú de limón - Joaquín Sabina y Pereza

16 de noviembre de 2009


Hice un solo desafinado
con las cenizas del amor
las verbenas del pasado
cangrenan el corazón.

Acórtate la falda nueva
despiértate al oscurecer
túmbate al sol cuando llueva
no desordenes mi taller

Tiramisú de limón
helado de aguardiente
muñequita de salón
tanguita de serpiente.

De madrugada y por la puerta de servicios
me pasabas el hachís
al borde del precipicio
jugábamos a Thelma y Louise

Pero esta noche estrena libertad un preso
desde que no eres mi juez.
Tu vudú ya pincha en hueso,
tu saque se enredó en red.

Tiramisu de limón
helado de aguardiente
puritana de salón
tanguita de serpiente.

Dónde crees que vas
qué te parece que soy
no mires atrás
que ya no estoy.

Pero dónde crees que vas
qué te parece que soy
si miras atrás
mañana es hoy.

Dónde crees que vas
qué te parece que soy
puede que quizás
luego sea hoy.

Nena dónde crees que vas
que te parece que soy
no mires atrás
que ya me voy.

Que sepas que el final no empieza hoy.

Muchacha fea frente al espejo - Victoriano Crémer

15 de noviembre de 2009


Tímidamente pregunto
por mi carne de nardo
a los hondos espejos de la noche,
en la soledad de las alcobas.

Como ríos inmóviles, naciendo de improviso,
la imagen desolada me devuelven,
en un oscuro grito sumergido:

(Mi quebrada cintura, el amplio abrazo,
que sostienen mis hombros;
mis duros besos, la mirada
de doliente tigresa
y este mi vientre estéril
que soporta su brío de mar encadenado.)

Los encajes marchitan sus frescas azucenas
entre olor de manzanas;
y los oscuros cuencos que contendrán mis senos
se esparcen como rosas quemadas en la espera.

¿Qué tonos violentos, qué descrinados potros
romperán con sus cascos mis helados cristales,
mi azorado silencio,
mi soledad, poblada de nieblas y rubores?

Me siento desvelada por manos de ceniza,
recorrida por tristes miradas compasivas,
evitada por sauces y ríos vigorosos
a quienes doy mi blanco desnudo palpitante.

Lejanas voces claman.
Cuerpos, como montañas, se golpean, se funden,
y su lava se vierte
sobre la vida ávida, fecundando sus brotes...

Rompen ríos de sangre sus oscuras cortezas,
y entre bosques, se buscan
y mezclan sus furiosos caudales enemigos
elevando a los cielos sus sangrientos despojos.

Y yo, sola, me busco
entre espejos siniestros;
sin encajes ni lágrimas, con mi triste desnudo
—¡Oh fealdad doliente!—,
saltándome a los labios
como un perro, en la triste soledad de mi alcoba...

La vida está muy dura - Tiquicia Vargas

14 de noviembre de 2009


Desde que el hombre vive sobre la faz del planeta ha necesitado vivir en sociedad, vivir con otros le da seguridad. Pero con el pasar de los años las cosas han cambiado mucho; el problema es que en la actualidad no vivimos en sociedad, la sufrimos. Aquí en Costa Rica, por ejemplo el tiempo presente es muy duro para todos, tanto que hasta los delincuentes andan con cuidado, les explico:

Una anciana, una ciudadana común para cualquier efecto, recorre las calles con una mano agarrando la bolsa del mandado y con otra la sombrilla, el malhechor que ve una oportunidad de oro, se acerca con cuidado por detrás de la anciana para sorprenderla. Cuando está a unos centímetros de la mujer, esta se vuelve de improviso con una 38 especial que llevaba escondida entre el pan y la libra de mortadela y le dice al hombre:

_¡La vida esta muy dura papito, así que suelte el reloj y las dos billeteras!. – El hombre muy asustado le entrega todo y sale corriendo en una dirección, mientras que la anciana corre en la otra para pagar la luz, el agua, el servicio de cable, de Internet y el celular.

Y es que las cosas están tan inseguras para todos, que ya no se puede andar en la calle. Por ejemplo el policía siempre alerta expresa su opinión de la vida a unos compañeros de trabajo en la delegación 53 del distrito central, entre su elocuencia y amplio conocimiento de la conducta humana les dice:

__ ¡Hoy vivimos en una sociedad muy individualista, ya nadie confía en nadie! __ . Y esto es cierto, la confianza a llegado a tal punto que mi señora compro una máquina de rayos X por Internet, y la puso en la puerta de la casa, antes de pasar por la entrada debes poner todo objeto de metal en una pequeña bandeja, para poder entrar en la casa. Claro me extraño ver allí la Mágnum 45 del lechero y una pequeña 22 del portero del condominio de la esquina; cuando le pregunté por que estaban esas armas allí, solo me miró y me dijo: __ ¡Hombre que la vida esta muy dura! __. El policía usando todos sus instintos de buen detective le dijo: __ ¡pues tienes razón! __.

Y es que las cosas están tan inseguras que hoy en día que hasta los delincuentes tienen que cuidarse. El otro día escuche como un conocido ratero de mi vecindario, un vecino muy respetado en la comunidad, le comentaba a un compañero de oficio lo duras que estaban las cosas, le decía que el día anterior había salido para ir a trabajar como todas las noches y cuando entró en una casa, la sirvienta de la familia, una ciudadana común para todos los efectos, lo sorprendió con una 9 milímetros en las manos y le dijo:

__ ¡Papito entregue el saco, el reloj y las tres billeteras que lleva, la vida esta muy dura! _ . El hombre muy asustado le entrega todo y se salto la tapia con todo y alambre navaja.

Hoy en día ni nuestros hijos están a salvo de la delincuencia, en las noticias escuché una historia y se las voy a repetir para que vean que tengo razón:

Una jovencita de unos 16 años, una ciudadana común para todos los efectos, sale del salón de baile temprano, a eso de las 3 a.m., y se encamina hacia su casa, un hombre que la ve salir a ella sola la sigue (es el mismo que trato de asaltar a la anciana). Ella camina cada vez más rápido por que se da cuenta de la presencia del tipo, él apresura el paso también, cuando está a unos centímetros de la muchacha ella se vuelve de improviso con un 44 especial que llevaba escondida entre el labial y la caja de preservativos, por que es una muchacha muy responsable, y le dice al hombre:

_¡La vida esta muy dura papito, así que suelte el reloj y las cuatro billeteras!. – El hombre muy asustado le entrega todo y sale corriendo, resulta que era la nieta de la anciana que siguiendo el buen ejemplo de su abuela andaba bien protegida contra la delincuencia de hoy en día.

Y es que todos queremos sobrevivir en un mundo más agresivo y desconfiado. En un punto importantísimo están el policía, las ciudadanas comunes y el delincuente en lo correcto, en lo inseguras que están las cosas hoy en día en este gran país que podría ser mejor sí nos preocupáramos por el prójimo. La vida está muy dura, así que cuídense mucho y hasta la próxima.

Guerra - Javier Ponce y Mora

13 de noviembre de 2009


Desde que el mundo es mundo,
incluso antes que lo fuera,
no existe la paz divina
sobre la faz de la tierra.
La propia ley de la vida
marca la lucha primera :
o matar para vivir,
o morir porque no mueran.
Nunca comprendí esta norma
que da la vida, a la fuerza;
mas la acepté sin remedio,
como lo malo se acepta.
¡De repente una esperanza
invade mi vida entera
al conocerte, Mujer!
y saber que la frontera
entre lo bueno y lo malo,
es tan sólo una quimera
que se acaba en tu regazo
de la Mujer sempiterna.
¡Hasta conocer tu amor
estará este mundo en guerra!

Así verte de lejos - Jose Ángel Buesa

11 de noviembre de 2009


Así, verte de lejos, definitivamente.
Tú vas con otro hombre, y yo con otra mujer.
Y sí que como el agua que brota de una fuente
aquellos bellos días ya no pueden volver.

Así, verte de lejos y pasar sonriente,
como quien ya no siente lo que sentía ayer,
y lograr que mi rostro se quede indiferente
y que el gesto de hastío parezca de placer.

Así, verte de lejos, y no decirte nada
ni con una sonrisa, ni con una mirada,
y que nunca sospeches cuánto te quiero así.

Porque aunque nadie sabe lo que a nadie le digo,
la noche entera es corta para soñar contigo
y todo el día es poco para pensar en ti.

Alter tu - Josefa Parra

10 de noviembre de 2009


El conjunto de miembros hermosos o la voz
tan dócil que desgarra y hace sangre,
el catálogo ameno de los gestos,
la increíble, la cruel sonrisa, la manera
de deslizar las manos, la deseable rodilla.
Ése que muestras no es el que yo quiero.
Te he recreado, otro, a mi capricho,
más invisible y menos complicado,
y te he inventado casa y nombre propios,
secretísimo mío, para poder hallarte.
Qué bello te despiertas conmigo en la alborada;
si tú pudieras verte...

Rituales del amor - José Carlos Botto Cayo

9 de noviembre de 2009


Solo un cielo
un aroma a Dios
en suspiros de alma
creando cuadros de imaginacion.

Una mano que seduce
en letras de arroz
trazando lineas
en rituales de amor.

Solo un cielo
un Dios incandescente
buscando respuestas
en las lineas del amor.

Letras de arroz
creadas por el poeta
esculpiendo almas ajenas
en estatuas de amor.

Ángeles espectadores
de amores profanos
nacidos de la luz
enceguecidos por Dios.

Luna cómplice
escondiendo bajo su redondes
las sonrisas del mundo
creadas en los rituales del amor.

Entrevista (II) - Arturo Pérez Reverte

8 de noviembre de 2009


Hombre, pues a mí así a bote pronto, lo primero que se me ocurre preguntarle es por qué ha aceptado someterse a nuestras preguntas. Pero igual no procede…
Alguien contactó a mi secretaria en nombre de Hislibris, o como participante. Averiguado por ella que se trata de un excelente lugar de novela histórica, conocido por amigos míos como Juan Eslava Galán y otros, le eché un vistazo y me pareció muy bien hecho, excelente, vivo, variopinto y divertido. También vi que se habían ocupado en alguna ocasión de libros míos, y eso me ponía en deuda con los participantes, o al menos con algunos de ellos, que se baten, a veces, con pasión digna tal vez de mejor causa. Así que acepté, claro. ¿Qué otra cosa podía hacer?

¿Alguna vez terminará la saga Alatriste sin añadir, en la publicación de cada entrega, dos o tres más que nos sacamos de la chistera?
Supongo que alguna vez terminará, en efecto. En última instancia, le aseguro que cuando yo palme habrá terminado del todo. Pero mientras tanto tampoco tengo un plan rígido, ni cerrado, ni plazos que cumplir. Los Alatristes me divierten mucho, son útiles a los demás y lo paso bien trabajando en ellos, así que los voy planeando y escribiendo poco a poco, sin prisas ni otro compromiso que mi gusto y el de los lectores que los aprecian. No olvide que están en los colegios, o en algunos de ellos, y eso me impone ciertas responsabilidades. Mi plan es escribir al menos tres más, pero no sé si llegaré a hacerlo, o si habrá otros. Al ir escribiendo unos, salen ramificaciones, asuntos e ideas para nuevas historias. El próximo, por ejemplo, “El puente de los asesinos” es la parte del libro anterior, “Corsarios de Levante”, que no llegué a escribir en su momento porque mientras trabajaba comprendí que sería demasiado largo. Así que decidí partirlo en dos. Afortunadamente, esa que usted llama la chistera es cosa mía y puedo sacar de ella lo que me apetezca. Dos o tres alatristes, o doscientos.

¿La editorial, en ese caso concreto, le marca las pautas?
Usted debe de confundirme con otro autor. ¿De verdad me imagina sentado frente a mi editora Amaya Elezcano, escuchando obediente cómo me marca pautas?… Cuando se colocan medio millón de ejemplares de cada libro, las pautas las marca siempre el autor. En mi caso y en el de cualquiera que esté en situación parecida. Bastante tiene ya la editorial con procurar que los autores que les funcionan bien no se vayan a la competencia. Yo, de todas formas, estoy en la mía hace veinte años. Entre amigos y muy a gusto. Por eso sigo allí.

¿Nunca se ha planteado un Alatriste romano? Sería curioso…
Supongo que sí. Curioso de cojones. El legionario Decio Alatristus, por ejemplo, de la Undécima legión Hispana. Tampoco estarían mal el marine Diego Sadwing, o el samurai Ronin Diguchi Alatristata. Pero a mí lo que me ponen son los tercios y el Madrid de Lope y Quevedo. Cada cual tiene sus debilidades.

De todas sus novelas, ¿cuál o cuáles le han dejado mejor sabor de boca?
Todas dejan mal sabor de boca. Es un trabajo duro, y al final siempre queda una sensación de derrota, de divorcio, de vacío. Dos años de tu vida en trescientas páginas de papel y tinta, con todas las ilusiones iniciales diluidas por la rutina del trabajo de días y meses y años. Al acabarlas, uno sabe siempre que pudo escribirlas mejor. Son los lectores los que lo consuelan a uno.

¿En ocasiones piensa le ha tocado escribir libros de encargo que realmente no le apetecía hacer?
Nunca he escrito nada por encargo excepto el cuento “La pasajera del Can Carlos”, que hice para un amigo, y “Territorio comanche”, que lo escribí para otro amigo que empezaba como editor. Y tampoco los habría escrito sin ganas. Hay un caso gracioso, el de “Cabo Trafalgar”. Yo estaba escribiendo ese relato, en realidad lo tenía escrito ya, o casi, y al saber que coincidían las fechas, la editorial me pidió permiso para, en el lanzamiento publicitario, decir que era un encargo puntual por el doscientos aniversario del combate naval y apuntarse ellos el tanto. A mí me daba igual que se presentara como encargo o como quisieran. El libro era el libro, y cómo lo promocionaran no cambiaba las cosas. Por suerte puedo permitirme escribir sobre lo que me apetece escribir.

¿Cómo definiría la novela histórica actual en general? Expláyese a gusto.
Yo lo que leo son libros de Historia, y muy poca novela, sea histórica o no. No leo novela histórica actual española o extranjera, excepto la que escriben mis amigos. Y tengo muy pocos amigos que escriban novela histórica. Afortunadamente.

Territorio comanche, corríjame si ando errado, fue una ajuste de cuentas con su etapa de periodista de guerra. ¿Tiene material para alguna novela más con esta enjundia?
“Territorio Comanche” fue más bien una despedida. Veintiún años no pueden resumirse en eso. El verdadero ajuste de cuentas fue “El pintor de batallas”. Todo cuanto quería decir al respecto lo dije allí, y no lo dije de modo fácil ni para el lector ni para mí. Quien quiera leer de verdad esa novela tiene que currársela. El resto, lo que no escribí nunca, es cosa mía, y no habrá más sobre ese asunto.

¿Qué planes de futuro tiene en lo que a novelas históricas refiere? ¿Tiene pensada alguna futura publicación sobre la Guerra de la independencia?
En mis novelas, hasta en las que transcurren en la actualidad, siempre está la Historia como fondo. Con eso quiero decirle que en realidad todas tendrán, supongo, algo que ver con eso. El futuro inmediato son un par de alatristes, y quizá una historia que transcurre en España a principios del siglo XIX, tal vez con la guerra como fondo más o menos lejano, o decorado. Pero la guerra de la Independencia como tal, a la manera de “El húsar” o “Un día de cólera”, creo que no. Ese registro me parece que lo tengo agotado. Hay otras cosas que quiero hacer, y por mi edad ya no puedo permitirme dispersarme demasiado. Ahora tengo que elegir con mucho cuidado en qué comprometo lo que me queda de tiempo y de energía como escritor.

A mi me gustaría preguntarle si le agradaría comenzar una saga de aventuras marítimas como las de H.howblower y J.Aubrey, pero con protagonista español. Saludos.
Me agradaría. En su momento, hace tiempo, llegué a considerarlo. Pero esas series ya existían, y Alatriste, no. Era un personaje original y era mío. Ahora está en los colegios, y creo que es más importante que me dedique a él. Es imposible hacerlo todo a la vez. Como dije antes, a cierta edad hay que elegir.

Hace años escribió en un artículo que jamás dejaría que se hiciese una película de Alatriste, pues dudaba que pudiese estar a la altura. Finalmente accedió, y aunque el aspecto técnico fue realmente notable, el guión y el hilado de la historia fueron, cuanto menos, confusos. ¿Supervisó usted el guión? ¿Por qué concentrar toda la historia de Alatriste en una sola película cuando podíamos haber tenido dos o tres?
No creo haber usado la palabra “jamás”, pero tal vez tenga usted mejor memoria que yo. Me negué siempre a que hicieran la película hasta que se me presentó un proyecto solvente, con potente producción, un buen guión original y un actor extraordinario como Viggo Mortensen. Acepté, y a partir de ahí las cosas ya no estuvieron en mi mano. Los guiones de rodaje cambian, se adaptan, reescriben y recortan sin que el autor e la novela intervenga, y una película que iba a durar casi cuatro horas se quedó en dos y media. La estructura narrativa se resintió mucho. Yo tampoco elegí los actores secundarios, alguno del todo infame, ni intervine en el rodaje, ni decidí si se hacían una o tres. No era mi responsabilidad ni podía entrometerme. Aun así, con sus errores y fallos, sigo creyendo que es una película muy interesante de ver. Una película que debía hacerse. Además, fue un taquillazo sin precedentes y los productores ganaron una pasta enorme, de lo que me alegro por ellos, pues uno, Antonio Cardenal, es muy amigo mío. Muchos lectores conocieron a Alatriste gracias a esa película. Intenté ayudarla lealmente lo mejor que pude, apoyándome en lo bueno que tuvo, que fue mucho. Eso no impide que crea que fue una ocasión perdida. O mejor que perdida, desaprovechada. De cualquier modo, cuando veo la secuencia final de Rocroi, o la escena de la cárcel de Sevilla, o las trincheras de Breda, o la encamisada del comienzo, o el diálogo de Alatriste y Olivares, creo que, pese a todo, mereció la pena.

¿Para cuando la novela de Blas de Lezo? Seguro que una obra suya rescataría su figura del cuasi-olvido actual. Ya es hora de que saquemos brillo a las victorias y no sólo a las derrotas.
No se puede escribir todo, como dije antes. Dejémosle algo a los otros novelistas, que también tienen derecho a ganarse la vida. Pero es cierto que Blas de Lezo sería muy buen personaje.

Después de haber escrito una novela sobre una derrota, Trafalgar, ¿para cuándo una victoria, por ejemplo Lepanto?
“Corsarios de levante” es mi Lepanto. Con eso cumplí de sobra con los combates navales de la época. Aunque si fuera más joven, tal vez no le haría ascos al asunto.

¿No echa de menos, en algún momento, su etapa de reportero de guerra?
No. Ese tiempo y esos reporteros ya no existen. Los mató la conexión en el directo y el teléfono móvil. Ahora es distinto, sólo hay que ver los telediarios. Por eso me fui, entre otras cosas. Lo que echo de menos es mi juventud, claro. Y lo que ésta hizo posible. Imagínese: joven, mochila, guerras a la manera de toda la vida y el mundo por delante. Ni siquiera había Sida, figúrese. Pero no. Sin duda es usted joven. No creo que se lo figure.

¿No ha pensado escribir algo sobre los descubridores, sobre la conquista española en América?
Ya lo hice. Hay un relato llamado “Ojos azules” sobre la Noche Triste, publicado hace años, del que estoy satisfecho. Precisamente lo van a reeditar pronto. De cualquier modo, después de “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre” y de “El dios de la lluvia llora sobre Méjico” hay poco más que escribir. Me parece.

¿Cómo sobrelleva el peso de la fama: le afecta, se siente importante o le importa un bledo, visto que sus incondicionales le van a seguir leyendo de un modo u otro?
La fama en el sentido de que conozcan tu careto por la calle es incomodísima. Por lo menos a mí me lo parece. La única ventaja social es que te dan las mejores mesas en los restaurantes. Otra cosa es el éxito literario. Saber que tus lectores te van a seguir leyendo si no te equivocas demasiado y los traicionas, es muy agradable. Te ayuda a encarar el trabajo duro de cada día con más ánimo. También te da independencia económica, y eso permite elegir libremente lo que escribes, a quién le das la mano y a quien no, a quién mandas a tomar por saco, y responder a las preguntas de Hislibris sabiendo que nada de lo que digas te beneficia ni te perjudica en absoluto como novelista. Resumiendo: puedes elegir a tus amigos, y también a tus enemigos. Un pedazo de lujo.

¿En qué momento del día se sienta a escribir?
Si no estoy de viaje, por la mañana, cada día a las 08,00 y trabajo hasta las 15,00 más o menos. Por la tarde leo o corrijo. Trabajo cada día que estoy en casa, laborables o festivos, menos los jueves, que voy a la RAE. Como vivo en la sierra, a cuarenta km. de Madrid, nadie me incomoda. Cuando estoy harto, me voy a navegar, cargo las pilas y vuelvo a trabajar.

¿Toma usted la escritura como un trabajo, es decir, se pone un horario fijo, un número de páginas que corregir por semana, etc.? ¿O es más libre?
Creo que he contestado en la pregunta anterior. Es un trabajo. Yo soy un escritor profesional. Mi oficio es contar historias y contarlas lo mejor posible. Eso no se improvisa, ni depende del estado de ánimo, ni de que se tenga un día creativo o no creativo. Pero tampoco significa que haya que hacer equis páginas al día a toda costa. Soy mi propio jefe, y yo decido el ritmo, procurando siempre que sea eficaz. Digamos que raro es el día de trabajo que hago menos de página y media, y raro es el que sobrepaso las cuatro. Por ahí anda la media, dependiendo de que se trate de diálogo, sentimiento o descripción, de que sea complejo o simple el asunto en curso. Luego, soy yo quien decide qué libro escribo, cuándo tengo previsto más o menos publicarlo, qué vacaciones voy a tomar y todo lo demás. La editorial acepta mi ritmo y mis resultados sin rechistar. Si tardo dos años, como si tardo cuatro. Supongo que mientras le vaya bien conmigo seguirá haciéndolo.

¿De dónde tomó la idea base para escribir La Carta Esférica?
Un día estaba en una subasta de Barcelona pujando por el Atlas de Tofiño. Tuve una dura batalla con otro comprador empeñado en él, y al salir de allí con el Tofiño bajo el brazo comprendí que aquél era buen comienzo para una novela sobre el mar que llevaba tiempo dándome vueltas en la cabeza. Pero no había pensado en cartas náuticas hasta ese día. Las novelas surgen así. De pronto una situación, una palabra, una idea, hacen que algo que llevas contigo tome forma concreta. Entonces te pones a escribirlo. O a comprobar si eres capaz de hacerlo.

¿No tiene la impresión de que las novelas de P. O`Brien dan el máximo cuando los protagonistas se encuentran a bordo y pierden fuerza cuando la acción transcurre en tierra?
Creo que no. Eso me ocurre con Alexander Kent, e incluso con Forester, cuyos personajes, en general, son más simples y planos. O’Brian, siendo como es menos perfecto en maniobra marinera que Kent, es más rico en la complejidad de los personajes, y eso hace que me interese igual en tierra que en el mar. Desde mi punto de vista, diría que Forester tiene el mérito del precursor (Marryat aparte), Kent el de la maniobra marinera y O’Brian el de los personajes. El amigo Aubrey es el máximo. Por eso, de todos ellos, mi favorito es O’Brian.

¿Se atrevería con una novela de ciencia ficción?
Me atrevería si tuviese algo bueno que contar sobre eso. Como no lo tengo, prefiero abstenerme, de momento. Pero nunca se sabe.

¿Cuáles son sus rutinas a la hora de escribir?
Sólo el silencio y estar rodeado de libros, en mi biblioteca. Escribo en ordenador, corrijo a mano con pluma Montblanc y tinta negra o azul, y vuelvo a escribirlo en ordenador. Nunca escribo de viaje ni en hoteles. Ahí lo que hago es leer y, como mucho, corregir textos.

¿Escribe un número fijo de páginas cada día?
Ya respondí antes a esa pregunta.

¿Escribe todos los días de la semana?
Sí. Al menos, todos los días que estoy en mi casa. Nunca escribo ni viajando ni navegando, por las razones que expuse antes.

¿Qué fase de la escritura de un libro es la que le gusta más y la que le gusta menos?
La fase inicial es la más agradable. Uno lee, viaja, toma notas, imagina personajes. Todo resulta nuevo e interesante. Los primeros meses es como enamorarse. Luego viene la rutina del trabajo diario, los problemas técnicos, las correcciones. Lo peor son las últimas semanas, la búsqueda de erratas, la corrección de pruebas. Es como un matrimonio del que uno desea ya divorciarse lo antes posible. Uno llega a aborrecer el texto, de tanto trabajar en él. Además, pierde la objetividad. Ya no tiene distancia para juzgarlo, de lo mucho que se ha implicado en él. Es el momento de que alguien lo lea y juzgue. Es el momento del lector. Y cuando ese lector llega al libro, tú ya estás lejos de allí, enamorado de otra historia. Una vez escritos, mis libros me resultan indiferentes. Como una mujer a la que amaste con locura y que ahora está en brazos de otro, sin que te duela.

¿Ha tenido problemas de inspiración o cuando está acabando de escribir un libro ya tiene en mente el siguiente?
Nunca tuve problemas de inspiración. Mis problemas son técnicos, narrativos. Profesionales, quiero decir. O de cansancio físico, a veces, pues e trata de un trabajo absorbente y muy duro. El otro problema es cual de las varias historias que tengo en la cabeza escribiré después, cuales dejaré para más adelante, y cuales dejaré morir por falta de tiempo y oportunidad para escribirlas. Ésa es una elección difícil cuando se tienen cincuenta y siete años.

Siendo un reportero de guerra con tantas batallas y, seguro, con tantas anécdotas e historias, ¿para cuándo un nuevo libro sobre vivencias como reportero de guerra?
No habrá más libros de esa clase. Sobre esa parte de mi vida ya conté lo que quería contar.

¿En qué país no viviría bajo ningún concepto?
En esta España de ahora, si tuviera treinta años menos. Ahora ya me da lo mismo. A mi edad, tan bueno o tan malo es un sitio como otro.

Señor Reverte, sabemos de su afición a la vela, pero ¿navega alguna vez por internet? Si es así, ¿qué tipo de páginas web le gusta visitar?
No navego por Internet. O muy poco. Lo justo para cosas del trabajo, enviar material y cosas así. El correo electrónico, restringido a mi secretaria y a mis amigos íntimos, lo miro una vez cada diez o doce días. Cuando estoy en casa, el tiempo que no escribo lo dedico a leer. Sólo recurro a internet cuando estoy en el mar, para hacer las previsiones meteorológicas. Ahí sí me muevo con cierta costumbre.

Don Arturo, cuando leí su novela El maestro de esgrima, un malvado personaje secundario cuyo nombre no recuerdo (y el volumen no lo tengo aquí, lo lamento) me recordó a los villanos de Pérez Galdós, tipo Torquemada. ¿Se inspiró usted en don Benito para este carácter o son cosas mías?
No recuerdo en este momento a qué personaje se refiere. Pero cuando uno lleva leyendo desde los cinco años, y tiene 25.000 libros en la biblioteca (cuando escribí “El maestro de esgrima” serían unos diez o doce mil menos), hablar de inspiración en un autor concreto es un poco arriesgado. Para el protagonista me inspiré directamente, como dije en su momento, en mi abuelo paterno, que era clavado a Jaime Astarloa. Si se refiere usted a si había leído a Galdós antes de escribir el libro, la respuesta es que sí. A Galdós, a Valle Inclán, a Balzac, a Dumas, a Tolstoi, a Dostoievsky, a Dickens, a Twain y a algunos otros. A eso hay que añadir los malvados a los que conocí en persona. No olvide usted que fui puta antes que monja. Quero decir que he leído cuanto pude, pero lo que sé de la vida y de los seres humanos no lo conozco sólo por los libros. Yo no soy un escritor teórico de biblioteca y barra de bar. Y disculpe que no señale.

Otra cosa: un amigo mío dispone de un ejemplar de Territorio Comanche dedicado por usted. El sábado pasamos una entretenida tarde intentando descifrar lo que allí usted le deseaba. Vana empresa. Me pregunto: ¿cómo teniendo esa letra, optó usted por la escritura en lugar de la medicina?
Tenía que ponerse en mi lugar. Y en mi pulso. Después de una charla o presentación de hora y media, pasar otra hora de pie (yo siempre firmo de pie, como los están quienes sufridamente hacen la cola) firmando libros le destroza la letra a cualquiera. Pero tampoco es que mi letra sea para tirar cohetes. Reconozco que es más bien infame. Como digo, agravada por las circunstancias.

Me gustaría hacer una referencia a La Tabla de Flandes y criticar el personaje del ajedrecista, que reúne todos los tópicos que habitualmente recaen en los jugadores de ajedrez. ¿No podía haber evitado incurrir en estos tópicos o realmente piensa que los jugadores de ajedrez son tan patéticos como los describe?
Gracias

No creo que la palabra patético sea aplicable al jugador Muñoz, pero como lector y tal vez ajedrecista es usted muy dueño. De eso, y de resumir la posible virtud, o su ausencia, de una novela compleja en sólo uno de sus personajes. En primer lugar, no recuerdo otros personajes ajedrecísticos literarios ni reales que sean jugadores de ajedrez a quienes ganar o perder les traiga sin cuidado, como a él. Permítame imaginar que eso no es corriente, pues todos cuantos conozco, que son muchos, lo que desean siempre es ganar. Otra cosa es que Muñoz participe de rasgos comunes, frecuentes entre los que tienen su afición. Por eso, en cuanto a “incurrir en tópicos” como algo negativo para la novela, no puedo estar de acuerdo con usted. Algunos tópicos lo son porque corresponden a realidades, y por eso se convierten en tales. Más tópico es el anticuario César, por ejemplo, y eso no impide que yo conozca a varios anticuarios que encajen perfectamente en ese personaje. Precisamente el ajedrez está lleno de gente que corresponde, muchas veces, a esas características que usted llama tópicas. No por eso son personajes menos reales, ni novelables. Se lo dice un jugador de ajedrez mediocre, con amigos ajedrecistas de mérito razonable, e hijo de un jugador de ajedrez bastante notable, con trofeos y todo. En el que, por cierto, me inspiré para construir algunos rasgos psicológicos del jugador Muñoz. Fíjese si el tópico puede ser real o no, patetismos aparte.

Conocemos su predilección por los textos de Montero González y de Fernando Aramburu, ¿qué otros autores actuales de nuestro país destacaría como valores a tener en cuenta?
Eso prefiero decírselo a usted tomando unas cañas. En público, una relación amplia o exhaustiva sería discutible, y posiblemente injusta por las ausencias.

¿Tiene pensada alguna novela fantástica? Me refiero a incursiones en lo llamado «fantástico» o «ciencia-ficción», como sucedió por ejemplo en El club Dumas. ¿Se ha planteado escribir alguna vez al margen de los acontecimientos históricos (actuales o pasados)?
La primera parte de la pregunta la respondí más arriba, aunque dudo de que “El Club Dumas” pueda calificarse de fantástica. En cuanto a la segunda parte, es imposible escribir al margen de los acontecimientos históricos actuales o pasados. Somos resultado de la Historia, y ésta se encuentra presente en todo. A veces de forma directa, como en “Alatriste”. A veces de forma indirecta, como en “La reina del Sur”. Pero siempre está ahí, de una u otra forma.

¿Por qué esa pose? (¿O no es pose?)
No sé bien de qué me habla. En cualquier caso, intuyo que la respuesta, como la pregunta, es más asunto suyo que mío. De cualquier modo, si tiene mucha curiosidad, le sugiero que le eche un vistazo a mi biografía, que está en internet. Y si un día tiene ocasión, échele también un vistazo de cerca a mi cara. Fijándose.

¿Le gustan realmente las novelas de su amigo J. Marías?
Sí. Aunque si no me gustaran, también sería mi amigo.

¿Le ha gustado alguna de las adaptaciones al cine de sus novelas? En caso positivo ¿Cual de ellas?
La mejor es, sin duda, “El maestro de Esgrima”. La peor, como para romperle las piernas al director (Jim McBride), es “La Tabla de Flandes”. Entre una y otra, de arriba abajo, yo situaría “La Novena Puerta” de Polansky, “Alatriste” de Díaz Yanes, “La carta esférica” de Imanol Uribe, “Territorio comanche”, de Gerardo Herrero, “Cachito” de Enrique Urbizu, “Camino de Santiago” (en esta serie de Antena 3, por lo menos, actuaban Charlton Heston y Anthony Quinn, y eso me gustó), ”Gitano” de Manuel Palacios, y la serie “Quart”, donde lo único bueno eran Pou y Roberto Enriquez, el actor que hace de Quart. Creo que no me olvido de ninguna.

¿Por qué casi todos sus protagonistas masculinos (Alatriste, Lucas Corso, Jaime Astarloa, Coy…) suelen ser hombres desencantados, maltratados por la vida, «de vuelta de todo», enamoradizos en extremo y con un sentido del honor «trasnochado» para la época en que se desarrolla la novela? Es decir, ¿hasta cuándo mantendrá a ese personaje tan arquetípico? ¿Es reflejo de su propia personalidad?
No creo que todos participen de esas características que usted apunta, ni que sea tan simple resumirlos. Si yo hubiera pasado veinte años contando la misma historia con el mismo personaje, hace tiempo que los lectores me habrían mandado a hacer puñetas. Corso nada tiene que ver con los demás (su ausencia de sentido del honor es absoluta), y la ingenuidad de Astarloa y de Coy son diferentes a la amarga lucidez criminal de Alatriste. Por no hablar de Faulques. Como ve, no estoy de acuerdo en el planeamiento general de su pregunta. Otra cosa es que todos ellos se muevan en un territorio que narrativamente es el mío, y hagan frente a los problemas que a mí me importa que enfrenten, a menudo problemas comunes. Pero es que eso no es sino coherencia narrativa. Cualquier escritor coherente, desde el más genial al más mediocre, tiene un territorio en el que sus lectores lo reconocen, que pueden abandonar o desertar cuando gusten, leyendo o no sus libros. Los míos me siguen siendo fieles, y eso me tranquiliza. No hay que confundir eso con el arquetipo, el tópico o la repetición. Mis novelas responden a mi visión del mundo, a mis mecanismos defensivos y consolatorios ante él, y cada novela para mí es un desafío diferente a la hora de abordar el problema narrativo de la porción en la que trabajo de mi visión general del mundo. En esa visión participan también ciertos personajes femeninos como Tánger Soto, Olvido Ferrara y, sobre todo, Teresa Mendoza. En cualquier caso, recuerde que nadie pone lo que no tiene. Permítame remitirlo también, como en una pregunta anterior, a mi biografía. No para alardear de ella, sino porque en ella está la explicación del territorio en el que se mueven y la mirada que tienen los personajes de mis novelas. Y la mía, naturalmente. A mí nadie me ha contado lo que escribo. O no todo.

Sr. Reverte, en su etapa de reportero, ¿Cómo pudo permanecer como un simple espectador ante hechos que en su literatura deja entrever que presenció?, ¿se arrepiente?
Porque mi trabajo era precisamente de testigo, no de protagonista. Yo estaba allí para contar lo que ocurría, no para intervenir en ello. En otro caso, habría ido como cooperante o como médico sin fronteras, no como reportero. Otra cosa es que, con mis compañeros, ayudase cuando era posible. Pero no siempre lo era. Entre otras cosas, porque si te mezclabas en algunos asuntos, te mataban. A veces, demasiado era ya que te dejaran estar allí. De todas formas, eso de permanecer como espectador y aplicar etiquetas éticas al asunto es fácil decirlo desde este lado de la barrera. Respecto a si arrepiento o no, sobre eso hay escritos dos libros míos. Territorio Comanche y El pintor de batallas. A ellos me remito. Precisamente los escribí, entre otras cosas, para no tener que dar esta clase de explicaciones. Y no me arrepiento, claro. Una cosa es tener remordimientos y fantasmas, como cada cual, y otra arrepentirse. Yo era un cazador de imágenes y noticias. Un hijo de puta profesional y un mercenario honrado. Y pagué mis precios sin rechistar, comiéndome lo bueno y lo malo. De cualquier modo, le recomiendo que desconfíe de los reporteros de guerra que se adornan con farfolla ética. O mienten o son tontos del culo. Y a menudo son tontos del culo que mienten.

¿Qué opinan en su círculo personal de su obra? Ya sabe, me refiero a si hacen comentarios del tipo “En fin, ya sabemos cómo es Arturo…”
No sé a qué círculo personal se refiere. Si habla de mis amigos, tampoco veo la relación entre mi obra y ese “En fin, ya sabemos…”. Mis novelas están ahí, y nadie tiene que justificarlas. Y menos a estas alturas. No sé si han formulado Vd. confusamente la pregunta o yo no soy capaz de comprenderla. Posiblemente se trata de lo último.

A mi, como murciana, me gustaría saber el porqué de sentirse sólo cartagenero y no hacer alusión a su provincia Murcia, como por ejemplo hacía Paco Rabal diciendo siempre: «Soy de Águilas, Murcia». ¿Acaso no se siente orgulloso de ser murciano?
He mencionado a Murcia y a Cartagena muchas veces. Creo que no está bien informada. Yo me siento bien en Murcia, y en Cartagena, y en todas partes. O me siento mal, según las circunstancias. De cualquier modo, no estoy orgulloso ni de ser murciano, ni de ser cartagenero ni de ser de ninguna parte. Los orgullos locales me tienen sin cuidado. Y a veces son, incluso, peligrosos o patéticos. No veo por qué ha de sentirse ese orgullo, ni en qué puede diferenciarse el orgullo de sentirse murciano y el de sentirse, por ejemplo, de Calahorra. Que cada cual se sienta orgulloso de lo que quiera, pero a mí no me exijan eso. Hay orgullos que se quitan viajando. O se templan.

¿Qué hay de Arturo Pérez-Reverte en los/las (Bibiana dixit y pixit) protagonistas de sus novelas?
Mucho, por supuesto. Pero no todo. Cada autor les presta a sus personajes algo de sí mismo para que vivan, pero se trata de ficción, a fin de cuentas. Digamos que uno crea esos personajes con los puntos de vista que la vida le ha dejado. En tal sentido, algunos de ellos se acercan más al punto de vista del autor que otros. Pero nunca pretendí recrearme en mis textos. Como mucho, digamos que alguno de mis personajes —Lucas Corso, Alatriste, Faulques— miran el mundo como lo miro yo. Mañana, sin embargo, podría hacer una novela con un protagonista infame, vil, traidor y malvado, y no por eso debería asumir que se me parezca ni que yo comparta sus puntos de vista. Hay que recordar siempre que una novela es un artefacto de ficción.

¿Qué novelista(s) del género histórico admira más? ¿Alguna fobia remarcable?
Dumas, O’Brian y algún otro. En España, Eslava Galán. En cuanto a lo otro, mi única fobia es hacia los oportunistas chapuceros que publican sin rigor y sin necesidad novelas absolutamente prescindibles. Fíjese que digo “publican” y no “escriben”. Cada cual es libre de escribir lo que quiera, para su placer o ambición personal. Pero que el autor de un ladrillo infumable se empeñe en publicarlo, aprovechando tiempos fáciles como éstos, sin ningún pudor ni sentido de la autocrítica, me parece lamentable. Está tapando espacio en librerías a gente que sí lo merece y que necesita ese espacio. Es evidente que no digo esto por mí, pues mi espacio, por suerte, lo tengo hace tiempo asegurado. Pero a gente con talento que empieza ahora sí la perjudican.

¿Qué opina de la celeridad de los bedeles del Archivo de Indias?
No tengo datos.

¿Sigue manteniendo contacto con la «Cancerbera del “Man”»?
No. Creo que se dio de baja. Por depresión.

Me he fijado que en su obra hay muchas escenas cargadas de seducción con cigarro por medio y el humo flotando en el aire. ¿Echa de menos ese recurso cuando escribe una obra como los Alatriste o El maestro de esgrima y describe una escena de seducción?
En la vida real hay muchas escenas cargadas de humo de cigarrillos. O las había. De cualquier modo, tampoco es recurso que utilice en todas las novelas. Sólo en algunas donde hay personajes que fuman. Por suerte hay muchos otros recursos para crear ambientes, y procuro utilizarlos todos lo mejor que puedo. Una novela es un artefacto narrativo hecho de mecanismos que uno usa intentando ser eficaz a la hora de contar la historia que quiere contar. Todo cuanto funciona es bueno y todo cuanto no funciona no lo es.

¿Recuerda su primer articulo de prensa publicado, y su primera portada? ¿En qué periódico y de qué trataban? Gracias.
Mi primer artículo fue en La Verdad de Murcia, y el titular era: “El Galicia se llamó primero Príncipe Alfonso y después Libertad”. Mi primera portada, con foto vestido de minero incluida, fue en el mismo periódico. Se titulaba “Así se vive en la mina”. Estuve picando en una de La Unión unos días para hacer ese reportaje.

Lo primero de todo, quiero darle la enhorabuena por su último libro Un día de Cólera. Un novela histórica que incita a la investigación y que viene acompañada de una excelente bibliografía. También su novela, o por lo menos ese es mi caso, provoca el estudio e investigación de los personajes que aparecen en ella, ya que no debemos olvidar que son personajes reales que vivieron el Dos de Mayo y que se encontraban olvidados hasta que usted los recordó de nuevo. Lo segundo, ¿cuando hará una visita por la ciudad de Logroño en sus cortas giras promocionales? Es una ciudad que se encuentra olvidada y que necesita de la presencia de grandes escritores como es su caso. No tenemos que olvidarnos que La Rioja tiene por eslogan ser «La cuna del castellano».
Muchas gracias Don Arturo. Y perdone si le he importunado con mi pregunta.

No me importuna en absoluto. Conozco La Rioja y conozco Logroño, donde voy con cierta frecuencia. Lo que pasa es que promociones hago muy pocas, o ninguna. Hace tiempo que no, excepto en caso de embarques de amigos en compromisos ineludibles. Eso lleva un tiempo que prefiero dedicar a trabajar. Tenga en cuenta que un viaje de promoción a Logroño, o a otro sitio, supone tres o cuatro días; y eso en casa son de diez a quince folios menos que escribo. Por suerte puedo confiar la promoción a entrevistas y reseñas de prensa que suelo hacer de golpe, la primera semana en que sale mi nuevo libro. Estoy muy mayor para ir de un lado a otro como puta por rastrojos. También me da mucha vergüenza ir a firmas de libros. No me gusta tener a gente esperando en colas ni cosas así. Por eso no voy a ferias ni a San Jordi ni a grandes superficies. A quien me viene con libros se los firmo con mucho gusto, cuando me pillan. Pero procuro evitarlo cuanto puedo.

¿Que época de la historia de España es más atractiva para usted, Edad Media, siglo XIX…
Toda la historia de España es atractiva. La que mejor conozco yo es la de los siglos XVI y XVII y el siglo XVIII hasta 1814, más o menos. Eso no quiere decir que los otros siglos me sean indiferentes, claro. La España romana y la del Cid, por ejemplo, me interesan mucho. Pero no se puede ser experto en todo.

¿No cree que D. González Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, se merece una gran novela de aventuras?
Por supuesto. Nuestra historia está llena de personajes fascinantes: Cortés, Pizarro, Blas de Lezo, Barceló, el Cid, Gálvez, El Empecinado… Pero uno no puede hacerlo todo.

Yo quiero felicitarle por su trayectoria periodística y literaria, que es impresionante, y preguntarle si el ejercicio del periodismo (sobre todo, su artículo semanal) le sirve hoy en día como vía de escape o si, por el contrario, supone una carga para la preparación y escritura de sus novelas.
Yo ya no soy periodista. Era un reportero, y al dejar de serlo dejé de ser periodista. Ahora escribo una página semanal que me sirve de ajuste de cuentas y desahogo, en mi nombre y en el de otros. No es periodismo sino literatura en forma de periodismo, con un personaje que se llama como yo pero que no soy yo. O no lo soy del todo. El APR que firma esa página es también un personaje literario, sólo que hay gente que lo toma por completamente real. Yo, por ejemplo, no digo tacos en mis conversaciones. Ni soy tan gruñón. Por lo demás esa página preferiría no hacerla, como Bartleby, pero a estas alturas hay demasiada gente que la sigue hace tiempo y ya no puedo elegir ni renunciar. Sería una especie de traición a los amigos. Le dedico un día a la semana, y ese día, por supuesto, se lo resto a las novelas. A veces no me hace maldita la gracia interrumpir el ritmo de éstas para hablar de otra cosa. Pero ya he dicho que no tengo opción. Son las reglas.

En algunas ocasiones en estas páginas se ha esgrimido el argumento del éxito de ventas como indicativo de la calidad de una obra literaria. ¿Cree que esto es así?, ¿o está más cerca de Shopenhauer cuando dijo que «el que escribe para necios encuentra siempre una numerosa audiencia»? RESP: Schopenhauer tuvo una numerosa audiencia.
Ese tema me aburre hace tiempo. Cada cual es libre de atribuir la calidad que quiera a lo que quiera. De cualquier modo, por poner un ejemplo, John le Carré es un bestseller superventas como lo es Dan Brown, pero cualquiera que pretenda situarlos juntos en calidad no es más que un imbécil. Hay libros buenos que se venden y leen muchísimo y libros malos que no se venden ni leen absolutamente nada. En lo que a mí se refiere, estoy encantado de que me lean muchísimo. No tengo el menor complejo de estar en una lista de ventas con Le Carré, ni con Vargas Llosa o Paul Auster. Tampoco lo tengo cuando me toca estar junto a Dan Brown.

¿Qué piensa cuando un lector le manifiesta razonadamente que no le ha gustado un libro suyo? ¿Le resulta indiferente el comentario o toma en consideración esas manifestaciones?
Siempre lo tomo en cuenta. Tener presente al lector es compatible con escribir dignamente la novela que uno quiere escribir. Cada novela es un acto de aprendizaje sobre el mundo y sobre uno mismo. Eso incluye el retorno de la información procesada por el lector. Tenga en cuenta que, al término de una novela, uno está tan metido en ella que se pierden las perspectivas. Es el lector quien con su juicio te la devuelve.

¿Su barco es un refugio personal, un sanctasanctórum o invitaría usted a navegar a cualquier desconocido?
Yo no navego con desconocidos. Eso es incompatible con el mar. Al menos con mi forma de entender el mar. Nunca he permitido, por ejemplo, que un periodista suba a bordo. Pero la palabra refugio tal vez no sea la correcta. Digamos que mi velero es el único lugar del mundo donde todo puede dejarse atrás, lejos, en tierra. Allí el tiempo deja de existir y sólo cuenta lo inmediato. Libros para leer con buen tiempo, o pelear duro para no perder el barco y tú con él si el tiempo es malo. Lo demás importa literalmente un carajo.

¿Qué le parece la obra de Roberto Bolaño?
Me parecía aburridísima cuando estaba vivo y me sigue pareciendo aburridísima ahora que está muerto. No son, desde luego, los libros que yo salvaría del incendio de mi biblioteca. Prefiero salvar las aventuras de Tintín.

¿Cree usted que la estupidez que se ha apoderado, tiempo ha, de la clase política o dirigente española es debida a una especie de incapacidad congénita nacional o se trata de algo pasajero que nos ha tocado sufrir de igual manera que le podía haber ocurrido a otras naciones como Inglaterra, Francia, Italia…?
Pasa en todas partes. La diferencia es que España es más ruin, bajuna y analfabeta que Francia o Inglaterra, por ejemplo. En algunas cosas, incluso más que Italia. Por eso se nota más. Y ojo. Esos políticos no son marcianos que hayan llegado de fuera. Salen de nosotros. Somos nosotros. Tenemos los políticos que merecemos tener. La prueba es que todos se jubilan de políticos y además mueren en la cama.

Desearía que usted me advirtiera de la posibilidad de que los navíos de línea franceses mayores de 70 bocas de fuego aparejaran velas laterales aparte de las propias de cada verga mayor, velacho y juanete. ¿Aparejaban estos barcos sobrejuanetes?
Supongo que se refiere a los navíos de línea llamados comúnmente de 74 cañones, de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Llevaban, en efecto, aparte las velas mayores de los palos trinquete, mayor y mesana (aunque ésta última verga de mayor solía ir aparejada como verga seca, al llevar a popa del palo una vela cangreja), cada una su gavia, su juanete, y también su sobrejuanete cuando el tiempo permitía calar mastelerillos. Con viento largo o de popa y buen tiempo, cuando se necesitaba aumentar la superficie vélica, podían aparejarse, en efecto, por fuera de gavias, velachos o juanetes, unas velas laterales más pequeñas, llamadas “alas” por lo general, y cuando acompañaban a la vela de trinquete, “rastreras”… Pero todo eso ya lo sabía usted. No me lo habría preguntado, en caso contrario.

Si llegara sediento con su barco a una isla casi desierta, ¿quién le gustaría que estuviera allí con una jarra de agua fresca que pudiera apagar su sed? Y si esa persona sólo tuviera un libro, ¿cuál le gustaría que tuviera?
Mónica Bellucci con un Quijote, para cuando se nos acabara la conversación. Pero incluso sin libro podría arreglármelas, supongo.

Mi legítima esposa dice que usted conoce a las mujeres inteligentes como nadie. Que Olvido Ferrara es impresionante como personaje y que Teresa Mendoza es de carne y hueso y tal vez su mejor creación femenina. ¿Que hay de real en las mujeres de sus novelas? ¿En qué porcentaje recurre a su imaginación para crearlas, y en qué porcentaje recurre a su memoria? Por otra parte, debo decirle que la escena de cama de Olvido y Faulques en Venecia es la mejor co… de co… de la literatura universal. Aquí, un amigo.
Tengo cincuenta y siete años (curiosamente, ahora que me fijo, el mismo número que corresponde a esta pregunta). A estas alturas, uno también pone en las novelas parte de su vida. Ninguna mujer de mis novelas sale directamente de la realidad, pero es cierto que las compongo con aquellas partes de realidad y de memoria que puedo utilizar como materia novelable. Ninguna es completa ficción. Ninguna es realidad completa, aunque unas se acerquen más que otras a lo concreto. A mujeres reales. Ahora bien, lo que tengan de real Olvido Ferrara o Tánger Soto es sólo cosa mía. Lo que sí puedo decirle es que desde hace tiempo, cuando comprendí que ellas tienen, aunque a veces no lo sepan, las respuestas a todas las preguntas importantes que el hombre se hace desde que existimos, las observo minuciosamente e intento extraer lecciones de lo que veo y de lo que puedo recordar del pasado. Es ahora, con los años, cuando puedo descifrar enigmas que siempre me inquietaron o desconcertaron. En cuanto a la escena veneciana a la que se refiere, celebro que le parezca buena, aunque dejo a su criterio establecer si es inventada o se basa en algo real. Uno, en su natural modestia, hace las cosas lo mejor que puede.

La fama le ha dado muchas cosas ¿cuáles le ha arrebatado? y ¿escribiría para mantenerla a cualquier precio?
En algunos lugares, me ha arrebatado intimidad. Y la posibilidad de sentarme a observar a la gente mientras paso inadvertido. Aunque procuro seguir haciéndolo cuanto puedo. Por lo demás, como dije antes, la fama, en mi caso, sólo sirve para que te den mejores mesas en los restaurantes.

¿Qué opina del canon digital?
No tengo una opinión formada. No conozco bastante el asunto. Profesionalmente no me afecta, porque lo mío son los libros.

Señor Reverte: ¿Cómo podemos saber que va a ser usted el que conteste a todas estas preguntas? Un profundo admirador.
A estas alturas, está clarísimo. Es evidente que quien responde soy yo. Y mi circunstancia.

¿Qué le parece la frase que dijo sobre sus propias obras Stephen King?: »Yo soy a la literatura lo que el McDonalds a la comida».
Que Stephen King no se respeta demasiado a sí mismo. Pero igual tiene razón.

¿tTene pensados más episodios como el de La sombra del águila?
Pensadas tengo muchas cosas, aunque eso no quiere decir que tenga tiempo ni ganas de escribirlas. Pero nunca se sabe. Debo decir, de todas formas, que ese relato es una de mis cosas cortas favoritas. Le tengo mucho cariño a esa heroica y triste historia. Tan española.

¿Qué le parece a Ud. la obra de Dalton Trumbo, en especial su inacabada La Noche del Uro?
He visto alguna película basada en sus obras, pero hasta ahí llego. Del resto no tengo la menor idea.

¿De los autores de narrativa histórica actuales con cual se quedaría?
Si se refiere a autores vivos, muy pocos. Apenas leo novela actual, y mucho menos histórica. Juan Eslava Galán, por supuesto. El inglés Peter Ackroyd, a veces. Alexander Kent, cuando se trata de narrar combates navales (en los personajes es algo más plano). Creo que eso es todo, o casi. Lo que sí leo es mucha Historia, sobre todo Grecia y Roma, y los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. El XX ya me interesa menos. El XXI, nada.

¿Qué le parecen las obras de Haefs, Pressfield o Baer?
Son sin duda extraordinarios, hagan lo que hagan, pero no tengo el gusto. No oí hablar de ellos en mi puta vida.

¿Siendo usted de Cartagena, cómo no se ha atrevido aún con un personaje tan fascinante como Aníbal Barca y su familia (creo que usted podría contarnos una gran historia con ese periodo y esos personajes de fondo), o sencillamente no le atrae?
No me atrae para escribir sobre ello, aunque conozco bien esa época. No podemos escribir sobre todo. Hay que elegir, y otros asuntos me interesan más.

¿Cuál considera usted el personaje más importante de la Historia de España, el más infravalorado, el más sobrevalorado y el que menos favores a hecho a España?
El más importante quizá sea Carlos V, en mi opinión. Su momento histórico nos fue decisivo tanto para lo bueno como para lo malo. El más infravalorado tal vez sea Felipe II. La Leyenda Negra nos lo presentó como un rey mezquino, oscuro y limitado, y somos tan imbéciles que seguimos creyendo que así fue. Han tenido que venir a rehabilitarlo, y sin demasiado éxito, los historiadores extranjeros. El más sobrevalorado de nuestra historia más o menos reciente es, en mi opinión, Manuel Azaña. Como escritor no me parece muy brillante. Como político, mediocre. La prueba es que España se le fue de las manos y se lo puso todo a punto de caramelo a la reacción de los militares y la derecha. Hacer de él un héroe de la República me parece exagerado. Suelo verlo más como un pobre hombre con buenas intenciones pero débil y poco eficaz para lo que le vino encima. En cuanto al que menos favores ha hecho a España, sin duda fue el rey más infame y vil de nuestra Historia, donde esos reyes no faltaron nunca, por cierto. Me refiero al grandísimo y siniestro hijo de puta Fernando VII. Pero ojo: el Deseado. Si así lo llamaron, es porque Dios o el diablo concedieron a este pueblo imbécil exactamente lo que quería. Lo que merecía. Recordemos que también ese miserable murió en la cama. Y no fue el único.

¿Qué personaje (excluyendo a Jesucristo) considera Ud. que ha cambiado más la Historia de la Humanidad?
Mahoma. Y lo que la va a cambiar todavía.

Reitero la pregunta que le hice una vez en persona, por parecerme interesante: ¿Por qué sus novelas han seguido hasta ahora el camino de El húsar y no el de La sombra del Águila? Es decir, les falta esa vida, ese sentido del humor afilado como una bayoneta del Villaviciosa, y en cambio abusan de esa desesperanza, de esa fatalidad gris y pesimista. Dicho esto, desde una admiración total hacia ambas novelas y estilos de escritura.
No sé lo que respondí en aquella ocasión. De cualquier modo, mis novelas siguen muchos caminos distintos. Cada una supone para mí un desafío particular. Concreto. Si no, mi oficio sería puramente mecánico. Raro es que haya dos que puedan situarse en idéntico registro, salvo los Alatristes. Precisamente porque no hago siempre la misma novela. Yo cuento siempre la misma historia sobre el ser humano, pero lo hago con épocas, ambientes y personajes diferentes. Me aburriría mucho, en otro caso. No me va el formato fijo. Por eso experimento a veces, como en cabo Trafalgar. Divertirse trabajando también es un móvil bueno. En cuanto al humor, en las novelas siempre está presente, de una u otra forma, aunque a veces sea una pincelada de humor negro. No siempre está uno para chirigotas largas. Repito que tengo cincuenta y siete años, y la vida me ha dado unas certezas y me ha despojado de otras. Cada uno escribe de lo que sabe. De cómo ve el mundo, la vida, el ser humano. Yo escribo de lo que sé. Y es evidente que el mundo que conozco no me gusta demasiado. Por eso busca analgésicos para soportarlo. Para que mis personajes lo soporten. Para que el lector recorra con ellos es camino que a mí me ha llevado toda mi vida recorrer.

¿Que fue de aquel proyecto que usted iba a escribir, y que TVE avanzó a bombo y platillo para luego olvidar, acerca de la pérdida de las Filipinas en 1898?
Escribí un guión, que no me pagaron, cayó en manos de José Luis Garci y nunca más se supo. Creo que lo reescribió luego él solo, o con alguien. A su gusto. A mí me gustaba aquella historia. Pero me pasa con ella como con aquellos viejos tangos tan impolíticamente correctos, muy anteriores a la ministra Aido y sus miembros y miembras: puesto que fue a manos de otros que la envilecieron, la prefiero muerta. Me refiero a la historia que escribí sobre lo de Filipinas, por supuesto.

Al regresar de la guerra de los Balcanes muchos soldados necesitaron ayuda psicológica para olvidar las enormes atrocidades allí cometidas. ¿Sufrió usted algún percance parecido? Aprovecho para felicitarle por su obra, en general, y espero otra gran novela como La sombra del Águila o Un día de cólera. Un abrazo.
Yo soy un individuo de presión arterial relativamente baja, más bien tranquilo y emocionalmente estable. Nunca necesité otra ayuda psicológica que los libros que he leído durante toda mi vida, antes, durante y después de los Balcanes. Con eso y con escribir “El pintor de batallas” me he ido apañando bastante bien. Otra cosa son los fantasmas personales que arrastra cada cual. Pero ésos ya son cosa exclusivamente mía.

Muy buenas. En sus artículos ha reflexionado muchas veces sobre la importancia de la educación y la memoria, así que mi pregunta es: ¿quién fue su maestro más querido (no necesariamente de escuela) y cuál fue su lección más valiosa? Muchas gracias.
En 3º de Maristas, un profesor de Literatura: el hermano Jose Luis Vallejo. Después, en 5º, 6º y Preu de Letras, cuando me expulsaron de los Maristas, tuve la suerte de coincidir en el instituto Isaac Peral de Cartagena con un grupo de jóvenes catedráticos (y guapas catedráticas) todos brillantísimos. Éramos sólo 13 alumnos, e hicimos tan buenas migas que hasta nos íbamos juntos de copas. Recuerdo con especial afecto y respeto a Amparo Ibáñez en Historia del Arte, a Gloria (he olvidado el apellido, maldita sea) en Griego, a Antonio Gil en Latín y a Juan Ros en Literatura. Fue una época feliz. Gracias a ellos, que me hicieron amar lo que amaban, aprendí a aprender cuanto ahora sé. O buena parte de ello.

¿Por que sus obras ambientadas en el pasado son cortas y sus obras ambientadas en la actualidad son largas?
Quizá tenga razón en parte, aunque no sea del todo exacto. El maestro de Esgrima es una novela de tamaño normal. Y Un día de Cólera, también. Y Alatriste, tomada en conjunto, es larguísima. Ahora estoy trabajando en un tocho muy gordo que tiene mucho que ver con el pasado. Si de veras hay cierta tendencia, supongo que es casual.

¿Le molesta que algunos de sus lectores incondicionales le escriban sin guión de por medio? Me refiero a escribir sus apellidos, a escribir «Pérez Reverte». ¿Cree que eso es indicativo de algo? ¿Preferiría que eso lo hiciera alguien que no ha leído sus libros? ¿O le da exactamente lo mismo?
Me da igual. De cualquier modo, Pérez-Reverte es un solo apellido. Mi primer apellido. El nombre completo es Arturo Juan Moisés Gonzalo Pérez-Reverte Gutierrez. Con perdón.

¿Qué opina de Roberto Bolaño? ¿No le parece un bluf sobrevalorado? ¿Se aburre con él tanto como yo?
Ya respondí a esa pregunta más arriba. Pero ya que insisten, le diré que sí. Que me aburro incluso más que usted.

Me gustaría saber si alguna vez ha tenido que cambiar el titulo de alguno de sus libros a requerimiento de algún editor. Soy un autor primerizo que acaba de escribir una novela histórica de ambiente hispano cuyo argumento es, a grandes rasgos, como sigue: Isabel, sobrina de Leovigildo, se ve forzada a abandonar su casa por causa del amor prohibido que profesa a su primo Atanagildo, que es malquisto por su familia, y emprende un viaje interminable que la lleva finalmente a China donde, tras enormes vicisitudes para aprender el idioma y acostumbrarse a comer rollitos de primavera, encuentra de nuevo el amor. Yo había pensado en un titulo original: Viento del este, viento del oeste, por aquello de la mezcla cultural, ya me entiende, pero el editor quiere algo mas acorde con los tiempos y me sugiere La boda en la pagoda de Isabel la visigoda. No se si tengo que aceptar o mentarle a la madre.
Nunca tuve que hacer nada a requerimiento de mi editor. Ni siquiera lo de que Cabo Trafalgar lo escribí por encargo es verdad, como dije más arriba. Ellos llevan su política de mercado, y en eso no me meto, siempre y cuando no afecte a mi dignidad, mi buen nombre o mi bolsillo. En cuanto a lo de mentarle usted la madre a su editor por lo de esa zorra visigoda, ahí no me meto. Lo que sí le digo es que yo, en este momento, le estoy mentando a la suya. Que sin duda es una santa.

¿Que le parecen las novelas que han causado furor en los últimos tiempos de Dan Brown (y autores por el estilo)? ¿Ha leído La Última Cena de Javier Sierra? ¿Y La Campaña Afgana de Pressfield? Personalmente, creo que hay partes de ésta que cualquiera diría, salvando las distancias (si usted me lo permite), que las ha firmado usted.
Lamento no haber leído nada de Brown ni de Sierra, lo que no quita para que los respete en su género. Cada uno en su casa y Dios en la de todos, como se decía antes. En cuanto a la Campaña afgana, es un buen libro. Me honra su comentario, amigo mío.

¿Cómo es, en usted, la gestación de una novela? ¿Cómo surge esa primera idea incandescente que da paso al desarrollo embrionario y posterior alumbramiento de sus criaturas? ¿Sigue algún método particular?
Una novela larga me lleva un par de años. Seis meses de preparación, más o menos, y año y medio de escritura. Por lo general, hay una serie de historias e ideas que van conmigo, dándome vueltas a la cabeza. Un día hay algo que desencadena el proceso: una música, una palabra, una imagen, una chica que pasa, una sensación. Entonces, parte de ese mundo toma forma en una historia concreta. Como ve, eso puede pasarle a cualquiera. La diferencia es que, después de que eso ocurra, yo me pongo dos años a trabajar como un condenado, y todo cuando veo, leo, toco, amo, odio, etc, durante ese tiempo, tiene que ver con la novela que estoy escribiendo. Creo personajes, busco un punto de vista, dispongo el lenguaje y todo lo demás. Aplico las herramientas del oficio y el talento narrativo que pueda tener. Después la termino, me libro de ella y quedo disponible para otra historia. Como ve, la mayor parte de lo que importa es cuestión de echarle horas. Como todo en la vida.

Si tuviera que dar a algún escritor novel un consejo, ¿cuál sería? ¿Existe realmente tal consejo?
Leer mucho, practicar mucho, romper mucho y no tener ninguna prisa en publicar. Las prisas mataron a muchos escritores que pudieron ser buenos. Y sobre todo, no escribir nunca para los suplementos literarios, sino para los lectores y para uno mismo.

¿Sangre, sudor y semen (y vino), es ésa, también, su fórmula mágica?
No hay fórmulas. Hay trabajo, imaginación y olfato narrativo cuando se tiene. Lo demás son milongas.

Muy estimado señor Reverte, una pregunta desde el nuevo mundo, ¿por cuál de sus novelas le gustaría ser recordado?, ¿por qué escribe? Cuándo una novela sobre la conquista de América, sería interesante leer el punto de vista del simple soldado, el que se quedo a vivir con una indígena, se asentó y dejo las armas por el azadón.
No sé si me recordarán por algo, ni me interesa demasiado. Aunque supongo que, cuando palme, el titular será: “Murió el padre de Alatriste”. Y no es mal epitafio. En cuanto a esa historia de que me habla, la escribí ya, como dije más arriba. O casi, porque no acaba con el azadón. Es corta, se llama Ojos azules y creo que anda por Internet. Seix Barral la editará en Marzo, por primera vez en forma de librito.

Sr. Reverte, ¿por qué no escribe algo sobre otra de nuestras “victoriosas” derrotas, el desastre de Annual?
Vamos a dejarle algo a los colegas… Tampoco hay que avasallar, ¿no le parece?

FRIKI-TEST:

1.Tus tres libros favoritos
El Quijote, Los tres mosqueteros, La montaña mágica y trescientos, o tres mil o treinta mil más. Hablar de libros favoritos es siempre una reducción peligrosa

2. Un libro que no hayas podido terminar
Varios.

3. ¿Cuántos libros tienes?
Hace un año, el censo doméstico era de 24.500. Libro más o menos.

4. Un libro que te ha gustado pero te da vergüenza reconocerlo
No me avergüenzo de ningún libro que me haya gustado.

5. El último libro que has leído
“Journal de voyage en Italie”, de Michel de Montaigne.

6. El que estás leyendo ahora
“De la naturaleza”, de Holbach.

7. El último que has comprado
“Cádiz en el sistema atlántico (1650-1830)”, de José Bustos Rodríguez

8. Tapa dura o bolsillo
Me da lo mismo. Pero en los viajes agradezco los formatos manejables.

9. El libro escrito por ti del que te sientas más orgulloso
“El maestro de esgrima”, por el protagonista. Aprecio mucho a Jaime Astarloa. Alatriste también me da algunas satisfacciones.

10. ¿Dónde lees?
Donde puedo, siempre que puedo.

11. ¿Cómo ordenas los libros?
Lo mejor que puedo. Por materias, generalmente: clásicos griegos, clásicos latinos, historia antigua, historia de Roma, literatura antigua, Teatro griego y latino, historia medieval, historia de los siglos XVI y XVII, conquista de América, navegación de los siglos XVI y XVII, literatura y teatro de los siglos XVI y XVII, biblioteca de trabajo para Alatristes, Cervantina, Quevedo, historia del siglo XVIII, marina del siglo XVIII, revolución francesa, napoleónica, literatura del siglo XVIII, Moratín, historia del siglo XIX, marina del siglo XIX, Historia del siglo XX, marina del siglo XX, guerras del siglo XX en las que he estado, literatura del siglo XIX, literatura del siglo XX, novela española, novela extranjera, ediciones extranjeras de mis novelas, ediciones españolas de mis novelas, enciclopedias, diccionarios y libros de consulta y trabajo. Más o menos ésos son los bloques, cada uno en lugares diferentes de la casa.

12. Tu libro más valioso
Los tintines con lomo de tela, primeras o casi primeras ediciones.

13. ¿Qué usas para marcar la página?
Marcapáginas, tarjetas de visita donde tomo notas, tarjetas de embarque de aeropuertos. No doblo una hoja jamás.

14. ¿Escribes anotaciones en los libros?
Hay un Quijote que sí anoto continuamente. En el resto, subrayo con lápiz, más que anoto. Por lo general tomo notas en tarjetas de visita o de cartulina y en cuadernos.

15. ¿Has recibido mails raros de tus fans? ¿Alguna anécdota?
Una bibliotecaria francesa me pidió, muy convencida, información sobre los papeles del alférez Iñigo Balboa que están en la Biblioteca Nacional. Esa no estuvo mal.

16. La tortilla de patata, ¿con o sin cebolla?
Con cebolla. Naturalmente.

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