¡Bienvenidos!

Plegaria - Ramón Danilo Cordero

30 de junio de 2009




¡Oh líbrame señor del aroma primaveral, que al caminar confunde y el

entendimiento entume, de la mirada maliciosa, y las palabras blandas de la

mal llamada mariposa.

De la angustia reposada y la tristeza moldeada, así como de la cabra

montés; y de la mala hora que acecha al ingenuo caminante y del botón de

rosa que con su mirada seduce con caminar de gacela.

De la llama ardiente de una alma lacerada y del silencio de los que duermen

en la fría losa. De las lágrimas de la viuda, del huérfano y del desamparado

como del maltratado de esta oleada maldita, de la infernal hoguera o de la

ciega guerra de la generación perversa.

Del demagogo y del maleficio hipocrático, sin pasar por alto al profesional

bimoral.

¡Ah! Del padre que su misión no cumple y de la descendencia ingrata.

De la sangre sin razón y corazón de mármol y de los adversarios de

Cervantes, Nebrija y Amado Nervo.

De Judas y la apostasía que acaricia el alma sedienta.

De la indigencia y la pobreza extrema, así como de la sombra del imperio

líbrame Señor.

Gráfico de la petenera - Federico García Lorca

29 de junio de 2009


En la torre
amarilla,
dobla una campana.

Sobre el viento
amarillo,
se abren las campanadas.

En la torre
amarilla,
cesa la campana.

El viento con el polvo,
hace proras de plata.

Serenidad - Luis I. Rodríguez

28 de junio de 2009


Las palabras viajan acompañadas de amor

y vuelven a estar armoniosas en la mente,

ancladas en la tranquila mar azul

que danza en los pensamientos,

las lágrimas, la ternura, la serenidad…

Una palabra vence la angustia y la desazón

para vivir, para existir, para pensar y

descubrir el valor de la serenidad…


Un círculo de esa mar me estremece e

inunda a borbotares la fuerza espiritual.

La intensidad de esa abismal verdad

no impedirá que pueda nadar en pensamientos

hasta encontrar el calor del verde amor y

descubrir el sentido de la serenidad…


Necesito compartir mis sencillos pensamientos

y nunca callar lo que siento.

El hombre buscará sediento el camino

escudriñando el valor de la inmensa verdad

que guarda como un tesoro dentro de sí,

escuchando los petrificados gritos al hablar y

descubrir la angustia con serenidad…


El tiempo yace en naciente historia

del oscilante péndulo sideral,

ahora estoy fantaseando cual mariposa

buscando una profunda razón

en la dimensión propia del filosofar…

Las palabras penetran, viajan y

volverán a ser una ilusión al

descubrir el asombro con serenidad…


Ahora estoy callado,

pensando en los ladrillos

de los recortes literarios y filosóficos

que impulsan a la lucha cotidiana

del pensamiento por salir de la nada y

descubrir el camino del cuestionar con serenidad…

Traicionados - Miguel A. Moreno


No tengo perdón
sólo decir lo siento.
¿por qué sonríes?

La fabulosa Cristal - Tiquicia Vargas

27 de junio de 2009


“No hay peor verdad, que aquella que se nos estrella en la cara mientras las mentiras hacen y deshacen en nuestra realidad como un escultor que da forma a una nueva obra.”

No había otra chica en la pensión como ella, incansable, dominante con los hombres y las mujeres. Tenía en ese tiempo una habitación de trabajo solo para ella, cuando estaba en el local Don Roberto, el dueño sabía que era plata segura, por eso le permitía dos días de descanso; se los merecía.

La mayoría de las mujeres solo esperaban en la sala mientras ella a pesar de la escasa clientela no paraba de hacer servicios, contaba con su reputación ganada a fuerzas para asegurarse la misma cantidad de dinero diariamente; esta era ya una rutina que mientras beneficiara a Don Roberto seguiría igual todo el tiempo que le fuera posible. Uno de esos días en los que el trabajo estaba flojo y los clientes eran muy escasos para todas, excepto para ella surgió de las sombras la casualidad que fortuitamente cambió esa realidad en una nueva situación.
Perecía que el día entero transcurriría igual a todos cuando entro en la pensión un hombre fornido y bien parecido, era difícil no notar lo alto que era; con sus ojos color café enmarcados en enormes cejas sesgadas, busco entre los rostros de las muchachas, las observó detenidamente pero prefirió esperar, como si fuera de vital importancia el no equivocarse en su elección.
Era obvio que buscaba a alguien entre ellas, se sentó con mucha naturalidad y esperó mientras los minutos idénticos uno del otro se sucedían lentamente; de pronto, sin previo aviso se puso en pie y tomo del brazo a una de las muchachas, a Lola, la morena delgaducha y mal vestida que esperaba con las demás sentada en las sillas plásticas alineadas contra la pared, como en exposición para la clientela del local. Casi a empujones la metió local adentro, pasillo adentro, cuarto adentro y cerró la puerta, al poco tiempo de iniciado el servicio oyeron a Lola llorar, pero no salió de la habitación hasta terminado el tiempo que el cliente pagó. El salió tras ella vestido con cierta satisfacción en el rostro, al instante apareció en la puerta de su habitación Cristal que terminaba con otro cliente satisfecho, cuando se topó de frente con él, y era él, su esposo.

¡Carlos!- exclamó con susto y congoja.

¡Lorena!- la llamó él poniéndose pálido, como si el color dorado de su piel se hubiese escapado con el soplo de un viento frío que les recorrió la espalda a ambos. Se marcharon juntos a resolver la extraña coincidencia en su casa, mientras Don Roberto enviaba a comprar algún ungüento y gasas para curar a Lola que no dejaba de maldecir en el fondo del local mientras le limpiaban los moretones que le dejó la golpiza recibida.

Vedados - Ramón Danilo Cordero

26 de junio de 2009



Vedados estuvieron nuestros ojos ante la majestuosa luz.

Silencio guardaron las entrañas, mas el ser dormitaba al correr el día

mientras la luz caminaba en nuestro trayecto.

El viento soplaba, el firmamento se desplazaba, el gallo cantaba al caer la

madrugada y nadie preguntaba ¿Cuándo apuntará el alba?

Entrando a la morada el ruego no detuvo su cantar mientras la luz toma su

lugar y ante el todo inicia la invocación, la campana toca al corazón, los

ojos se abren a la luz, mas ésta se esfuma, estalla el grito, nadie lo sabía y

surge la algarabía ¡Cuantas verdades nos decía!

Vedados estuvimos todo el día.

Deseo - Pedro Guerra

25 de junio de 2009



Te seguiré hasta el final
te buscaré en todas partes
bajo la luz y las sombras
y en los dibujos del aire

Te seguiré hasta el final
te pediré de rodillas
que te desnudes amor
te mostraré mis heridas

Y con las luces del alba
antes que tú te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre

Te seguiré hasta el final
entre los musgos del bosque
te pediré tantas veces
que hagamos nuestra la noche

Te seguiré hasta el final
con el tesón del acero
te buscaré por la lluvia
para mojarme en tu beso

Y con las luces del alba
antes que tú te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre
y cuando todo se acabe
y se hagan polvo las alas
no habré sabido por qué
me he vuelto loco por nada

Te seguiré hasta el final
por la ladera del viento
para rogarte, por Dios
que me hagas sitio en tus besos

Y con las luces del alba
antes que tú te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre
y cuando todo se acabe
y se hagan polvo las alas
no habré sabido por qué
me he vuelto loco por nada

Y con las luces del alba
antes que tú te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre
y cuando todo se acabe
y se hagan polvo las alas
no habré sabido por qué
me he vuelto loco por nada.

Cuarto creciente - Jose Manuel Caballero Bonald

24 de junio de 2009


Cuando Aljarifa recorrió la alfombrada penumbra de aquel burdel de Chauen,
todo el lujoso azogue de su cuerpo adquirió un grado de desnudez
deslumbradoramente irracional. Carne inconclusa donde anidaban todavía
las liendres del peregrinaje, se hizo de pronto insurgente y plenaria
como la de una virgen en la inminencia del degüello. Cerca de allí
se abrían las tiendas de los nómadas y una enfermiza música se iba dignificando
entre las hojalatas y los vellocinos. La habitación olía a almoraduj
y a papeles de Armenia, mientras un vaho de animales nacidos en cautividad
salía del mullido sopor de las almohadas. Y así hasta que el tiempo se detuvo
en un friso taraceado de estrellas de albayalde, entre cuyos emblemas
discurría una luz acrobática parecida al letargo. Pero ella,
la regidora del cuarto creciente, era una flor lasciva instalada en la noche.
Era la araña que copula sin dejar de bailar entre una algarabía de ajorcas y sonajas.
El esmaltado vientre vibraba en el diván como un espasmo de pandero
y un mundo de sacrales lujurias sincopaba de pronto la rítmica hegemonía de los pezones. Canon de la hermosura, su único error había consistido en rasurarse el pubis
cuando medio entendió que descendía por línea colateral de los Abencerrajes.

El vaquero y la Rosa - Tiquicia Vargas

23 de junio de 2009


“Fundiendo sus espacios con desconocidos, trataba de encontrar un pedazo del alma que se desprendió de su cuerpo una mañana.”

Rosa tendría tal vez dieciséis años cuando entro por la puerta de la sala de masajes por primera vez. Sangre nueva dijo entre dientes el dueño del local al verla, ávidamente recito sin errores todas las frases que usaba para enganchar a las nuevas reclutas en el oficio más antiguo del mundo, ya tenía práctica convenciendo jovencitas con sus argumentos mañosos y bien armados. Así Rosa se quedó trabajado allí, ganando una parte de lo cada cliente pagara por ella.

Con las semanas Rosa ya no era Rosa, su nombre de batalla era Coral, comenzó a hacerse de una reputación y rápidamente su clientela era amplia, conformada por una gran variedad de hombres jóvenes, viejos, altos, bajos, extranjeros y nacionales. El arte de su trabajo, y el esmero en su atención ya eran tan conocidos, que diariamente atendía entre dieciséis y diecisiete hombres.
No era una mujer demasiado agraciada, pero su habilidad en la cama la hizo merecedora de una próspera carrera.


Con el paso del tiempo aprendió a medir con certeza las necesidades de sus clientes, con una mirada sabía cuando eran amantes apasionados en busca de una fantasía o solo un desgraciado más tratando de demostrar lo macho que era frente a una cualquiera como ella. Sus servicios habían llegado a ser tan profesionales que era difícil creer que en algún momento soñó con una familia, una profesión digna o simplemente una vida tranquila alejada de la ciudad y la devaluación del valor humano, convirtiéndolo a una persona en un valor económico.

Un día cualquiera entró en la sala de masajes un hombre alto, sombrío, vestido con un sobretodo beige, una camisa casual y jeans. Su aire de vaquero no lo hacía diferente de cualquier extranjero que se acercara a solicitar los servicios de alguna de las chicas. Pagó como cualquier otro cliente y sin alzar la vista apunto con su dedo en una dirección cualquiera, tocándole la suerte a la Coral; ella le hizo una seña y el la siguió sin pronunciar palabra; cruzaron la puerta que dividía la recepción de una sala cómoda donde descansaban las muchachas después de cada servicio, entraron en el aposento y sin una mirada ni un gesto cualquiera, fuera de aprobación o enojo cerraron la puerta tras ellos.
Lo que sucedió adentro de esa habitación jamás podría sospecharse pues nadie espera jamás una tragedia; transcurrida la media hora se abrió la puerta y saliendo por ella el hombre, igual que como entró se marcho rápidamente de ese mundo sin rostros ni nombres.

Cuando él salió del negocio se esperaba ver a Coral salir de uno de los cubículos tan dispuesta como siempre, con una sonrisa pintada en su boca y una tristeza más en el corazón; ya la esperaban en la antesala otros clientes cuando una de las chicas salió gritando horrorizada:

-¡ESTA MUERTA!- -¡ESTA MUERTA!-

De pronto todos con un susto en el pecho y otro estacionado en la consciencia daban sus declaraciones a la policía, mientras ellos cerraban el local para recoger el cadáver asfixiado diciéndose entre sí, otra más a la lista, esta vez tampoco tenemos pistas.

Dama encendida - Ramón Danilo Cordero

22 de junio de 2009


Dama encendida de los soles como paloma en vuelo son tus ojos.
Fragancias te cubren y pétalos adornan tus caminos.
Imágenes de luz te acompañan y sombras de dioses te rodean.
Luceros despiertan bajo tus pies y las estrellas coronan la delicadeza de tu
pelo.
Bellos son tus rítmicos encantos.

La vida marinera - Garum

21 de junio de 2009


Había perdido el timón y las estrellas,
equivocó el marino muslos con bitácoras,
nacarados senos arrancó el arrecife
con los labios que el alba nunca había dormido.
Amanecía el buque y la sangre
debatíase en escamas plateadas sobre el mar.
Brazos como remos rizaban las olas, urgente
por tu cuerpo el beso, la travesía era.
Equinoccios de sal mordían sus ojos
dejándolo ciego
sonámbulo
náufrago de amor y otras batallas.
Sobre tu espalda
aguamarina una flor azul
al medio día
lanzaba por la borda

Mercedes Escolano




El caprichoso destino lo esperaba cuando sus pantoques se hundieron en la marea llena el día de su botadura. Entonces supo que había nacido. Un espejo de mar lo acunó entre vítores y alegrías, meciéndolo suavemente en la calma maternal de la dársena inquieta e ilusionada. Hoy, solo ella imagina las singladuras y los vientos venideros.
Olas suaves, ondulantes como caderas curvilíneas, darán sentido a su vida marinera. Amantes celosas en otros mares esperarán la hendidura de su proa y llorarán la estela difuminada entre la costa y el horizonte, donde se esconden los arrecifes que lo envidian y acechan.
Y el cielo. Vestido con satén de noche, girará engalanado tras la displicente mirada de Andrómeda y Casiopea que ardientes y rivales, guardarán las apariencias en silencio desde su inalcanzable atalaya.

Y llegado el día que faltando dársenas en paciente espera, el viejo capitán a pesar de errado y naufrago de amores, medirá con acierto su derrota que lo llevará a cualquier lecho de mar, antes que a la sequedad de una playa árida y olvidada por la marea.

Gracias Merche, gracias por tu reconfortante Aguamarina.

Y yo no lo sabía - Elefantes



Que yo no lo sabía, quien me lo iba a decir
que solo con tu sonreír
inundarías todo mi ser de alegría
y yo no lo sabia que me podía encontrar
algo tan dulce como tú.

Eres lo más bonito que he visto en mi vida.
Y yo no lo sabía, y si me vuelvo loco es al sentir
que hay tantas cosas que vivir,
y yo sin ti no lo sabía.


Por la calle no hago más que sonreír.
Y es que todo el tiempo estoy pensando en ti,
¿Qué le voy a hacer?
Es curioso como hay días en los que,
Todo es magia todo es arte y ya lo ves,
no puedo callar, ni dejar de ser
el loco que está rendido aquí a tus pies.

Y yo no lo sabía...
quien me lo iba a decir
que solo con tu sonreír
inundarías todo mi ser de alegría
y yo no lo sabia que me podía encontrar
algo tan dulce como tú.
Eres lo más bonito que he visto en mi vida.
Y yo no lo sabia, y si me vuelvo loco es al sentir
que hay tantas cosas que vivir,
y yo sin ti no lo sabía.


Aunque hable la gente solo oigo tu voz.
Completamente borracho por tu amor.
¡Que pesado estoy!
Pero es que tampoco me quiero callar.
Mas bien al contrario, yo quiero gritar
que soy muy feliz si estás junto a mi.
Te quiero a morir. Estoy loco por ti.

¡Y yo no lo sabía... !

¡Y yo no lo sabía! ¡Y yo no lo sabía!
¡Y yo no lo sabía! ¡Nooooooo.....!

Todo es nada - Alberto Hernández Güemes

20 de junio de 2009


Buscaba una fábrica de segundos o una tienda de pistolas con gatillo fácil. Quería vender tiempo que me sobraba por todas partes o acabar con el reloj de cuco que marcaba cada segundo de aburrimiento e insomnio en mi salón.

Tenía un puñado de libros y miles de películas por ver. Tenía sangre en dosis grandes e incluso comedias pastelosas para antes de dormir. Tenía luz de farolas en el balcón, humo de costo en el pantalón y fotografías aún por ver. Todo lo que tenía y me sobraba tanto tiempo que adelantaba manualmente las manecillas del reloj, pero de nada me servía.

Intenté dormir más horas, intenté salir, beber, fumar, escuchar música, ver la tele, jugar a las cartas, tirar pinzas por el balcón, jugar con una pelota de tenis en el pasillo, saltar, bailar, escribir... NADA, me di cuenta que todo es NADA.

Solo deseo lo que tu sabes, todo es nada hasta que lo tenga.

Despertar - Manuel Bellido Milla

19 de junio de 2009




La mañana dormía
y la marisma soñaba
vigilante está la luna
que sobre ellas, reinaba

y los rayitos de sol
que a despertar se aprestaban
aguardaban silenciosos
para iniciar la alborada

Abandonando los sueños
al calor de la almohada
silenciosos, laboriosos
abarrotaban la entrada

de la fabrica de sueños
con sueño de madrugada
comenzaban su trabajo,
empezaban la jornada

¡Aparecieron las nubes!
con vestimenta encarnada
y la caricia del sol
la marisma iluminaba

se fueron oscuridades
vinieron luces calmadas
y llegó la tibia brisa
que mis pulmones llenaba


Para Manuel
Porque cada nuevo día, trae escondida una nueva esperanza.
Solo hay que buscarla un poco.

Una noche... - Luis I. Rodríguez

18 de junio de 2009


¡Qué noche estrellada y encantada

vive sollozando en mis pensamientos!

¡Qué noche de suaves olores a lunada,

impregna tu huella en mis sentimientos!


Tu presencia calla las vibraciones y emociones,

tu sonrisa se hace la fiel amiga incomparable.

Una voz firme y tierna alienta sin vacilaciones

el valeroso espíritu danzante y entrañable.


En la noche el espíritu se proyecta significante

al reconocer el sentido de la inmensidad.

Una estrella guía al ingenioso principiante

desde la potente luz en la tenebrosa profundidad.


Noche estrellada en el camino pedregoso,

cabellos oscuros en el latente horizonte,

volátiles cual aroma voluptuoso

en el manantial del ilustre itinerante.


¡Oh, si hoy pudiese estrechar tus manos

y suavizar tus labios con los míos!

Adicta - Tiquicia Vargas

17 de junio de 2009


“Con la mente perdida y el cuerpo desfigurado recorre las calles con su vida en una mano y las drogas en la otra”


Bailaba alegremente sobre una de las bancas de la plaza, parecía participar de algún tipo de comparsa personal e invisible; era tan obvio su descontrol mental, que los paseantes preferían apartarse muertos de risa algunos, con gestos de asco y hasta miedo los demás. Su cabello ligeramente ondulado bajaba hasta la media espalda como una cobija de lana vieja, su piel manchada mostraba el triste deterioro que la adicción provoca en el interior de su cuerpo. El desconcierto de los presentes era tan palpable, parecía incluso parte del habitual paisaje. De su cartera descosida sacó un desodorante barato que empezó a untar sobre su ropa como una cosa natural, levantó entonces la tela que amarrada a su torso hacía las veces de blusa para seguir untando la barra sobre su piel. Un sostén rojo fue lo único que impidió ver sus senos desnudos en plena cuidad y la molestia de los que almorzaban, les hizo levantarse indignados ante el desagradable espectáculo.

Dos mujeres que compartían una banca común se miraron incrédulamente sin poder disimular ni un poco, la risa ridiculizante que les provocó la vista, una comentó lo frío que se tornó el día, la otra siguió la breve charla asintiendo en lo acertado del comentario como respuesta, se marcharon después de forma tan rápida y natural como les fue posible.
La fuerza pública se presentó minutos después de haberse marchado la mujer con su baile carnavalesco y su olor a violetas, por las calles repletas de personas indiferentes a su presencia.

Discordancias - Trini Reina

16 de junio de 2009


Tú, discípulo de la luna;
yo, del sol, su pupila adelantada.
Camarada eres de la noche
y yo, condiscípula de la alborada.
A las sombras das la mano;
de las tinieblas reniego, liberada.
Descreído del destino,
de la fortuna partidaria.
Impoluto tu pañuelo,
el mío, estero de lágrimas.

De rojo granito el corazón;
el mío semilla, a la ternura afiliada.
Agnóstico por convicción;
yo, vestal de la esperanza.
Imperturbable tras el muro;
yo quijote, batiendo alas.
Adepto de los infiernos,
del paraíso campana.

Tú, empuñando fundamentos;
yo, blandiendo cábalas.
Valedor de los silencios;
del alborozo, tributaria.

Almas opuestas que se atraen
a una hoguera donde ambas,
caerán rendidas;
por una vez en concordancia.

Dársena - Garum

15 de junio de 2009


Dársena oscura y silenciosa
con fragancia de marismas perfumada
paciente portuaria enamorada
reina muda de la noche ociosa.

Llego a ti comenzando la alborada
cuando cambias tu manto ennegrecido
por el gris emergente que ha surgido
de la luz de tus aguas abordadas

Caminando fundido en tu paisaje
repleto de guardianas estructuras
donde nace la orgullosa arboladura
incipiente y marinera, sin ambages

Paridora de escalas y cubiertas
trancaniles, tambuchos, palmejares
calafates y herreros, que forjares
de carácter y cultura vieja e inhiesta

Hay un dique que defiende tu morada
una grada que hacia el sur se contonea
una escuela de aprendices que blanquea
y un anhelo de sentirte enamorada

Ya sentado en el banco de la escuela
cuando el sol decide levantarse
un rosario de palabras que abrazarse:
guindalezas, entremiches y limeras..

Hoy no están las esbeltas estructuras
esperando orgullosas la alborada
Se marcharon las escalas y cubiertas
y aún del mar te percibo enamorada.

A la dársena que contemplé y me acogió en la madrugada de tantos y tantos días en los Astilleros de Cádiz.
Manuel Bellido Milla

Diagnóstico - Tiquicia Vargas

14 de junio de 2009


“¿Quién sabe si se nace siendo o se aprende a ser?, en la vida solo hay dos tipos de personas, las que se cuidan a sí mismas y las que no lo hacen”.

Una vida entera dedicada a lo mismo, sabía de sobra su precio en la calle; la vida misma se lo enseñó desde niño. Hoy hecho ya un hombre, solo podía pensar en todos los cuerpos que chocaron con el suyo en hoteles de mala fama. Tirado en su cama sabiéndose moribundo, la pregunta que no podía responderse a sí mismo lo torturaba como una puñalada, sin darle tregua alguna:

¿Cuál de todos sus clientes lo infectó?

Todos se veían tan sanos, tan normales dentro de una sociedad insensible a la justicia, a la equidad o al respeto en todas sus formas; hoy, solo se ven pobrezas, injusticias, delincuencia y corrupción por todas partes. Cómo había olvidado que la desconfianza era lo único que podría protegerlo, ese olvido le costará ahora la vida.

Años atrás, un breve resfrío que lo castigo un par de semanas marcaba la primera fase de la enfermedad, después, no volvió a sufrir ningún síntoma, se sentía como un toro en celo, fuerte, eufórico, lleno de vida; la noticia le aniquiló esa sensación de un golpe. Primero tuvo escalofríos, luego fiebre, después la neumonía hacía fiesta en su interior; todo se hizo tan vertiginoso, que la infección ya no tenía ningún reparo en mostrarse abiertamente, lo tenía carcomido casi por completo.

Mientras el médico leía el resultado de los exámenes diagnosticando el fatal fallo, él solo conseguía acertar en una única conclusión: __¡ESTOY MUERTO!__, entretanto el médico le repetía:__ se encuentra en la tercera etapa, le aplicaremos un tratamiento para aminorar los síntomas__, extendiendo una larguísima receta llena de nombres de pastillas, el orden y los horarios en los que debía tomarlas, pero si no hay cura posible, qué importancia tendría extender más su agonía, qué sentido habría en prolongar su vida.

Afuera del consultorio, una larga fila de pacientes esperaba su consulta; tuberculosis, toxoplasmosis, meningitis, neumonía; todos tenía algo distinto, como si los médicos se hubieran empeñado en darle un nombre diferente a cada paciente, pero todos ellos sufrirían el mismo destino, se decía a sí mismo. Moriremos sin ninguna duda. Devuelta en el cuartucho que compartía con otros cuatro compañeros de oficio, solo podía pensar en el diagnóstico médico y en la frialdad con que lo leyó el hombre de gabacha al otro lado del escritorio, recién entonces notó que usaba guantes plásticos.

Pensó entonces en cada una de las letras que formaban el nombre de su verdugo, después de llorar por horas la decisión, llegó a su mente como la única solución posible. Unas gotas de veneno para ratas fueron suficientes; entre convulsiones y gemidos espantosos exhalaba su último aliento. Días después del entierro, la noticia se regó como una plaga entre todos sus conocidos; un error en la caligrafía había confundido su expediente con el de otro paciente.

Soy - Ramón Danilo Cordero

12 de junio de 2009


Soy la voz que trasciende los límites del universo.

Soy la negación de la existencia, de lo oculto, del tiempo y el espacio;

pero la perpetuidad del ser.

Soy la esencia de la flor sin principio ni fin.

Estoy donde nadie habita y vivo donde todos están.

Soy lo que el tiempo no regula y el espacio no limita, ausente en la

existencia y presente en el espíritu de lo que es en si mismo.

Soy la inextinguible hoguera donde retornan todas las chispas

iluminantes de las inmensidades galácticas.

Soy la inagotable fuente de donde emanan los manantiales cósmicos del

infinito.

Desde el pedestal de lo absoluto sobrepaso: el bien, el mal, el amor, el

odio, la luz, las tinieblas, la vida y la muerte.

Soy el lector de lo inexistente, oyente de lo indecible y vidente de lo

indescriptible.

Soy el que soy, el Eterno.

El regalo más grande - Tiziano Ferro y Amaia Montero

11 de junio de 2009



Quiero hacerte un regalo
algo dulce
algo raro
no un regalo común
de los que perdiste o nunca abriste
que olvidaste en un tren o no aceptaste
de los que abres y lloras
que estás feliz y no finges
yen este día de septiembre
te dedicaré
el regalo más grande
quiero entregar tu sonrisa a la luna y que
de noche, quien la mire, pueda pensar en ti
porque tu amor para mí es importante
y no me importa lo que diga la gente
porque
con el silencio sé que me protegías y sé
que aun cansada tu sonrisa no se marcharía
mañana saldré de viaje y me llevare tu presencia
para que
no se vaya y siempre vuelva
el regalo más grande...
el regalo más grande...
yo quiero me regales
un sueño escondido
o nunca entregado
de esos que no puedo abrir
delante de mucha gente
porque el regalo más grande es
sólo nuestro para siempre
quiero entregar tu sonrisa a la luna y que
de noche, quien la mire, pueda pensar en ti
porque tu amor para mí es importante
y no me importa lo que diga la gente
porque
con el silencio sé que me protegías y sé
que aun cansada tu sonrisa no se marcharía
mañana saldré de viaje y me llevare tu presencia
para que entiendas que
y si llegara ahora el fin que sea en un abismo
no para odiarme sino para intentar volar y..
y sí te niega todo esta extrema agonía
si aun la vida te negara, respira la mía
y estaba atento a no amar antes de encontrarte
y descuidaba mi existencia y no me importaba
no quiero hacerme daño más amor, amor, amor...
quiero entregar tu sonrisa a la luna y que
de noche, quien la mire, pueda pensar en ti
porque tu amor para mí es importante
y no me importa lo que diga la gente
por qué...
amor negado, amor robado y nunca devuelto
mi amor tan grande como el tiempo, en ti me pierdo
amor que me habla con tus ojos aquí enfrente
y eres tú
eres tú
eres tú...
El regalo más grande.

Tócame - Tiquicia Vargas

10 de junio de 2009




TOCAME

Hoy quiero sentirte.
Hoy quiero poseerte.
No me interesa como te llamas
no quiero caricias, besos
o palabras de amor falsas

Hoy quiero tocarte
y que penetres mi cuerpo
con el tuyo

TOCAME

Deseo llenar este vacío inmenso
de cariño, de te quieros, de razón.
Deseo tener ese cuerpo bello, esbelto,
frío y distante, sin alma

TOCAME

Hoy quiero saciar
en el ardiente instante de tu fuego
este vacío inmenso

Luz en el horizonte - Ramón Danilo Cordero

9 de junio de 2009



Siempre habrá luz en el horizonte.

Y tú y yo podemos ser el motivo de su murmullo,

la razón de su canto, el perfil de su alegría,

el fondo de su tristeza y el abismo de su nostalgia.

Siempre habrá luz en el horizonte, que ilumine nuestro sendero,

alumbrando el destello con voces de encanto al asomar el alba.

Siempre habrá luz en el horizonte despertando el canto

de las ranas o acallando el murmullo de las aguas

y emitiendo la armonía del universo:

¡Siempre habrá luz en el horizonte!

Tu perla - A. Duque

8 de junio de 2009


La perla que buscas está en tu ser

Como la misma Afrodita nació de la espuma

que tu cuerpo alzó a los vientos,

hacia los azules irises

que tus ojos en reflejos destellaron.

Elegía de un parque - Jorge Luis Borges

7 de junio de 2009


Se perdió el laberinto. Se perdieron
todos los eucaliptos ordenados,
los toldos del verano y la vigilia
del incesante espejo, repitiendo
cada expresión de cada rostro humano,
cada fugacidad. El detenido
reloj, la entretejida madreselva,
la glorieta, las frívolas estatuas,
el otro lado de la tarde, el trino,
el mirador y el ocio de la fuente
son cosas del pasado. ¿Del pasado?
Si no hubo un principio ni habrá un término,
si nos aguarda una infinita suma
de blancos días y de negras noches,
ya somos el pasado que seremos.
Somos el tiempo, el río indivisible,
somos Uxmal, Cartago y la borrada
muralla del romano y el perdido
parque que conmemoran estos versos.

Retorcedme sobre el mar - Rafael Alberti

6 de junio de 2009


Retorcedme sobre el mar,
al, como si mi cuerpo
fuera el jirón de una vela.

Exprimid toda mi sangre.
Tended a secar mi vida
sobre las jarcias del muelle.

Seco, arrojadme a las aguas,
con una piedra en el cuello
para que nunca más flote.

Le di mi sangre a los mares.
¡Barcos, navegad por ellos!
-Debajo estoy yo, tranquilo.

Hija de Yago - Blas de Otero

5 de junio de 2009


Aquí, proa de Europa preñadamente en punta;
aquí, talón sangrante del bárbaro Occidente;
áspid en piedra viva, que el mar dispersa y junta;
pánica Iberia, silo del sol, haza crujiente.

Tremor de muerte, eterno tremor escarnecido,
ávidamente orzaba la proa hacia otra vida,
en tanto que el talón, en tierra entrometido,
pisaba, horrible, el rostro de América adormida.

¡Santiago y cierra España! Derrostran con las uñas
y con los dientes rezan a un Dios de infierno en ristre,
encielan a sus muertos, entierran las pezuñas
en la más ardua historia que la Historia registre.

Alángeles y arcángeles se juntan contra el hombre.
Y el hambre hace su presa, los túmulos su agosto.
Tres años y cien caños de sangre Abel, sin nombre...
(Insoportablemente terrible es su arregosto.)

Madre y maestra mía, triste, espaciosa España,
he aquí a tu hijo. Úngenos, madre. Haz
habitable tu ámbito. Respirable tu extraña
paz. Para el hombre, Paz. Para el aire, madre, paz.

Oda filis doliente - José Cadalso

4 de junio de 2009



Si el cielo está sin luces
el campo está sin flores
los pájaros no cantan
los arroyos no corren
no saltan los corderos
no bailan los pastores
los troncos no dan frutos
los ecos no responden...
es que enfermó mi Filis
y está suspenso el orbe.

Canción del Jinete - Federico García Lorca

3 de junio de 2009


Córdoba.
Lejana y sola.

Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba.

Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.

¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba!

Córdoba.
Lejana y sola.

Ay Cuba, Cuba... - Fina García Marruz

2 de junio de 2009


Ay Cuba, Cuba, esa musiquita ahora, de las entrañas, que conozco como un secreto que fuera mío y no tuyo, tú que eres porque no te has conocido nunca, óyeme, no te vayas detrás de esos extraños como una provinciana ilusionada por un actor de paso que la deslumbra con trajes gastados de teatro, acuérdate de la portada azul con lomerío atrás lejano, acuérdate del "mecido" como de cuna sobre la hoja, y el "va y ven" que entra y sale como un mar del olor del jazmín de noche, acuérdate de tu pulcro vestidito "de tarde": no te vayas detrás de esos extraños, que cuando abras los ojos ya te habrán secado el alma y demudado el rostro que yo amaba. Erguida, modesta, valiente ay!, no serás nunca madre nuestra sino hija, Cuba, Cuba, loca mía, desvarío suave? Ay!, pudiera yo protegerte cantándote tus propios sones de conocimiento "color de arcano", pudiera protegerte con tu propia rapidez tu honda lentitud! Pudiera decirte: no subas a esa alta montaña que tiene al pie todos los bienes de la tierra rebrillando aciagos, tú que nada supiste poseer, secreta y sola como alta palma, flor de desierto. Pudiera proteger los sones que me acunaron y que ahora oigo como si faltara ya poco tiempo para que fueras a morir. Escapa, escapa, pelota, pez, colibrí, escapa, a todas las posesiones, a todas las certezas, a todas las negaciones, a todas las dudas, escapa, cefirillo, de la nube negra al hondo azul. Azul es tu prestancia y lo azul tu secreto. Escapa, como mirada de preso, al aire y al espacio tuyos! 0 salta, enloquece, búrlate, "mi bien", son suave, piérdete, acomete, abeja, miel, sinsonte, jilguerillo, a la sabana moteada, carmín, al "verdeclaro". Que no te toquen, cuerpo glorioso, patria. Porque siempre fuiste "edén" de las primeras miradas que te vieron, "edén" de la trova humilde, principio y fin, paraíso: nada sino esto agarraste, nada sino esto entendiste, lejanía, nada sino que no era esto sino otra cosa que no podías entender bien. Ensoñación modesta, no te toquen. Yo sé que te vas y vuelves, vaivén! Que te meces y me meces, cadencia! Que te vas "lejos, pero no muy lejos", aquí en el allí. Yo sé que tus palmas no rindieron homenaje al Hijo sino a su Huida! Por eso te pido ahora: reconoce! Regresa, Ave, con la Salutación!

Mírame y tócame - Antonio Orozco




Siento que tu alma me engulle
que paren el tiempo,
en este momento
te siento por dentro,
mi mente se aleja
mis labios no sienten,
tu dulce sonrisa
que paren el tiempo,
en este momento.

La locura me ronda la mente
cuando puedo sentirte y no verte,
la locura me ronda la mente
necesito tenerte cerca,
necesito saber lo que sientes.

Estribillo(bis)
Y mírame no dejes de mirarme, mírame
no dejes de tocarme, tócame
no me dejes que despierte de este sueño,
aunque todo sea mentira.

Sueño que estoy a tu lado
que tu con tus manos,
rozas las mías
intento tocarte,
y no lo consigo
entonces despierto,
y no estoy contigo
entonces despierto,
y no estoy contigo.

La locura me ronda la mente
cuando puedo sentirte y no verte,
la locura me ronda la mente
necesito tenerte cerca,
necesito saber lo que sientes.

Estribillo(bis)
Y mírame no dejes de mirarme, mírame
no dejes de tocarme, tócame
no me dejes que despierte de este sueño,
aunque todo sea mentira.

Soneto II - Garcilaso de la Vega

1 de junio de 2009


En fin, a vuestras manos he venido,
do sé que he de morir tan apretado,
que aun aliviar con quejas mi cuidado,
como remedio, me es ya defendido;

mi vida no sé en qué se ha sostenido,
si no es en haber sido yo guardado
para que sólo en mí fuese probado
cuanto corta una espada en un rendido.

Mis lágrimas han sido derramadas
donde la sequedad y la aspereza
dieron mal fruto dellas y mi suerte:

¡basten las que por vos tengo lloradas;
no os venguéis más de mí con mi flaqueza;
allá os vengad, señora, con mi muerte!

 

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