
Desde que el mundo es mundo,
incluso antes que lo fuera,
no existe la paz divina
sobre la faz de la tierra.
La propia ley de la vida
marca la lucha primera :
o matar para vivir,
o morir porque no mueran.
Nunca comprendí esta norma
que da la vida, a la fuerza;
mas la acepté sin remedio,
como lo malo se acepta.
¡De repente una esperanza
invade mi vida entera
al conocerte, Mujer!
y saber que la frontera
entre lo bueno y lo malo,
es tan sólo una quimera
que se acaba en tu regazo
de la Mujer sempiterna.
¡Hasta conocer tu amor
estará este mundo en guerra!
incluso antes que lo fuera,
no existe la paz divina
sobre la faz de la tierra.
La propia ley de la vida
marca la lucha primera :
o matar para vivir,
o morir porque no mueran.
Nunca comprendí esta norma
que da la vida, a la fuerza;
mas la acepté sin remedio,
como lo malo se acepta.
¡De repente una esperanza
invade mi vida entera
al conocerte, Mujer!
y saber que la frontera
entre lo bueno y lo malo,
es tan sólo una quimera
que se acaba en tu regazo
de la Mujer sempiterna.
¡Hasta conocer tu amor
estará este mundo en guerra!

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