
Llegó a la delegación apenas le dieron la noticia en su casa, a su hijo lo agarraron en plena mejenga en la plaza, rodeado de carajillos y con la ropa empolvada; cuatro agentes lo esposaron, minutos después lo montaron en una patrulla sin más ni más. El agente de seguridad pública que atendió el caso lo hizo pasar a un escritorio e inició la lectura del parte policial que se adjuntó a un expediente bastante extenso: robos, tráfico y proxenetismo eran los delitos más mencionados, a la par de otras contravenciones menores. Cuando se cumplen órdenes no hay tiempo de dar explicaciones, le decía otro policía al padre del detenido, mientras fichaban a su muchacho en la delegación central.
Aquí todos lo llaman “El Vainas”, todos lo conocen de sobra; no es la primera vez que cae preso. Lea señor, los cargos son muy serios, las pruebas recopiladas por los oficiales son muy fuertes y muchas personas lo identificaron; lo mejor que puede hacer por él es buscarle un buen abogado, el fiscal ya pidió la prisión preventiva y el juez no tarda en firmar la orden.
El padre mientras tanto, se hacía nudos diciéndose a sí mismo, toda esta situación es un error, el debió aprender esas cosas en la calle:
__” en la casa no se ven esas mañas”___, repetía en voz alta, tratando de excusarse delante de todos los presentes.
Cuando las explicaciones terminaron y el triste padre iba ya en camino a su casa, el agente notó que de su escritorio faltaban un lapicero, un retrato puesto en un marco de imitación de plata y el menudo que le dejaron como vuelto del café de media mañana. Todo lo que pudo hacer fue exclamar con cierta sorna: ___¡qué bueno que en su casa no tienen esas mañas!__.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada