
Todos los días salgo de mi casa
En la mañana, a primer hora
Cuando el sol recién sale
Camino por las calles de mi niñez
Pero no logro comprender
Los cantos celestiales se abren de entre los cielos
Caen en mis oídos como rayos y espadas penetrantes
Llegando hasta el corazón
Quien atónito no piensa
Son ondas melodiosas hechas por Dios para mí
El sonido de los tambores
Ese golpe, ese sentimiento
Algo que invita
Invita a pasar a los espíritus
Los espíritus de los animales.







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