
¡Oh líbrame señor del aroma primaveral, que al caminar confunde y el
entendimiento entume, de la mirada maliciosa, y las palabras blandas de la
mal llamada mariposa.
De la angustia reposada y la tristeza moldeada, así como de la cabra
montés; y de la mala hora que acecha al ingenuo caminante y del botón de
rosa que con su mirada seduce con caminar de gacela.
De la llama ardiente de una alma lacerada y del silencio de los que duermen
en la fría losa. De las lágrimas de la viuda, del huérfano y del desamparado
como del maltratado de esta oleada maldita, de la infernal hoguera o de la
ciega guerra de la generación perversa.
Del demagogo y del maleficio hipocrático, sin pasar por alto al profesional
bimoral.
¡Ah! Del padre que su misión no cumple y de la descendencia ingrata.
De la sangre sin razón y corazón de mármol y de los adversarios de
Cervantes, Nebrija y Amado Nervo.
De Judas y la apostasía que acaricia el alma sedienta.
De la indigencia y la pobreza extrema, así como de la sombra del imperio
líbrame Señor.

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