¡Bienvenidos!

Verónica Lonis - Kabalcanty

28 de enero de 2012




(Sobre una foto comentada por Juan José Millás)




Me miras desde abajo,
desde la huida de tu niñez,
y me siento enfermo,
deudor, asqueado de mí.
Querría que mis lágrimas
fueran tempestades,
divinidades aniquilantes
que concentraran en la nada
a la mano que te muestra
convencida sus nudillos,
al aliento dañino
que te apesta la vida.
Tu uniforme son tus huesos
escapando de tu piel,
y tu sombra un espectro
ahorcado con descaro.
Sin lamentos, sin palabras,
te hundes en la sinrazón
de haber nacido allí,
sin opción, sin escapatoria.
Tu lazo coqueto, dice Millás,
nos distrae dos segundos,
luego, más solos que nunca,
pasamos página a tu foto,
y morimos un trozo.

Volver siempre - Delfina Acosta

25 de enero de 2012


Algún día ya no estaré entre los vivos. La existencia, que es un gran mar, alguna tarde, o cierta noche serena, con la Luna colgada siempre de la Tierra, y un rumor de hierbas frescas, me devolverá al polvo con golpes de olas.
Tal vez tendré un final inesperado, como Nino Bravo, a quien me gusta escuchar con los ojos cerrados, como dormida.
Reconozco que soy feliz y que vengo peleando la buena batalla, verso a verso, endecasílabo a endecasílabo, pues de eso se trata, por cierto, mi afán poético.
Me doy por mujer que no ha venido al mundo a traer rencillas porque mi destino hace maridaje con los sueños y las ilusiones a los que no debería renunciar nunca el ser humano.
Mis novedades son un botón de flor en la vieja orquídea, un pan que huele a tibieza, una estrella cayendo y un beso enamorado entre un hombre y una mujer.
Cuando ya no esté estarán en pie los árboles, y aquel pino y aquel cactus de mi patio se estremecerán acaso. ¡Pero el viento traerá noticias de otra gente que nace!
Yo prometo, por mi parte, volver a través de mis poesías.

A contratiempo - Alexander Vórtice

24 de enero de 2012



A mi abuelo Don José Benito,
hoy que ha fallecido. DEP.

Lo gélido se estableció en mis entrañas
cuando supe que el fallecimiento no es neutral.

Es extraño habitar lugares opacos
cuando la luz es una inusual manera
de mantenerse a contratiempo.
Se esconde la entelequia
sobre los hombros del reloj vitalista.
…Y existen almas que transmiten
sequedad de boca y tumbas que escrutan
la inmensidad del más allá.

Nunca será lo que ya fue porque así es,
al tiempo que la distancia se convierte
en ecos de elegías fácilmente vigorosas.

Nunca podremos derrotar con nuestros alientos
los gozos que provoca el entusiasmo de una morada
digna de adulaciones y pan añejo.

Mi poema de navidad - Tiquicia Vargas

23 de enero de 2012



En la noche previa,
cuando todos esperan regalos,
comidas y muchas sorpresas,
un pequeño recién nacido brilla,
brilla como una estrella.

A venido a este mundo
para compartir con todos estas fiestas.

Dulces, tamales, abrazos y besos,
los tíos saludan, las abuelas rezan
un pequeño recién nacido brilla,
brilla como una estrella.

A venido a este mundo
para compartir con todos estas fiestas.

Y en la mañana de navidad,
cuando todos juegan,
el comparte con el mundo entero
la buena nueva.

Aquí - Cristina Kirilova

Aquí, donde reside lo eterno y lo infinito, donde los tristes susurros caen y se rompen contra los muros de piedra, donde la noche nunca esta sola, donde la peor condena se lleva por delante a culpables e inocentes, aunque estos menos habituales que aquellos… Sólo aquí, los muros cobardes, contarán las historias de otros. Las conversaciones serán tan dolorosas, y frías, y sobrias, que desquiciarán a cualquiera que esté en su sano juicio. Y no es de extrañar que en un día como este, tan sólo en este día especial, los muchos que, como yo, se lamentan atrapados en el fino trecho indeciso entre lo libre y lo no libre, se sienten frente al ser a quien seguramente hayan amado más que a ningún otro en la vida, entablando una conversación absurda, sin sentido, donde dos son los que hablan pero es una, la voz solitaria que pesa en el aire.
Y es su voz la que me visita en este día especial. Y es por ella por la que sigo libre y no libre. Llega el momento en el que una conversación absurda repentinamente cobra sentido, raro y efímero, pero sentido al fin y al cabo.
Y aquí esta de nuevo. Esta vez no me los ha traído y es extraño. ¿Se habrá olvidado? Prefiero no preguntar. Mira al vacío como siempre con esa mirada que no llena. Sé que me reprocha el haberla abandonado. La busco y le sonrío pero no la encuentro. Ella llora, luego, me habla.
-Hola papá.
-Hola, hija.
Tan cerca y tan lejos, tan mía y tan ajena. Quiero abrazarla, llorar con ella y decirle al oído que siempre la cuidaré, pero este maldito muro de mármol o de cristal imaginario me impide hacerlo.
-Mañana empiezan las clases y vengo de comprar algunos lápices.

Escucho sin hablar, y la contemplo con la esperanza de recuperar alguno de esos instantes junto a ella, y reescribirlo en mi memoria para poder leer en las noches de confusión, esas que se lo llevan todo.
-Este año ha sido muy corto. Cada vez lo son más.
Algo es diferente. Sé que me quemará, puedo notar el calor. Alguien dirá que ya la he perdido pero aún esta cerca. Ya viene.
- Papá, pronto viajaré a Francia. Estudiaré allí y no te preocupes vendré a verte. Menos, pero te prometo que no te fallaré.
- ¿Te vas? No me dejes, te lo pido.
- He publicado uno de tus poemas en el periódico. Sé que siempre quisiste hacerlo. Te traigo la página. Espero que sigas escribiendo…
He de irme ahora. Te quiero.
-Te quiero, hija.
Una última excusa…
-Siento haberme olvidado de traerte los narcisos…
Y acariciando mi muro, mi lápida triste, como si fuera algún desconocido de otro mundo, queriendo despedirse cuando no tuvo ocasión de hacerlo en vida, después de tres años de visitas, se marcha.
Ahora soy yo el que llora, con lágrimas de polvo.
-¿Quieres dejar de lloriquear? Acabarás destrozándome los nervios. Tú mismo has elegido quedarte encadenado a este condenado lugar para siempre, ¿no? Creyendo saber que ella vendría cada año en tu trágico aniversario a traerte tus apestosos narcisos. Patético. Mejor es que se vaya a que sigas torturándote ahí sentado frente a su mirada hueca escupiendo palabras sordas y debatiendo con la nada.

Siempre tan oportuno. Le encanta atormentarme. Allí esta él con su sombrero torcido y el eterno cigarro insípido en la boca, apoyado en el roble, fiel guardián de su tumba, hablando sin palabras, escribiendo poesías. Nadie sabe cuánto lleva rondando el ruinoso cementerio, ni siquiera él…El porqué de su estancia en este lujoso hostal no lo sé con seguridad, aunque sus razones no se alejarán de las mías. Eso no impide que me restriegue por la cara todo mi sufrimiento. Puedo perdonarlo suponiendo que lo ha pasado mucho peor que yo, puesto que es capaz, sólo el entre tantos otros, de criticar esta elección absurda como si el no la hubiera elegido…Aparenta haber tenido unos cincuenta y tantos y se las da de enamorado del arte y la literatura. Sigue siendo un cínico insoportable, un viejo burlón…
-¿Puedes dejarme solo, Samuel?
-Ya lo estás, amigo. ¿Qué te ha traído esta vez? ¿No hay flores? Fíjate, tu nombre en el periódico… ¿Oh, me deleitarás con uno de tus poemas?
Mi único compañero de viaje sin regreso, y mi peor tortura. De no estar ya muerto, yo mismo me encargaría de hacerle el favor a la humanidad.
-Veo que tendré que leerlo yo solito.
Y comienza a leer el dichoso poema que se posaba irritante sobre mi lecho listo para emprender el vuelo, empujado por el viento que se aproximaba…
- “Muere esperanza cruel.
Dulce muere, pero lenta, no silenciosa,
que te quiero oír todavía.
Deja tu susurro que me ata a la vida.
Necesito de ti para soportar el frío”.
Siempre tan oportuno...
- Oye, no tuviste una profesora llamada Esperanza, ¿verdad?
- No sigas.
- Eres bueno.
- ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué no me dejas? Necesito estar mal, necesito llorar, ¡lamentarme, y no puedo!
- No puedes ni podrás jamás. La ira, la incertidumbre, la confusión, el amor, los deseos, el placer, la envidia… Has terminado con todo eligiendo esto que no tiene definición, ya que si hay algo indefinible es nuestra existencia, es estar entre la vida y la muerte vagando como gatos solitarios atrapados en el tiempo, es poder ver a tus seres queridos sin poder hablar con ellos, sin poder decirles que les amas, sin poder decirles que estas ahí, tan cerca y tan lejos… Mata a la esperanza, ¡termina con ella de una vez! Estas preso, encarcelado…Es una eterna cadena perpetua compañero.
- Sé lo que es esto. Pero me pregunto entonces qué fue la vida, ¿ miles de destinos hilados al azar, muñecos de trapo escalando sueños inalcanzables como rascacielos aguantando con esa cansina esperanza de encontrarte con algo mejor al final del camino, y llegado el fin, repentino y aveces prematuro como el mío te espera este cuarto gris, un manicomio que alimenta la locura?
- Amigo, la vida es tan sólo la obra de un artista chiflado, extraordinario. Las personas son simples creaciones maravillosas y abstractas que usan el cuerpo humano para salir a flote y ser admiradas
- Es tu teoría.
- Mejor es una teoría azarosa que la eterna incertidumbre. Además, tu locura ya estaba bien alimentada y el color del cuarto te recuerdo de nuevo que fue elección tuya. Elegiste un camino equivocado, la culpa te rasgaba las entrañas… El no haber aprovechado tus años para estar con ella es lo que te ha traído hasta mí, ella es tu medicina, o tu veneno, pero debes dejarlo, olvídalo, te queda mucho, mucho y lo sabes. Y su tiempo es efímero como el suspiro del crepúsculo. Cuando llegue su hora no elegirá esto, no, como otros miles seguirá su camino, el famoso camino por donde nunca caminaremos.
- Tendrás alguna teoría sobre la muerte…
Calla pensativo, o quizá sorprendido. Pensativo.
- No, al no haberla conocido no la tengo, pues ni tu ni yo estamos muertos aún, ni vivos todavía. Sin sentidos ni emociones somos entes confundidas.
- Canalla… deja las poesías.
- La poesía. Es lo que me queda y por ello eres mi amigo. Y esque mucho tiempo llevo aquí, tanto que ni me acuerdo casi de quien soy. Solo sé que más aprecio rememorar una copla de Jorge Manrique, que saborear de nuevo el pan recién hecho.
- Bien sabía Manrique que la muerte a todos nos iguala, pero lo que seguro no se imaginaba es que su padre sigue por aquí esperando a su hijo, ya más loco que ninguno, aguardando su llegada.
Y tal vez ese sea mi futuro aquí, donde no hay pasado, donde no existe el tiempo. Aquí, sólo, donde los muros cobardes, contarán las historias de otros. Las conversaciones serán tan dolorosas, y frías, y sobrias, que desquiciarán a cualquiera que esté en su sano juicio. Y en un día como este, tan sólo en este día especial, los muchos que, como yo, se lamentan atrapados en el fino trecho indeciso entre lo libre y lo no libre, se sientan frente al ser a quien seguramente hayan amado más que a ningún otro en la vida, entablando una conversación absurda, sin sentido, donde dos son los que hablan pero es una, la voz solitaria que pesa en el aire.
- Hola papá.
- Hola, hija

Corazón en la penumbra - El Brujo de Letziaga

22 de enero de 2012



La mirada perdida detrás de una ventana
los brazos entrecruzados a sus pechos
su mente rememorando sus mejores años
la rosa se ha vuelto mustia.

Ahora piensa que los pétalos no son nada
cuando hace años pensaba que eran algo,
que los olores de antes ya no tienen importancia
y lo que parecía todo, ahora es nada.

Ahora es un corazón en la penumbra
de su oscura habitación en el geriátrico,
sus latidos añoran un tiempo pasado
la soledad le delata en mitad de la nada.

El final es su mayor interrogante,
sabe tener la muerte a su lado, muy cerca,
ceniza, olor a miedo cuando todo termina,
y su viaje será marchito a otra parte.

Amor incomparable - Carlos I. Nápoles



Disputan la tormenta y la bonanza
el laberinto gris de mi camino,
si hiere la incertidumbre del destino,
el corazón turbado no descansa.

Si hoy contemplo mi ayer en lontananza
es porque terminó mi desatino.
Tu amor cambió mi senda cuando vino,
y desplegó sus alas mi esperanza.

Mientras voy tras tus huellas, determino
mantener todo tiempo mi alabanza,
porque uniste lo humano y lo divino

como un símbolo eterno de tu alianza.
Rendirme entre tus brazos, me imagino
que es un halo de gloria que se alcanza.

Agua - Blanca Laffitte

21 de enero de 2012

Me dijiste que todo era agua, que no me molestara en seguirte, en acompañarte, porque todo se derrumbaría como la imagen de un oasis en un desierto. Me dijiste que toda la vida eran cristales de agua que se nos rompían en la mano, que existía una sequía en nuestra alma, un vacío tan hondo que nada era capaz de llenarlo, Agua, agua mansa en un principio y torrencial más tarde, agua ya casi sin fuerza en la vejez.

Yo tan sólo veía en ti esa lágrima que solía acompañarte en las noches duras, en aquellas noches de vigilia en las que intentaba acercarme. Sí me decías, nuestro camino nuestro es tan sólo agua, y sin querer todos navegamos a merced de un vaivén que ni siquiera entendemos. Agua, replicabas, espacio no hueco, velero sin rumbo, turbia marea de los que nunca retornan.

El agua no tiene forma, decías, no tiene color, ni siquiera tiene un sabor definido, tan sólo es algo etéreo que se nos escapa de las manos. Tú me decías que el agua te recordaba a esos ecos de la memoria tratando de hallar razón a todo lo inexplicable: el agua parecía ser por ejemplo, ese único testigo de una tarde que moría. El agua era también la pasión, ese aire tordo convertido en lluvia, esa bebida que parecía calmar una sed de vida insaciable.
Me dijiste que todo era agua, que no me molestara en seguirte, ni siquiera en acompañarte porque acabaríamos ahogándonos en ella. Entonces me dijiste que la muerte era también agua, agua oscura que los demás se empeñaban en disfrazar de negro.

El agua era cierto que flotaba en tus ojos, era cierto que incluso la tristeza estaba hecha de un tejido líquido, cierto que tantas veces la alegría colgaba de un líquido llamado alcohol.
Me dijiste que todo era agua y que el amor era un riego extraño, casi mágico. Me dijiste que no me molestara en seguirte porque encontraría grietas secas, áridas, recovecos yermos que me entristecerían,

Agua, todo se dibujaba en el agua, incluso lo más grande o lo más pequeño, agua de vida o muerte, que más da pensabas, si todo era agua.
Agua extraña, como la propia vida, huidiza como la propia existencia, sin retorno, como el devenir humano. Agua que ansiaba anclarse quizá en el dios de la memoria.

Caminos sin final - Salvador E. García

18 de enero de 2012



Caminos sin final, sin piedad,

ruedas que giran sin parar,

una que otra estrella

que no deja de brillar...


En la mitad de tu eco,

me detengo, ¡nada!,

¡nada puedo escuchar!

cuan largo puede ser el silencio...


Una vez màs, se hace ancho

todo el mar y tras la marea,

sin poderlo evitar, en girones,

se me van tus instantes...


Sin parar, los brillos del Sol,

en mi cuerpo, trazan

por el largo de mi piel,

uno a uno solo recuerdos...


Algùn dìa vendrà y seguro,

estaràs en mi lugar, ¡miraràs!

còmo nos suelen pisar, los sueños que,

mece en su ironìa...el viento...


Ya es tarde, lo sè,

tù ya no vuelas por mi cielo,

te dejè caer como la nieve a la humedad,

todo el color de tu consuelo...


Entre nubes de algodòn,

tu mirada se me va,

¡hace inmenso mi desierto!

ya no hay rìo solo un cauce seco...


Mas debes saber...

no hay susurro màs intenso

que el de tu ser derramàndose,

entre las brasas de mis dedos...


Sendero de pasos ciegos,

ànima que suele pisar,

la ceniza que dejan sus pies,

cruel vereda de un andar despierto...

Destierro - Jorge Rojas Contreras

17 de enero de 2012



Solo, en este mundo,
olvidado en un rincón esta mi vida
me mataste hace años sin darte cuenta
hoy respiro en esta nube de tinieblas.

Soledad es mi compañía,
la única que yace junto a mi noche y día
no hay nadie en mi camino
todos se alejan, o, ¿soy yo el problema?.

Aislada esta mi alma
mi corazón encerrado,
frustrado, si,
veo a la gente caminar
felices de la mano, y yo con este cerco de infelicidad.

Esto debe ser el destierro,
el destierro del alma
el destierro del corazón
de la vida y el amor
este es mi destino desde el día
en que no volviste nunca mas.
 

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